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Full text of "Obras: Cantos del peregrino. Poesías diversas"

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UNIVERSITY  OF  N.C.  AT  CHAPEL  HILL 


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This  book  is  due  at  the  LOUIS  R.  WILSON  LIBRARY  onthe 
last  date  stamped  under  "Date  Due."  If  not  on  hold  it  may  be 
renewed  by  bringing  it  to  the  library. 


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DATE 
DUE 

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NOV     1 78 

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Maucci  Hermanos 


Maucci  Hermano    e  Hijoí 


Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2012  with  funding  from 

University  of  North  Carolina  at  Chapel  Hill 


http://archive.org/details/obrascantosdelpeOOmrmo 


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Imp.  y  Estereotipia  de  la  Casa  Editorial  Sopeña,  Valenoia,  275  y  277.— BABCELONA 


ADVERTENCIA 


Bajo  el  título  de  Obhas  de  José  Mármol  lie  formado  el 
propósito  de  coleccionar,  en  cuanto  me  sea  posible,  todo  lo 
que  haya  escrito  mi  padre  y  pueda  ofrecer  algún  interés 
para  el  lector,  y  formando  una  edición  completa,  darlo  á  la 
publicidad. 

Fácil  es  comprender  el  motivo  que  me  ha  inducido  á  ha- 
cer esta  publicación,  pues  los  que  hayan  leído  los  apuntes 
biográficos  y  juicios  críticos  que  sobre  mi  padre  han  escrito 
los  señores  Juan  María  Gutiérrez,  Florencio  Várela,  Juar 
E.  Labougle,  Torres  Caicedo,  Mariano  Pelliza  y  otros,  verár, 
que  allí  se  hace  referencia  á  poesías  y  escritos  que  hoy  muy 
pocos  conocen,  pues  ó  so  han  publicado  en  folletos  que  ya  no 
se  encuentran  al  alcanco  de  todos,  ó  en  los  diarios  de  aque- 
lla época,  que  son  raros  quienes  los  consorvan.  Do  sus  poe- 
sías, sólo  dos  ediciones  se  han  hecho  bajo  su  dirección:  la  pri- 


4  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

mera  en  Montevideo  el  año  1851  y  la  segunda,  más  completa, 
en  Buenos  Aires  en  1854,  ambas  completamente  agotadas 
hoy.  Del  poema  Cantos  del  Peregrino  sólo  se  hizo  una  edi- 
ción en  Montevideo  el  año  184:7,  publicándose  en  ella  los 
cuatro  primeros  cantos;  el  canto  undécimo  se  publicó  en  fo- 
lletín en  La  Reforma  Pacífica  del  año  1857,  y  el  canto  doce 
se  había  publicado  en  Montevideo  en  1846  en  un  folleto. 

De  todo  esto,  como  se  comprende,  hoy  ni  vestigios  que- 
dan, y  los  Cantos  del  Peregrino  sólo  viven  en  la  memoria 
de  los  contemporáneos  de  la  época  en  que  fueron  escritos. 

Mi  padre  no  tenía  la  prolijidad  de  guardar  y  coleccionar 
sus  producciones  de  todo  género:  él  creaba,  por  el  placer  de 
gozar  en  la  contemplación  de  su  obra  y  después  la  publica- 
ba ó  no  la  publicaba,  pero  en  resaltado  final  quedaba  su 
producción  abandonada.  Y  esto  sucedía  con  todo  \o  que  salía 
de  su  pluma,  poesías,  folletos,  y  artículos  de  carácter  polí- 
tico, de  crítica  sosia!  ó  meramente  literarios  todo  ha  desapa- 
recido. 

Recoger  esas  flores,  que  un  tiempo  orlaron  su  sien  de 
proscrito,  es  la  tarea  que  me  he  impuesto;  y  si  ellas  son  re- 
cibidas con  benevolencia  por  el  público,  será  éste  el  único 
homenaje  que  me  habrá  sido  dado  tributar  á  su  memoria. 

En  el  presente  volumen  se  publican  en  primer  lugar  los 
Cantos  del  Peregrino.  De  este  poema  sólo  han  llegado  á 
mis  manos,  ocho  cantos;  los  intermedios  del  séptimo  aí  dé- 
cimo inclusive  no  se  han  publicado;  más  aún,  creo  que  no 
han  sido  escritos;  pero  esto  en  nada  perjudica  la  lectura  del 
poema,  pues  sus  cantos  no  responden  á  un  plan  fijo  ó  idea 
determinada  en  el  desarrollo  de  su  trama:  cada  canto  repre- 
senta diversas  impresiones  que  el  Peregrino  ha  recibido  en 


NTOS  DEL  PEREGRINO  5 

distintos  lugares  y  también  en  diferentes  situaciones  de  su 
espíritu. 

Véase  cómo  el  mismo  autor  explica  su  poema  en  la  In- 
troducción al  Canto  doce:    .......    «SI  Peregrino  es  un 

emigrado  argentino  que  viaja  en  el  mar,  desde  el  trópico  de 
nuestro  hemisferio,  hasta  los  65°  Sur,  á  donde  le  arrojan  las 
borrascas  sin  poder  doblar  el  cabo  Meridional  de  América. 
Durante  su  viaje,  de  zona  en  zona,  de  grado  en  grado 
canta  la  Naturaleza  americana,  ya  por  sus  recuerdos,  ya 
por  los  cuadros  que  se  desenvuelven  á  sus  ojos.  Los  tró- 
picos con  sus  Océanos  de  luces  y  su  eterna  primavera;  el 
polo  con  su  cielo  nebuloso  y  sus  montañas  de  nieve;  el  mar 
en  todos  sus  misterios,  en  todas  sus  multiplicadas  faces;  los 
astros,  las  nubes,  todo,  en  fin,  lo  que  pertenece  á  la  Natura- 
leza, es  para  el  Peregrino  la  primera  fuente  de  sus  inspira- 
ciones. Pero  aun  halla  otra  de  más  viva  y  lujosa  poesía,  su 
propio  corazón:  los  recuerdos  de  la  patria  con  su  pasado  glo- 
rioso, con  su  presente  de  lágrimas  y  sangre,  con  su  porvenir 
rico  de  paz  y  de  felicidad,  como  una  promesa  de  Dios.  Los 
recuerdos  individuales  del  proscrito,  del  patriota,  del  aman- 
te, meditando  sobre  si  mismo,  ó  historiando  con  sus  propias 
impresiones,  el  carácter  y  los  acontecimientos  de  la  época, 
son  otra  fuente  donde  á  menudo  bebe  el  poeta  peregrino  sus 
inspiraciones.  Y  la  Naturaleza  y  el  alma  son  los  dos  mundos 
misteriosos  que  revela  en  sus  cantos. 

«Fácil  es  ahora  comprender  que  nuestro  poema,  no  es  un 
poema  dramático;  que  no  hay  unidad  en  sus  cuadros,  y  que 
cualquiera  de  los  cantos  puede  publicarse  separado  de  los 
otros  sin  alterar  el  poema  y  sin  necesidad  de  los  anteriores 
para  su  inteligencia.»  .     ~ .....#* 


OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 


Como  se  ve,  es  casi  seguro  que  dedicados  esos  cantos  á 
algún  punto  de  su  viaje  ó  á  alguna  circunstancia  recordada 
por  éste,  el  autor  no  escribió  esos  cantos  al  mismo  tiempo 
que  los  demás,  quizá  con  la  idea  de  hacerlo  más  tarde:  y  sa- 
bido es  que  después  del  año  1852,  mi  padre  abandonó  casi 
por  completo  la  poesía. 

De  las  poesías  que  en  segundo  término  se  publican,  al- 
gunas hay  inéditas,  otras  fueron  publicadas  en  diversos  dia- 
rios y  periódicos  en  Montevideo,  que  el  autor  dirigía  ó  en 
los  que  colaboraba;  y  las  demás  han  sido  escogidas  entre  las 
muchas  poesías  que  forman  los  dos  volúmenes  de  Armonías 
de  la  edición  de  1854,  á  que  me  he  referido.  Como  en  este 
grupo  de  diversas  composiciones  líricas  no  hay  tampoco  uni- 
dad ni  plan  determinado,  lie  creído  conveniente  precederlo 
de  la  introducción  que  figura  al  frente  de  dicha  edición  y 
que  explica  cómo  estas  poesías  son  sólo  el  reflejo  de  impre- 
siones momentáneas  que  han  respondido  á  un  episodio  de  su 
vida  intelectual,  más  bien  que  al  propósito  de  formar  una 
colección  de  poesías  escogidas,  pues  conforme  salían  de  su 
pluma,  obedeciendo  á  inspiraciones  fugitivas,  así  se  publi- 
caban. 

El  temor  de  hacer  demasiado  extenso  este  volumen,  me 
ha  hecho  limitar  en  la  presente  publicación  el  número  de 
esas  composiciones. 

Tras  este  primer  volumen  se  publicarán  otros,  conte- 
niendo sus  escritos  do  carácter  político,  publicados  en  varios 
folletos  ó  en  artículos  para  la  prensa,  que  tengo  colecciona- 
dos, y  también  algunos  romances  y  artículos  literarios,  y 
sus  obras  dramáticas  que  tan  mal  corregidas  se  han  publica- 


CANTOS  DEL  PEREGRINO 

do  en  las  «Obras  poéticas  y  dramáticas»  coleccionadas  por 
don  José  Domingo  Cortez,  obra  de  la  que  se  han  hecho,  sin 
■embargo,  varias  ediciones.  Pero  estando,  como  estoy,  en  po- 
sesión de  los  originales,  me  será  fácil  hacer  una  publicación 
más  esmerada  y  completa.  Y  con  esto  habré  cumplido  con 
un  grato  deber  para  mi. 

Juan  A.  Mábmol 

Buenos  Aires,  Febrero  de  1889. 


A  MI   HIJA   MARÍA 


Montevideo,  1846. 


CANTOS 


DEL 


PEREGRINO 


PATKIE 

Je  consacre  á  ton  nom  su  ma  mort  ou  ma  gloire 

Lamartine. 


Liberta  va  cenando,  chi  é  si  can 
Come  sa  chi  per  lei  vita  rifiuta. 

Dante. 


INTRODUCCIÓN 


Los  cantos  del  Peregrino,  pertenecen,  por  la  patria  del 
autor  y  por  muchas  de  sus  inspiraciones,  á  la  primera  de 
las  literaturas  poéticas  en  la  América  que  habla  español. 

A  una  literatura  poética  que  nace,  crece  y  se  modifica  á 
par.  del  movimiento  social.  A  una  literatura  poética  que  fué 
lírica  y  guerrera  cuando  sus  cantores  vestían  armas,  como 
el  último  de  los  ciudadanos;  dogmática  y  filosófica  cuando 
amanecían  las  institucienes  tras  la  noche  formada  por  la  hu- 
mareda del  combate;  elegiaca  individual  y  cristiana,  con  el 
corazón  en  las  memorias  de  lo  pasado  y  la  esperanza  fija  en 
el  porvenir,  cuando  el  fruto  de  los  desórdenes  domésticos  se 
presenta  en  todo  el  amargor  de  su  madurez. 

La  Lira  Argentina  es  una  verdadera  arpa  eoliana,  que  ha 
resonado  al  soplo  de  los  huracanes  y  de  los  aires  mansos  de 
la  patria.  La  Lira  Argentina  ha  cantado  las  batallas  como  la 
de  Homero;  los  héroes  como  la  de  Osian;  á  Dios  como  la  do 
David;  la  resignación  y  la  esperanza  como  la  de  Job. 

Ese  Pueblo  Argentino  que  no  tiene  montañas  de  oro;  di- 
seminado en  la  aridez  de  la  llanura;  embatido  de  las  suesta- 
das y  del  Pampero;  condenado  á  domar  el  potro  para  domes- 
ticar las  fieras:  inquieto  y  manso  alternativamente,  como  el' 
mar;  invasor  y  altanero,  como  el  Águila;  independiente  y  ape-1 
gado  á  sus  soledades,  como  el  Árabe;  ese  pueblo  original  á 
quien  amamos  tanto,  es  el  único  de  América  que  puede   de- 1 


14  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

cir:  «esta  es  mi  historia,»  mostrando    sobre   su  cabeza  una 
guirnalda  de  poesias. 

Nosotros  no  tenemos  ni  poetas  ni  poesia  anteriores  al  pri- 
mer movimiento  de  la  libertad.  La  mente  Argentina  no  pu- 
do nunca  mover  las  alas  bajo  el  alambre  dorado  de  sus  pri- 
siones: le  era  necesario  el  espacio,  la  libertad,  la  inmensidad 
del  llano,  la  cima  de  la  montaña;  una  bandera  color  cielo,  *la 
sangre  de  sus  opresores  y  la  victoria.  Y  cuando  todo  esto 
hubo,  he  ahí  en  pie  una  generación  entera  de  poetas. — Ló- 
pez, Luca,  Rodríguez,  Molina,  Rojas,  Laíinur,  Hidalgo,  Vá- 
rela? se  ponen  en  marcha  con  la  patria  y  la  acompañan  en 
su  peregrinación  de  libertad,  hasta  dejar  en  el  sepulero  al 
último  de  sus  héroes,  y  dentro  las  puertas  de  Lima  á  la  ban- 
dera azul  y  blanca. 

Uno  sólo  alienta  hoy  de  tanto  corazón  generoso,  de  tan- 
tos sacerdotes  ejemplares,  de  tantos  literatos  distinguidos, 
porque  á  tan  nobles  clases  pertenecieron  nuestros  poetas. 
Unos  tuvieron  por  tumba  el  mar,  otros  los  campos  de  bata- 
lla, y  los  huesos  de  algunos  de  ellos  tendremos  que  devol- 
ver á  la  patria  el  día  que  nuestra  política  pierda  el  derecho 
do  excomulgar. 

Casi  dos  lustros  habían  pasado  sobre  los  últimos  sucesos 
de  la  guerra  de  la  independencia.  Los  ensayos  sin  fruto  de 
una  organización  nacional,  y  el  luto  de  la  guerra  civil  resu- 
citada por  el  mismo  sable  que  debió  apoyar  las  institucio- 
nes, tenían  entristecida  y  desmembrada  á  la  Sociedad  Argen- 
tina; mayores  desastres  podrían  presagiarse  para  un  futuro 
próximo,  cuando  aparecieron  en  Buenos  Aires  Los  Consuelos 
del  soñor  Echeverría.  Si  el  Triunfo  Argentino  de  López  fué 
preludio  de  nuestra  lira  guerrera,  la  obra  de  aquel  joven 
poeta  lo  fué  de  la  lira  del  dolor,  de  la  queja  individua],  do 
las  pasiones  ocultas  del  corazón,  de  las  miradas  al  porvenir. 
La  naturaleza  de  nuestro  suelo  halló  también  en  Echeverría 
su  pintor,  y  ayudado  do  las  doctrinas  literarias  del  tiempo, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  15 

conquistó  la  Pampa  para  la  poesía.  Atrevimiento  del  genio- 
coronado  de  aplausos,  como  todas  las  audacias  felices. 

Obra  de  la  época  ó  de  las  producciones  indicadas,  ha  sido- 
la  aparición  de  la  poesía  que  llámanos  llueva.  Despertada 
por  la  voz  del  dulce  ruiseñor  de  los  Consuelos  (1),  ó  por  la  voz 
de  la  época,  se  presenta  la  generación  actual  de  poetas,  ufa- 
nos de  su  origen,  atando  con  armonías  el  pasado  glorioso  á 
un  porvenir  todavía  más  glorioso,  en  que  tienen  fe;  levan- 
tando los  ojos  desde  el  seno  de  la  patria  para  fijarlos  en  Dios, 
cantando  el  suelo  en  que  nacieron  con  ese  amor  entristecido^ 
y  dulce  con  que  amamos  los  bienes  ya  perdidos;  maldicien- 
do á  veces,  perdonando  siempre;  explicando,  á  favor  de  la- 
filosofía,  el  bien  que  lia  de  nacer  del  mal;  y  confiado  más  que- 
nunca  el  triunfo  de  las  ideas  del  programa  de  Mayo,  que  hai> 
estudiado  y  convertido  en  evangelio  social. 

A  esta  generación,  que  á  pesar  de  hallarse  *en  las  verdes^ 
promesas  de  la  vida»  (2),  cuenta  ya  á  dos  de  sus  más  ilustres 
compañeros  en  la  vida  del  Cielo  (3),  y  á  todos  los  demás  en 
las  amarguras  del  destierro,  pertenece  el  autor  de  los  Can- 
tos del  Peregrino. 

En  una  ocasión  solemne,  personas  muy  competentes  di- 
jeron de  una  obra  del  señor  Mármol  en  que  hallaron  *  eleva- 
ción, novedad,  jrescor,  abundancia  en  las  ideas:*  «la  Comisiór 
reconoce  que  el  molde  en  que  fué  vaciada  es  sin  disputa  una 
cabeza  poética»  (4).  A  la  conciencia  de  sus  fuerzas,  mucha 
debió  añadir  en  el  ánimo  del  poeta  este  bautismo  público, con 
que  el  talento  lavaba  de  sus  sienes  la  culpa  de  profano.  Que- 
dó desde  entonces  decidida  su  vocación.  Los  periódicos  de- 
Montevideo  han  publicado  muchas  poesías  del  señor  Már- 
mol, y  el  pueblo  de  aquella  misma  ciudad  aplaudió  sus  dra- 
mas, el  Poeta  y  el  Crinado,  impreso  el  uno,  y  el  otro  toda- 
vía inédito. 

Tres  años  han  pasado  apenas  sobre  aquellos  triunfos,, 
cuando  tiene  ya  preparados  para  la  impresión  los  Cantos» 
del  Peregrino. 


16  OBRAS  DE  JOSK  MÁRMOL 

Cáelos  (5)  es  el  Harold  de  la  Patria  y  de  la  Naturaleza, 
El  héroe  del  poeta  inglés  arrastra  su  melancolía  entre  se- 
pulcros y  recuerdos;  El  Peregrino  sólo  baja  la  vista  al  sue- 
lo para  admirar  las  flores;  la  mantiene  á  la  altura  de  las 
montañas;  en  el  cénit  para  cantar  la  luz  en  las  horas  de  su 
esplendor;  en  el  horizonte  para  contemplar  el  nacimiento  y 
el  declinar  del  día;  en  las  nubes  para  encontrar  en  ellas  mi- 
neros inagotables  de  la  más  lujosa  poesía.  El  Peregrino, 
consulta  constantemente  dos  mundos  de  misterio,  dos  fuen- 
tes que  jamás  se  apocan:  el  corazón  y  la  naturaleza. 

El  señor  Mármol  ha  perdonado  su  cárcel  y  cadenas  (6),  y 
nosotros  casi  perdonamos  también  la  mano  que  le  aleja  de 
sus  hogares,  porque  en  ellos  no  habría  sentido  las  impresio- 
nes de  las  regiones  del  Trópico  ni  de  los  mares  del  Polo. 
Porque  es  preciso  que  se  sepa  que  El  Peregrino  ha  sido  pen- 
sado y  escrito  sobre  la  cubierta  de  una  nave;  en  un  viaje  de 
sufrimientos  y  peligros,  desde  el  Trópico  de  nuestro  he- 
misterio,  hasta  la  latitud  de  65°  Sur,  donde  lo  arrojaron 
Las  borrascas,  sin  poder  doblar  el  Cabo  meridional  de  Amé- 
rica. 

Escribimos  en  pobre  prosa;  ¿cómo  podremos  dar  una  idea 
de  la  poesía  del  Peregrino?  ¿Dónde  hallaríamos  una  llama 
tan  activa  de  inspiración  como  la  que  alienta  el  autor?  El 
Peregrino  es  un  himno  en  loor  de  la  magnificencia  del  Me- 
diodía americano;  la  traducción  fiel  de  los  más  íntimos  sen- 
timientos del  poeta,  del  desterrado,  del  patriota,  del  amante, 
meditando  sobre  sí  mismo,  ó  engolfado  en  el  Edén,  ó  en  el 
infierno  de  la  variada  naturaleza  de  nuestro  Continente. 
Lea  los  cantos  á  las  Nubes,  á  los  Irójjicos  quien  tenga  vista 
capaz  de  fijarla  en  los  joyeles  con  que  se  engalana  el  cielo 
en  los  días  de  alegría  de  su  Creador;  lóalos  quien,  teniendo 
la  fe  del  poeta,  pone  toda  la  mitología  de  sus  amores  y  de 
sus  afectos  en  los  accidentes  del  cielo  visible,  en  la  levedad 
de  los  vapores  en  que  se  reclina  el  sol  para  adormirse  en  las 
tardes. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  17 

Decid,  nubes,  decid,  ¿quién  un  tributo 

no  os  rindió  alguna  vez?  En  el  contento 

-ó  con  el  alma  en  luto, 

.¿qué  mortal  no  os  ha  dado  un  pensamiento?... 

En  las  noches  serenas, 

«1  corazón  dolido, 

¿qué  madre  no  ha  llorado  con  vosotras 

el  dulce  fruto  de  su  amor  perdido; 

•ó  amorosa  y  prolija, 

no  imaginó  entre  flores 

el  porvenir  de  su  inocente  hija?... 

¿Qué  desterrado,  acaso, 

en  los  velos  de  nácar  y  zafiro 

que  bajáis  al  ocaso, 

no  ha  mandado  á  su  patria  algún  suspiro  (7) 

Hay  quien  todavía  niega  la  existencia  de  una  poesía 
peculiar  á  la  América;  pero  al  fin  se  tendrá  que  reconocer 
nuestra  independencia  en  literatura  como  se  ha  reconocido 
•en  política:  una  y  otra  no  son  cuestiones  sino  hechos.  El  poe- 
ta debe  sentir  lo  que  canta  y  sentirlo  entrañablemente:  el 
poeta  debo  pintar  y  pintar  con  verdad  la  Naturaleza.  ¿Y  con 
■qué  corazón,  con  qué  colores  se  han  de  manifestar  eficazmen- 
te el  movimiento  de  los  afectos  que  nacen  de  la  Sociedad 
Americana,  y  las  escenas  de  su  suelo?  Con  un  corazón  ame- 
ricanamente apasionado,  y  con  los  colores  que  ostentan  lla- 
nos, montes,  ríos  y  mares  americanos.  Tenemos  ya  un  pasa- 
do; campos  gloriosos;  festividades  patrias;  varones  eminen- 
tes á  quienes  hemos  dejado  en  la  tumba  con  los  ojos  llenos 
de  lágrimas.  Y,  ¿será  el  extranjero  quien  haya  de  venir  á 
cantar  lo  que  á  nosotros  únicamente  puede  conmover  las  on- 
trañas?  Sólo  un  Pekegrino  Americano  podía  llenarnos  de  or- 
gullo con  estos  versos  de  su  Canto  á  América,  Canto  que  en 
parte  es  una  profecía  y  en  parte  una  realidad  que  se  verifica 
diariamente. 

MárruoL— 2 


18  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOIi 

«América  es  la  virgen  que  sobre  el  mundo  canta, 
>profetizando  al  mundo  su  hermosa  libertad»... 

«Quedad,  mundo  europeo,  ennoblecido  padre 
»de  tiempos  que  á  perderse  con  el  presente  van; 
» quedad,  mientras  la  mano  de  América,  mi  madre, 
» recoge  vuestros  hijos  y  les  ofrece  el  pan.» 

«¿Qué  importa?  ¡eh!  ¿qué  importa?  si  no  vienes  de  guerra 
>  nosotros  te  daremos  donde  segar  la  mies; 
>para  que  nazcan  pueblos  tenemos,  sí,  más  tierra 
»que  espacio  para  estrellas  sobre  los  cielos  ves...» 

«América,  que  se  alza  sobre  columnas  de  oro, 
» América  la  joya  del  Universo  es. 
»La  miro  y  me  envanezco,  y  al  contemplarla  lloro... 
»sus  montes  á  mis  ojos...  sus  mares  á  mis  pies!» 

Pero  en  este  tan  vasto  mundo  de  América  el  Peregrino 
tiene  su  playa  natal,  para  la  cual  reserva  toda  la  fuerza  de 
su  amor  y  todo  el  fervor  de  sus  recuerdos.  La  brújula  del 
instinto,  más  que  la  del  piloto  le  advierte  la  cercanía  de  la 
patria:  reconoce  el  cielo  de  su  infancia  y  entona  el  canto  «A 
Buenos  Aires»  con  los  ojos  puestos  donde  los  pone  el  que  no 
tiene  más  bien  que  la  esperanza: 

«¡Cuan  bellas  contemplo  rodar  por  la  esfera 
»tus  nubes  pintadas  de  plata  y  zafir! 
» ¡oh  patria!  si  al  hombre  faltara  la  ciencia 
» sabría  al  mirarlas  que  estabas  allí...» 

¡Cuan  bellos  tus  mares!  ¡cuál  alzan  henchidos 
de  orgullo  sus  ondas,  valiente  su  voz! 
¡oh,  vaya  en  vosotros  al  suelo  Argentino 
vibrando  en  las  olas  mi  lúgubre  adiós! 

Entre  los  recuerdos  del  Peregrino,  se  presenta  á  menudo 
(tíi^eía  mujer  de  su  alma,  á  quien  ha  dado  el  nombre  puro 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  19 

de  María.  Ella  supo  inspirarle  una  pasión  delicada  y  pro» 
funda  pintada  con  la  armonía  de  estos  versos: 

No  era  ese  amor  frenético  y  ardiente 

que  arrebata  la  calma, 
más  que  del  corazón,  de  los  sentidos: 
era  esa  tierna  abnegación  del  alma 
que  ni  siente  placer  ni  dolor  siente 
sino  en  el  alma  del  objeto  amado 


«¿Qué  tengo  yo  sin  ti?»  Penas  y  llanto; 
llanto  frío,  infeliz,  eterno  y  santo, 
porque  lloro  de  amor. — Tú  mi  primera 
impresión  en  la  tierra,  tú  tendiste 
mano  de  compasión  al  Peregrino, 
y,  tierna  y  hechicera, 
«Ven  hacia  mí»,  dijiste; 
arrojando  una  flor  en  su  camino. 

Eres  mi  dios,  mi  hermana,  mi  querida, 
y  mi  esposa  también. — Palabras  santas 
dádivas  del  señor  para  la  vida; 
puras  como  las  lágrimas  del  niño, 
tiernas  como  los  besos  de  una  madre, 
palabras,  sí,  que  el  corazón  no  miento, 
riquezas  de  cariño, 
con  que  adorna  mi  amor  tu  blanca  frente. 

Concluyamos  estas  líneas.  Si  el  autor  de  Peregrino  no 
hubiera  dado  ya  tanta  prueba  de  su  talento  poético,  basta- 
ría esta  producción  para  que  cayeran  sobre  su  cabeza  las 
hojas  del  laurel  tan  ambicionado  como  tan  pocas  veces  con- 
seguido.— Cantar  los  sentimientos  de  la  actualidad,  pensar 
sobre  el  bien,  sobre  la  belleza,  sobre  la  verdad,  según  la 
dirección  de  la  época;  poner  de  bulto  el  pensamiento  confu- 
so é  incompleto  de  la  generalidad:  tales  son  las  condiciones 
con  que  se  manifiesta  el  poeta  verdadero.  El  que  satisface  á 


20  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

este  programa,  levanta  un  monumento  y  graba  su  nombre 
sobro  el  acero  en  la  historia  de  la  literatura. 

Hemos  leído  el  Peregrino  y  parecíanos  que  el  autor  nos 
había  consultado  sobre  el  asunto  de  sus  Cantos:  nos  parecía 
la  obra  de  un  Genio  que  hubiera  espiado  invisible  los  secre- 
tos de  nuestra  conciencia,  los  sueños  de  nuestra  alma,  las 
fantasías  de.  nuestra  esperanza,  y  que  nos  deeía:  «hé  aquí  el 
retrato  de  lo  que  creíais  que  no  pudiera  representarse  con 
la  palabra,  ni  tomar  cuerpo  con  los  incompletos  recursos 
del  lenguaje.» 

Nosotros  que  pertenecemos  á  la  época,  ala  América,  á  la 
democracia,  á  la  fe  de  la  cruz;  que  esperanzamos  en  lo  futu- 
ro, que  alguna  gota  de  ese  rocío  del  cielo  que  se  llama  poe- 
sía cae  de  cuando  en  cuando  en  nuestra  alma,  porque  somos 
desgraciados,  somos  al  mismo  tiempo  rama  del  árbol  que 
todo  él  ha  de  conmoverse  al  soplo  del  Peregrino.  Toda  nues- 
tra generación  hallará  en  él  su  historia,  y  toda  olla  bendi- 
cirá  á  su  autor.  Bella  y  envidiable  suerte  es  la  del  poeta  que 
alza  el  velo  á  los  dolores  para  consolarlos! 

Río  Janeiro,  Febrero,  1845 

Juan  María  Gutiérrez 


CANTO  PRIMERO 


a  mi  patria 


Buenos  Ajees,  mis  ojos  se  abneron  á  la  luz  bajo  tu  cielo 
humoso;  y  digne  lujo  de  rus  pasadas  gloria;,  se  cerrírán  acal 
bajo  el  cielo  nublado  del  extranjera 

Pero  en  mi  destierro,  tu  recuerdo  santo  se  conjunte  en  mi 

i:;:ti  osrmerr  hesos  ie  mi  -*»•■  *■  « « »  * 

glorie,  A.  buscado  con  las  «giraciones  de  mi  alma  una  guir- 
«aldade  poeta,  es  por  dejarla  á  tus  plantas,  poJuetú 
eres,  Patria  mía,  él  imán  de  esas  inspiraciones 

Acepta  el  primer  Canio  del  Peeegbzno:  y,  ¡o;alá  aue  ese 
recuerdo  de  tus  pasados  tiempos  y  de  tu  nermolo  porvnVl 
Haga  enjugar  un  instante  el  llanto  de  tus  desgracias  presea 

Adiós,  Buenos  Aires:  orgulloso  de  mi  origen,  moriré  en  el 
destierro  SiJM  puedo  algún  día  respirar  en  tu  seno  el  alreZut 
de  ¡a  libertad: pero  mi  ultima  palabra  será  tu  nombre-  mZ 
timo  pegamiento  será,  tu  imagen.  ' 


José  Mármol 


Montevideo,  Mayo  de  1841 


CANTO  PRIMERO 


Hijo  de  la  desgracia  el  Peregrino, 
ha  confiado  á  los  mares  su  destino; 
y  al  compás  de  las  ondas  y  los  vientos 
el  eco  de  sus  tristes  pensamientos 
vibrará  por  el  mar.  El  su  grandeza 
cantará  entusiasmado,  la  belleza 
de  la  espléndida  bóveda  estrellada, 
con  el  alma  ante  Dios  arrodillada; 
y  cantará  también  sobre  los  mares 
la  libertad,  su  amor  y  sus  pesares. 

Sigámosle  en  el  mar,  do  quier  existe, 
como  las  sombras  de  la  tarde,  triste, 
y  una  secreta  dulce  simpatía 
nos  roba  su  letal  melancolía: 
¡él!  ¡el  proscripto  trovador  del  Plata, 
que,  conducido  por  la  suerte  ingrata, 
cinco  años  ha  que  su  enlutada  lira 
bajo  extranjero  sol  triste  suspira! 

Con  él  la  dulce  inspiración  del  canto 
nació  para  cantar  el  dogma  santo, 
que  inauguró  á  la  luz  de  la  victoria 


21  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ese  pueblo,  que  en  brazos  de  la  gloria, 
reventara  de  un  mundo  las  cadenas 
con  prender  el  cañón  de  sus  almenas. 
Pero  helóse  la  voz  en  su  garganta 
cuando,  al  mover  la  adolescente  planta., 
en  vez  de  abierta  y  espaciosa  vía 
al"  genio,  á  la  virtud  y  nombradla, 
tropezó  de  un  patíbulo  en  las  gradas 
con  la  sangre  de  Mayo  salpicadas. 

Ya  el  eco  del  cañón  no  se  dilata 
en  las  riberas  del  altivo  Plata, 
cuando  dora  su  linfa  el  sol  de  Mayo  (1) 
con  su  primero  suspirado  rayo; 
ya  no  suenan  sus  cánticos  triunfales; 
ya  no  escuchan  sus  santas  catedrales 
los  religiosos  himnos  dé  alabanza 
al  Dios  que  iluminaba  la  esperanza 
en  medio  de  la  larga  incierta  lucha. 
Ya  en  las  calles  y  plazas  no  se  escucha 
del  pueblo  rey  la  estrepitosa  grita, 
cuando  á  los  rayos  de  su  luz  bendita 
festejaba  aquel  sol  que  hirió  su  frente 
con  raudales  de  gloria  refulgente; 
ya  no  oprimen  las  madres  en  su  seno 
su  tierno  fruto  de  esperanzas  lleno, 
ni  á  par  del  blando  maternal  arrullo 
lloran  sobre  su  sien  llanto  de  orgullo. 

Ya  el  Plata  no  se  empina  del  profundo 
á  ver  la  Roma  del  naciente  mundo, 
y  á  sus  olas  indómitas  desciende 
y  en  las  arenas  sin  valor  las  tiende 
Ya  en  las  grietas  del  Andes  no  se  interna 
derrumbada  la  nieve  sempiterna, 
porque  no  hay  otra  vez  quien  de  la  cima 
la  arroje  y  ledo  la  montaña  oprima  (2)\ 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  25 

ya  para  él  Cóndor  en  la  sien  su  vuelo, 
y  ese  invasor  intrépido  del  cielo, 
ya  no  vuela  á  esconderse  entre  la  nube, 
al  ver  que  raudo  de  la  falda  sube, 
labrando  las  pedrosas  cordilleras, 
un  mundo  de  guerreros  y  banderas. 

¡Patria!  ¡Patria  del  alma!  con  tu  espada, 
el  atlas  de  la  América  admirada 
trazaste  en  la  pelea.  Repartiste 
los  montes  y  los  rios;  y  volviste 
á  reposar  la  sien  en  tus  laureles. 
¡Grande  fué  tu  misión!  Grandes  y  fieles 
la  llenasteis,  vosotros,  los  que  hermosa 
visteis  la  luz  de  una  época  dichosa. 
¡Ya  la  época  pasó...! 

Dormid  con  ella 
á  los  celestes  rayos  de  la  estrella 
que  alumbrará  eternal  en  la  memoria, 
la  éxíoca  con  vosotros  y  su  gloria. 

Siguió  tras  ella,  como  al  claro  día 
siguen  las  horas  de  la  noche  umbría, 
la  época  del  dolor.  Del  mundo  es  esa 
la  eterna  ley  que  sobre  el  mundo  pesa. 
Una  edad  á  otra  edad  se  precipita, 
y  en  el  rápido  empuje  inhabilita 
y  destruye  y  derrumba  el  edificio 
á  la  edad  que  pasó  grande  y  propicio. 
Su  ley  es  destruir;  destruye,  mira 
completa  su  misión,  y  alegre  expira. 

Otra  generación  viene  tras  ella, 
y  para  edificar  halla  en  su  huella 
escombros  humeantes  todavía, 
sin  plan,  ni  basa,  ni  favor,  ni  guía. 


£6  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

La  misión  de  tumbar  sólo  es  de  una; 
la  ley  de  edificar  pesa  importuna 
de  diez  generaciones  en  los  hombros. 
¡Ay,  de  aquella  que  en  medio  á  los  escombros 
nace;  al  caer  el  edificio  al  suelo, 
y  entre  caos  de  ¡vivas!  y  de  duelo 
buscan  sus  ojos  el  color  del  día 
y  hallan  las  nubes  de  la  noche  umbría! 
j  Ay,  de  la  reacción  que  la  atropella! 
¡Ay,  de  su  porvenir  la  incierta  estrella! 
¡Ay  de  tus  hijos  que  en  furor  contino, 
cual  verdes  hojas  de  tumbado  pino, 
sacude  ¡oh  patria,  el  vendabal  de  Mayo! 
El  quebró  con  el  ímpetu  del  rayo 
la  cadena  de  fierro  de  dos  mundos; 
El  levantó  en  sus  vuelos  furibundos 
el  porvenir  del  suelo  americano, 
bello  como  su  cielo  soberano, 
inmenso  cual  sus  montes  y  sus  mares; 
él  ungió  nuestra  frente  en  los  altares 
con  las  glorias  del  tiempo  venerado; 
él  nos  legó  la  gloria  del  pasado, 
y  á  los  hombres  que  vengan  la  fulgente 
gloria  del  porvenir.  Pero  el  presente, 
eco  rudo  del  bélico  estallido, 
última  convulsión,  postrer  quejido 
de  nuestra  vieja  lamentable  vida, 
destello  fatuo,  emanación  perdida, 
de  la  pasada  edad,  que  vaga  incierto 
entre  los  miembros  de  su  cuerpo  yerto, 
y  asusta  y  cruza  con  su  luz  siniestra, 
sólo  nos  cupo  por  desgracia  nuestra. 

ir,    ■'-'  A 

.Luchar  y  padecer.  Es  un  tributo 
que  aún  le  pagamos  á  tu  edad  de  luto: 
holocausto  de  sangre  y  de  reposo 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  27 

por  las  primicias  de  tu  tiempo  hermoso; 
y  nosotros,  sufriendo  los  rigores 
del  crudo  tiempo  en  la  estación  de  flores, 
le  rendimos   doquier,  lejos  del  Plata, 
¡oh,  madre  hermosa!  sin  llamarte  ingrata. 

Ahí  va  Carlos  proscripto  y  peregrino 
sobre  la  popa  del  nadante  pino... 
La  arpa  en  las  manos,  con  el  alma  herida, 
sin  patria,  sin  hogar  y  sin  querida, 
á  merced  de  las  ondas  y  los  vientos; 
fijos  en  Dios  sus  altos  pensamientos, 
y  con  la  fe  del  corazón  cristiano 
esperando  del  mal  el  bien  Í6jano. 

¡Cinco  lustros  de  vida  solamente; 
y  de  tanto  sufrir  ni  el  dolor  siente! 

Un  pueblo  hermano  á  su  feliz  ribera 
llegar  proscripto  sin  hogar  le  viera; 
y  allí  un  destello  de  esperanza  vana 
profetizó  la  libertad  cercana 
de  su  patria  infeliz.  Mas  ¡eh!  ¿la  hoguera 
del  ángel  de  la  muerte  reverbera 
su  fuego  por  el  mar?  ¿Sobre  la  espalda 
de  los  cerros,  los  mantos  de  esmeralda 
cambiaron  su  color?  Piedad  ¡Dios  mío! 
Es  sangre  nada  más;  el  ancho  río, 
las  colinas,  las  sierras  y  los  llanos 
sangre  muestran   doquier.  Sangre  de  herma- 

|  nos 
que  de  inocente  ó  de  malvado  pecho, 
la  derraman  sus  venas,  sin  provecho, 
para  la  Libertad....  Del  tiempo  es  ella 
no  de  las  lanzas  ni  sangrienta  huella, 
y  en  el  tiempo  vendrá...  Mas  ¡ay!  se  escucha 
fatídico  el  cañón,  arde  en  la  lucha 


28  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

el  fuego  nada  más  de  las  pasiones: 
jEl  Plata  es  un  volcán!  los  corazones 
rudos  palpitan  de  venganza  henchidos, 
y  ni  de  vencedor  ni  de  vencidos 
la  suspirada  Libertad  se  escuda 
entre  el  caos  de  la  victoria  ruda. 

¿Qué  es  del  Cantor  allí?  Dulce  suspira 
un  himno  melancólico  su  lira, 
y  el  trueno  de  la  pólvora  vibrando 
ahoga   el  acento  melodioso  y   blando, 
como  á  orillas  del  mar  muere  un  gemido 
de  las  ondas  al  áspero  bramido; 
como  la  voz  de  la  torcaz  medrosa 
entre  las  ramas  déla  selva  hojosa 
cuando  los  vientos  desatados  zumban 
y  las  palmeras  con  furor  derrumbar  ► 
¿Qué  es  el  poeta  allí?  Lo  que  el  navio 
presa  de  calma  sobre  mar  bravio, 
que  combatido  del  empuje  fiero 
y  cargado  de  paño  el  mastelero, 
fijo  y  convulso  está  sobre  el  abismo 
luchando  sin  andar,  consigo  misino^ 
¡Carlos!  es  aire  para  él  de  vida, 
única  luz,  la  libertad  querida; 
era  pesado  el  aire  que  aspiraba 
y  al  alma  dentro    el  pecho  sofocaba. 
Suspiró  entonces  con  amargo  duelo, 
miró  del  Plata  el  azulado  cielo, 
y  ocultando  en  el  alma  sus  pesares 
¡Adiós! — le  dijo, — y  se  lanzó  á  los  mares! 

¡Magnífico  Brasil!  Tú  le  has  mirado 
en  sus  tristes  recuerdos  sepultado 
á  las  orillas  de  tu  mar  tranquila, 
de  lágrimas  bañada  la  pupila, 
fija  del  horizonte  en  los  celajes, 


CANTOS  DEL  PEKBGRINO  29 

«ó  en  tus  bellos  fantásticos  paisajes. 

Te  pronuncia  un  ¡adiós!  ¿No  ves?  su  lino 
>el  Fénix  desplegó,  y  el  Peregrino 
oirá  quebrarse  en  la  atrevida  proa 
las  ondas  saludadas  por  Balboa. 

Tibio  su  pecho  cual  tu  tibia  brisa, 
ni  un  suspiro  de  amor,  ni  una  sonrisa 
al  dejar  tus  riberas  te  regala; 
nadie  tampoco  con  amor  exhala 
un  ssupiro  por  él:  miró  tus  flores 
y  no  sabe  contar  de  sus  olores. 

Ya  las  olas  Atlánticas  surcando 
la  erguida  nave  en  movimiento  blando 
se  columpia  en  el  piélago  espumoso, 
como  candido  cisne  majestuoso. 

Al  sur  volviendo  la  filosa  prora 
mira  á  su  izquierda  el  trono  de  la  Aurora, 
y  á  su  diestra  las  nubes  de  Occidente, 
coronando  de  América  la  frente. 

Dadas  las  velas  á  merced  del  viento, 
^e  desliza  en  el  líquido  elemento, 
como  esas  blancas  ilusiones  bellas 
que  pasan  raudas  sin  dejar  tras  ellas 
¿n  el  mar  de  la  inquieta  fantasía 
más  que  un  eco  expirante  do  armenia. 

Carlos,  en  tanto,  pálido,  sembrío, 
reclinado  en  la  popa  del  navio, 
está  fijo  en  los  vastos  horizontes 
contemplando  de  América  les  montes 
como,  bajo  ciprés  frente  á  una  losa, 
llora  el  esposo  la  perdida  esposa. 
Descubierta  la  sien,  flota  el  cabello 


30  OBRA8  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

en  negros  rizos  sobre  el  blanco  cuello, 

ó  la  pálida  frente  le  descubren 

y  con  sus  hebras  otra  vez  la  cubren; 

cual  de  la  selva  el  trecho  despejado,, 

por  la  luz  de  la  luna  plateado, 

las  movedizas  hojas  del  ramaje 

sombrean  con  su  fúnebre  celaje. 

¡Silencio!  ¿no  le  veis?  Cáelos  suspira,.. 

su  rodilla  dobló...  sus  ojos  gira, 

rayos  vertiendo  de  celeste  lumbre, 

cual  si  en  el  alma  rica  muchedumbre 

de  fúlgidos  diamantes  esparcida 

reflejase  su  luz...  Vedle;  oprimida 

tiene  su  Lira  en  la  convulsa  mano; 

y,  animado  de  impulso  soberano, 

hiere  sus  cuerdas.  ¿No  escucháis?  Su  acento 

nos  trae  vibrando  el  conmovido  viento, 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


LA  AMEEICA 

Dirán:  esa  tierra  inculta  se  ha  vuelto  un  paráis 
Ezeqdikl—  (Cap.  XXXVI.) 

América  es  la  virgen  que  sobre  el  mundo  canta, 
profetizando  al  mundo  su  hermosa  libertad; 
y  de  su  tierna  frente  la  estrella  se  levanta 
que  nos  dará  mañana  radiante  claridad 

No  hay  más  allá  en  los  siglos  á  la  caduca  Europa; 
que  al  procurar  mañana  se  encuentra  con  ayer; 
bebió  con  entusiasmo  del  porvenir  la  copa, 
y  se  postró  embriagada  de  gloria  y  de  poder. 

La  gloria  quiere  vates,  la  poesía  glorias: 
¿por  qué  no  hay  armonía,  ni  voz,  ni  corazón? 
la  Europa  ya  no  tiene  ni  Liras  ni  Victorias: 
el  canto  expiró  en  Byron,  la  gloria  en  Napoleón. 

Los  tronos  bambolean  y  el  cetro  se  despeña; 
los  pueblos  quieren  alas  y  se  les  clava  el  pie; 
el  pensamiento  busca  del  porvenir  la  enseña, 
y  no  halla  sino  harapos  del  pabellón  que  fué. 

Hay  tumba  á  las  naciones.  Se  eleva  y  se  desploma 
la  Grecia  que  elevara  sus  sienes  inmortal; 
al  mundo  hallaba  chico  para  hospedarse  Roma, 
después  murió  en  el  nido  de  su  Águila  Imperial. 


32  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL. 

¿Adonde  irá  mañana  con  peregrina  planta 
la  Europa  con  las  joyas  de  su  pasada  edad? 
América  es  la  virgen  que  sobre  el  mundo  canta, 
profetizando  al  mundo  su  hermosa  libertad. 

¿Qué  importan  del  presente  los  días  lastimeros, 
•cuando  el  pasado  es  lleno  de  gloria  y  esplendor, 
y  á  quien  por  vida  cuenta  los  siglos  venideros 
-que  borrarán,  pasando,  las  huellas  del  dolor? 

Salpique  á  los  bridones  la  sangre  de  los  llanos, 
y  en  medio  á  la  tiniebla  se  hieran — está  bien: 
la  nina  coge  flores,  é  hiriéndose  las  manos, 
trabaja  una  corona  para  su  blanca  sien. 

Hasta  el  presente  ingrato  la  servirá  de  gloria 
cuando  los  tiempos  viva  de  porvenir  mejor; 
pues  que  verá  en  nosotros  para  hermosear  su  historia 
"dramática  epopeya  que  inspirará  al  cantor. 

Quedad  entre  leyendas  y  hermosas  tradiciones, 
España,  que  dormíais  con  mundos  á  los  pies; 
■quedad  como  el  guerrero  que  cuenta  sus  blasones, 
y  honrosas  cicatrices,  cayendo  de  vejez. 

Quedad,  altiva  Francia:  la  luz  del  pensamiento 
•que  destellando  chispas  en  vuestra  sien  está, 
mañana,  cuando  el  tiempo  le  seque  el  alimento, 
sobre  el  naciente  mundo  la  llama  prenderá,; 

Quedad,  vieja  Inglaterra:  ha  mucho  los  Leopardos 
.encrespan  la  melena  sin  levantar  la  sien; 
-que,  al  procurar  el  pueblo  de  Alfredos  y  Eicardos- 
el  Pueblo  de  las  cifras  y  mercaderes  ven. 

Quedad,  mundo  europeo;  ennoblecido  padre 
«de  tiempos  que  á  perderse  con  el  presento  van: 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  83 

quedad,  mientras  la  mano  de  América,  mi  madre 
recoge  vuestros  hijos  y  les  ofrece  el  pan. 

¿Qué  importa?  ¡eh!  ¿qué  importa?  Si  no  vienes  de  guerra» 
nosotros  te  daremos  donde  segar  la  mies; 
para  que  nazcan  pueblos  tenemos,  si,  más  tierra 
«que  espacio  para  estrellas  sobre  los  cielos  ves. 

Tu  hijos  en  nosotros  encontrarán  hermanos, 
■el  sable  se  ha  tirado  después  de  combatir; 
venid  y  cultivemos  con  fraternales  manos, 
la  prometida  tierra  del  bello  porvenir. 

América  no  puede  ser  libre  todavía, 
porque  su  herencia  ha  sido  bastarda  obscuridad; 
jio  temas,  no;  mañana  cuando  despunte  el  dia, 
.fijando  sus  destinos,  verás  la  Libertad. 

América  que  se  alza  sobre  columna  de  oro, 
América  la  joya  del  universo  es: 
la  miro  y  me  envanezco;  y  al  contemplarla  lloro... 
jsus  montes  á  mis  ojos,  sus  mares  á  mis  pies! 

América  es  el  arca  que  el  porvenir  humano 
■contiene  misteriosa  y  un  día  se  abrirá; 
-entonces  el  Eterno  levantará  en  su  mano 
la  herencia  de  los  hombres  que  prometida  está. 

La  Libertad,  el  Genio,  la  Paz,  la  Poesia 
«en  tronos  de  alabastro  levantarán  la  sien; 
y  lleno  de  esperanzas,  como  la  luz  del  día, 
■el  corazón  del  hombre  j)alpitará  también. 

No  son  dorados  sueños  de  mi  alma  americana; 
son  leyes  que  promulga  para  los  pueblos  Dios, 
Mármol.— 3. 


84  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

escritas  en  las  cosas  donde  la  mente  humana 
estudia  y  desenvuelve  profética  la  voz. 

«Los  Andes  cuya  frente  se  junta  con  el  Cielo, 
-mientras  sus  plantas  de  oro  dentro  del  mundo  están; 
>su  Cóndor,  que  se  duerme  sobre  el  eterno  hielo, 
>  mientras  chispea  y  brama  la  fragua  del  volcán. 

»Las  mantas  del  Desierto  sin  fin,  sin  horizontes, 
» donde  discurre  el  potro  sin  freno  ni  señor; 
»los  vientos  sin  estorbo,  los  ríos  y  los  montes 
» inmensos,  solitarios,  sin  hielo  ni  calor. 

»Las  vírgenes  llanuras,  el  oro  y  los  diamantes 
» bullendo  en  el  arena  de  arroyos  de  cristal; 
»los  perfumados  bosques,  y  por  do  quier  gigantes", 
»con  sienes  de  esmeralda  y  entrañas  de  metal. 

» Quince  años  de  batallas  por  montes  y  por  llanos, 
-un  mundo  despertando  al  trueno  del  cañón; 
» quince  años  de  victorias  hasta  lavar  sus  manos 
»en  sangre  de  opresores  los  nietos  de  Colón. 

» Veinte  años  lamentables  de  fratricida  guerra, 
»para  acabar  la  herencia  del  español  así; 
» generaciones  nuevas  que  al  saludar  su  tierra 
»la  traen  las  esperanzas  y  porvenir  en  sí. 

»De  la  caduca  Europa  la  hidrópica  colmena 
»que  se  deshace  al  peso  de  su  miseria  ya, 
>y  en  bandos  se  abalanzan  sus  hijos  al  arena 
»que  compasiva  y  rica  la  América  les  da.» 

Son  estos  los  bellos 
eternos  emblemas, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  35 

las  ricas  diademas 
que  tienen  escrito 
con  lumbre  esplendente, 
que  en  pos  del  presente 
de  América  obscuro, 
vendrá  en  lo  futuro. 

La  aurora  risueña 
de  la  Libertad, 
en  ellas  translucen 
altivos,  prolijos 
los  huérfanos  hijos 
del  Inca,  los  días 
que  Dios  les  reseva 
de  gloria  y  de  amores, 
así  que  den  flores 
las  ricas,  veladas 
semillas  doradas 
de  la  Libertad. 

Figuras  tan  bellas 
irritan  la  mente 
del  pueblo,  y  en  ellas 
se  crea  impaciente 
celestes  visiones, 
que  tras  las  edades 
y  tras  la  pasiones, 
serán  realidades 
que  afirmen  el  trono 
de  la  Libertad. 

Tuyo  es  el  porvenir,  reina  del  mundo 
inmenso  cual  tus  montes  y  tus  mares, 
y  de  esperanzas  y  de  luz  fecundo 
cual  tu  cielo  y  tus  bellos  luminares. 

Alza  la  sien  orlada  con  tu  gloria, 


86  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  verás  tras  las  ondas  del  Océano, 
que  el  mundo  de  los  reyes  y  la  historia 
cabe  entero  en  el  hueco  de  tu  mano. 

Tu  y  i  es  la  paz  del  mundo  venidera, 
cuando  del  genio  la  defienda  el  brazo; 
y  clave  para  siempre  su  bandera 
en  la  cúspide  azul  del  Chimborazo. 

Tuya  también  la  dulce  poesía, 
virgen  como  tus  ríos  cristalinos, 
así  que  lejos  de  la  noche  umbría 
ulcen  las  aves  sus  celestes  trinos. 

Cantará  por  tus  selvas  inspirado 
€l  joven  trovador;  y  conmovido 
-abriendo  el  Inca  su  sepulcro  helado 
su  sombra  se  alzará  con  el  sonido. 

Y  los  héroes  de  Mayo  que  en  la  cima 
duermen  del  Andes  con  su  nieve  presos, 
al  oír  los  nombres  de  Ayacucho  y  Lima 
pondrán  de  pie  sus  entumidos  huesos. 

Tuya  es  del  porvenir  la  poesía, 
que  del  sol  á  la  arena  de  tus  mares, 
todo  está  misterioso  todavía, 
virgen  al  corazón  y  á  los  cantares. 

Aun  tus  bosques,  tus  ríos  y  tus  seres 
no  ha  sorprendido  el  ojo  del  poeta, 
ni  el  bello  original  de  tus  mujeres 
lia  encontrado  una  tinta  en  su  paleta. 

Mas  brotarán  una  inspirada  frente 
•   los  jardines  de  América  encantada, 
quo  alumbre  el  sol  ecuatorial  ardiente, 
ó  la  luna  del  Plata  desmayada. 

Cantará  de  su  madre  la  hermosura, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  37 

hoy  con  las  cataratas  en  concierto; 
mañana  de  una  selva  en  la  espesura 
con  el  susurro  de  la  brisa  incierto. 

¡Ali!,  quién  me  diera  renacer  la  vida 
en  esos  días  de  mis  sueños  de  oro, 
y  escuchar  con  el  alma  enternecida 
de  tus  poetas  el  excelso  coro! 

Mas  ¡eh!  no  importa.  Los  escucha;  sienta 
su  voz  mi  corazón;  y  yo,  mendigo 
de  Patria  y  Libertad  en  tu  presente, 
madre  del  porvenir,  yo  te  bendigo. 

Bendita  mil  veces  la  sangre  que  iri  día 
la  selva  y  el  prado  y  el  monte  teñía, 
luchando  tus  hijos  y  el  viejo  león; 

bendita  la  selva  y  el  llano  y  el  viento 
que  oyeron  del  Andes  crujir  el  cimiento, 
al  trueno  continuo  del  rudo  cañón. 

Benditos  aquellos  que  un  mundo  nos  dierua 
y  en  medio  al  combate  sin  vida  cayeron 
en  charchos  de  sangre  posando  la  sien. 

Por  ellos  alzamos  soberbia  la  frente, 
por  ellos  decimos;  «es  nuestro  el  presente 
y  nuestros  los  siglos  que  vienen  también»! 

Por  eso,  bendito  quien  dice  orgulloso. 
«Nací  bajo  el  cielo  de  América  hermoso 
y  siento  al  decirlo  la  sangre  latir». 

¿No  veis?  ¿No  parece  que  el  Andes  se  empina 
por  ver  impaciente  si  el  alba  ilumina 
los  tiempos  hermosos  que  están  por  venir? 


38  ,  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Vendrán,  y  el  infelice 
proscripto  Peeegeino  alza  su  mano, 

descubierta  la  frente; 
y  de  en  medio  á  las  ondas  del  Océano, 

olvidando  el  presente, 
madre  de  lo  futuro,  te  bendice. 


CANTO  SEGUNDO 


Si".  D.  Luis  L,  Domínguez, 


Cada  uno  de  los  Cantos  de  este  Poema  lleva  el  nombre  de 
alguno  de  mis  amigos,  ó  el  de  mi  Patria:  so7i  los  títulos  de  no 
bleza  con  que  dignifico  mi  Peregrino. 

Necesito  el  nombre  de  un  poeta  para  condecorar  este  Canto» 
escrito  en  el  lenguaje  íntimo  del  alma,  y  usted  que  lo  ha  hon* 
rado  tanto  con  las  sentidas  estancias  que  le  inspiró  su  lectura  (1), 
me  permitirá  escribir  el  luyo,  y  habrá  en  una  cola  página,  para 
usted  y  para  mí,  el  doble  acuerdo  del  poeta  y  del  arrugo. 

Mármol. 


Montevideo,  Abril- 24- 1847. 


CANTO   SEGUNDO 


Hay  una  edad  en  la  vida 
cuyo  hechizo  y  cuyo  nombro 
sólo  los  comprende  el  hombre 
después  que  pasó  la  edad. 
;Ay!  cuando  da  solamente 
un  recuerdo  á  la  memoria, 
como  el  Sol  desde  Occidente 
un  rayo  de  claridad. 

Edad,  que,  en  muchos,  tan  luego» 
como  comienzan  sus  años, 
la  hieren  los  desengaños 
y  muere  casi  al  nacer. 
Quedando  el  cuerpo  en  aurora- 
y  el  alma  sin  ilusiones, 
cual  una  flor  inodora 
con  hojas  en  rosicler. 

Edad  donde  entramos  todos 
con  los  besos  maternales, 
y  los  sueños  virginales 
de  la  alegría  infantil. 


OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Edad  de  donde  salimos 
siempre  huérfanos  y  tristes, 
á  soñar  lo  que  perdimos 
en  pesadilla  febril. 

Y  dichoso  quien  no  lleva 
incrustado  en  la  memoria, 
un  recuerdo  de  su  historia 
torcedor  del  corazón. 
Y  al  recordar  de  su  vida 
la  juventud  borrascosa, 
no  siente  abrirse  una  herida 
por  negra  recordación. 

Edad  que  en  un  mar  bravio 
en  débil  barca  navega, 
y  más  con  las  olas  juega 
cuanto  es  más  el  huracán; 
y  más  canta  barcarolas 
de  triunfos  de  amor  y  gloria, 
cuanto  más  bravas  las  olas 
en  torno  á  la  barca  están. 

Edad  sin  llanto,  que  vuela 
en  blanca  nube  de  incienso, 
y  siempre  horizonte  inmenso 
descubre  ufana  doquier, 
que  sólo  siente  desvelo 
por  el  placer  que  la  espera, 
viendo  en  la  gloria  su  cielo 
y  su  mundo  en  la  mujer. 

Único  tiempo  que  puede 
llamarse  vida  en  el  hombre, 
pues  no  merece  tal  nombre 
el  tiempo  que  viene  en  pos: 
muerte  lenta  y  fatigosa 
de  cuanta  ilusión  florida, 


CAUTOS  DEL  PEREGRINO  43 

de  cuanta  ambición  hermosa 
nos  puso  en  el  alma  Dios. 

Y  todavía  es  más  dura 
esa  muerte  que  camina, 
cuando  el  hombre  peregrina 
en  su  primer  juventud; 
y  lleno  el  cuerpo  de  vida, 
el  alma  desencantada 
está  del  mundo  aburrida, 
presa  de  su  ingratitud. 

Entonces  sólo  el  recuerdo 
de  nuestra  pasada  historia 
nos  viene  á  herir  la  memoria 
en  medio  á  la  soledad. 

Y  echamos  tristes  de  menos 
aquellas  tan  raudas  horas 
en  que  gozamos  amenos 
días  de  felicidad. 

Entonces  damos  su  precio 
á  todo  cuanto  perdimos, 
y  no  volveiá,  decimos; 
el  tiempo  perdido  ya. 

Y  allá  en  la  tarde  tranquila 
cuando  la  mente  recuerda 
¡cuántas  veces  la  pupila 
llorando  el  recuerdo  está! 

Entonces  quedáis  vengadas, 
vosotras,  pobres  mujeres, 
que  os  pagan  vuestros  placeres 
con  largos  tragos  de  hiél. 
Angeles  en  sacrificio 
sobre  el  pantano  del  mundo, 
que  en  el  rodar  de  un  segundo 


44  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOI# 

j)erdóis  las  alas  en  él. 

Vosotras,  que,  si  amáis  mucho,, 
os  acusa  el  mundo  loco, 
en  tanto  que,  si  amáis  poco, 
os  acusa  el  amador. 
Vosotras,  pobres  mujeres, 
que  tanta  lágrima  os  cuestan 
los  más  candidos  placeres, 
si  son  placeres  de  amor. 

Vosotras,  tan  inexpertas, 
tan  tristemente  engañadas, 
á  la  fin  quedáis  vengadas 
por  el  mismo  que  engañó. 
Pues  un  tiempo  al  fin  vivimos- 
tan  árido  de  ilusiones, 
que  ansiamos  cuanto  perdimos- 
y  el  alma  desconoció. 

Entonces  ¡ay!  comprendemos 
vuestros  nobles  sacrificios, 
y  aquellos  dias  propicios 
de  tan  rápido  existir. 

Y  el  prisma  de  la  distancia 
nos  hace  veros  más  bellas, 

y  llorar  nuestra  inconstancia, 
y  vuestro  amor  bendecir. 

Porque  en  aquesta  campaña 
que  hacemos  desdo  la  cuna, 
va  de  escolta  la  fortuna 
y  de  vanguardia  el  dolor. 

Y  asi,  á  medida  que  vamos 
caminando  sobre  el  mundo, 

á  aquello  que  atrás  dejamos 
dárnosle  precio  mayor. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  45 

Se  echa  de  menos  la  infancia 
on  la  juventud,  y  luego 
de  ésta  lloramos  el  fuego 
cuando  extinguirse  se  ve. 

Y  siempre  yendo  más  lejos 
en  el  viaje  de  la  vida, 
niños,  jóvenes  y  viejos 
lloramos  por  lo  que  fué 

El  sol  que  claro  alumbrara 
la  senda  del  Pekegeino, 
se  obscureció  en  su  camino 
al  punto  de  amanecer. 

Y  acaso  allá  en  su  memoria, 
sin  haber  nunca  engañado, 
suele  mezclarse  á  su  historia 
la  imagen  de  una  mujer. 

En  las  llanuras  solas 
vibrado  había  el  último  sonido 
de  la  inspirada  Lira,  y  conmovido 
lo  hizo  rodar  el  mar  sobre  las  olas, 

bañando  de  armonía 
los  mil  colores  de  la  luz  del  día. 

Guardaba  el  Sol  los  rayos  do  su  frente 
en  las  doradas  nubes  de  Occidente, 

y  un  crepúsculo  incierto 
daba  su  luz  al  piélago  desierto. 

La  brisa  de  la  noche 
tendió  después  sus  alas  al  espacio, 
y  á  la  par  que  en  los  ámbitos  vagaba 

de  su  inmenso  palacio, 
las  nubes  y  las  ondas  agitaba, 

Y  la  bizarra  navo 


46  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

dividiendo  colinas  ondulantes, 

en  su  curso  suave 
formaba  en  pos  de  sí  y  á  sus  orillas 

alfombras  amarillas 
de  fugitivos  granos  chispeantes. 

Y  el  joven  Peregrino,  reclinado 
en  la  elevada  popa,  contemplaba 
la  onda  que  fugitiva  se  alejaba, 
llevando  de  su  pecho  lacerado 
los  amargos  recuerdos  del  pasado. 

Que  en  la  mísera  vida 
por  talismán  secreto,  indefinible, 
más  al  dolor  el  corazón  anida, 

cuando  en  hora  apacible 
irritada  la  sien  y  el  pecho  yerto, 
vemos  el  mar,  las  nubes  ó  el  desierto. 

Dios  en  sus  insondables  creaciones 
para  cada  dos  almas  tiene  un  molde, 
y  al  punto  de  nacer  el  molde  quiebra 

y  de  las  almas  corta 
una  sutil  imperceptible  hebra: 
y  arrojadas  después  al  laberinto 
de  la  vida  y  el  mundo,  á  que  al  instinto 
cada  una  de  ellas  su  sendero  siga^ 
cada  cual  busca  por  distinta  huella, 

de  las  almas,  aquella, 
que  un  mismo  soplo  de  existencia  abriga. 

El  hallarla  es  el  bien  sobre  la  tierra, 
y  el  tormento   mayor   que  el  alma  encierri 

es  vagar  peregrina, 

mirando  una  por  una 

sin  hallar  en  ninguna 
la  que  en  el  temple  de  su  amor  se  afina. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  47 

Pero  Cáelos  la  halló.  Mujer  hermosa 
en  el  virgíneo  seno  la  encerraba, 
como  al  perfume  la  pintada  rosa. 
María  ¿dónde  estás?  ¿Dónde  se  fueron 
los  célicos  momentos  de  ventura 
que  nuestras  almas  apurar  supieron? 

¿Los  recuerdas,  mujer?  El  tiempo  adverso 
rodaba  sin  poder  á  nuestros  ojos, 

y  mustio  el  Sol  ardiente, 

y  mustio  el  universo, 
lo  que  no  era  el  amor  eran  despojos 
de  una  otra  creación  indiferente. 
Y  en  tus  ojos  los  tuyos  embebidos, 
la  fantasía  y  la  pasión  tranquilas, 

callaban  los  sentidos 
y  conversaba  el  alma  en  las  pupilas. 

No  había  entre  los  dos  sino  el  presente; 
que  no  hay  para  el  amor  tiempo  pasado 
ni  porvenir,  cuando  á  la  par  se  siente 
confundirse  el  aliento  enamorado. 
Con  el  fuego  del  alma  se  evapora 

la  amarillenta  nube 
que  el  cielo  del  pasado  descolora, 
y  á  un  soplo  del  amor  deshecha  sube 

la  condensada  niebla 
que  el  horizonte  del  futuro  puebla. 
¡Ay,  del  que  en  brazos  de  su  bien  querida 
piensa  en  mañana,  y  el  presente  olvida! 
¡Ay,  del  que  mira  la  azucena  en  broche 
y  osa  pensar  lo  que  será  en  la  noche! 

jQué  fuera,  sí,  del  corazón  humano 
si  en  medio  del  placer  pensar  debiera 
que  al  rodar  un  minuto, 
esa  chispa  ligera 


48  OBRAS  DR  JOSÉ  MA  RMOL 

del  tiempo  inexorable 

vase  á  perder  en  el  eterno  luto! 
¡Qué  fuera  si  en  los  brazos  reclinado 

de  su  ídolo  adorado, 

por  el  ebúrneo  cuello 
derramando  su  espléndido  cabello, 
matizados  de  nieve  presumiera 
los  rizos  de  la  negra  cabellera, 
y  á  par  de  la  vejez  mirase  luego, 
yerto  también  del  corazón  el  fuego! 

El  amor  atesora 
como  las  flores  fugitiva  aurora; 
tiene  un  sol  que  le  abate  y  acongoja 
y  una  noche  también  que  le  deshoja. 

«Ven  á  mis  brazos,  ven:  yo  quiero  en  ellos 
» vivir  soñando  en  ilusión  florida, 
»pues  soñar  es  vivir,  y  son  los  bellos 
» sueños  del  corazón  los  que  adormecen, 

»y  el  desierto  embellecen 
*do  errante  vaga  la  infecunda  vida. 
»  Yen  á  mis  brazos,  ven:  que  parta  el  rayo 
^>y  rudo  quiebre  el  pedestal  del  mundo, 
»que  yo  á  tu  lado,  en  celestial  desmayo, 
»á  Dios  no  veré  tanto  en  los  enojos 

» que  la  tormenta  apura, 

»  como  en  la  lumbre  pura 
»que  brota  el  fuego  de  tus  dulces  ojos». 
Así  en  instantes  de  pasión  decía 
el  joven  Trovadora  su  María, 
imprimiendo  en  su  frente 
y  en  su  preciosa  boca  el  labio  ardiente. 

Y  luego  su  cabeza 
con  vértigos  de  amor  buscaba  el  seno, 
que  de  suspiros  lleno 


Así  en  instantes  de  pasión  decía 
Cantos  del  peregrino  Lámina  I 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  49 

con  fuerza  palpitaba 
resaltando  del  ángel  la  belleza, 
en  quien  la  vida  al  corazón  bajaba, 

y.  sin  sangre  el  semblante, 
contrastaba  en  la  pálida  mejilla 
«1  azabache  de  sus  tiernos  ojos 
con  el  brillo  azulado  del  diamante. 
Ojos  que  de  placer  se  adormecían, 
miradas  que  de  amor  desfallecían. 

¡Cómo  era  entonces  bella! 
¿Cómo  sublime  resaltaba  en  ella 
esa  lucha  del  alma  y  los  sentidos; 
■esos  esfuerzos  santos,  escondidos 

del  alma  en  lo  profundo, 
•con  que  defiende  su  perfume  de  ángel 
la  tímida  hermosura  sobre  el  mundo! 

¡Cómo  era  entonces  bella! 
Para  su  copia  fiel  no  alcanza  el  arte; 

que  al  pincel  faltaría 
•do  sus  tintas  de  luz  la  mejor  parte, 
para  dar  á  sus  ojos  la  dulzura, 
y  el  cincel  del  romano  quebraría 
los  detalles  del  mármol  florentino, 
•antes  de  dar  al  cuello  y  la  cintura 
la  gracia  leve  y  el  contorno  fino: 

antes  de  dar  al  seno 
las  redondas  ebúrneas  proporciones 
que,  cual  ondas  de  leche  en  mar  sereno, 
al  respirar  ondulan  suavemente, 

dejando  transparente 

el  movimiento  blando 
de  su  sangre  en  las  venas  circulando. 


Mármol.— 4 


50  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Crepúsculos,  callad;  callad,  estrellas, 
la  historia  de  dos  almas  que  vosotros 
y  los  cielos  no  más  lian  conocido; 
para  amar  y  sufrir  nacieron  ellas 
en  un  mundo  de  amor  desconocido, 

donde  la  luz  del  día 
no  penetró  jamás.  La  noche  umbría, 
la  luz  crepuscular  desconsolante, 
y  el  fugaz  soplo  de  la  vida  errante 
testigos  fueron  de  su  amor  un  día. 

Si  la  vista  profana 
el  misterio  alcanzó  de  sus  amores, 
algo  alcanzó  de  Dios.  ¡Ay!  no  confundan 
el  terrenal  amor  de  alma  liviana 
con  el  amor  de  Cáelos.  Cojan  flores 
y  coronen  la  sien  de  su  María, 
pura  como  el  albor  de  la  mañana, 
como  el  rocío  de  la  noche  fría 
sobre  las  hojas  de  una  flor!!! 

Ninguna 
más  pura  y  virginal  entre  los  brazos 
suspiró  de  un  amante.  Más  amada 
no  hubo  tampoco  criatura  alguna; 

ni  más  libre  de  lazos 
hubo  mujer  al  mundo  más  ligada. 

*  ¡Bendición  sobre  ti!  Yo  te  procuro 
>como  el  huérfano  niño  á  su  amorosa 
>y  virginal  hermana.  Al  pecho  mío 
>llega  tu  voz  amante,  como  llega 
>un  consuelo  de  Dios,  cuando  despliega 
>su  melodiosa  voz  órgano  santo 
>en  el  sagrado  Templo,  y  sube  el  canto 
> entre  nubes  de  incienso  á  los  altares 
> eclipsando  los  pardos  luminares. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  51 

«Eres  mi  Dios,  mi  hermana,  mi  querida, 
«y  mi  esposa  también.  Palabras  santas; 
>  dádivas  del  Señor  para  la  vida, 
» puras  como  las  lágrimas  del  niño, 
«tiernas  como  los  besos  de  la  madre; 
«palabras,  sí,  que  el  corazón  no  miente, 

» riquezas  de  cariño 
» con  que  adorna  mi  amor  tu  blanca  frente, 

«¿Qué  tengo  yo  sin  ti?  Penas  y  llanto; 
» llanto  frío,  infeliz,  sublime  y  santo, 
*  porque  lloro  de  amor.  Tú  mi  primera 
» impresión  en  la  tierra,  tú  tendiste 
>mano  de  compasión  al  Peeegeino. 

>y  tierna  y  hechicera, 

»  Ven  hacia  mí,  dijiste, 
«arrojando  una  flor  en  su  camino. 
«¿Y  olvidarte  podré?  ¡Mujer  hermosa! 
«No  se  olvida  la  fuente  del  desierto 
«que  nos  calmó  la  sed:  no  la  urimera 
«sonrisa  del  amor.» 

Así  decía 
el  joven  trovador  á  su  María, 

y  de  placer  lloraba, 
y  en  sus  amantes  brazos  la  estrechaba, 
y  al  mirarla  tan  bella,  conmovida 
como  la  sensitiva  al  tacto  humano, 

estrechando  su  ma? 
repetía  su  voz:  «Luz  de  mi  vida, 
«¿quién  más  b-ella  que  tú?  ¿Quién  más  querida? 
«Al  mirar  tu  beldad  siento  mi  pecho 

«para  mi  amor  estrecho, 
«y  mi  voz  de  mortal  débil  y  iría 

ypara  decir  te  adoro, 
«derramando  á  tus  pies  ardiente  lloro.» 


52  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Y  Maeíá  temblaba 
y  Carlos  en  sus  brazos  la  estrechaba. 

Porque  ese  Carlos,  insondable  fono 
de  perpetua  inquietud  y  de  constancia, 
que  allá  en  su  joven  pensamiento  loco 
ama  para  olvidar,  y  se  recrea 

en  desechar  la  idea 
que  antes  buscaba  el  corazón  con  ansia: 
alma  que  vive  en  perdurable  hastio 

por  largas  horas  de  martirio  llenas; 
que  al  lado  del  calor  percibe  frío, 
y  en  medio  del  placer  inventa  penas: 
que  vuela,  busca,  ve,  toca,  delira; 

y  cuando  está  en  su  mano 
la  posesión  de  á  lo  quo  inquieto  aspira, 

por  algo  más  lejano 
su  veleidoso  corazón  suspira: 

Que  por  estar  en  su  alma  las  pasiones 
envidia  los  tranquilos' corazones, 

como  al  gozar  sosiego 
la  fiebre  envidia  de  amoroso  fuego: 
esa  alma  chispa, — exhalación  de  rayo, 
sin  rumbo  cierto  entre  la  noche  umbría, 

se  convirtió  en  desmayo 
ante  el  célico  amor  de  su  María. 

No  era  ese  amor  frenético  y  ardiente 
que  arrebata  la  calma, 
más  que  del  corazón  de  los  sentidos; 
era  esa  tierna  abnegación  del  alma, 
que  ni  siente  placer,  ni  dolor  siente 
sino  en  el  alma  del  objeto  amado; 
era  ese  amor  de  Dios  sobre  la  tierra 
lo  que  el  bardo  infeliz  tuvo  y  encierra. 

Y  ¿durará  ese  amor?  Es  muy  sublimo, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO 


Dará  que  duro  mucho,  el  entusiasmo. 
Todo  deja  de  ser,  y  en  los  amores 
sólo  el  materno  amor  jamás  perece. 
El  amor  degenera;  á  sus  ardores 
sigue  la  calma,  y  en  la  calma  luego 

la  amistad  aparece, 
más  duradera  si  con  menos  fuego. 

El  corazón  es  árbol  de  afecciones 
que  florece  en  diversas  estaciones: 

hoy  se  agostan  sus  flores 
y  otras  mañana  lucen  sus  colores, 

ley  de  inconstancia- — triste, 
pero  ley  eternal  de  cuanto  existe. 

Esa  misma  Había, 
sin  olvidar  á  Carlos,  quizá  un  día 
sienta  en  su  corazón  inquietud  nueva; 

y  el  mismo  Peregrino, 
sin  olvidarla — pues  jamás  se  olvida 
la  primer  falta  ni  el  amor  primero,— 
allá  en  los  giros  de  su  errante  vida 
halle  quizá  otra  flor  en  su  camino; 

y  él  ama  todavía 
con  entrañable  amor  á  su  María. 

¿Por  qué  se  mira  pálida  su  frente 
y  húmeda  la  pupila, 
fija  en  la  última  luz  que  el  Occidente 
derrama  apenas  por  la  mar  tranquilar 

¿Qué  h'nea  cruza  sobre  el  alto  cielo 
desde  el  bajel  hasta  el  lejano  suelo? 
¿Qué  tierra  estará  allí?  ¿Qué  larga  vía 
le  aparta  del  lugar  do  su  inclemencia 
radiante  ostenta  el  luminar  del  día, 
y  do  convino  la  obstinada  ciencia 

de  pensador  profundo, 
hacer  mitades  del  terráqueo  mundo? 


54  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¡Ah!  esa  enlutada  nube 
que  niira  en  el  confín  del  Plata  sube, 

allí  Montevideo 

Y  el  Peeeqeino  al  Occidente  mira, 
porque  en  su  misnia  latitud  respira. 

Allí  Montevideo: 
tierra  del  Plata  do  pisó  extranjera 
toda  la  Patria  de  la  opuesta  orilla, 
cuando  en  su  misnia  tierra  alzada  viera 
sobre  su  noble  frente  la  cuchilla: 
cuando  huyó  del  recinto  de  su  gloria, 
llevando  la  memoria 
de  sus  tiempos  benditos 
en  dos  generaciones  de  proscritos. 

Eres,  tierra  Oriental,  la  historia  viva 

del  llanto  y  los  pesares 
de  esas  generaciones  arrancadas 

de  sus  patricios  lares, 

por  las  manos  de  fierro 
del  despotismo  en  sangre  salpicadas: 

y  de  la  llama  activa 
y  secreta  de  su  alma  también  eres 
el  libro  en  que  ha  guardado  su  destierro 
sus  tan  cortos  instantes  de  placeres. 

Cuando  la  libertad  les  vuelva  un  día 
de  su  Patria  infeliz  los  brazos  bellos, 

serán  pocos  aquellos 

que  no  lleven  prolijos 
dulcísimos  recuerdos  de  alegría 
entre  muchos  recuerdos  punzadores. 
Eres  de  unos,  la  Patria  de  sus  hijos, 
y  muchos — en  el  alba  de  su  vida, — ■ 

sus  primeros  amores 
recordarán  en  ti  y  á  su  querida. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  55 

Allí  Montevideo: 
ciudad  que  guardas  su  perdida  amante; 
bajo  tu  misma  latitud  respira 

el  Peregrino  errante, 

y  en  medio  de  los  mares 
te  recuerda  y  su  amor  y  sus  posares. 

¿No  le  veis?  ¡Una  lágrima!  ¡Suspira! 
Escuchad,  escuchad...  pulsa  su  Lira: 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


A  MARÍA 

La  misma  línea  del  cielo 
cubre  tu  frente  y  la  niia. 
¿Qué  haces  ahora  María 
mientras  suspiro  por  ti? 
Esos  instintos  secretos 
de  los  corazones  que  aman, 
á  ver  el  mar  no  te  llaman 
pensando,  María,  en  mí? 

María,  mi  dulce  amiga, 
mi  ángel  de  luz  en  la  tierra, 
¡cómo  en  mi  pecho  se  encierra 
la  imagen  de  tu  beldad! 
¡Cómo  estás  en  mi  memoria 
cual  un  destello  divino 
que  va  alumbrando  el  camino 
de  mi  negra  adversidad! 


5?>  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

El  precio  de  tus  amores 
¡cómo  conozco  en  la  ausencia! 
Tienes  toda  mi  existencia... 
¡bendita  seas  de  Dios! 
Fuiste  mía  por  el  cielo, 
no  eres  mía  por  el  mundo, 
mi  corazón  sin  segundo 
te  dice  del  mar  ¡adiós! 

¡Y  tan  lejos!  ¡Sin  oirnos! 
No,  María,  habrá  momentos 
que  puedan  los  pensamientos 
del  uno  al  otro  volar; 
que  conversemos  en  calma 
un  lenguaje  delicioso, 
que  el  corazón  misterioso 
sólo  alcance  á  interpretar. 

En  medio  á  la  triste  noche 
mira,  mi  bien,  las  estrellas, 
mis  ojos  también  en  ellas 
se  fijarán  con  amor. 
Su  dulce  trémulo  brillo 
me  recordará  tus  ojos, 
tus  repentinos  sonrojos, 
tus  gracias  y  tu  pudor.  ■ 

Propicio  á  nuestros  amores 
á  ellas  nos  concede  el  cielo, 
como  un  espléndido  velo 
en  la  frente  de  los  dos. 
Mientras  faltes  á  mi  vista, 
como  en  un  espejo  terso 
te  veré  en  el  Universo, 
y  escucharé  hasta  tu  voz. 

Tu  voz  en  el  blando  arrullo 
de  la  brisa  entre  las  hojas, 


CANTOS  DEL  PEKEGRIKO  57 

ó  en  el  plácido  murmullo 
que  hace  el  arroyo  al  correr, 
Y  aquel  sello  indefinible 
del  pudor  sobre  tu  frente, 
lo  veré  en  esa  apacible 
lumbre  del  amanecer. 

En  las  sombras  de  la  noclio 
recordaré  tus  cabellos 
y  en  los  crepúsculos  bellos 
tu  melancólica  tez. 
Veré  en  la  timida  luna 
el  candor  de  tu  semblante, 
y,  cuando  el  sol  se  levante, 
de  tu  sien  la  esplendidez. 

Pondré  rosas  en  mi  seno 
para  aspirar  su  fragancia, 
y  entonces  ¿qué  es  la  distancia 
si  allí  tu  aliento  también? 
¡Allí!  donde  tu  cabeza 
se  inclinó  pura  y  serena, 
cual  la  más  blanca  azucena 
que  se  dobla  en  el  Edén. 

María,  todo  ha  pasado, 
todo  es  recuerdo  y  despojos; 
pero  no  llanto  ni  enojos 
sino  valor  quiero  yo. 
Tu  alma  semeja  la  mía 
en  las  pasiones,  valiente, 
ten  tan  soberbia  la  frente 
cual  la  que  el  cielo  me  dio. 

¿No  has  visto  las  recias  olas 
rodar  con  ímpetu  horrible, 
y  la  roca  inconmovible* 
su  tenaz  choque  burlar? 


58  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Así  es  bello  ver  los  golpes 
sucesivos  de  la  suerte, 
y  el  alma  constante  y  fuerte 
golpe  por  golpe  parar. 

Yive  feliz  en  el  mundo 
hollando  flores  tu  paso — ■ 
si  puede  en  el  mundo,  acaso, 
ser  feliz  una  mujer. — ■ 
No  me  recuerdes,  Maeía; 
quiero  feliz  tu  destino, 
y  el  que  cupo  al  Peregeino 
tiene  llanto  en  el  placer. 

Yo  que  he  visto  una  por  una 
de  mi  esperanza  las  flores, 
ir  perdiendo  sus  colores 
y  acongojarse  en  su  albor; 
yo  que  llevo  el  desencanto 
fijo,  entrañado  en  la  vida, 
como  el  dolor  en  la  herida, 
como  en  la  llama  el  calor; 

yo,  que  volviendo  á  los  hombres 
por  un  agravio  otro  agravio, 
tengo  la  risa  en  mi  labio 
y  el  llanto  en  el  corazón, 
sufriendo  sobre  mi  rostro 
falsa  y  alegre  careta, 
por  esconder  del  poeta 
el  sello  de  su  aflicción; 

yo,  que  en  el  mar  de  este  mundo 
dejo  nadar  mi  barquilla, 
sin  curarme  de  la  orilla, 
oyendo  al  viento  bramar, 
conservaré  tu  memoria 
en  lo  intimo  de  mi  pecho, 


CANTOS  DEL  PEREGPINO 

hasta  que  quede  deshecho 
mi  batel  sobre  la  mar. 

Sólo  te  pido  á  estas  hojas 
la  última  gota  de  llanto, 
y  quema  luego  este  Canto 
con  lágrimas  de  los  dos. 
Único  ser  que  desmayas 
la  fuerza  del  alma  mia, 
¡te  quiero  tanto,  Maeía! 
bendita  seas  de  Dios. 


CANTO  TERCERO 


Al  Sr.  Dr.  D.   Valentín  Ahina. 


Su  afectisi.no  amigo  y  compatriota 


José  MÁEHor, 


Julio  de  18Í7, 


CANTO  TERCERO 


PARTE  PRIMERA 

En  medio  de  las  sombras  (1) 
enmudeció  la  voz  del  Peregkino, 
y  el  rumor  de  las  ondas  solamente 
y  el  viento  resbalando  por  el  lino 

sobre  el  Fénix  se  oía, 
que  como  el  Genio  de  la  noche,  huía 
en  las  alas  del  viento  tristemente, 

alumbrando  sus  huellas 
sobre  el  azul  y  blanco  las  estrenas 

En  el  siguiente  día, 

el  Fémx  na\  egaba 
sobre  las  ondas  que  el  silencio  turban 
de  la  tranquila  Pampa. — El  Pekegbino, 
con  los  brazos  al  pecho  contemplaba 
los  mares  y  los  cielos  de  la  patria. 

Y  acaso  recordando 

estaba  y  comparando 
la  tropical  naturaleza  hermosa, 


64  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

que  bajo  un  sol  abrasador  rebosa 

de  alegre  poesía, 
con  el  frío  y  adusto  Mediodía. 

¡Qué  bello  es  al  que  sabe 
sentir  con  la  natura, 
pasar  al  Mediodía 
del  circo  tropical; 
y  comparar  el  cielo 
•  de  la  caliente  zona 
con  el  que  tibia  pinta 
la  luz  meridional! 

¡Los  trópicos!  radiante 
palacio  del  Crucero  (2); 
foco  de  luz  que  vierte 
torrentes  por  doquier; 
entre  vosotros  toda 
la  creación  rebosa 
de  gracia  y  opulencia 
vigor  y  robustez! 

Cuando  miró  imperfecta 
la  creación  tercera, 
y  decretó  el  diluvio 
desde  su  trono  Dios, 
naturaleza  llena 
de  timidez  y  frío, 
huyendo  de  los  polos 
al  trópico  subió! 

Y  cuando  dijo  «basta», 
volviéndola  sus  ojos 
y  decretando  al  mundo 
su  nuevo  porvenir, 
alientos  de  su  boca 
los  trópicos  sintieron, 
y  reflejarse  el  raye 
do  su  mirada  allí. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  65 


Entonces  como  premio 
del  hospedaje  santo, 
naturaleza  en  ellos 
su  trono  levantó; 
dorado  con  las  luces 
de  la  primer  mirada, 
Paliado  con  el  ámbar 
del  hálito  de  Dios. 

Y  derramó  las  rosas, 
las  cristalinas  fuentes, 
los  bosques  de  azucenas 
de  mirtos  y  arrayán; 
las  aves  que  la  arrullan 
en  melodía  eterna, 
y  por  su  linde  ríos 
más  anchos  que  la  mar. 

Las  sierras  y  los  montes 
en  colosales  formas, 
se  visten  con  las  nubes 
de  la  cintura  al  pie: 
las  tempestades  ruedan, 
y  cuando  al  sol  ocultan, 
lo  mira  de  los  montes 
la  osmeraltada  sien. 

Su  seno  engalanado 
de  primavera  eterna, 
no  habita  ese  bandido 
del  Andes  morador; 
que  de  las  duras  placas 
de  sempiterna  nieve, 
se  escapa  entre  las  nubes 
á  desafiar  el  sol. 

Habitan  confundidos 
Mármol. — 5 


66  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

el  tigre  y  el  jilguero 
tócanos,  guacamavos, 
el  león  y  la  torcaz. 
Y  todos   cuando  tiende 
su  obscuridad  la  noche, 
se  duermen  ba^  o  e    dátil 
en  lechos  de  azahar. 

La  tierra^de  sus  poros 
vegetación  exhala, 
formando  pabellones 
para  burlar  al  Sol; 
su  luz  no  necesita, 
pues  tiene  de    diamante 
del  oro  y  del  topacio 
magnifico  esplendor. 

Naturaleza  yirgen, 
hermosa,  radiante 
no  emana  sino  vida 
y  amor  y  brillantez; 
donde  cayó  una  gota 
del  llanto  de  la  aurora, 
nace  una  ñor,  y  de  ésta 
nace  un  jardín  después. 

Así  como  la  niña 

de  quince  primaveras 
de  gracia  rebosando, 
de  virginal  amor, 
no  bien  recibe  el  soplo 
de  enamorado  aliento, 
cuando  á  su  rostro  brotan 
las  rosas  del  pudor. 

¡Los  trópicos!  el  aire, 
la  brisa  de  la  tarde 
resbala  como  tibio 


CAKTOS  DEL  PEREGRINO  07 


suspiro  de  mujer; 
y  en  voluptuosos  giros 
besándonos  la  frente, 
se  nos  desmaya  el  alma 
con  dulce  languidez! 

Mas  ¡ay!  otra  indecible 
sublime  maravilla 
los  trópicos  encierran; 
magnífica — la  luz. 
La  luz  ardiente,  roja, 
clarísima,  brillante, 
en  ondas  se  derrama 
por  el  espacio  azul. 

¿Adonde  está  el  acento 
que  describir  pudiera 
el  alba,  el  medio  día, 
la  tarde  tropical? 
¿Un  rayo  solamente 
del  sol  en  el  ocaso, 
ó  del  millón  de  estrellas 
un  astro  nada  más? 

Allí  la  luz  que  baña 
los  cielos  y  los  montes, 
se  toca,  se  resiste, 
se  siente  difundir: 
es  una  catarata 
de  fuego  despeñada, 
en  olas  perceptibles 
que  bajan  del  cénit. 

El  ojo  se  resiente 
de  su  punzante  brillo, 
que  cual  si  reflejase 
de  placas  de  metal, 
traspasa  como  flecha 


<58  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

de  imperceptible  punta 
]  \  cristalina  esfera 
ele  la  pupila  audaz. 

Lomejalos  destellos 
espléndidos,  radiantes, 
que  en  torbellinos  brota 
la  frente  de  Jeliová, 
parado  en  las  alturas 
del  Ecuador,  mirando 
los  ejes  de  la  tierra 
por  si  á  doblarse  van. 

Y  con  la  misma  llama 
que  abrasa,  vivifica 
la  tierra  que  recibe 
los  rayos  de  su.  sien; 
é  hidrópica  de  vida 
revienta  por  los  poros, 
vegetación  manando 
para  alfombrar  su  pie. 

-     Y  cuando  por  las  tardes, 
al  soplo  de  la  brisa, 
se  parten  las  montañas 
flotantes  de  vapor, 
las  luces  son  entonces 
vivientes  inflamados, 
que  en  grupos  se  amontonan 
xt  despedir  el  Sol. 

Enrojecidas  sierpes 
•entre  doradas  mieses 
caracoleando  giran 
■en  derredor  á  él; 
y  azules  mariposas 
tu  bosques  de  rosales 
-coronan  esparcidas 
su  rubicunda  sien. 


CANTOS  DEL  PEUECUIINO  62 

Y  más  arriba  cisnes 
de  espléndido  plumaje, 
nadando  sobre  lagos 
con  lindes  de  coral, 
saludan  al  postrero 
suspiro  de  la  tarde, 
que  vaga  como  el  pardo 
perfume  del  altar. 

La  tarde,  que  parece 
mirando  las  estrellas, 
que  asoman  indecisas 
con  pálido  color, 
como  las  tiernas  hijas 
en  torno  de  la  madre, 
cuando  recibe  su  alma 
la  mano  del  Señor. 

Si  en  peregrina  vida 
por  los  etéreos  llanos 
las  fantasías  bellas 
de  los  poetas  van, 
son  ellas  las  que  brillan 
en  rutilantes  mares, 
allá  en  los  horizontes 
del  cielo  tropical. 

Allí  las  afecciones 
se  avivan  en  el  alma, 
allí  se  poetiza 
la  vida  y  el  amor. 
Allí  es  poeta  el  hombre; 
allí  los  pensamientos 
discurren  solamente 
por  la  región  de  Dios. 

Un  poco  más,  y  el  mustio 
color  de  las  estrellas 


70  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁ^WOL 

al  paso  de  la  noche 
se  aviva  en  el  cénit; 
hasta  quedar  el  cielo 
"bordado  de  diamantes 
que  por  engaste  llevan 
aureolas  de  rubí. 

Brillantes,  despejadas, 
inspiradoras,  leves, 
parecen  las  ideas 
del  infinito  ser, 
que  vagan  por  el  Éter 
en  átomos  de  lumbre, 
así  que  de  su  mente 
se  escapan  una  vez. 

Y  en  medio  á  ellas,  rubia, 
cercana,  transparente, 
con  iris  y  aureolas, 
espléndidas  de  luz, 
la  luna  se  presenta, 
como  la  virgen  madre 
que  pasa  bendiciendo 
los  hijos  de  Jesús. 

Así  como  el  entusiasmo 
muere  al  paso  de  la  vida, 
y  al  calor  de  las  pasiones 
con  los  años  se  resfría, 
de  los  trópicos  perdemos 
la  opulenta  perspectiva, 
si  descendiendo  pasamos 
al  cielo  del  Mediodía.; 
Aquí  la  Naturaleza 
cambia  de  aspecto  y  de  vida, 
bajo  otro  sol  y  otro  cielo 
con  otros  tesoros  rica. 


CANTOS  DE!"   PEREGRINO  71 

No  es  y    1    joven  alegre 
que  vuluptuosa  suspira; 
es  la  valiente  amazona 
indómita  y  atrevida; 
y  bajo  su  fuerte  imperio 
en  el  corazón  palpitan, 
no  los  ensueños  bordados 
con  flores  de  fantasía, 
sino  robustas  pasiones 
armonizadas  al  clima, 
y  pensamientos  nacidos 
de  innata  melancolía 
prodigios  son  misteriosos, 
que  la  experiencia  concilia, 
los  eslabones  secretos 
de  esa  cadena  infinita 
con  que  se  anudan  los  hombres 
al  sol  que  en  su  cielo  brilla, 
al  agua  oue  ven  sus  ojos, 
y  al  aire  y  tierra  que  habitan 

Al  pie  de  los  cocoteros 
y  las  pinas  amarillas; 
de  los  pájaros  pintados 
á  la  dulce  melodía; 
bajo  los  mares  de  fuego 
que  el  horizonte  iluminan, 
y  del  hálito  caliente 
de  la  perezosa  brisa, 
la  vida  no  está  en  el  alma, 
ni  está  el  alma  con  la  vida. 

Parece  que  el  mismo  fuego 
que  á  la  tierra  fecundiza, 
agosta  la  ñor  del  alma 
en  su  primer  lozanía. 
Parece  que  faltan  fuerzas 


72  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

á  la  mente  adormecida, 
porque  la  gastan  voraces 
los  sentidos  cada  día. 


Bajo  el  cénit  del  Mediodía 
es  lánguida  la  luz  y  desmayada 
al  Sol  el  ojo  altivo  desafía, 
y  se  clava  en  su  frente  la  mirada. 

Siempre  de  azul  y  blanco  el  firmamento, 
como  de  una  mujer  la  azul  pupila 
nos  despierta  en  el  alma  el  sentimiento 
si  en  el  caos  de  la  pasión  vacila. 

Baja  el  sol  á  su  alcázar  de  Occidente 
sin  esplendor  de  nubes,  silencioso, 
llevando  alguna  vez  sobre  su  frente 
una  corona  de  oro  luminoso. 

Y  su  pardo  crepúsculo,  agorero 
de  vendabaly  tempestad  lejana 
no  toca  el  corazón,  toca  severo 
los  pensamientos  de  la  mente  humana. 

Las  hebras  del  cabello,  húmedo  el  viento 
agitan  sin  cesar,  rugen  las  olas 
invadiendo  con  ímpetu  violento 
por  las  rocas  estériles  y  solas. 

Escuadrones  de  pájaros  salvajes 
huyen  buscando  sus  ocultas  breñas, 
negras  como  el  color  de  sus  plumajes, 
entre  los  antros  de  las  duras  peñas. 

Relincha  el  potro  en  la  desierta  Pampa 
lijos  los  ojos  en  el  sol  poniente, 
y  el  duro  casco  con  fragor  estampa 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  73 

la  crin  volando  de  su  altiva  frente. 

Se  anublan  los  cercanos  horizontes; 
toda  naturaleza  desfallece, 
y  á  la  par  délos  cielos  y  los  montes 
el  alma  taciturna  empalidece. 

Muere  lento  el  crepúsculo  del  dia 
con  el  color  de  la  torcaz  pintado, 
y  llega  en  pos  de  sí  la  noche  umbría 
sobre  el  desierto  pabellón  toldado. 

Reina  la  noche  al  fin,  y  de  improviso 
un  relámpago  súbito  ilumina 
el  postrimero  rayo  cpie  indeciso 
queda  del  sol  en  lámpara  argentina. 

Y  del  negro  seno 
do  la  nube  errante, 
un  sordo  trueno 
retumba  distante, 
vibrando  en  el  airo 
la  tierra  y  la  mar. 

Se  rompen  las  fuentes 
en  el  firmamento, 
y  el  agua  á  torrentes 
en  brazos  del  viento, 
desciende  sin  rumbo 
del  viento  á  la  par. 

Contino  trueno 
distante  retumba, 
y  el  viento  sin  freno 
los  álamos  tumba; 
los  sauces  desgaja, 
deshoja  el  ombú. 


74  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁTtMOL 

Doquier  ilumina 
relámpago  activo, 
y  el  cielo  fulmina 
sus  rayos  doquiera, 
hendiendo  la  esfera 
su  rápida  luz. 

¡Magnífico,  las  rocas  estériles  y  solas 
en  medio  de  la  noche  bramando  el  huracán! 
¡Magnífico,  el  ruido  gigante  de  las  olas 
cuando  á  romperse  rudas  contra  la  roca  van! 

¡Magnífico,  las  nubes  que  raudas  se  atrope- 

,  lian 
llevando  entre  su  vientre  la  tempestad  veloz 
los  rayos  que  la  frente  del  pedernal  estrellan 
y  el  trueno  que  revienta  de  su  fulgor   en  pos! 

Y  es  bello  meditar  á  los  reflejos 
de  una  lámpara  triste,  en  climas  tales, 
oyendo  el  trueno  retumbar  de  lejos 
y  quebrarse  la  lluvia  en  los  cristales. 

Entonces,    grandioso  se  inspira  un    pensa 

|  miente 
que  sale  entre  palabras  de  idioma  celestial, 
como  al  lanzar  la  fuente  su  vómito  violento 
en  hebras  lo  deshace  de  líquido  cristal. 

Y  las  ideas  al  calor  responden 
que  guarda  el  corazón  porque  son  bellas, 

y  grandiosas  aquellas 
que  en  la  nocturna  lobreguez  se  esconden. 

El  genio  duerme  cuando  nace  el  día, 
y  alza  sus  alas  en  la  noche  umbría. 

La  noche  es  para  el  alma  creadora 


CANTOS  DEL,  PEREGRINO  75 

To  que  es  al  fuerte  labrador  la  aurora. 

En  medio  á  las  sombras    el  recio  Pampero 
despliega  sus  alas  y  en  ímpetu  fiero 
destroza  las  nubes,  y  en  negros  pedazos 

las  toma  en  sus  brazos, 
y  al  lóbrego  Oriente  las  tira  por  fin. 

El  cielo  se  limpia,  y  en  mantos  azules 
cubiertos  por  ondas  de  nítidos  tules 
pajizas  estrellas  de  brillo  indeciso 

vense  de  improviso, 
aquí  solitarias,  y  en  grupos  allí. 

Y  del  sonoro  río  embravecido, 
ó  de  la  obscura  sien  de  una  colina, 
con  palidez  el  rostro  embellecido 
muestra  incierta  la  virgen  argentina. 

Cual  en  cita  nocturna  niña  hermosa 
oculta  en  el  jardín  tímidamente, 
sale  andando  con  planta  recelos^,, 
ardiendo  el  corazón,  yerta  la  frente. 

Algún  fragmento  de  rasgada  nube 
la  envuelve  en  su  carrera,  y  la  mirada 
pretende  adivinar  por  donde  sube, 
si  alcanza  un  rayo  de  su  luz  velada. 

Así  cuando  en  el  seno  de  una  bella 
una  ñor  divisamos  entre  encajes, 
pensamos  descubrir  el  trono  de  ella 
al  través  de  los  candidos  celajes. 

Con  gracia  y  majestad  lenta  camina 
despejada  y  gentil  la  augusta  frente, 
y  cuando  más  bellísima  ilumina 
se  esconde  entre  las  nubes  de  repente 


76  OBRAS  DE  JOSJÍ  MÁRMOL 

Cual  suele  una  mujer  enamorada, 
después  de  ciego,  voluptuoso  instante, 
pálida,  bella,  tierna,  avergonzada 
esconder  en  sus  manos  el  semblante. 

Y  de  la  noche  fría, 
la  luna  y  las  estrellas 
apáganse  las  huellas, 
porque  despunta  el  día 
sus  claridades  bellas. 

Y  asoma  en  el  Oriente 
la  luz  de  la  mañana, 
tan  pura,  tan  lozana 
como  en  virgínea  frento 
la  palidez  temprana. 

Sus  carmesíes  tintas 
asoma  en  pos  la  aurora, 
y  luego  con  distintas 
arreboladas  pintas 
su  bella  sien  colora. 

Pálido  rayo  alcanza 
las  hojas  de  las  flores, 
cual  suele  á  los  amores 
llegar  una  esperanza 
para  calmar  rigores. 

Y  en  rosas  purpurinas 
que  asoman  de  su  broche, 
vacilan  peregrinas 

las  gotas  cristalinas 
del  llanto  de  la  noclie. 

La  pájara  entumida 
en  el  mojado  nido, 
siente  la  luz  querida 


00XT08  DEL  PEREGRIXO  77 

que  á  despertar  convida 
su  cuerpo  adormecido. 

Y  del  nido  á  la  rama, 
con  trinos  de  alegría 
salta  contenta,  y  llama 
al  pájaro  á  quien  ama, 
para  cantar  al  día. 

Con  ágil  cuerpo  blando 
la  cabra  trepadera, 
rocío  destilando 
de  su  vellón,  saltando 
corre  por  la  pradera. 

Corre,  vuela,  y  liviana 
sobre  la  sierra  sube, 
á  contemplar  ufana 
de  la  fresca  mañana 
la  arrebolada  nube. 

Sale  el  toro  sediento 
del  bosque  á  la  laguna: 
bebe,  y  luego  contento 
escoge  aquel  sustento 
si  este  otro  le  importuna. 

Corre  el  potro  en  el  prado 
y  de  repente  vuelca 

su  cuerpo,  y  agraciado 
sobre  el  pasto  nevado 
contento  se  revuelca. 

Y  á  saludar  el  día, 
con  el  día  despierto, 
también  con  alegría 
sin  sentir  embarazo, 


78  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

sale  el  rey  del  desierto 
jugando  con  su  lazo. 

Hasta  que  al  fin  su  esplendorosa  frente, 
bajo  pomposo  pabellón  de  grana, 
muestra  desde  las  puertas  del  Oriento 
el  poderoso  rey  de  la  mañana: 
Y  con  los  rayos  de  su  luz  fulgente 
los  valles  y  las  rocas  engalana 
de  esa  naturaleza  árida,  fría, 
bajo  el  cénit  azul  del  mediodia. 

¡Veneración  en  ti,  tierra  sagrada, 
sin  montes  de  oro;  poderosa  en  Gloria! 
No  iluminó  tu  frente  la  mirada 
brillante  del  Señor;  abrió  la  historia 
á  las  altas  naciones  reservada,  " 
y  el  ángel  escribió  de  la  victoria: 

TUS  PUEBLOS  CRECERÁN  BAJO  MIS  ALAS, 
TIERRA  DESNUDA  DE  RIQUEZA   Y  GALAS 


PARTE  SEGUNDA 

# 

Y  el  Fénix  navegaba 
bajo  ese  cielo  azul  del  Mediodía, 
sobre  las  ondas  que  el  silencio  turban 
de  la  tranquila  Pampa,  El  Peregrino 
con  las  brazos  al  pecho  contemplaba 
los  mares  y  los  cielos  de  su  patria. 

¡Su  patria!  ¡Buenos  Aires! 
¡La  altiva  emperatriz  del  ancho  Plata; 
la  mejor  perla  que  en  su  sien  ostenta 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  79 

la  hermosa  virgen  que  dará  su  mano 
en  dulce  enlace  al  porvenir  humano! 

¡El  molde  de  los  fuertes  corazones! 

¿Dónde  están  sus  guerreros  afamados, 
sus  virtuosos  varones, 
y  sus  días  dorados 
por  la  luz  de  la  gloria  iluminados? 

¿Por  qué  surgieron  del  cegado  abisme 

sus  antiguos  tiranos, 
y  en  la  noche,  otra  vez  del  fanatismo 

engrillaron  sus  manos, 

y  en  rencorosa  saña 
marcharon  en  su  frente  los  laureles? 

Llora,  Patria  infeliz,  tus  siglos  crueles... 
Esa  es  le  herencia  de  tu  madre  España. 

En  su  arrogante  vuelo 
el  águila  alcanzó  tu  mortal  flecha; 
murió  en  la  nube,  y  te  dejó  en  el  suelo 

el  nidal  con  sus  hijos. 

Al  trono  de  los  reyes 
tumbó  doquier  el  plomo  del  combate, 
pero  del  tiempo  el  poderoso  embate 

no  tumbo  todavía 
el  fuerte  alcázai  de  tus  viejas  leyes, 

Ese  pueblo  tan  fiero 
si  lo  busca  en  la  lid  el  extranjero, 
y  que  á  su  patria  en  llamas  prefiriera 
primero  que  rendir  la  azul  bandera, 

más  que  en  rudo  quietismo 
sufre  los  amos  que  improvisa  él  mismo; 

y,  en  medio  á  los  escombros 
que  acumulan  al  pie  sus  propias  manos, 


8J  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

lleva  sobre  sus  hombros 
con  mansedumbre  extraña, 

vitoreando  y  contento  á  sus  tiranos; 

eso.  Patria  Argentina,  eso  es  la  España. 

Ese  viejo  que  miras  con  enojos 
á  la  extranjera  luz  cerrar  sus  ojos, 

y  que  adusto  rechaza 
cuanto  los  lindes  de  su  ciencia  pasa; 
ávido  de  metal,  de  genio  pobre; 
venas  sin  sangre,  corazón  de  cobre; 
terco  en  ideas,  en  pasiones  duro, 
poniendo  al  pueblo  con  sigilo  y  maña 
de  fanatismo  y  opresión  un  muro, 
eso  es  el  fraile  de  la  antigua  España, 

que,  el  Escorial  dejando, 
disfrazado  pisó  nuestras  arenas, 
y  apellidóse  Aranas  ó  Anchorenas. 

Los  españoles  reyes 
jamás  alzaron  su  apocada  frente, 
para  ver  tras  las  ondas  del  Océano 
aquel  naciente  mundo  americano 
en  que  incrustaban  sus  caducas  leyes. 

Esclavo  eternamente 
en  su  ciega  ambición  le  presumieron; 

y,  en  error  sin  segundo, 
la  voluntad  de  Dios  no  comprendieron, 
en  el  mismo  aislamiento  de  ese  mundo  (3). 

Alado  el  pensamiento, 

para  su  propia  gloria 
ninguno  levantó,  y  en  el  futuro 
vio  ese  cambio  de  mapas  y  de  historio, 
'¡ue  trae  el  tiempo  poderoso  y  lento 
en  su  curso  do  siglos  inseguro. 


CANTOS  DEL  PEREGRII.lO 

Y  en  vez  de  padres  que  educaran  hijos 
para  el  saber  y  la  virtud  un  día, 

fueron  sólo  prolijos 
en  su  larga  y  pesada  tiranía; 
por  tres  siglos  cortaron  el  Océano 
entre  Europa  y  el  mundo  americano, 

dejando  solamente 

como  seguro  puente, 
el  manto  real  do  España  se  escurría, 

y  ufana  nos  traía 
en  nombre  de  la  Cruz,  el  fanatismo, 
y  en  nombre  del  poder,  el  servilismo. 

Y  cuando  el  Andes  sacudió  su  espalda 
y  arrojó,  como  polvo,  de  sus  hombros 
reyes,  cadenas,  ignominia  y  duelo, 

sin  dejar  una  flámula  española 
bajo  el  hermoso  americano  cielo, 

miró,  empero,  en  su  laida 

engangrenada  y  sola 
■de  un  trono  de  tres  siglos  los  escombros. 

Los  cantos  de  victoria; 
la  salva  del  cañón  en  las  almenas; 
la  España  derrotada;  un  pueblo  joven 
que  palpaba^sus  miembros  sin  cadenas; 
y  esa  voz  ¡libertad!  dulce,  atractiva 
que  embriaga  el  corazón  con  magia  activa; 

en  risueño  alboroto 

alucinar  supieron 
a  los  bisónos  pueblos,  que  creyeron, 
rota  la  tradición  porque  fué  roto 

al  vigor  de  su  mano 
el  yugo  férreo  del  monarca  hispano. 

Mira  tu  error  en  ti,  Patria  guerrera, 
Mármol. — 6 


82  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

madre  que  un  mundo  de  su  entraña  diera; 
¿Orees  que  los  sables  de  Junin  segaron 
las  raíces  que  en  siglos  se  internaron? 

No;  la  sangre  que  corre 
empapando  las  sierras  y  los  llanos, 
sin  que  ni  ardiente  sol  ni  viento  borre 

la  mancha  enrojecida; 
esa  lucha  de  libres  con  tiranos 
en  quince  años  de  horror  envejecida; 

esa  es  la  lucha  extraña 
con  que  combate  tu  naciente  vida 
la  vida  férrea  de  la  antigua  España. 


Venciste  al  español,  pero  tu  vida 
es  de  revolución  por  todo  un  siglo. 
Es  la  lucha  fatal  de  dos  creencias, 
de  dos  tiempos,  de  dos  inteligencias 

que  la  América  anida. 
Todavía  hay  España  entre  nosotros 
y  la  habrá  mucho  tiempo,  aun  cuando  dora 
el  sol  de  Independencia  nuestra  aurora* 
como  mucho  después  que  asoma  el  día 
guarda  el  campeo  la  nieve  de  la  noche 
y  el  sueño,  los  sentidos  todavía. 


Mas  del  caos  de  fratricida  guerra 
una  generación  se  ha  levantado 
limpia,  cristiana,  de  esperanzas  llena; 

como  en  sangrienta  tierra, 
palenque  de  combate  encarnizado, 
nace  sin  mancha  candida  azucena. 

Por  los  rayos  de  su  época  alumbrada 


.     CANTOS  DEL  PEBEGRDÍO  83 

en  tu  noche  sombría, 
ha  comprendido  su  misión  sagrada, 
y  émula  de  la  gloria  y  nombradla 
de  sus  heroicos  padres,  con  la  menti 
conquistará  laureles  en  la  patria, 
como  aquellos  al  golpe  de  sus  lanzas 
con  brazo  firme  y  corazón  valiente. 

De  esa  generación  el  Peregrino 
verde  vastago  es;  en  noche  umbrosa 
fué  de  sangre  la  pila  de  su  frente, 
y  desterrado  de  su  patria  hermosa 
va  de  su  época  ingrata  en  el  camino, 
viendo  secarse  en  la  estación  florida 
las  esperanzas  verdes  de  la  vida, 

Desde  el  mar,  y  muy  lejos  de  sus  rocas. 

ha  conocido  Carlos 

los  cielos  de  su  patria. 
¡Calma,  mi  Dios!  La  brisa  sobre  el  lino 
pliegue  sus  alas  y  se  clave  el  pino 
sobre  el  tranquilo  mar.  Ellos  son,  ellos 
los  cielos  de  su  patria,  puros,  bellos, 
como  esperanzas  candidas  del  alma 
en  el  primer  amor.  Mi  Dios,  la  calma 
á  los  vientos  y  al  mar,  del  Peregrino 
te  pide  el  corazón...  Deja  que  mire 
por  la  postrera  vez,  quizá,  los  cielos 
que  alumbraron  su  vida  y  su  destino; 
que  bajo  de  ellos  con  placer  respire 
el  aire  que  de  niño  respiraba; 
que  mire  el  sol  que  calentó  su  frente, 
la  luna  y  las  estrellas,  y  les  velos 
de  nácar  y  zafir  que  contemplaba, 
arrullado  del  Plata  dulcemente; 
que  pase  por  su  sien  la  misma  nube 
que  por  la  sien  de  Buenos  Aires  pasa; 


S4  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  que  el  suspiro  que  en  el  aire  sube 
lo  respire  también  su  dulce  patria. 
¡Miradlo!  tiembla  en  su  pupila  el  llanto 
y  mirando  á  su  patria  exhala  el  canto. 


CANTO  DEL  PEREGRINO 

A  BUENOS  AIRES 

I 
Son  estos  los  mares  que  besan  su  planta; 
son  estos  los  cielos  que  doran  su  sien; 
alli  Buenos  Aires,  el  águila  esclava 
que  hendía  altanera  las  nubes  ayer. 

¡Oh,  Patria!  tus  días  de  gloria  pasaron, 
pasaron  las  horas  hendidas  de  Dios; 
tus  hijos  proscritos  el  pan  ablandamos 
con  lágrimas  tibias  de  ingrato  dolor. 

Así  lo  quisieron...  ¡Silencio!  del  alma 
se  legue  al  olvido  la  fuente  del  mal; 
si  nada  nos  queda  de  bien  ni  de  patria, 
feliz  del  que  puede  tu  cielo  mirar. 

¡Tu  sol!  ¡tu  horizonte!  ¡tus  nubes!  ¡son  ellas, 
tus  nubes  pintadas  de  plata  y  zafir! 
¡Oh,  madre!  ¡si  al  hombre  faltara  la  ciencia, 
sabría  al  mirarlas  que  estabas  allí! 

Al  ver  estos  cielos  á  mi  alma  dirían: 
«Nosotras  te  dimos  la  luz  al  nacer, 
nosotras  velamos  tu  patria  argentina, 
y  en  olas  do  lumbre  bañamos  su  sien.> 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  85 

¡Cuan  bellos  tus  mares!  ¡Cuál  alzan  henchidas 
de  orgullo  sus  ondas,  valiente  su  voz! 
¡Oh!  vaya  en  vosotros  al  suelo  argentino 
vibrando  en  las  olas  mi  lúgubre  ¡adiós! 

¡Oh,  mar!  si  en  la  tierra  proscrito  me  aguarda 
sepulcro  extranjero  sin  llanto  ni  cruz, 
subleva  tus  ondas;  allí  está  mi  patria; 
mis  miembros  helados  arrójale  tú. 

Mas  ¡eh!  ¿no  habrá  un  día  justicia  del  cielo, 
que  puedas  ¡oh,  madre!  tus  hijos  mirar? 
¿También  un  sepulcro  proscritos  tendremos 
que  pedir  á  extraños,  cual  hoy  un  hogar? 

¿La  nube  del  crimen  que  cubre  tu  frente 
no  habrá  de  romperla  la  mano  do  Dios? 
¿Las  manchas  de  sangre  que  el  suelo  enrojecen 
no  habrá  de  extinguirlas  benéfico  Sol? 

¡Oh,  Patria!  lo  espero.  Til  lloras  el  llanto 
que  vierte  del  cielo  la  aurora  al  nacer; 
con  él  reverdecen  las  flores  del  campo, 
y  al  rey  de  los  astros  anuncia  con  él. 

En  tanto  doquiera  verán  á  tus  hijos 
sin  caer  abatida  la  sien  al  dolor, 
que  el  pecho  orgulloso  del  nombre  argentino. 
ni  sufre  desmayo  diciéndote  ¡adiós! 


II 

Venid,  proscriptos,  con  la  sien  orlada 
del  infortunio  santo  que  la  oprime, 
y  hablemos  de  la  madre  abandonada 


86  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

que  allá  sin  hijos  en  cadenas  gime; 
y  una  lágrima  al  párpado  asomada, 
que  la  desgracia  al  corazón  exprime, 
mezclemos  al  contarnos  de  su  historia 
la  obscurecida  fugitiva  gloria. 

Si  ¡adiós!  dijimos  á  la  patria  bella, 
venid  en  derredor  de  mis  canciones, 
y  suspirando  el  corazón  por  ella 
hablemos  de  su  gloria  y  sus  varones; 
del  Plata  hermoso  que  sus  lindes  sella 
con  gigantes  y  ricos  eslabones; 
de  nuestros  bosques  y  su.  ñor  mimosa; 
de  nuestro  cielo  y  de  la  Pampa  hermosa. 

Yo  soy  el  trovador,  que  las  inciertas 
huellas  de  mi  destino  voy  siguiendo, 
y  que  al  sentir  las  esperanzas  yertas 
pulso  mi  lira  y  las  percibo  hirviendo; 
canto,  y  veo  tumbas  entreabiertas, 
los  Incas  á  sus  hijos  bendiciendo, 
y  levantando  el  porvenir  la  frente, 
iluminar  de  América  el  Oriente. 

Venid;  el  arpa  que  tomé  en  mis  manos 
cuando  del  plata  abandonó  la  arena, 
tiene  una  maldición  á  los  tiranos 
que  en  sus  bordones  áspera  resuena, 
y  una  voz  Libertad  que  á  mis  hermanos 
de  sacro  fuego  el  corazón  les  llena; 
porque  ellos,  como  yo,  secan  el  llanto 
con  el  calor  del  patriotismo  santo. 

Cuando  la  frente  os  rinda  la  fortuna, 
yo  rasgaré  del  porvenir  los  velos, 
y  á  vuestros  hijos  en  su  pobre  cuna 
les  contaré  de  Mayo  y  sus  abuelos; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  87 

y  cuando  triste  la  extranjera  luna 
con  su  pálida  luz  bañe  los  cielos, 
las  sombras  llamaré  con  la  arpa  mía 
de  los  que  habitan  ya  la  tumba  fria. 

El  brazo  al  cuello  de  la  tierna  esposa, 
reclinado  el  infante  en  la  rodilla, 
nos  encuentre  la  tarde  silenciosa 
de  ajeno  mar  en  la  desierta  orilla; 
y  ocultando  á  la  amiga  cariñosa 
la  lágrima  que  empaña  la  mejilla, 
enviemos  á  la  Patria  un  pensamiento 
sobre  las  alas  de  extranjero  viento. 

Y  en  acentos  sensibles  y  prolijos, 
antes  de  dar  nuestra  cabeza  al  sueño, 
hablemos  de  la  Patria  á  nuestros  hijos 
en  derredor  del  encendido  leño; 
ellos,  en  su  alma  los  acentos  fijos, 
cuando  el  pueblo  infeliz  no  tenga  dueño, 
irán,  ¡oh  Patria!  á  presentarte  helados 
los  huesos  de  tus  viejos  desterrados. 


CANTO  CUARTO 


Al  Sr.  D,  Juan  María  Gutiérrez 


Su  afectísimo  amigo. 


José  Máemol- 


Montevideo,  Julio  de  18d7* 


CANTO  CUARTO 


Caro  lector,  que  descansemos  quiero 
(si  lees  á  cansarte,  lo  que  dudo) 
do  escribir  y  leer  tan  lastimero 
verso,  de  risa  y  de  placer  desnudo. 
Del  primero,  el  segundo  y  el  tercero 
me  ha  fatigado  tanto  el  son  agudo, 
que  quiero  en  éste,  el  cuarto  de  los  cantos, 
olvidar  tanto  afán  en  versos  tantos. 

Una  palabra:  si  te  llamo  caro, 
sinónimo  no  es  esto  de  querido; 
pues,  si  he  de  hablarte  con  verdad  y  claro, 
que  á  pocos  quiero  yo  ten  entendido. 
Ni  por  prurito  de  imitar  el  raro 
lenguaje  de  los  clásicos,  he  sido 
tentado  de  llamarte  cortesmente: 
«Caro,  amigo,  benigno,  complaciente». 

Nada  de  eso,  por  Dios.  Caro  te  digo 
porque  me  has  de  costar  caro  algún  día 
y  tanto,  que  á  ti  mismo  por  testigo 
pone  de  su  verdad  la  Musa  mía: 
tú  solamente  gastarás  conmigo 


92  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

ol  precio  de  un  volumen;  y  á  porfía 
yo  gastaré  contigo  cuerpo  y  alma, 
salud,  paciencia,  bienestar  y  calma. 

¿Sabes  tú  lo  que  cuesta  un  libro  impreso» 
á  su  infeliz  autor?  Más  te  valiera 
ser  marido  tres  veces;  dar  Un  beso 
á  niña  de  treinta  años  y  soltera; 
amar  bien  á  los  hombres,  y  por  eso 
darles  en  amistad  tu  alma  sincera;  . 
ser  revolucionario  con  esclavos; 
testarudo  en  hacer  de  siervos,  bravos. 

Más  te  valiera,  en  fin,  nacer  dos  vecesr 
buscar  á  un  español  á  horas  de  siesta, 
emprender  un  negocio  con  ingleses, 
hacer  con  porfiados  una  apuesta, 
hablar  y  no  gritar  con  portugueses; 
pues  todo  esto,  lector,  menos  te  cuesta 
si  quieres  escribir,  que  ver  tu  escrito 
salir  en  libros  mil  del  manuscrito. 

Primero  el  impresor;  casta  judía 
que  quiere  por  papel  plata  contante;, 
en  ajustar  el  precio  vase  un  día, 
y  un  año  vase  y  la  obra  va  adelante; 
los  cajistas  después...  ¡Oh!  la  ironía 
el  sarcasmo  del  libro  más  tocante; 
adonde  hallan  aflige  ponen  dije, 
y  el  pobre  autor  corrige  que  corrige» 

Y  después  ¡ay,  el  crítico  severo! 
y  sobre  todo  aquellos  literatos 
que  sólo  han  hecho  un  prólogo  ligero 
do  una  obra  por  hacer;  y  los  sensatos 
y  moralistas  luego;  y  luego  el  fiero 
gramático,  empleando  sus  conatos 


CAÑÓOS  DEL  PKR-SGR1NO  93 

«n  probar  que,  pues  hay  ripio  y  pleonasmo 
el  autor  es  un  bestia  que  da  pasmo. 

Y  luego,  y  luego,  y  luego;  y  hasta  el  diablo 
en  la  Babel  de  críticos  se  cuela. 
¿Aquese  tonto  ves  que  ni  un  vocablo 
á  medio  deletrear  supo  en  la  escuela? 
Pues  hasta  él,  lanzando  su  venablo, 
en  criticar  el  tipo  se  consuela. 
Jura  el  autor  callarse  como  un  plomo, 
y  escribe  el  juramento  y  va  á  otro  tomo. 

Pero  si  al  corazón  el  libro  toca, 
ya  tiene  protección.  ¡Salud,  mujeres! 
si  yo  veo  la  risa  en  vuestra  boca, 
al  hablaros  de  amor  y  de  placeres; 
si  de  mi  Lira  el  ¡ay!  tierno  provoca 
vuestro  dulce  sentir,  divinos  seres, 
¿qué  me  importa  la  crítica  importuna, 
ni  la  estrella  sin  luz  de  mi  fortuna? 

¿Qué  mayor  galardón  para  el  poeta, 
mientras  la  envidia  de  morderle  cuida 
que  estar  una  mujer  leyendo  inquieta 
sus  versos,  ya  por  el  jardin  perdida, 
ya  de  su  lecho  en  soledad  secreta, 
entre  las  colgaduras  escondida, 
casi  desnuda,  pálido  el  semblante, 
y  el  libro  junto  al  seno  palpitante. 

¡Oh!  si  en  ese  momento  de  embeleso, 
yo  hasta  vosotras  penetrar  pudiera, 
como  el  soplo  profetico  y  travieso 
llegaba  á  las  Sibilas  de  otra  era, 
¡con  qué  placer  os  pagaría  un  beso 
por  cada  perla  que  en  los  ojos  viera. 
«tro  por  cada  verso  y  todos  juntos, 


94  OBRAS  DS  JOSÉ  MÁRMO& 

y  otros  mil  por  las  comas  y  los  puntos1 

No  me  violentaría,  yo  os  lo  juro; 
la  gratitud  es  en  el   alma  mía 
la  virtud  favorita,  y  si  perjuro 
con  alguna  mujer  he  sido  un  día, 
fué  por  este  mi  amor  eterno  y  puro 
que  con  todas  y  más  se  quedaría, 
al  verlas  en  el  mundo  despiadado 
siempre  infelices  en  cualquier  estado. 

¡Oh!  y  cuan  clara  y  feliz  fuera  mi  estrella 
si  hallara  en  tal  instante  por  lectora, 
de  esas  tantas  del  siglo  alguna  bella 
que,  presa  del   dolor  que  la  devora, 
huye  del  mundo  la  espinosa  huella, 
y  triste  y  sin  futuro,  y  pensadora, 
ve,  doncella,  en  la  ley  del  matrimonio, 
con  Georges  Sand,  la  firma  del  Demonio! 

O  algunas  de  esas  otras  desgraciadas 
que  el  material  esposo  no  comprende, 
al  que  por  ley  del  mundo  están  ligadas. 
Bárbara  ley,  que  al  alma  desatiende: 
y  solas,  y  al  tirano  abandonadas, 
con  lágrimas  su  pecho  se  defiende; 
pidiendo  de  rodillas  al  destino 
la  ventana  y  la  daga  de  Antonino  (1); 

O  alguna  de  esas  mil  viudas  juiciosas 
que  lloran  su  viudez  porque  están  viudas; 
y,  al  acostarse  huérfanas  y  hermosas, 
rezan  por  el  difunto  en  voces  mudas; 
y,  al  despertarse  y  contemplar  las  rosas 
de  su  mejilla,  entre  esperanza  y  dudasf 
rezan  por  los  que  habitan  este  mundo, 
páramo  eterno  del  dolor  profundo. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  95 

Mundo  inhumano;  digno  de  anatema; 
fábrica  del  dolor  y  del  destino. 
Tenéis  razón,  Querubes  sin  diadema, 
que  del  Edén  perdisteis  el  camino; 
y  os  he  de  hacer  un  mundo  en  un  poema 
cuando  toque  su  fin  mi  Peeegeino: 
un  mundo  tal,  que  cuando  Dios  le  vea 
envidia  sienta  en  su  inefable  idea. 

Será  el  globo  de  placas  de  esmeralda, 
para  que,  andando,  contempléis  de  paso 
si  van  bien  los  encajes  en  el  halda, 
y  el  atacado  del  botín  de  raso; 
tendrá  de  luz  espléndida  guirnalda, 
pero  en  cuatro  horas  llegará  á  su  ocaso; 
porque  el  amor  se  duerme  con  el  día, 
y  se  despierta  con  la  noche  umbría. 

Tendrá  por  bosques  encantadas  grutas 
de  jazmines  y  rosas  y  azucenas, 
y  árboles  muchos  de  pintadas  frutas 
con  la  virtud  de  la  manzana  llenas; 
y  por  estrechas  y  escondidas  rutas, 
casi  á  la  vista  del  mortal  ajenas, 
se  hallarán,  pavesadas  de  coronas, 
glorietas  do  no  quepan  tres  personas. 

Habrá  en  ellas  magníficas  pinturas, 
representando  en  traje  y  en  costumbre 
las  bíblicas  hermosas  criaturas, 
presidiendo  Raquel  la  muchedumbre. 
Y  de  fuentes  clarísimas  y  puras, 
que  atornasole  la  escondida  lumbre, 
caerá  en  cálices  de  oro  cincelado, 
fermentando  al  caer,  Champaña  helado. 

Pues  tendrá  nuestro  mundo  primoroso 


96  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

de  vino  el  mar  y  de  café  los  ríos; 
dos  cosas  que  en  concierto  delicioso 
hacen  con  el  amor  sublimes  tríos: 
y  de  arroyos  de  giro  caprichoso 
"bajo  doseles  de  arrayán  sombríos, 
el  agua  de  colonia  en  las  orillas 
invadirá  por  bosques  de  pastillas. 

Será  movido  el  mundo  por  un  viento 
tan  tranquilo  que  apenas  se  adivine, 
y  que  al  tocar  el  claro  pavimento, 
•cuando  el  día  las  grutas  ilumine, 
esparza  en  delicioso  encantamiento 
sonidos  de  arpa,  que  al  vibrar  se  afine 
de  Donizetti  en  la  alta  fantasía, 
ele  Bellini  en  la  dulce  poesía. 

Mas  nuestro  nuevo  mundo  necesita 
un  nuevo  ser  de  cosas  y  de  leyes, 
y  á  mi  mente  también  se  precipita 
un  bosquejo  de  códigos  y  reyes, 
•cuya  grandeza  y  novedad  me  incita 
.á  sacar  (como  hacían  los  Vireyes 
•de  mi  abuela  la  España)  en  un  segundo 
todo  el  tesoro  de  mi  nuevo  mundo. 

Leyes  fundamentales  del  estado. 
Primero:  «Será  un  reino  indivisible 
»  democráticamente  gobernado 
»por  mujer,  sin  parientes,  y  elegible.* 

Segundo:  «Abolición  de  lo  pasado, 
*  declarando  por  siempre  inadmisible 
»  cuanto  hicieron  los  hombres,  que  no  hicieron 
»sino  enredar  el  mundo  que  les  dieron.  > 

Tercero:  «No  cuadrando  á  nuestros  días 
*sino  la  libertad  y  el  sentimiento,* 
■»y  para  obstar  viudeces  y  porfías, 


" 


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Y/í' 


A  ^ 


Ya  de  su  lecho  en'jsoledad  secreta, 
Cajitqs  übl  peregeíxq 


Límixa  II 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  97 

»se  deroga  la  ley  del  casamientos 

Cuarto:  «El  empleo  de  las  viejas  tías 
*se  destierra  con  ellas  á  un  convento, 
»y  cesará  la  maternal  tutela 
-»des  que  salgan  las  hijas  de  la  escuela.» 

Quinto:  «No  siendo  militar  la  gloria 
»do  aqueste  reino,  de  hoy  en  adelante 
■»  exigirá  la  reina  una  memoria 
ȇ  ciertos  generales,  y  al  instante 
■■»  disolverá,  sin  rota  ni  victoria, 
•♦cuanto  ejército  de  hombres  so  levante.» 

Sexto:  «Constitución,  ley  soberana, 
:»cada  uno  hacer  lo  que  le  dé  la  gana.» 

¿Qué  tal  el  mundo?  Apenas  un  diseño 

os  ho  dado  esta  vez;  pero  otro  día, 

-dueño  del  tiempo  y  de  mí  mismo  dueño, 

•concluido  os  lo  dará  mi  fantasía 

•€ii  un  poema;  mi  palabra  empeño; 

mas,  primero  os  exijo  garantía, 

•de  hacerme  consejero  sin  segundo 

del  monarca  mujer;  sino,  no  hay  mundo- 
Entretanto,  mujeres  que  venero, 

-deidades  de  más  santo  paganismo, 

•semidiosas,  ó  diosas  por  entero, 

■del  más  sublime  y  rico  orientalismo, 

yo,  que  tanto  os  procuro,  y  tanto  quioro 

vuesto  mágico  dulce  magnetismo, 

yo  pongo  de  mi  musa  los  despojos 

Tbajo  la  tierna  luz  de  vuestros  ojos. 

Cual  las  huérfanas  flores  del  desierto 
"Teladas  por  la  luz  de  las  estrellas, 
les  ofrecen  del  cáliz  entreabierto 
Mármol.  — 7. 


98  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

todo  el  aroma  que  se  esconde  en  ellas; 
cual  del  Sol  en  ocaso  un  rayo  incierto 
débil  se  ampara  de  las  nubes  bellas, 
y  forma  luego  espléndidos  paisajes 
difundido  en  sus  diáfanos  celajes... 

Parémosnos,  por  Dios,  mi  lector  caro, 
y  cojamos  el  hilo  de  la  historia, 
que,  tal  como  soy  yo,  no  fuera  raro 
se  perdiese  el  asunto  en  mi  memoria. 
A  los  veinticinco  años  no  hay  amparo 
contra  una  imagen  bella  aunque  ilusoria: 
la  sangre  hierve  entre  las  venas  loca, 
como  el  Champaña  que  en  el  cáliz  toca. 

Mas  ¡ay!  diez  años  más  y  ya  la  vida 
es  una  pobre  cosa,  bien  pensado; 
es  una  luz  crepuscular  tendida 
sobre  horizonte  á  medias  alumbrado, 
do  la  luz  por  la  sombra  perseguida 
va  perdiendo  su  brillo  entre  el  nublado: 
es  un  linde  entre  el  Edén  y  el  Infierno, 
con  un  arpa  de  un  lado  y  de  otro  un  cuerno. 

Y  volviendo  al  principio  de  este  Canto, 
quise  decirte  allí,  y  ahora  lo  digo, 
que  después  de  apurar  lo  serio  tanto, 
es  ameno  reir,  y  si  consigo 
(si  tú  sabes  llorar)  secar  tu  llanto 
con  decir  variedades,  yo  me  obligo 
á  escribir  cien  octavas  cuando  menos 
en  versos  de  aire,  pero  versos  buenos. 

La  rima  es  para  mí  tan  fácil  cosa 
que  no  me  cuesta  tanto,  te  lo  juro, 
como  á  otros  dictar  la  mala  prosa 
peores  ideas  en  lenguaje  impuro; 
es  en  el  mundo  la  querida  hermosa 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  99 

en  cuyas  gracias  el  deleite  apuro, 
que  pródiga  en  su  amor,  si  la  provoco, 
me  da  tesoros  y  los  juzga  poco. 

Con  dos  botellas  de  cerveza  blanca 
y  algo  de  mal  humor,  la  Musa  mía, 
en  buen  palenque,  con  nobleza  franca, 
á  cuanta  Musa  existe  desafía. 
¿Este  cartel  la  vanidad  arranca? 
¡Y  bien!  dinero,  hazañas,  jerarquía, 
¿no  son  de  ostentación  medios  diversos? 
Yo  no  sé  qué  ostentar  y  ostento  versos. 

Y  escucha;  esta  inconstancia  en  mi  poema, 
al  grotesco  saltando  de  lo  serio, 
no  es  tanto  inspiración  como  sistema, 
de  lo  que,  ya  lo  ves,  no  hago  misterio. 
El  mundo  es  una  orquesta,  el  cambio  un  tema 
una  orgia  vecina  á  un  cementerio, 
una  luz  y  una  sombra;  anda,  detente, 
así  es  el  mundo  y  quien  lo  niega,  miente. 

El  que  quiera  en  el  mundo  hacer  mañana 
lo  que  hizo  ayer  y  hoy,  está  perdido; 
en  la  inconstancia,  la  constancia  humana 
encuentra  su  verídico  sentido; 
cambiar  es  ser  constante;  esta  es  la  sana 
verdad  que  la  experiencia  ha  recogido; 
las  cosas  son  las  inconstantes;  ellas; 
mas  no  nosotros  al  seguir  sus  huellas. 

Se  adopta  una  política  calmante; 
una  belleza  nuestro  amor  provoca; 
pues  sé  con  la  política,  constante, 
y  más  constante  con  la  linda  boca. 
La  política  se  hace  intolerante, 
y  la  bella  después  te  sale  loca, 
¡qué  diablos!  arrojarlas  al  olvido 


100  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

es  ser  constante  con  el  buen  sentido. 

Hablar  de  amor  constante  y  perdurable 
es  virtud  de  los  tontos  y  las  feas: 
y  de  hombres  que  obediencia  impermeable, 
constantes  al  poder,  ostentar  veas, 
huye,  caro  lector,  huye  incansable 
si  alejarte  de  hipócritas  deseas, 
y  algo  más;  porque  tales  en  el  seno 
llevan  sangre  de  hiél,  alma  de  cieno. 

Esos  altos  y  humildes  servidores 
que  viven  en  redor  de  los  tiranos, 
mitad  leales,  y  mitad  traidores, 
parte  de  tigres,  parte  de  gusanos, 
te  cuentan  en  secreto  los  dolores 
que  les  causan  los  grillos  en  sus  manos: 
rompedlos — les  decís— ¿Cómo?  ¡qué  ofensa! 
¿Y  la  fe?  ¿Y  la  constancia?  ¿Y  la  vergüenza? 

Yo  esclavo  solamente  del  buen  gusto, 
el  cual  por  excelencia  es  inconstante, 
he  querido  cambiar  el  tono  adusto 
por  un  tono  más  dulce  y  más  picante. 
De  las  reglas  del  arte  no  me  asusto 
porque  el  arte  soy  yo. — 'Tengo  bastante; 
mi  regla  es  la  que  arregla  por  fortuna 
mi  vida  y  mis  poemas  sin  ninguna. 

Asi  la  vida,  el  mundo,  así  los  días; 
cambios  de  horas,  de  giro,  de  pasiones; 
así  las  infinitas  armonías; 
así  el  aire,  la  luz,  las  estaciones, 
todo  en  fin,  en  eternas  graderías 
do  diversos  y  unidos  eslabones, 
es  un  constante  giro  de  inconstante 
manera  de  vivir  en  un  instante. 

¡Grloria  y  veneración  á  las  mujeres! 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  101 

pues  nadie  sabe  aquesto  cual  las  bellas; 
artistas  inventoras  de  placares, 
genios  de  la  inconstancia  todas  ellas. 
Bendición  á  vosotros  tiernos  seres, 
volubles  cual  la  luz  de  las  estrellas, 
que  de  vuestra  inconstancia  indeíinida 
saqué  el  divino  infierno  de  la  vida  (2). 

«Pero,  bien — me  dirás, — puedes  si  quieres 
«  cambiar  de  estilo  y  tono  de  repente, 
«  pero  de  asunto  no;  si  no  prefieres 
«  hacernos  un  babel  impertinente.» 
Tienes  razón  lector,  y  más  tuvieres 
si  dijeras  también,  que  hasta  el  presente 
maldito  lo  que  he  dicho  en  esto  canto, 
con  ser,  caro  lector,  que  he  dicho  tanto. 

Pero  también  es  cosa  meritoria 
hablar  sin  decir  nada  muchas  veces; 
es  talento  tan  raro,  que  en  su  historia 
hablan  de  él  con  asombro  los  ingleses. 
Fué  del  genio  de  Cromwell  la  alta  gloria, 
cuando  callar  quería  sus  dobleces, 
hablar  como  un  francés  en  las  tribunas 
y  dejar  á  los  lores  en  ayunas. 

Pero  ¡ay!  jde  Buenos  Aires  los  archivos 
no  negarán  mi  crónica  al  futuro! 
y  mi  genio  entre  muertos  y  entre  vivos 
nadie  lo  ha  de  aplaudir  á  buen  seguro 
bien  que  de  ora,  á  los  sabios  más  activos 
yo,  con  don  Pedro  de  Angelis,  les  juro 
que  á  los  archivos  hallarán  do  modo 
quo  con  ver  los  estantes  vean  todo. 

Es  justo,  pues,  hablar  del  Peregrino; 
anudar  canto  á  canto  con  sistema, 
y  no  volver  por  Dios  al  desatino 


102  OBKAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

de  j ngar  con  los  versos  y  el  poema, 
que  muchos  por  jugar  en  el  camino 
(tomaremos  los  ángeles  por  tema) 
pierden  el  rumbo,  y  ofuscados  luego 
pierden  cuanto  hay  por  el  maldito  juego 

Ocupemos  el  cuarto  de  los  cantos 
en  hablar  del  bajel  y  su  equipaje, 
que  es,  por  cierto,  el  bajel  uno  de  tantos 
de  los  que  tienen  parte  en  su  viaje; 
hasta  hoy,  vive  Dios,  de  los  más  santos 
que  se  han  hecho  en  tan  frígido  paraje, 
pues  ya  estamos,  lector,  sobre  la  Pampa, 
do  vino  Rosas  á  buscar  su  estampa. 

Hablemos  de  ese  pobre  Pebeorino 
que,  en  los  albores  de  su  edad  florida, 
no  tiene  bien,  ni  patria,  ni  destino, 
ni  el  seno  virginal  de  su  querida; 
que  ha  visto  obscurecerse  su  camino; 
y  que  algún  sol  benéfico  á  su  vida 
se  cansó  de  esperar  días  y  meses, 
como  á  don  Sebastián  los  portugueses. 

Ese  hombre  joven,  aburrido,  trióte; 
que  ni  espera,  ai  goza,  ni  delira; 
que  no  tiene  más  bien  de  cuanto  existe 
que  las  bordonas  de  su  agreste  lira, 
á  cuyos  tronos  ni  su  patria  asiste 
ni  el  corazón  de  la  beldad  suspira, 
y  se  pierden  en  huérfano  concierto, 
cual  los  trinos  de  una  ave  en  el  desierto; 

que  vio  romperse,  al  deleitar  su  boca, 
el  cáliz  del  placer  entre  su  mano; 
y  luego,  cual  las  ondas  en  su  roca, 
recias  batir  su  corazón  lozano 
penas  pasiones,  esperanza  loca, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  103 

y  ese  tropel  de  viento  tan  tirano 
que  habita  y  se  confunde  y  se  dilata 
bajo  la  ronca  tempestad  del  Plata. 

Donde  la  flor  más  bella  se  aniquila 
antes  de  dar  el  cáliz  su  perfume; 
donde  la  luz  más  fúlgida  vacila 
y  con  su  propia  llama  se  consume; 
donde  al  llegar  las  madres  á  la  pila, 
que  en  agua  santa  la  esperanza  asume, 
al  presentar  un  niño  y  darle  nombre, 
lágrimas  vierten  porque  el  niño  es  hombre] 

donde  el  alma   está  vieja  á  los  treinta  años, 
blanco  el  cabello  y  pálida  la  frente; 
donde  brota  la  tierra  desengaños, 
y  es  sangre  el  suelo  y  pólvora  el  ambiente; 
donde  el  padre  y  el  hijo  son  extraños, 
y  la  virtud  y  el  vuelo  de  la  mente, 
y  el  amor  á  la  patria,  son  delitos 
que  hacen  tumbas,  cadenas,  ó  proscritos. 

¿Volvemos  á  lo  serio?    Me  olvidaba, 
perdón,  lector,  yo  debo  en  este  Canto 
hacer  cual  Larra,  que  á  la  España  daba 
bajo  alegre  careta  el  triste  llanto; 
porque,  al  fin,  esa  España  que  él  amaba, 
y  el  Buenos  Aires  á  quien  amo  tanto, 
bien  pueden  escuchar  del  mismo  modo, 
pues  tienen  sello  de  familia  en  todo. 

Ya,  pues,  hablemos  del  bajel  que  habita 
el  héroe  Peregrino  de  mi  historia; 
ser  de  forma  y  color;  ser  que  palpita, 
no  bella  creación  de  la  memoria 
cual  si  dijera:  «la  amistad  bendita, 
la  constancia  en  amores,  ó  la  gloria;» 
ser  de  carne,  de  huesos  y  de  venas 


101  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

materiales  como  alma  de  Anchorenas. 

Ser  que  lia  estudiado  el  universo  externa 
y  el  otro  que  hay  del  alma  en  lo  profundo, 
y  luego  creyó  en  Dios  y  en  el  infierno 
viendo  los  cielos  y  mirando  el  mundo; 
que  conoció  una  vez  al  amor  tierno, 
y  lia  conocido  diez  al  furibundo, 
lo  que  quiere  decir  que  en  once  amores- 
ha  tenido  uno  malo  y  diez  peores. 

Ser  que  gustó  del  vino  y  de  las  bellas» 
del  café,  de  la  música  y  las  ñores; 
filosóficas  cosas  todas  ellas 
que  hacen  tanto  más  bien  cuanto  mejores; 
y  si  hoy  le  cansan  música  y  botellas, 
y  el  café  le  hace  mal,  mal  los  amores, 
suya  será  la  culpa,  que  tan  pronto 
se  cansó  de  ser  sabio  y  se  hizo  el  tonto. 

Pues  no  es  valle  de  lágrimas  el  mundo,, 
como  dice  la  Salve,  nada  de  eso, 
es  teatro  magnífico  y  fecundo 
do  placeres,  de  risas  y  embeleso, 
donde  un  año  se  va,  como  un  segundo, 
y  donde  no  hay  hastío,  ni  hay  exceso; 
lo  malo  es  que  no  se  entra  sin  Entrada, 
y  á  nadie  se  la  dan  sino  comprada. 

No  hay  oro  y  no  hay  teatro,    ^to  es  lo  cierto; 
sin  entrada  se  quedan  en  la  calle; 
y  después  ¡ay!  ¡el  páramo  desierto! 
¡El  ciego  mundo!  ¡el  lagrimoso  valle! 
Qué  valle,  ni  qué  ciego,  ni  qué  tuerto; 
échese  á  sí  la  culpa  quien  mal  se  halle, 
que  á  mí  me  haría  el  mundo  Papa  y  Santo 
si  yo  tuviese  lo  que  vale  tanto. 


CANTOS  DGL  PEREGRINO  1G> 

¡Pobre  de  Rosas  si  en  mi  mano  fueran 
cien  talegas  de  plata  mexicana, 
que  en  concierto  de  diez,  diez  veces  dieran 
serenatas  al  pie  de  su  ventana! 
Y  pobres  cuantos  muros  existieran 
de  poder,  de  virtud,  de  gloria  vana; 
si,  para  divertirme  unos  instantes, 
pudiese  apedrearlos  con  diamantes! 

Bien,  pues:  el  Cáelos  del  romance  míor 
es  cual  lo  he  retratado  en  este  canto 
donde  yo  narrador  prosaico  y  frió, 
por  esto  ó  por  aquello  he  entrado  tanto. 
Uso  ministerial  fué  este  desvío; 
recordó  al  pecador  y  olvidé  al  santo 
tal  es  mi  Carlos  que,  al  placer  ajeno, 
va  sobre  el  Fénix  para  el  mar  chileno. 

El  Fénix,  es  un  barco  nuevo  y  viejo, 
nuevas  las  velas,  pero  viejo  el-casco, 
de  lo  que  ni  censuro  ni  me  quejo 
porque  no  sólo  el  íénix  da  este  chasco. 
Pero  su  andar  en  popa  le  festejo 
y  justo  en  compararlo  me  complazco, 
con  una  vieja  que  remilga  el  talle 
cuando  cree  que  la  siguen  por  la  calle. 

Pero  fuerte,  eso  sí;  bien  que  hasta  ahora, 
virgen  va  de  peligros  y  huracanes, 
cual  aquella  legión  restauradora 
que  por  laureles  dio  á  sus  capitanes, 
fósiles  raros,  lo  color  de  mora, 
y  de  algún  pampa  los  sagrados  manes, 
no  con  acero  ni  con  plomo,  muerto, 
sino  muerto  de  viejo  en  el  desierto. 

Su  bandera  es  chilena,  esto  me  encanta, 
pues  sé  que  Chile  y  Carlos  son  gemelos; 


106  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

vistosas  flores  de  vistosa  planta, 
cuyas  raíces  están  por  muchos  suelos. 
Carlos  nació,  cuando  entre  gloria  tanta 
nació  la  libertad  bajo  los  cielos 
Dellísimos  de  Chile,  bajo  el  rayo 
que  daba  el  sol  del  pabellón  de  Mayo. 

Noruego  el  capitán,  Jhompson  se  llama, 
tendrá  como  treinta  años:  alto,  grueso; 
rubio  cabello  y  piel  como  una  llama, 
y  redonda  la  cara  como  un  peso; 
derecha  la  nariz,  de  roja  trama, 
é  hidrópico  de  rhom  corto  el  pescuezo, 
ojos  chicos  y  azules,  pero  vivos 
y  en  desconfianza  y  en  mirada  activos. 

Las  cuatro  quintas  partes  de  su  vida 
ha  pasado  en  el  mar  bien  divertido, 
y  quedóse  á  la  fin  de  la  partida 
en  animal  anfibio  convertido; 
esta  es  chanza  del  mar  muy  conocida: 
igual  prodigio  fuera  repetido 
en  el  señor  Mackau,  que  llegó  un  día 
animalmente  hasta  la  patria  mia. 

Jhompson,  pues,  como   el  mar,  ruge,  atro- 

|  pella, 
corre,  brama,  destroza,  moja  y  arde; 
inventa  con  el  diablo  una  querella, 
y  hace  de  su  valor  soberbio  alarde. 
Asi  es  el  mar;  un  potro  que  domella 
y  lo  monta  el  muchacho  más  cobarde. 
Gigante  que  hace  ruido  con  los  brazos 
y  sólo  agarra  tantos  ó  yerbazos. 

En  cuanto  á  su  ciencia^  no  es  por  cierto 
nuevo  Draker  ni  nuevo  Magallanes; 
ni  un  continente  encontrará  desierto. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  107 

si  acaso  no  le  dan  los  huracanes 
contra  unas  rocas  al  buscar  un  puerto. 
En  fin,  es  de  esos  muchos  capitanes 
que,  como  muchos  generales,  anda 
á  la  merced  de  lo  que  Dios  le  manda. 

Pero  Jhompson,  al  cabo  es  un  buen  hombre; 
es  sin  lluvia  ni  rayo  un  fuerte  trueno; 
quiere  con  gritos  obtener  renombre. 
¿Y  de  Jhompsons,  no  vive  el  mundo  lleno? 
En  los  hombres  de  tierra  es  sólo  un  nombro 
la  franqueza  leal,  pero  en  el  seno 
de  los  hombres  de  mar,  es  verdad  lisa, 
sin  doblez  cual  su  enojo  y  cual  su  risa. 

Siempre  honrado  y  sincero  es  un  marino, 
y  en  los  peligros  siempre  generoso: 
con  la  misma  verdad  que  ofrece  vino 
ofrece  una  puñada  sin  reboso; 
y  fiado  á  los  brazos  del  destino 
de  tres  cosas  no  más  es  ambicioso: 
de  ver  el  puerto,  de  gastar  su  plata, 
y  de  volver  borracho  á  la  fragata. 

Embozado  en  su  capa;  envuelto  el  cuello 
en  cachemira  que  á  su  bien  amada 
velaba  en  otro  tiempo  el  seno  bello; 
á  media  noche,  con  la  brisa  helada 
que  conmueve  en  sus  sienes  el  cabello, 
oyó  Cáelos  de  Jhompson  la  cansada 
historia  de  sus  viajes  y  amoríos, 
debidas  sus  proezas  á  sus  bríos. 

Y  después  de  reir  de  la  inexperta 
alma  candida  y  niña  del  marino, 
de  popa  á  proa  la  húmeda  cubierta 
pasea  silencioso  el  Peregrino, 


103  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ante  esa  inmensa  soledad  desierta, 
con  los  golpes  de  mar  crujiendo  el  pino  (3); 
hasta  que  asoma  entre  la  niebla  umbría 
la  débil  claridad  de  un  nuevo  día. 

Y  con  éste,  el  concierto  de  preguntas 
de  treinta  pasajeros  al  piloto 
una  á  una  insufrible,  y  todas  juntas. 
¿Cuántas  millas  anoche?  ¿Algo  se  ha  roto? 
¿Vese  tierra?  Allí  están,  ¿no  son  las  puntas 
de  Malvinas  aquellas?  y  no  hay  coto 
á  tanto  preguntar,  si  no  se  empieza 
por  decir  que  el  almuerzo  está  en  la  mesa. 

¡Qué  miscelánea  de  hombres  y  mujeres! 
¡Qué  Babel  por  fracción  y  por  entero! 
Lector,  si  allí  tú  vas,  allí  te  mueres. 
Mira,  allí  va  un  ministro  brasilero 
con  sesenta  ó  más  años  si  tú  quieres, 
apuntando  prolijo  el  derrotero, 
para  enviarle  después  al  Instituto, 
de  su  humilde  saber  humilde  fruto. 

Allí  un  doctor  en  leyes  peruviano 
ígran  profesión  en  el  Perú,  por  cierto! 
lo  mismo  es  cazador  en  el  Océano 
ó  pescador  de  red  en  el  desierto. 
Va  con  un  hijo  comilón,  malsano, 
sucio,  tonto,  durmiéndose  despierto, 
y  á  quien  doctor  en  cánones  desea 
hacerlo  el  padre  cuando  grande  sea. 

Allí,  con  su  mujer  su  queso  y  vino, 
va  un  genovés;  navegador  tan  ledo, 
tan  guapo,  según  él,  y  tan  marino 
que  á  Gama  y  Nelson  compararle  puedo. 
Mi  buen  Griaccomo.  al  dulce  florentino 


CANTOS  DEL  PEIÍEGIUXO  109 

y  al  fuerte  de  Jerez  grato  les  quedo. 
Ya  no  hay  niás,  es  verdad,  pero  te  juro 
que  era  el  Jerez  de  lo  mejor  y  puro. 

Allí  van  ¡esto  sí!  van  comediantes, 
¡esta  sí  es  buena  gente  en  buen  oñcio! 
Adonde  ellos  están,  hay  abundantes 
momentos  de  placer,  que,  excepto  el  juicio, 
todo  sobra  á  estos  reyes  ambulantes, 
siempre  francos,  alegres,  y  en  desquicio. 
Cómicos  es  lo  que  hay  en  esta  vida 
cuando  se  tiene  el  alma  desabrida. 

Bougainville,  La-Pérouse,Cook;  muy  bueno, 
yo  veré  vuestros  mapas  otro  día, 
mi  bravo  Franklin,  esperad,  sereno 
mañana  admiraré  vuestra  osadía 
de  jugar  con  el  rayo  y  con  el  trueno; 
Herschel,  después;  la  noche  está  sombría. 
mi  querido  Bonpland,  tengo  embarazo 
de  acompañaros  hoy  al  Chimborazo. 

Atrás  toda  la  ciencia.  Atrás  la  historia 
con  su  filosofía  impertinente, 
para  probarnos  que  la  humana  gloria 
pasa  como  los  sueños  de  la  mente. 
Atrás  la  inspiración  y  la  memoria: 
atrás  el  hombre  con  su  voz  doliente; 
que  todo  esto  ó  es  farsa  ó  es  veneno 
si  está  enojada  el  ánima  en  el  seno. 

En  esas  horas  en  que  sufre  el  alma, 
y  hay  veneno  sutil  en  cada  fibra, 
y  hay  en  el  corazón  salvaje  calma, 
do  es  con  la  ciencia,  no,  que  se  nos  libra 
<3e  estado  tan  cruel;  él  se  nos  calma 
con  un  vaso  de  ponche,  que  equilibra 


110  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

el  placer  y  el  dolor,  y  más  nos  sana, 
si  es  en  reunión  de  vagos  charlatana. 


¡Mala  moral!  ¡Ideas  perniciosas! 
¡Qué  diablos!  no  soy  yo  quien  las  concibe; 
es  la  naturaleza  de  las  cosas, 
y  leyes  fijas  porque  el  hombre  vive. 
Si  ellas  son  sin  moral  y  contagiosas, 
no  es  la  culpa  de  aquel  que  las  escribe; 
él  mira  el  mundo,  y  lo  que  el  mundo  enseña 
ó  lo  apunta,  ó  lo  copia,  ó  lo  diseña. 

Carlos  en  medio,  pues,  de  tanta  gente 
no  deja  de  pasar  alegres  ratos; 
y  los  instantes  son,  precisamente, 
en  que  los  pensamientos  más  ingratos 
S3  agolpan  como  llamas  en  su  mente. 
Entonces  busca  los  amables  tratos 
<  >  los  francos  y  alegres  comediantes, 
zozobrando  el  bajel  y  ellos  cantantes. 

Alli  ve  á  un  rey  de  Atenas  en  camisa; 
á  Escipión  masticando  unas  galletas; 
comiendo  charque  á  la  princesa  Elisa, 
y  á  la  amante  de  Eneas  en  chancletas. 
Y  todo  esto,  por  fin,  le  causa  risa, 
porque  también  son  hombres  los  poetas, 
y  en  vez  de  echarse  al  mar  y  darse  muerte 
la  da  cansado  un  puntapié  á  la  suerte. 

¡Cuan  rara  y  caprichosa  es  la  fortuna! 
Entre  esa  multitud  á  quien  aleja 
de  sí  la  sociedad,  porque  importuna 
su  vanidad,  cuando  su  tez  refleja 
como  un  cristal  de  transparente  luna 
que  ante  su  propia  expectación  la  deja, 
Carlos,  en  otros  días  del  pasado, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  111 

encontró  el  corazón  más  delicado. 

Así  entre  nubes  se  divisa  un  rayo 
desprenderse  de  pálido  lucero, 
entre  las  noches  lúgubres  de  Mayo 
cuando  bate  sus  alas  el  pampero. 
Así  entre  el  arrayán  del  Uruguayo 
suele  ver  admirado  el  pasajero, 
la  blanca  flor  del  aire  derramando 
en  hálitos  de  amor  su  aroma  blando. 

Celina,  el  corazón  del  Peregrino 
te  consagra  un  recuerdo  de  los  mares, 
donde  en  pos  de  tu  bárbaro  destino, 
ya  no  lleva  más  bien  que  sus  pesares 
Recuerdo  de  aquel  tiempo  cristalino 
perfumado  de  aromas  y  azahares, 
en  que  su  hermosa  juventud  se  abría 
para  morir  al  despuntar  el  día. 

Pero  ¡cuánto  episodio  majadero! 
¡Cuántas  cosas  he  dicho  y  cuántas  callo, 
por  no  poder  decirlas  como  quiero! 
Y  en  este  obscuro  laberinto  me  hallo 
por  darte  gusto  á  ti,  crítico  fiero, 
de  quien  ya  escucho  el  tremebundo  fallo, 
que  condena  á  galeras  mi  poema 
por  faltarle  unidades  y  sistema. 

Algún  amigo  mío.  ¡Como  es  pura 
y  noble  la  amistad  en  sus  deseos; 
y  fuerte,  vive  Dios,  cual  la  armadura, 
que  disfrazó  á  Ricardo  en  dos  torneos! 
¿Qué  es  sin  amigo  humana  criatura? 
Ostras  sin  Rhin,  sandwich  sin  Burdeos, 
usa  de  vez  en  cuando  una  careta, 
pero  esta  es  chanza  que  á  ninguno  inquieta. 


.12  0BUA9  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¡Viva  mil  siglos  la  amistad!  Sin  ella 
el  mundo  fuera  un  ambigú  sin  payo. 
Mas,  ¡ay,  amigos  míos!  por  la  estrella 
que  guió  los  tros  royes,  por  el  bravo 
arcángel  San  Miguel,  y  por  la  bella 
virgen  que  nunca  lie  visto  y  siempre  alabo, 
os  pido  que  lleguéis  á  conocerme 
y  que  nunca  mintáis  por  complacerme. 

Yo  soy  un  hombre  que  tranquilo  rompo 
■desde  que  niño  fui  cuanto  lie  querido; 
primero  mis  cometas  y  mi  trompo; 
.mi  cartilla  después  y  mi  vestido; 
y  mi  lengua  después,  y  escribo  pompo 
-si  el  consonante  á  trompo  se  me  ha  ido: 
■después  mi  corazón  en  mil  pedazos, 
y  del  mundo  después  todos  los  lazos. 

Amo  á  mi -patria.  La  justicia  adoro; 
amo  la  libertad  hasta  el  delirio; 
tengo  en  el  porvenir  mis  sueños  do  oro; 
«ufriera  por  mi  Dios  hasta  el  martirio; 
■amo  hasta  el  polvo,  pero  nunca  imploro 
•del  jardín  del  amor  ni  un  solo  lirio; 
que  yo  también,  al  fin,  una  por  una 
no  quiero  de  sus  flores  á  ninguna. 

¿Me  traicionan?  muy  bien,  venga  la  mano. 
Jl.1  tiempo  de  Luis  IX  me  incomoda 
y  ni  papista  soy  ni  luterano. 
Soy  un  hombre  no  más...  así...  á  la  moda; 
propio  para  soldado;  franco  y  llano 
y  que  á  todo  en  el  mundo  se  acomoda. 
.¿Mandáis  quemar  mi  pobre  Peregrino? 
Allons  diner;  las  paces  con  el  vino. 

Y  luego,  antes  de  un  mes,  otro  poema» 
Otra  vez  criticáis  y  otra  vez  brindo, 


CANTOS  DEL  PEREGRTXO  113 

"y  cada  cual  porfiando  con  su  tema, 
•ó  al  fin  vosotros  me  arrojáis  del  Pindó 
-ó  yo  os  regalo  en  él,  de  mi  diadema, 
una  hoja  de  laurel,  y  al  fin  os  rindo. 
.¿Quién  ganará?  Veremos;  por  ahora 
"veamos  qué  hace  Cáelos  á  esta  hora. 

Hora  de  media  noche;  hora  tranquila 
y  lúgubre  en  el  mar  y  en  las  aldeas, 
■donde,  en  pos  de  cenar,  dormir  se  estila 
sin  pensar  en  ventanas  ni  azoteas. 
Hora  boba  en  el  mar  porque  no  asila 
Tii  una  sombra  de  amor  si  amor  deseas 
jií  una  de  esas  (hechura  de  los  reyes) 
orgias  de  mucho  vino  y  pocas  leyes. 

Esta  es  la  hora  de  la  vida  en  tierra; 
hora  de  intervención  y  de  invasiones 
•contra  el  principio  de  la  buena  guerra 
y  el  derecho  de  paz  de  las  naciones. 
;¡Oh,  si  saliera  el  sol  cuando  la  tierra 
pido  á  su  media  noche  los  crespones! 
jHora  sublime,  en  nombre  de  los  sabios;! 
gracias  y  bendición  te  dan  mis  labios. 

Tú  sola  has  hecho  más  por  los  humanos 
-que  cuantas  leyes  hay  y  cuantas  glosas 
de  los  libros  sagrados  y  profanos 
•desque  hay  humanidad,  leyes  y  cosas. 
Pero  todo  esto  en  tierra;  en  los  océanos 
por  desgracia  de  ti  no  hay  más  hermosas 
■que  las  salvajes  ondas,  cayo  ceño 
¡si  lo  ve  el  corazón  le  inspira  sueño. 

No  es  la  hora,  en  el  mar,  del  sentimiento, 
«como  es  aquella  en  que  se  apaga  el  día; 
Mármol.  -  8 


114  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

pero  es  hora  sublime  al  pensamiento 

y  á  los  vuelos  de  la  alta  poesía. 

La  vasta  soledad,  la  sombra,  el  viento, 

chocando  en  el  bajel  la  onda  bravia, 

dan  á  la  mente  idefinible  esencia 

de  religiosidad  y  de  conciencia. 

Un  rayo  incierto  de  lejana  estrella 
que  se  quiebra  en  las  ondas  blandamente, 
es  un  alambre  eléctrico  que  aquella 
pone  entre  Dios  y  el  hombre  de  repente. 
¡Grandeza  del  Eterno;  santa  y  bella, 
sombra  del  cuadro  que  inventó  su  mente! 
El  Peregrino  tu  grandeza  admira, 
y  entre  sombras  y  mar  pulsa  su  lira. 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


LA  NOCHE  OBSCUKA 

I 

Noche,  misterio,  soledad  del  alma 
¿quién  habita  tus  ámbitos  profundos, 
que  en  hálitos  de  amor  vierte  la  calma 
por  los  perdidos  solitarios  mundos? 

¿Qué  ángel  en  proscripción  sus  alas  tiendo 
cuando  oculta  su  frente  el  rey  del  día 
y  silencioso  los  espacios  hiende 
en  nube  melancólica  y  sombría? 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  115 

¿Qué  mágica  campana  el  sueño  advierte 
del  Supremo  Hacedor,  que  á  sus  acentos 
se  apagan,  como  el  soplo  de  la  muerte, 
las  luces  y  las  ondas  y  los  vientos? 

¡Noche,  magnificencia  indefinida! 
¿Qué  humano  corazón  no  ha  suspirado 
sintiendo  el  peso  de  la  ingrata  vida 
en  tu  templo  sin  límites  sagrado? 

¿Quién  no  ha  pensado  en  Dios  cuando  derramas 
tu  balsámica  faz  sobre  los  cielos, 
y  á  la  conciencia  á  confesarse  llamas 
bajo  el  crespón  de  tus  obscuros  velos? 

¿Quién  te  mintió  jamás;  qué  labio  humano 
no  te  contó  del  corazón  la  historia 
y  algún  pesar  recóndito  y  tirano 
que  vive  torcedor  de  la  memoria? 

¿Quién  no  ha  sentido  algún  remordimiento 
bajo  tu  imperio,  di,  noche  sombría? 
¿Quién  no  te  hizo  un  noble  juramento? 
¿Quién  no  lo  ha  roto  con  la  luz  del  día? 

¡Noche,  consolación!  La  vital  trama 
la  bañas  de  un  amor  puro,  sin  nombre. 
¿Por  qué  en  su  torpe  confusión  te  llama 
madre  del  crimen  la  impiedad  del  hombre? 

Tú  no  lo  inspiras,  no;  si  acaso  alguna 
fuerza  extraña  de  su  alma  se  lo  inspira, 
no  serán  tus  estrellas  ni  tu  luna, 
ni  la  sombra  sin  fin  que  absorto  mira. 

Te  busca  el  criminal,  porque  alma  insana 


116  OBRAS  DE  JOSÉ  M¿  RIIOIj 

es  cobarde  si  el  brazo  es  temerario, 
pero  también  un  templo  se  profana 
y  no  es  padre  del  crimen  el  santuario. 

Si  de  sangre  infeliz  ves  una  mancha 
y  torpes  manos  que  el  puñal  oprimen; 
¡ay!  que  también  á  una  beldad  se  mancha 
¡y  lo  bollo  jamás  inspira  un  crimen!... 

Tú  no  lo  inspiras,  no;  tu  sacra  sombra 
tan  sólo  el  canto  y  el  amor  inspira, 
que  siempre  inquieto  el  corazón  te  nombra 
y  el  son  escuchas  de  la  blanda  lira. 

¿Qué  poeta  sus  cantos  inmortales, 
su  ardiente  inspiración,  su  tierno  acento 
no  ha  debido  á  tus  sombras  sepulcrales, 
madre  del  corazón  y  el  pensamiento? 

¿Qué  amante  corazón  no  ha  palpitado 
entre  los  brazos  do  su  bien  querido, 
por  tu  silencio  bienhechor  velado 
por  tu  sombra  benéfica  escondido? 

Por  sorprender  en  la  insondable  nada 
dijo  Dios  «Haya  luz»  y  la  luz  fuera, 
y  midió  de  una  vez  con  su  mirada 
el  lugar  de  I03  mundos  en  la  esfera. 

Y  por  mirar  al  alma  en  su  misterio 
«Haya  tiniebla»,  dijo,  y  de  repente 
alzó  ]a  noche  su  eternal  imperio 
y  vio  al  alma  dol  hombre  transparente. 

Paz  de  los  mundos;  soledad  del  alma, 
yo  venero  tu  obscuro  sacro  manto, 


CANTOS  DHL  PEREGRINO  117 

porque  siento  con  él  nacer  mi  calma 
y  la  sublime  inspiración  del  canto. 

En  tus  velos  la  historia  de  mi  vida 
con  sus  penas,  su  llanto  y  sus  amores 
desde  mi  juventud  vive  escondida 
coronada  de  espinas  y  de  flores. 

No  hay  un  solo  recuerdo  en  mi  memoria 
que  no  se  enlace  con  tu  nombre  luego 
y  á  ti  también  te  deberé  la  gloria 
si  alguna  vez  á  conquistarla  llego... 

Espíritus  sin  cuerpo,  misteriosos, 
que  respiráis  las  auras  de  la  noche, 
y  bajáis  á  las  flores  silenciosos 
á  desplegar  las  hojas  de  su  brocho. 

Sílñdes  que  tocáis  á  mis  cristales 
vagorosas  en  mil  nubes  de  niebla 
y  me  cantáis  en  himnos  celestiales 
los  palacios  y  el  Dios  de  la  tiniebla. 

Fantasmas  sin  color  ni  forma  humana 
que  sorprendéis  mis  ojos  de  repente 
y  en  diáfana  y  fugaz  sombra  liviana 
al  pasar  junto  á  mí  tocáis  mi  frente. 

Almas  en  confusión  que  por  las  salas 
corréis  del  Éter  á  la  vista  mía, 
y  el  aire  que  agitáis  con  vuestras  alas 
el  calor  tibio  de  mi  rostro  enfría. 

¡Salud  todos,  salud!  sois  mis  hermanos, 
mis  hijos  y  mi  ser...  sabéis  mi  vida 
con  su  ambición,  su  amor  y  sus  arcanos, 


118  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

en  sus  dorados  sueños  sorprendida. 

¡Ay!  ¡cuántas  veces  de  improviso  os  llama 
solitaria  mi  voz  y  en  torno  mío 
relámpago  veloz  el  aire  inflama, 
y  muere  y  queda  lóbrego  el  vacío! 

¡Y  una  voz  y  mil  voces  se  difunden 
en  tristes  ayes  y  cantares  bellos, 
y  seres  impalpables  se  confunden 
revolviendo  en  mi  frente  los  cabellos! 

Y  á  su  tacto  se  agolpan  á  mi  mente 
escuadrones  de  altivos  pensamientos, 
y  arde  como  volcán  mi  joven  frente, 

y  ondulan  como  el  mar  mis  sentimientos. 

Y  cayendo  en  raudal  celeste  riego 
sobre  mi  herida  fantasía  inquieta, 
escribo  con  febril  desasosiego 

y  soy  bueno,  y  sé  amar,  y  soy  poeta. 

Bendición  sobre  ti,  del  alma  mía 
madre  sensible  y  del  amor  y  el  canto; 
¡Ay!  quién  pudiera  detener  el  día 
"bajo  las  orlas  de  tu  negro  manto. 


II 

Adonde  del  impío  que  con  "blasfemo  pecho 
de  su  Hacedor  reniega  por  renegar  de  sí 
id,  Genios  do  la  noche,  y  del  impuro  lecho, 
atónito  arrastradlo  para  que  tiemble  aquí. 

Aquí,  dondo  perdido  desaparece  el  mundo 
llevando  hasta  la  nada  la  humanidad  en  pos, 


CASTOS  DEL  PEREGRINO  119 

y  en  medio  de  las  sombras  y  el  piélago  profundo 
se  encuentran  con  el  alma  la  Eternidad  y  Dios. 

Aquí,  donde  es  un  hombre  lo  que  átomo  invisible 
movido  en  estas  ondas,  dentro  esta  inmensidad; 
sintiendo  estos  abismos  en  su  inquietud  terrible, 
y  el  silbo  de  los  vientos,  bajo  esta  obscuridad. 

Y  aquí  donde  es  un  hombre,  porque  su  Dios  lo  manda, 
como  su  Dios  potente,  como  su  Dios,  un  Dios; 
y  en  medio  de  los  mares  y  de  las  sombras  anda 
burlando  de  los  vientos  el  ímpetu  veloz. 

¡La  sombra  solamente!  ¡1 1  que  anunció  el  diluvio; 
la  que  vendrá  á  los  mundos  con  el  clarín  final! 
No  vaga  en  el  espacio  ni  fugitivo  efluvio 
que  anuncie  la  existencia  del  lampo  universal. 

¡Las  sombras  y  las  olas!  fantasmas  y  vestiglos 
los  ojos  y  la  mente  por  el  espacio  ven. 
¿Son  estos  los  abismos  do  los  errantes  siglos 
del  tiempo  desprendidos  al  caducar  caen? 

¿Acaso  los  ruidos  gigantes  que  me  aterran, 
en  el  caos  de  siglos  los  alaridos  son 
de  las  generaciones  que  entre  la  nada  encierran 
con  su  virtud,  su  crimen,  su  tiempo  y  su  misión? 

¿Y  las  que  ayer  cayeron  se  agolpan  y  preguntan 
si  de  la  herencia  suya  se  conservó  la  fe, 
y  las  que  se  despeñan  su  vanidad  insultan 
sardónicas  gritando:  «vuestro  legado  fué?» 

¿Acaso  es  de  su  reino  la  lóbrega  caverna 
que  habitan  los  etéreos  espíritus  del  mal 


120  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

después  que  han  apagado  la  mágica  linterna, 
que  alumbra  de  su  paso  la  huella  funeral?. 

¿De  aqui  salen,  acaso,  para  el  desierto  campo> 
á  convertirse  en  lenguas  de  fugitiva  luz, 
y  en  medio  á  los  sepulcros,  al  oscilar  el  lampo,1]. 
en  lívidas  visiones  en  torno  de  la  Cruz? 

¿Acaso  ese  ronquido  que  por  las  ondas  vibra 
se  escapa  broncamente  del  pecho  de  Satán, 
que  al  sueño,  entre  las  sombras,  impávido  se  libra, 
mientras  las  ondas  rudas  sobre  su  frente  dan? 

¿Acaso  de  estas  ondas  bajo  la  mole  inmensa 
de  ese  ángel  maldecido  se  esconde  la  mansión,, 
y  con  su  lecho  de  olas  el  renegado  piensa 
burlar  hasta  en  los  rayos  su  eterna  maldición?* 

¿Incierta  peregrina  por  tan  obscuras  salas 
de  los  antiguos  bardos  el  ánima  tal  vez, 
y  agita  por  el  Éter  sus  vaporosas  alas 
en  medio  de  la  densa  tranquila  lobreguez? 

¿Acaso  todavía  la  humanidad  contemplan 
y  cuando  de  las  nubes  á  saludarla  van, 
se  miran  y  en  su  mano  las  liras  se  destemplan? 
¡Homero! ¿Éntrelas  sombras,  suspiras  con  Ossian? 

Pasad  del  pensamiento;  pasad,  pasad,  delirios,, 
que  al  desplegar  mis  alas  entre  ilusiones  vi... 
Pasad,  abismos,  genios,  fantasmas  y  martirios..- 
No  hay  más  que  la  grandeza  del  Hacedor  aquí- 

Señor,  yo  te  comprendo:  tu  espíritu  divina 
por  la  creación  derramas  en  hálitos  de  amor: 


CAXT03  DEL  PEREGRINO  12t 

la  luz)  la  noche,  el  viento,  la  mar,  la  rosa,  el  pino, 
y  ol  hombre  y  el  insecto,  todo  eres  tú,  Señor. 

Señor,  yo  te  comprendo;  te  siento  entre  mí  mismo;: 
te  miro  en  una  gota  del  llanto  matinal; 
te  encuentro  de  estos  mares  en  el  obscuro  abismo; 
te  gozo  en  las  delicias  del  beso  maternal. 

Te  siento  en  mi  conciencia;  te  toco  entre  las  flores; 
te  escucho  cuando  ruge  la  ronca  tempestad; 
te  veo  cuando  asoman  los  plácidos  albores; 
y  ante  tu  faz  me  postro  bajo  esta  obscuridad. 

Que  vengan  donde  pulso  las  cuerdas  de  mi  lira 
para  saber  qué  es  eso  que  apellidamos  Dios;* 
para  adorar  su  lisa,  para  temblar  su  ira, 
para  postrar  el  alma  y  enmudecer  la  voz. 

Noche,  misterio,  soledad  del  alma, 
yo  venero  tu  obscuro  sacro  manto, 
porque  siento  con  él  nacer  mi  calma 
y  la  sublime  inspiración  del  canto. 

Por  los  mares  atlánticos  mecido, 
y  al  arrullo  del  viento  y  de  las  ondas, 
pulso  mi  triste  lira  conmovido 
bajo  tus  negras  cavidades  hondas. 

Mañana  en  otras  tierras  peregrino, 
la  yerta  tumba  extinguirá  mi  canto; 
poro,  atraído  de  tu  imán  divino, 
mi  sombra  se  alzará  bajo  tu  manto. 


CANTO  QUINTO 


La  tarde  era  tranquila.  Silenciosas 
las  olas  con  placer  se  deslizaban 
por  los  flancos  del  JFénix,  que  impelían 
del  grato  Abril  las  auras  de  la  Pampa. 
Olas  teñidas  con  azul  celeste 
y  como  el  cielo  que  las  cubre,  claras; 
que  todo  el  mar  de  la  templada  zona 
no  tiene  de  cruel  sino  la  fama 
que  pregonan  los  tímidos  viajeros, 
cuando  se  ofusca  de  pavor  su  alma 
al  mirarse  en  las  ondas  que  atropellan 
del  Patagón  las  solitarias  playas. 

El  cielo  estaba  limpio.  Majestuoso 
el  sol  para  su  ocaso  caminaba 
dorando  con  su  luz  los  horizontes 
y  de  la  mar  el  manto  de  esmeralda. 
Multitudes  de  pájaros  gigantes 
negros  como  la  noche,  ó  como  el  alba 
blancas,  sus  plumas,  sobre  el  mar  caían 
y  á  la  popa  del  Fénix  se  agolpaban. 
Seguíanlo  un  instante,  y  de  repente 
levantando  del  mar  sus  grandes  alas 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  123 

Volaban  al  Oeste  fugitivos 

para  alcanzar  el  -sol  sobre  la  Pampa, 

donde  el  cañón  del  Plata,  todavía 

no  lia  violado  la  paz  de  sus  moradas  (1). 

Todo  era  triste,  religioso,  dulce; 
es  la  hora  en  el  mar  que  más  nos  habla 
en  mudo  melancólico  lenguaje, 
el  idioma  benéfico  del  alma. 
Es  la  hora  en  el  mar,  del  sentimiento; 
liora  en  que  desfallece  la  esperanza 
como  el  sol  en  su  ocaso:  tristemento; 
como  la  luz  crepuscular  que  exhala. 
En  que  sólo  se  avivan  los  recuerdos 
tristes  de  lo  pasado.  En  que  las  almas 
en  los  brazos  caen  de  la  memoria 
sin  valor  y  sin  fuerzas  desmayadas. 

Hora  en  que  el  navegante  retraído 
reclinando  la  sien  sobre  las  tablas, 
tiene  fijos  los  ojos  en  el  cielo 
y  conversa  tranquilo  con  el  alma; 
ó  con  secreta  voz,  para  sí  mismo, 
algún  romance  de  su  patria  canta; 
palabras  que  aprendió  de  su  querida 
ó  de  los  tiernos  años  de  su  infancia  (2j. 
Es  la  hora  del  mar.  Por  sólo  ella, 
bien  se  puede  arrastrarla  dura  saña 
de  las  bravias  ondas  y  los  vientos, 
cuando  Jas  recias  tempestades  braman. 

Es  la  hora  de  amar  (3).  ¿Quién  navegando 
bajo  nubes  de  armiño,  derramadas 
sobre  infinito  manto  de  zafiro, 
cuando  del  sol  el  horizonte  guarda 
sus  postrimeros  pálidos  fulgores, 
no  suspiró  por  la  mujer  amada? 


12i  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

¿ííq  oyó  á  su  corazón  decir  latiendo: 
«¡Si  ella  estuviera  aquí!»  y  entusiasta 
la  fantasía  con  pensarlo  sólo, 
al  par  del  corazón  soñó  mirarla, 
los  rizos  agitados  por  la  brisa 
en  los  amantes  brazos  reclinada? 

Son  misterios  del  alma  indefinibles, 
ese  imán,  esos  lazos  que  nos  atan, 
cuando  ama  el  corazón,  á  ciertas  horas 
á  ciertas  perspectivas  encantadas. 

Las  horas  indecisas  de  la  tarde 
en  que  la  Naturaleza  arrodillada 
ruega  al  Dios  de  los  mundos  que  la  vuelva. 
esa  luz  bienhechora  que  se  apaga, 
y  en  dulces,  melancólicos  suspiros 
parece  que  en  el  éter  se  derraman 
sus  místicas  plegarias,  difundiendo 
paz  y  consolación  para  las  almas, 
¡sólo  el  amor  y  religión  inspiran; 
sólo  de  amor  y  religión  nos  hablan! 

Esas  tranquilas  horas  de  la  noche, 
cuando  la  luna  en  el  cénit  descansa 
sobre  plumas  de  cisne  su  cabeza 
y  bella  y  melancólica  derrama 
espirales  de  luz  pálida  y  débil, 
cual  suele  una  mujer  abandonada 
ir  noche  á  noche  á  reposar  la  frente 
sobre  el  mármol  que  cubre  de  su  falta 
la  yerta  cifra  y  de  su  amante  el  crimen 
y  solitaria  y  lívida  suspira, 
¡sólo  el  amor  y  religión  inspiran; 
sólo  de  amor  y  religión  nos  hablan! 

Las  colinas,  las  aguas  del  arroyo, 


CANTOS  D3L  TEREGRINO  125 

los  prados  con  sus  mares  de  esmeralda 
y  los  anchos  océanos,  cuando  apenas 
sus  olas  muellemente  se  levantan, 
¡sólo  el  amor  y  religión  inspiran; 
sólo  de  amor  y  religión  nos  hablan! 

¡Bello  y  grande  es  correr  sobre  las  ondas 
donde  el  alma  sin  límites  se  explaya! 
y  ver  la  luna,  el  sol,  y  las  dudosas 
horas  de  los  crepúsculos,  que  bañan 
con  sus  pálidas  luces  tristemente 
del  Océano  la  ondulante  espalda! 
¡Y  sentir  de  las  olas  el  murmullo 
tranquilo  y  misterioso,  como  el  alma 
en  esas  horas  lánguidas,  que  late 
con  las  luces  y  el  mar  armonizada: 
y  sentir  por  la  frente  deslizarse 
los  hálitos  del  mar  en  tiernas  auras 
refrescando  la  sien  enardecida, 
como  el  aliento  de  mujer  amada 
cuando  duerme  y  suspira  en  nuestros  Drazos 
al  mundo  criminal  y  al  cielo  casta! 

¡Cómo  entonces  se  afinan  en  el  pecho 
las  ouerdas  del  amor!  tCómo  en  el  alma, 
vivo  laf©  de  un  Dios  que  la  examina! 
¡Cómo  la  Eternidad  se  muestra  y  habla! 
¡Cómo  entonces  se  eleva  el  pensamiento 
más  allá  de  la  vida  y  de  los  vanos 
fantasmas  de  la  mente;  y  las  pasiones 
cómo  en  vez  de  crueles  se  hacen  blandas! 

Todas  las  concepciones  de  la  mente 
son  grandes  en  el  mar  y  son  cristianas. 
Las  más  ricas  creaciones  de  los  genios 
son  debidas  á  el.  Byron  es  nada 
despojado  de  Harold,  y  necesita 


126  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

surcar  los  mares  de  la  Europa  y  Asl< 
para  crear  sus  seres  inmortales 
entre  los  "brazos  de  las  ondas  bravas. 
La  voz  de  Chateaubriand  se  olvidaría, 
puede  ser,  sin  sus  Mártires  ni  Átala 
y  sólo  los  cantó,  después  que  dijo: . 
¡Adiós!  del  mar  á  su  adorada  Francia, 
y  las  olas  atlánticas  mojaron 
de  ese  Cóndor  francés  las  blancas  alas. 

Es  grande  Ulises  por  el  mar  vagando; 
y  el  latino  cantor  su  Eneas  lanza 
al  valladar  inmenso  de  los  mares, 
de  tierra  en  tierra  mendigando  patria. 

Todo  es  grande  en  el  mar,  todo  sublimo 
como  las  hondas  de  su  hinchada  espalda, 
como  el  rugido  de  sus  hondos  senos, 
como  su  inmensidad,  como  su  saña. 

Y  es  fuerza  que  así  sea.  No  se  mira 
en  redor  sino  á  Dios,  en  las  más  altas 
ideas  de  su  mente;  y  ante  ellas, 
en  la  contemplación  reposa  el  alma. 
La  humanidad  y  el  mundo  se  divisan 
por  el  prisma  que  forja  la  distancia, 
como  á  la  gota  de  agua  y  sus  insectos 
por  el  vidrio  que  el  físico  prepara. 
Lo  indi  Tidual  se  olvida  ó  desvanece 
y  sólo  en  abstracciones  se  levantan 
los  vuelos  de  la  mente,  comparando 
la  grandeza  de  Dios  quo  la  anonada, 
y  el  átomo  que  olvida  su  miseria 
y  osa  volar  sin  fuerzas  y  sin  alas. 

Tan  sólo  el  corazón  desciende  al  mundo- 
ai  mundo  del  recuerdo  y  de  las  ansias — 
y  tierno  y  melancólico  suspira 
por  su  Dios,  por  su  amor  y  por  sü  patria. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  127 

Y  Carlos  ;ay!,  mi  joven  Pegegkisto, 
alma  por  excelencia  infortunada, 
mezcla  de  león  y  tórtola  que  abriga, 
hombre  que  si  en  titán  se  trasmudará 
y  de  lo  alto  del  trópico  mirase 

la  tierra  por  sus  mares  inundada, 
y  rodando  á  sus  polos  en  las  ondas 
los  montes,  las  naciones  y  las  razas, 
como  el  padre  del  Arca  se  hincaría 
en  un  místico  canto  á  dar  las  gracias 
al  dueño  de  la  luz,  diciendo  ledo: 
<Así  sea,  Señor,  aquí  está  mi  alma.» 
¡Y  hombre  que  sin  querer  empalidece, 
conmovido  al  aliento  de  las  auras; 
que  una  lágrima  empaña  su  mejilla 
cuando  débil  la  luz  del  sol  se  apaga, 
y  vaga  una  sonrisa  por  sus  labios 
así  que  asoma  (como  virgen  casta 
con  su  pálida  tez  y  ojos  brillantes, 
que  mueve  apenas  la  indecisa  planta 
á  encontrar  á  su  amante,  y  su  mejilla 
más  se  colora  cuanto  más  avanza) 
la  blanca  luz  del  alba  en  el  oriento 
y  en  pos  de  ella  la  aurora  iluminada! 

Y  á  Carlos,  ¡cuántos  pensamientos  bellos 
no  le  ha  inspirado  el  mar!  ¡Cómo  su  alma 
se  ha  gozado  con  él!  ¡Cómo  han  caído 
lágrimas  de  sus  ojos,  solitarias, 

á  perderse  en  las  ondas,  cual  se  pierde 
en  un  mar  de  rigores  su  esperanza, 
que  tantos  años  suspiró  á  la  orilla 
de  la  felicidad  que  ambicionaba, 
como  un  ángel  sin  alas  sollozando 
junto  á  las  puertas  del  Edén  cerradas! 
¡Cuántos  otros  como  él  sobre  los  mares 
al  mismo  tiempo  su  infortunio  cantan!  (4) 


128  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Laureado  cantor  de  nuestro  Mayo  (5), 
Várela,  Alberdi,  que  la  suerte  ingrata 
por  diferentes  mares  os  conduce 
en  igual  tiempo,  con  igual  desgracia 
como  arrastra  también  al  Peregrino 
lejos,  muy  lejos  de  la  dulce  patria. 
Hermanos  en  virtud  y  en  sufrimientos, 
hermanos  en  valor  y  en  esperanzas, 
también  alguna  lágrima  ha  caído 
de  vuestros  ojos  por  la  patria  amada, 
al  cruzar  solitarios  los  océanos 
en  busca  siempre  de  extranjeras  playas. 
jTambién  inspiraciones  atrevidas 
habréis  debido  al  mar,  cuando  calladas 
las  horas  de  la  tarde  hayan  movido 
de  vuestro  genio  las  hermosas  alas! 

Guardadlas  dentro  del  alma, 
guardadlas,  que  vendrá  un  día 
en  que  á  la  fortuna  impía 
la  postre  su  mismo  afán; 
y  nuestra  sien  levantemos 
más  orgullosa  y  más  noble, 
como  se  levantó  el  roble 
que  lo  inclinó  el  huracán. 

¡Día  eterno  de  venganza! 
¿"De  venganza?  de  justicia 
en  que  la  mano  propicia 
de  Dios  escriba  la  ley; 
y  en  que  del  labio  de  un  pueblo, 
con  la  balanza  en  la  mano 
la  escuche  hincado  un  tirano, 
en  medio  á  su  sierva  grey. 

Hemos  visto,  los  proscritos, 
nuestros  juveniles  años, 
bajo  los  cielos  extraños 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  129 

deslizarse  á  la  vejez; 
hemos  perdido  las  claras 
horas  de  nuestra  existencia, 
batallando  sin  clemencia 
la  miseria  y  la  altivez. 

Hemos  visto  uno  por  uno, 
como  en  otoño  las  hojas, 
caer  al  plomo  ó  las  congojas 
nuestros  hermanos  doquier: 
hemos  cubierto  su  tumba 
con  tierra  del  extranjero, 
sin  lápida  ni  madero 
para  el  polvo  guarecer. 

Hemos  visto  á  nuestros  padres, 
más  de  dolor  que  de  viejos, 
decirnos:  *Ya  no  más  lejos, 
me  falta  la  fuerza  ya»; 
y  bendiciendo  á  sus  hijos 
pasar  su  alma  á  otras  mansiones 
como  el  sol  á  otras  regiones 
cuando  en  la  tarde  se  va. 

Hemos  visto  al  infortunio, 
en  cuanta  faz  el  destino 
puede  lanzarlo  al  camino 
del  hombre  en  la  adversidad; 
que  hasta  la  fuente  del  llanto 
agotando  en  sus  enojos, 
arrebató  á  nuestros  ojos 
la  postrer  felicidad. 

Hemos  hecho — es  menos  fuerte, 
infierno,  el  tormento  tuyo, — 
abnegación  del  orgullo 
si  el  honor  supo  quedar. 

Mármol.— 9 


130  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Que  luchando  brazo  á  brazo 
con  la  miseria  la  vida, 
cuando  se  cierra  una  herida 
queda  otra  para  cerrar. 

Y  la  Esperanza  ¡ay!  de  todos 
astro  de  aureola  esplendente, 
nunca  nos  mostró  su  frente 
sino  en  incierto  trasluz: 
cual  estrella  que  á  la  tarde 
en  oriente  se  divisa, 
resplandeciendo  indecisa 
entre  la  sombra  y  la  luz. 


Patria,  reina  del  Plata.  Águila  fuerte 
que  ayer  en  el  plumaje  de  tus  alas 
de  la  España  y  de  Albión  viste  las  balas 
anvolverse  y  caer  sin  ofenderte. 

Y  bien,  madre  de  glorias,  hemos  visto 
arrancar  de  tu  sien  palma  por  palma, 
con  más  espinas  traspasada  el  alma 

que  en  la  sangrienta  cruz  la  sien  de  Cristo. 

Hemos  visto,  triunfante  tu  Tirano, 
al  carro  atar  tu  frente  sin  guirnalda, 
y  á  los  golpes  del  látigo  tu  espalda 
sangre  brotar  para  teñir  su  mano. 

Hemos  visto  sumirte  embrutecida 
en  un  abismo  de  ignorancia  y  crimen, 
y  al  son  de  $U3  cadenas  que  te  oprimen 
sin  osarlas  quebrar  dormir  tu  vida. 

Y  hemos  visto  también  del  continente 
los  pueblos  por  doquier  tender  Lis  alas 


•CANTOS  DEL  PEREGRINO  _        131 

á  recibir  las  prometidas  galas 

del  rico  porvenir  que  alza  su  frente. 

Y  de  la  libertad  la  trompa  de  oro 
anunciar  en  la  choza  y  los  palacios, 
que  de  hoy  más  en  su  trono  de  topacios 
el  labrador  y  el  rey  forman  su  coro. 

Y  hemos,  visto  también  que  no  limita 
en  el  siglo  la  vida  de  tu  llanto, 

pues  esos  niños  que  acaricias  tanto 
la  sangre  llevan  de  la  grey  maldita. 

Y  una  generación,  como  una  madre, 
cuando  el  alma  y  el  cuerpo  tiene  impuros, 
nunca  se  reproduce  en  hijos  puros 

aun  cuando  el  tiempo  á  mejorarlos  cuadre. 

Mas  si  no  de  salud,  pueblo  argentino, 
el  día  vengador  no  está  distante, 
en  que  se  embote  el  golpe  de  diamante 
que  descarga  en  tus  sienes  el  destino. 

En  que  fulmine  de  venganza  un  rayo 
el  dueño  de  la  luz  desde  su  trono, 
y  de  rodillas  al  vibrar  su  tono, 
se  postren  los  apóstatas  de  Mayo. 

Y  tus  proscriptos  la  justicia  eterna 
venguen  más  que  tus  penas  y  tu  yugo, 
cuando  al  cortar  el  cuello  á  tu  verdugo 
laven  la  mancha  de  tu  frente  tierna. 

Y  ante  la  ley  á  compasión  ajenos, 
porque  es  alguna  vez  tai  virtud  crimen,, 
en  cuantos  hoy  tu  libertad  oprimen 

el  fallo  de  la  ley  cumplan  serenos. 


132  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

No  desconfíes,  no;  vendrá  esa  hora; 
como  tras  largo  estío,  al  suelo  en  llama, 
en  fuentes  de  relámpagos  derrama 
la  tempestad  su  lluvia  bienhechora. 

Hombres  de  nuestro  tiempo,  conocemos 
•que  el  bálsamo  eficaz  para  tu  herida, 
•está  en  la  sangre  de  tu  propia  vida, 
y  con  tu  mismo  humor  te  curaremos. 

Y  habrá  en  tu  cénit  tempestad  y  rayo 
que  purifique  al  aire  y  limpie  el  cielo, 
para  que  en  blanco  y  azulado  velo 
se  extienda  el  iris  con  la  luz  de  Mayo. 

Ese  día  vendrá;  lo  espero.  Entonce 
vosotros  que  en  los  brazos  del  destino 
vais  doquier,  cual  mi  joven  Peregrino 
•oponiendo  al  dolor  pecho  de  bronce, 

á  quienes  desde  el  mar  he  dirigido 
•estas  palabras  huérfanas  de  nombre, 
pero  hijas,  sí,  del  corazón  de  un  hombre 
•el  más  infortunado  y  ofendido; 

de  quien  sólo  á  su  patria  llanto  debe 
y  lo  da  con  amor  sus  bellos  años; 
de  quien  sólo  á  los  hombres  desengaños 
y  del  dolor  sin  odio  el  cáliz  bebe, 

vosotros  hallaréis  al  Peregrino 
-cuando  la  libertad  os  llame  al  Plata; 
y  de  esas  horas  en  que  el  mar  retrata 
la  vaga  incertidumbre  del  destino, 

cuando  al  límite  el  sol  de  dos  regiones 
:niedio  oculto  en  el  mar,  para  una  expira 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  133 

y  á  punto  de  nacer  otra  lo  mira, 
todos  os  contaréis  las  impresiones, 

ya  del  ansiado  río  en  las  arenas 
al  claro  de  la  luna  en  noche  hermosa, 
ya  en  el  hogar  junto  á  la  tierna  esposa 
con  la  amistad  de  las  comunes  penas. 

Y  una  lágrima  acaso...  Basta...  ignoro 
cómo  he  dejado  deslizar  mi  pluma, 
y  de  penas  pintar  tan  larga  suma 
queriendo  hacer  llorar  porque  yo  lloro. 

Quise  sólo  de  un  mar  dar  un  saludo 
á  vosotros  que  veis  mares  diversos, 
y  he  escrito  ¡vive  Dios!  doscientos  versos 
en  cosas  que  mejor  es  estar  mudo. 

¡Episodios!  manía  de  mi  musa 
que  enlazada  anda  siempre  á  mi  manía 
de  libertad  para  la  patria  mía, 
cosa  que  ni  la  entiende  ni  la  usa. 

Sabe  hoy  de  ella,  como  sabe  el  necio 
de  los  autores  que  ignorante  cita, 
¡oh  Corneille!  ¡oh  Voltaire!  ¡oh  Byron!  grita 
y  al  oirse  silbar  grita  más  recio. 

Su  nombre,  ¡oh,  eso  sí!  de  gente  en  gente, 
cual  de  champagne  en  líquidos  cristales  " 
se  deleitan  los  labios  virginales 
en  la  aromada  espuma  solamente. 

Y  vaya  esta  figura  en  verso  tierno 
porque  al  fin  es  mi  patria  de  quien  hablo, 
que  si  no  habría  dicho:  «Como  el  Diablo 
nombrando  á  Jesucristo  en  el  infierno». 

Mas  de  mis  episodios  insufribles 


184  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

tiene  la  culpa  mi  adorada  rima, 
que  caprichosa  mis  caprichos  mima 
con  encantos  á  mi  alma  irresistibles. 

En  la  noche  jamás  tomó  la  pluma 
habiendo  antes  pensado,  y  con  la  aurora 
no  la  dejé  jamás  sin  que  sonora 
la  rima  me  embriagara  en  buena  suma. 

De  deliciosos  versos  los  oídos, 
son  para  mí  la  dulce  melodía 
con  que  Platón  al  despuntar  el  día 
llamaba  á  sus  discípulos  dormidos. 

Un  verso  dulce,  espirituoso,  terso; 
si  ser  dueño  de  todo  yo  pudiera, 
quiero  decir,  si  Soberano  fuera, 
cambiaría  dos  hombres  por  un  verso. 

Por  amor  á  la  rima  es  que  amo  tanto 
á  todas  las  mujeres  que  son  bellas; 
porque  una  de  la  otra  y  todas  ellas 
los  consonantes  son  de  un  solo  canto. 

No  te  rías,  lector,  todo  consuena: 
una  hermosa  mujer  no  es  otra  cosa 
que  el  consonante  puro  de  otra  hermosa 
cual  la  palabra  ajena  con  la  buena. 

Diversas  nada  más  las  iniciales. 
Negros,  azules,  tiernos,  brillantinos, 
¡qué  diablo!  todos  son  ojos  divinos 
con  iin  mismo  poder  en  sus  finales. 

Unos  hieren  el  alma  poco  á  poco, 
otros  con  más  poder  súbitamente, 
pero  todos  acaban  igualmente 
por  nos  dejar  ol  pensamiento  loco. 


CANTOS  DEL  PBREaRINO  135 

Y  por  ella  también  en  este  canto 
la  estricta  regla  de  unidad  se  olvida, 
que  á  imitación  de  viuda  condolida 
he  soltado  la  risa  en  pos  del  llanto. 

¡Ah!  tengo  dos  razones;  y  es  la  una, 
que  de  todas  las  reglas  más  en  regla, 
la  única  que  poseo  es  la  que  arregla 
mi  vida  y  mis  poemas  sin  ninguna. 

Y  á  f e  que  es  la  mejor  por  todos  lados, 
y  es  la  mejor  porque  la  siguen  todos, 
desde  el  diluvio  hasta  los  viejos  godos 
señores  bien  en  regla  desreglados. 

Mas  ¡las  reglas!  ¡ah!  ya.  Cosas  del  mundo, 
un  posma  un  poema,  hombres  los  hombres, 
y  todo  lo  demás  nombres  y  nombres 
más  estéril,  al  ñn,  el  más  fecundo. 

Más  allá  de  la  muerte,  los  rigores 
de  Nerón,  Roma  maldecir  debia, 
pues  bien,  murió  Nerón  y  al  otro  día 
sobre  su  tumba  se  encontraron  flores. 

Mi  segunda  razón  (razón  y  media) 
que  quise  hacer  lo  que  en  Madrid  se  estila, 
que  dan  por  si  se  anubla  la  pupila, 
un  sainete  después  de  una  tragedia. 

Mas  diré  mi  creencia  llana  y  lisa: 
la  digestión  del  Español  es  buena, 
y  antes  de  divertirse  con  la  cena, 
su  estómago  preparan  con  la  risa. 

¿Y  dónde  hemos  dejado  el  Peregrino? 
Contemplando  en  el  mar  la  luz  sombría 
que  deja  el  claro  luminar  del  día 
al  terminar  su  espléndido  camino- 


136  OBKAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Mentira  pasajera  de  una  llama 
que  se  ha  extinguido  ya...  así  una  risa 
en  un  pálido  rostro  se  divisa 
rota  ya  del  placer  la  frágil  trama. 

¿Mas,  por  qué  asoma  al  contemplar  la  tarde 
una  gota  á  su  lánguida  pupila, 
que  en  el  párpado  trémula  vacila 
de  sensibilidad  haciendo  alarde? 

¿Por  qué?  porque  las  horas 
de  Carlos  son  aquellas 
en  que  la  tarde  vierte 
su  parda  claridad, 
y  aquellas  en  que  bañan 
la  luna  y  las  estrellas 
de  pálidos  colores 
la  quieta  inmensidad*. 

Con  ellas  enlazada 
la  historia  de  su  vida, 
suspira  al  contemplarlas 
su  triste  corazón; 
y  escucha  por  el  éter 
la  voz  de  su  querida 
en  la  primer  palabra 
de  su  primer  pasión. 

De  aquella  criatura 
destello  de  los  cielos 
aurora  que  asomaba 
con  la  postrera  luz; 
á  repetir  temblando 
su  amor  y  sus  recelos, 
ante  la  faz  sagrada 
de  misteriosa  cruz  (6). 


CANTOS  DEli  PEREGRINO  131 

Y  todo  cuanto  bello 
lo  encadenó  á  la  vida, 
las  horas  de  la  tarde 
le  traen  al  corazón... 
La  luz  se  desvanece, 
y  pulsa  conmovida 
la  lira,  de  las  ondas 
al  misterioso  son. 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


CREPÚSCULO 

Con  el  color  de  la  torcaz  y  el  lirio 
tranquillas  nubes  el  espacio  pueblan, 
y  allá  el  confin  del  horizonte  inundan 
ondas  de  fuego  que  en  la  mar  reflejan. 

Guardado  el  rostro  en  azulados  velos 
cae  á  su  ocaso  la  vital  lumbrera, 
pero  el  cabello  destrenzado,  flotan 
en  sierpes  de  oro  sus  brillantes  hebras. 

Púrpura  y  oro  en  el  ocaso  brillan 
entre  celajes  de  enlutada  niebla, 
como  entre  el  manto  de  la  negra  duda 
los  bellos  sueños  do  la  edad  primera. 

Púrpura  y  oro  en  el  ocaso  brillan; 
y  frente  á  frente  de  la  luz  postrera 
paso  tras  paso  con  semblante  adusto 
la  obscura  noche  al  firmamento  trepa. 


138  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Así  las  esperanzas  alumbraion 
mi  joven  corazón;  así  con  ellas 
la  gloria  y  el  amor  se  reflejaban 
sobre  las  flores  de  mi  incierta  huella. 

Así  vino  después,  como  la  noche, 
el  desencanto  á  obscurecer  la  senda; 
y  de  gloria  y  de  amor  y  de  esperanzas 
un  crepúsculo  vago  se  conserva. 


CANTO  DEL  PEREGRINO 

DESENCANTO. 

I 

Mi  sueño  de  oro 
en  noche  ingrata, 
¡ay!  fué  del  Plata 
la  libertad; 
y   de  mis  ansias 
el  paraíso, 
¡ay!  fué  el  hechizo 
de  la  beldad. 

II 

Mas  ¡ay!   mi  patria 
recuerda  apenas 
que  entre  cadenas 
su  cuello  está; 
y  acostumbrada 
la  sien  al  yugo, 
ni  á  su  verdugo 
maldice  ya! 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  139 

III 

Mas  ¡ay!  el  astro 
de  mis  amores 
sus  resplandores 
obscureció; 
y  entre  las  sombras 
del  desencanto, 
mi  postrer  llanto 
se  deslizó. 

IV 

El  alma  tibia, 
Hoja  la  mente 
indiferente 
muevo  mi  pie; 
que  en  lo  más  hondo 
del  pecho  mío, 
dejó  un  vacío 
mi  yerta  fe. 

V 

Cual  verde  rama 
que  el  viento  quiebra 
y  en  débil  hebra 
cayendo  está, 
así  mi  vida 
se  tiene  leve, 
en  soplo  bró  ,re 
que  vuela  ya. 
VI 

Y  no  del  Plata 
la  luna  hermosa, 
dará  en  mi  losa 
pálida  luz; 


OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

y  no  en  mi  pobre 
tumba  extranjera 
habrá  siquiera 
benigna  cruz. 

VII 

Bello  es  el  mundo, 
bello  es  el  día, 
y  el  alma  mía 
la  eternidad: 
alma  que  late 
desencantada, 
en  su  rosada 
temprana  edad. 


Y  el  arpa  del  Peregrino 
enmudeció  el  desencanto, 
interrumpido  su  canto 
por  un  ¡ay!  del  corazón... 
Descansó  el  rostro  en  su  manos 
y  desagotado  el  seno, 
alzó  la  sien  más  sereno 
y  cantó  en  lúgubre  son. 

Canto  sentido — del  alma — - 
imagen  fiel  y  sombría 
de  la  palidez  del  día 
que  vio  morir  en  el  mar; 
canto  del  que  todo  ha  visto 
desparecer  paso  á  paso, 
como  se  ve  en  el  ocaso 
la  lumbre  crepuscular. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  141 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


A  EMILIA 

En  cada  instante  de  la  triste  vida 
liemos  dicho  un  ¡adiós!  á  una  esperanza; 
todo  es  ¡adiós!  ¡adiós!  y  no  se  alcanza 
sino  en  la  tumba  el  postrimer  ¡adiós! 

Esta  palabra  en  el  dintel  del  cielo, 
nos  la  sentencia  el  Dios  que  nos  destierra, 
y  la  vamos  diciendo  por  la  tierra 
en  cada  paso  con  oculta  voz. 

Todo  es  ¡adiós!  en  el  presente,  todo; 
y  la  vida,  vasalla  del  pasado, 
no  tiene  más  derecho  consagrado 
que  el  del  recuerdo  para  más  llorar. 

¡Emilia!  ¿Dónde  estás?  Tu  pobre  hermano 
ya  no  parte  contigo  su  destino 
y  huérfano,  infeliz  y  peregrino 
suspira  solo  sobre  el  ancho  mar 

Voláronse  los  plácidos  momentos 
de  nuestra  infancia  y  juventud  tranquila 
y  el  llanto  nos  empaña  la  pupila 
sin  que  uno  al  otro  consolando  esté. 

¡Ay,  cómo  te  preciso!  Más  que  nunca 
pesa  en  mis  hombros  mi  cansada  frente, 


142  ORRAS  D3  JOSÉ  MÁRMOL 

y  sólo  en  torno  mío  extraña  gente 
mi  alma  do  quiera  suspirando  ve! 

¡Cómo  he  sufrido,  Emilia!  ¡Cómo  sufr 
Don  ese  desamor  amargó  y  frío, 
que  contemplo  doquier  en  redor  mió 
sin  ver  mis  lares  ni  escuchar  tu  voz! 

¡Cuan  amargos,  injustos  desengaños! 
¡Cuánto  mi  corazón  ha  suspirado! 
Y  tú  no  lo  sabrás,  pero  ha  llorado 
con  agrio  llanto  tu  postrer  adiós. 

Y  más  y  más  la  fortuna 
siempre  ensañada  conmigo 
vame  llevando  consigo 
¿adonde,  hermana?  no  sé. 
Hoy  por  el  mar  batallando 
con  viento  y  olas  bravias, 
mañana  con  cerranías, 
por  los  desiertos  después. 

¡Ah,  hermana  mía!  ¡Si  vieras 
qué  pálida  está  mi  frente, 
cómo  enseña  transparente 
la  llaga  del  corazón! 
¡Qué  marchito  mi  semblante, 
qué  blancos  ya  mis  cabellos! 
¡Ah,  hermana!  ¿Qué  es  de  aquellos 
dulces  instantes  de  amor? 

Pasaron  ya.  ¿Los  recuerdas? 
pobres  nacimos:  ninguna 
sonrisa  de  la  fortuna 
nos  acarició  jamás. 
Pero  el  pan  de  nuestra  madre 
con  su  desvelo  comprado, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  143 

comíamos  á  su  lado 

sin  lágrimas  que  enjugar. 

Pronto  llévenosla  al  cielo 
pura,  santa,  idolatrada, 
y  en  orfandad  desgraciada 
quedamos  niños  los  dos. 
¡Cómo  era  buena!  lloremos, 
lloremos  siempre,  mi  hermana^ 
aquella  madre  tan  sana 
tan  pura  de  corazón. 

¡Aquella  madre  que  al  vernos 
pasar  tan  pobres  la  vida, 
iba  á  llorar  escondida 
por  no  causarnos  pesar! 
¡Ay,  cuántas  veces  dormidos 
nos  besaría  en  el  lecho, 
hinchado  de  llanto  el  pecho 
y  el  labio  sin  murmurar! 

Solos  quedamos,  y  vimoa 
nuestros  juveniles  años, 
siempre  en  medio  á  los  extraños 
vivienda  para  los  dos. 
Pero  á  lo  menos  tu  risa 
con  otra  risa  se  hallaba, 
y  mi  lágrima  encontraba 
otra  lágrima  de  amor. 

Perdí  mi  patria.  La  vida 
comencé  del  peregrino; 
vida  errante  sin  destino, 
sin  horizonte,  sin  fin. 
Y  en  ese  infortunio  santo 
de  los  proscritos,  ¡cuan  bella 
resplandecía  mi  estrella 
desterrado  i  unto  á  ti! 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  145 

ni  manchas  mi  pura  frente 
con  la  calumnia  ¿es  verdad? 
¡Oh!  nunca,  nunca.  En  el  mundo 
í  donde  lloro  desvalido, 
tú  sola  me  has  comprendido 
y  tú  me  quedas  no  más.  (7) 

Como  yo  nadie  presentó  á  los  hombres 
un  corazón  más  candido  ni  puro, 
ni  más  limpio  de  mancha  en  tiempo  impuro 
nadie  tampoco  mostrará  la  sien. 

Con  raudales  de  amor  el  pecho  mío 
del  corazón  las  fuentes  inundaba 
y  del  polvo  hasta  el  sol  se  derramaba, 
siendo  mi  gloria  y  religión,  querer. 

Mas  ¡ay!  hermana,  me  avergüenzo  acaso 
del  excesivo  amor  del  alma  mia. 
No  puede  aborrecer;  pero  está  fría, 
desencantada,  sin  poder  amar. 

Esos  hombres  que  claman  entusiastas 
el  fraternal  amor  que  en  su  alma  sienten, 
todos  mienten,  hermana,  todos  mienten; 
cálculo  siempre,  pero  amor,  jamás. 

i 

-  Nunca  mi  corazón  buscó  los  hombres 

sin  encontrar  ingratos;  un  amigo 
tuve  de  la  niñez;  yo  le  bendigo, 
y  no  recuerdo  su  inconstancia,  no. 


*  Ni  un  hálito  de  amor  debo  á  mi  patria 
y  todo  cuanto  soy  debo  á  mí  mismo: 
íué  de  grillos  mi  cívico  bautismo 
y  solamente  mi  esperanza,  Dios. 

Mármol. — 10 


OBRAS  ÜEJOSE  MARMOL 

Seguiré  los  reflejos  de  mi  estrella 
sin  referir  á  nadie  mi  destino, 
y  el  que  quiera  alcanzarme  en  mi  camino 
las  flores  coja  que  dejando  iré. 

Si  no  me  inspira  el  hombre, ¿qué  me  importa? 
Yo  tengo  el  mar,  las  nubes  y  los  vientos 
y  un  eterno  jardín  de  pensamientos, 
rica  corona  de  mi  joven  sien. 

Ahí  está  Dios  y  América  la  virgen; 
el  Andes  y  su  cóndor  y  su  hielo; 
imágenes  poéticas  del  cielo 
con  que  á  la  bella  Libertad  pinté. 

Ahí  está  el  porvenir;  en  él  mi  patria, 
la  patria  rica  de  opulenta  gloria, 
no  ese  rincón  ingrato  á  la  memoria 
que  baña  el  Plata  con  vergüenza  hoy. 

Pues  hay  inspiración,  venga  la  lira, 
yo  viviré  burlando  mi  destino, 
y  el  que  quiera  alcanzarme  en  mi  camino 
las  flores  coja  que  dejando  voy. 

¡Adiós!  mi  adorada,  mi  sincera  hermanaj 
¡adiós!  y  á  tu  amigo  no  olvides  jamás; 
¡quién  sabe  si  acaso  te  cuentan  mañana 
que  sólo  en  el  cielo  mirarme  podrás! 

Yo  sé  que  mi  vida  se  exhala  marchita 
cual  flor  en  desierto  que  el  sol  abrasó, 
yo  sé  que  la  llama  que  el  alma  me  irrita 
las  fuentes  de  vida  temprano  secó. 

¡Quién  sabe  qué  tierra  me  cubre  extranjera! 
¡quién  sabe  si  tiene  mi  tumba  una  cruz 
que  en  medio  á  la  noche  la  parda  lumbrera 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  147 

alumbre  tranquila  con  pálida  luz! 

¡Feliz  si  entibiara  la  cruz  de  mi  fosa 
el  sol  que  en  mi  cuna  doraba  mi  sien! 
¡Feliz  si  á  su  lado  creciera  una  rosa 
del  agua  del  Plata  regada  también! 

No  olvides,  Emilia,  jamás  á  tu  amigo 
y  ten  si  le  nombras  orgullo  de  ti. 
¡Ay!  ¡si  alguien  llevara  mi  nombre  consigo 
no  herede  mi  suerte  pero  mi  alma  si! 

¡Adiós!  mi  querida,  mi  sincera  hermana, 
de  en  medio  á  las  ondas  te  envío  mi  ¡adiós! 
si  nunca  nos  une  la  suerte  tirana, 
que  el  mundo  te  quiera,  bendígate  Dios. 


CANTO  SEXTO 


Al  Sr.  Dr.  D.  Diógenes  TJr quiza 


dedica  él 


Sexto  Canto  del  Pebegbino- 


Su  amigo 


José  MIhmoe» 


CANTO  SEXTO 


A  LA  LUNA 

Duerme  tranquilo  el  mar  sueño  profundo 
sin  que  agite  su  sien  brisa  importuna, 
y  se  levanta  la  redonda  luna, 
como  el  ojo  de  Dios  mirando  al  mundos 

Un  finísimo  rayo  de  su  frente 
llega  trémulo  al  borde  del  navio, 
y  en  la  espalda  del  liquido  sombrío 
se  mueve  cual  bellísima  serpiente. 

Al  astro  envuelve  cenicienta  nube, 
y  de  la  lumbre  de  su  frente  luego* 
más  el  reflejo  que  la  sombra  sube 
y  el  linde  dora  en  espiral  de  fuego. 

Sigue  trepando  en  carro  de  diamantes 
al  cénit  de  la  bóveda  azulada, 
y  la  sierpe  se  expande,  y  transformada 
queda  en  lago  de  chispas  rutilantes. 

¿Qué  mágico  pincel  pintar  podría 
un  solo  rayo  de  su  luz  hermosa? 


OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

¿En  qué  tinta  el  color  encontraría 

de  un  arrebol  entre  una  nube  umbrosa? 

Si  el  dulce  ruiseñor  de  Lo 3  Consuelos 
pisara  este  bajel,  él  te  cantara, 
tímida  virgen,  en  los  altos  cielos 
de  suspiros  y  lágrimas  avara. 

Y  á  su  voz  de  letal  melancolía 
murmurara  de  amor  el  mar  sombrío, 
y  en  torno  se  agolparan  del  navio 
los  peces  á  la  dulce  melodía. 


¿A  quién  buscas  viajera  de  la  noche, 
sobre  este  llano  de  aridez  eterna, 
do  nunca  al  rayo  de  tu  luz  tan  tierna 
abre  una  flor  su  perfumado  broche; 

do  nunca  una  beldad  triste  suspira 
de  su  balcón  en  las  heladas  rejas, 
y  al  dar  al  viento  sus  sentidas  quejas 
alza  sus  ojos  y  tu  rostro  mira; 

do  nunca  una  mujer  junto  á  una  losa 
hincada  llora  su  perdido  fruto, 
pagando  el  triste  maternal  tributo 
bajo  tu  luz  tranquila  y  misteriosa; 

donde  no  hay  sino  espacios  infinitos, 
brisas  que  corren  las  llanuras  solas, 
y  el  lúgubre  quejido  de  las  olas 
bajo  los  rayos  de  tu  luz  benditos? 

Gracias,  ángel  que  velas  los  pesares, 
casta  beldad  de  adormecidos  ojos, 


CAÑÓOS  DEL  PEKEGRtXO  15'J 

tú  calmas  dulcemente  los  enojos 
del  viajador  errante  de  los  mares. 

El  conmovido  mar  se  magnetiza 
tocado  apenas  por  tu  blanco  rayo, 
y  al  contemplar  su  lánguido  desmayo 
pliega  sus  alas  con  temor  la  brisa. 

Como  genio  del  mar  el  bajel  vuela, 
murmurando  las  olas  mansamente, 
y  el  triste  marinero  alza  la  frente 
á  ver  tus  rayos  en  la  blanca  vela. 

¡Bendita,  entonces,  tu  tranquila  lumbre, 
del  sol  ardiente  pálida  memoria!       -v. 
Ella  trae  de  nuestra  misma  historia 
recuerdos  mil  en  grata  muchedumbra 

Uno  derrama  silencioso  llanto, 
otro  canciones  de  su  patria  canta; 
pero  todos  recuerdan,  virgen  santa^ 
en  el  bajel  bajo  tu  dulce  encanto. 

Ya  estás  en  el  cénit;  bendita  seas. 
Ya  iluminac  la  sien  del  Peregrinoj 
ya  escucharás  su  amor  y  su  destino 
cuando  en  tu  rostro  sus  miradas  voas^ 

Oyó,  casta  beldad,  perla  del  cielo, 
el  ¡ay!  de  un  corazón  que  Dios  no  quiso 
que  el  molde  original  en  que  lo  hizo 
diese  otro  semejante  al  triste  suelo. 

Oye  de  su  dolor  las  justas  quejas 
en  el  albor  de  su  infelice  vida, 
y  toque  y  cierre  su  profunda  horid^ 
el  dulce  rayo  que  do  Dios  reflejas. 


154  OBRA&  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Aquí  desde  un  bajel  perdidos  llora 
amor  y  patria  y  juventud  temprano, 
y  al  arrullo  del  viento  y  del  Océano 
pulsa  su  lira  y  la  esperanza  implora* 

Es  benigna  tu  luz,  cual  la  mirada 
de  tierna  madre  á  desgraciado  hijo, 
ven,  y  en  su  pecho  su  dolor  prolijo 
cálmale  con  tu  luz  inmaculada. 

Su  amante  madre  le  robó  la  muerte: 
á  su  tierra  natal  la  tiranía; 
y  del  mundo  también  la  hipocresía 
robó  su  amor  y  su  temprana  suerte. 

Huérfano  como  el  lirio  del  desierto 
lo  abrasa  el  sol  y  el  viento  lo  deshoja; 
ven,  blanca  luna,  ven,  y  su  congoja 
hable  y  suspire  con  tu  rayo  incierto. 


A  LAS   ESTRELLAS 


EN  EL  MAR 

Sobre  la  mar  tranquila 

suavemente  vacila 
la  blanca  luz  de  la  lumbrera  hermosa 

Rutilan  las  estrellas 

y  el  mar  á  todas  ellas 
las  duplica  en  su  frente  majestuosa. 

Alli  están  chispeantes 
los  fulgidos  diamantes 


CANTOS  BEL  PEREGRINO  155 

del  manto  azul  del  César  de  los  cielos. 

Con  quienes  los  querubes 

juegan  entre  las  nubes 
sus  luces  apagando  con  sus  velos. 

Allí  está  ese  misterio 

del  eternal  imperio 
en  todo  su  esplendor  y  poesía: 

allí  están  los  puñados 

de  mundos  inflamados 
que  tiró  Dios  sobre  la  noche  umbría. 

Allí  están,  como  fueran, 

cuando  juntos  cayeran 
á  la  urna  sin  fin  del  Universo; 

cual  serán  en  la  hora, 

en  que  anuncie  sonora 
la  trompeta  final  el  día  adverso. 

Allí  están  sin  asiento, 

por  el  divino  aliento 
suspendidos  en  medio  del  espacio, 

y  con  magia  encantada 

arrastrando  imantada 
á  la  mente  sus  rayos  de  topacio, 

¿Qué  magnético  encanto 

irresistible  y  santo 
hay  en  vosotras,  trémulas  estrellas, 

que  robáis  con  cariño 

las  sonrisas  al  niño, 
y  al  anciano  recuerdos  y  querellas?' 

¿Qué  relación  existe 
entre  este  mundo  triste 
y  vosotras,  alegres  y  radiantes? 
¿Qué  tiene  vuestro  rayo 


156  OBRA  S  DB  JOSÉ  MÁRMOL 

con  el  mortal  desmayo, 
con  las  penas  del  hombre  palpitantes? 

Decidme:  vuestra  lumbre 
de  grata  mansedumbre 

¿tiene  algo  de  común  con  los  mortales? 
¿Vuestros  rayos  supremos 
acercan  los  extremos 

del  hombre  y  de  los  seres  divinales? 

¿O,  cual  dicen  las  fablas 
de  las  antiguas  hablas, 

sois  de  todos  clarísimos  destinos, 
y  cuando  nace  un  hombre 
lleva  un  astro  su  nombre 

y  le  marca  en  la  tierra  su  camino? 

Si  lo  sois,  descubridme 
el  misterio,  y  decidme: 

cuáles  los  astros  son  de  los  tiranos, 
y  podré  aunque  de  lejos 
maldecir  sus  reflejos, 

ya  que  no  sofocarlos  con  mis  manos. 

Y  señaladme,  cuáles 

con  rayos  virginales 
son  los  que  alumbran  la  virtud  sagrada, 

para  poner  mis  sienes 

á  recibir  los  bienes 
de  su  divina  lumbre  inmaculada. 

Enseñadme  cuál  fuera, 
quien  á  mi  patria  hiciera 

surgir  brillante  de  su  noche  umbría; 
para  clavar  mis  ojos 
en  su  rayo,  y  de  hinojos 

veneración  rendirle  el  alma  mía. 


CANTOS  DEL  PEREGRIMO  157 

Y  cual  la  roja  estrella 
que  sus  rayos  destella 

en  su  senda  de  lágrimas  ingrata; 

para  pisar  contento 

sus  rayos  un  momento 
en  el  agua  ó  cristal  que  los  retrata. 

Y  del  triste  destino 
del  pobre  Peregrino 

¿cuál  es,  decid,  la  inapiadada  estrella? 

¡Ay!  ¿será  aquella  acaso 

que  se  hunde  en  el  ocaso, 
las  ondas  de  la  mar  tocando  en  ella? 

¡Cuántas  veces  al  lado 

de  su  idolo  adorado, 
allá  en  las  noches  de  su  patria  hermosa, 

«esa  es  nuestra,  » decía, 

enseñando  á  María 
en  el  cénit  azul  la  más  preciosa! 

Y  fijando,  la  bella,      s 
sus  ojos  en  la  estrella, 

«que  velen  nuestro  amor  sus  resplandores» 

decía  en  embeleso,^ 

recibiendo  en  un  beso 
el  premio  á  sus  angélicos  amores. 

¿Dónde  están  las  dulzuras 

de  esas  horas  tan  puras 
deslizadas  en  tiempo  cristalino9 

¿Dónde  el  bello  tesoro 

de  los  delirios  de  oro? 
¿dónde  la  juventud  del  Peregrino? 

¿Dónde  está  la  querida 


158  OBRAS  £>E  JOSÉ  MÁRMOL 

de  su  temprana  vida? 

¿Dónde  en  el  cielo  la  preciosa  estrella? 
¡Ay!  ¿será  aquella  acaso 
que  se  hunde  en  «1  ocaso 

las  ondas  de  la  mar  tocando  en  ella? 


Viene  el  día 
quieto  el  cielo, 
no  hay  un  velo 
ni  un  indicio 
de  impropicio 
vendaval. 

Fresca  brisa 
mueve  el  pino 
en  camino, 
balanceando, 
coqueteando 
con  el  mar. 

Olas  leves 
con  espumas 
como  plumas 
de  rizada 
nacarada 
redondez, 

á los  bordes 
de  la  nave 
en  suave 
curso  llegan, 
y  se  pliegan 
á  su  pie. 

Y  del  barco 
por  las  huellas 
cantan  ellas 


CANTOS  T>BL  PEEEÍ&KrK© 

dulce  canto, 
como  llanto 
de  torcaz, 

ó  mormuran 
de  que  aliente 
quien  valiente 
turbe  el  sueño 
halagüeño 
de  la  mar. " 


Ya  ves© 
^ao  sube 
la  nube 
que  forman, 
de  pardos 
colores, 
vapores 
del  mar. 

Y  hendiendo 
á  la  fina 
neblina 
la  vista, 
se  puede 
la  frente 
de  oriente 
mirar. 

Un  tenue 
rosado 
pintado 
se  mira, 
al  borde 
lejano 
del  llaaió^ 
del  mar.  • 


160  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Y  un  arco 
de  plata 
dilata 
sus  luces 
en  débil 
anillo 
de  brillo 
fugaz. 


Aun  en  tinieblas 
tristes  y  solas, 
sobre  las  olas 
corre  el  bajel. 
Un  día  nuevo 
ya  se  divisa 
y  fresca  brisa 
viene  con  él. 

Es  la  paloma 
que  se  despierta 
y  corre  incierta 
por  ver  el  sol: 
es  el  jilguero 
del  Océano, 
que  canta  ufano 
el  arrebol. 

En  el  velamen 
y  los  cordajes, 
forma  paisajes 
la  media  luz; 
son  la  arboleda 
del  mar  desierto, 
do  asoma  incierto 
débil  trasluz. 


Sobre  la  popa 
el  Peregbino, 


•CANTOS  DEL  PEREGRINO  161 

ve  el  matutino 
suave  color; 
su  mies  el  alma, 
su  hoz  los  pesares, 
y  es  de  los  mares 
el  labrador. 


El  alba  una  por  una 
tipaga  las  estrellas, 
y  pálida  la  luna 
■desmáyase  con  ellas. 

Y  al  borde  de  occidente 
•corre  á  ocultarse  fría, 
por  no  mirar  la  frente 
del  que  ilumina  el  día. 

El  que  la  da  un  tesoro 
•de  pura  luz  preciosa, 
llega  en  su  carro  de  oro 
"para  mirar  su  hermosa; 

pero  es  mujer  la  luna, 
y  es  como  tal,  ingrata, 
sin  compasión  alguna 
con  quien  mejor  la  trata. 

Cual  de  virgínea  frente 
la  juvenil  tersura, 
se  esparce  en  el  oriente 
bellísima  blancura. 

Un  rayo  de  la  aurora 
la  nitidez  esmalta, 
y  el  cielo  se  colora 
y  el  agua  se  esmeralta. 

-lármol.— 11 


162  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMO.li 

La  nave  está  plateada 
con  un  reflejo  vago, 
y  muellemente  nada 
cual  cisne  sobre  un  lago. 

Y  el  joven  Peregrino 
contempla  indiferente 
un  día  sin  destino, 
un  alba  sin  oriente. 

Sus  ojos  al  ocaso 
de  vez  en  cuando  gira, 
pero  aun  el  tardo  paso 
de  la  tiniebla  mira. 

¿Qué  quiere  tras  las  solas, 
las  únicas  tinieblas? 
¿Qué  maga  de  las  olas 
procura  entre  las  nieblas? 

¿Qué  inspiración  creadora 
su  ojo  en  el -mar  procura, 
que  no  está  de  la  aurora 
bajo  la  luz  tan  pura? 

¡Ay!  que  en  la  ciencia  sabe, 
y  en  el  latir  del  pecho, 
que  no  pasó  la  nave 
la  altura  del  Estrecho; 

y  que  la  mar  quebrada 
que  al  occidente  viera, 
bien  cerca  y  bien  amada 
le  anuncia  una  ribera!! 

Mudo  su  labio  luego 
y  hablando  el  corazón, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  163 

reza  en  secreto  un  ruego 
en  tímida  oración. 


ORACIÓN  DEL  PEREGRINO 


Gloria,  Dios,  que  de  tu  boca 
á  los  hálitos  fecundos, 
la  nada  brotara  mundos 
y  las  tinieblas  la  luz! 
¡Grloria  á  ti,  gloria  á  tu  hijo, 
que  en  horas  de  sed  y  muerte 
vino  á  darnos  agua  y  suerte 
con  la  sangre  de  la  cruz! 

Bajo  las  bóvedas  puras 
del  templo  de  la  mañana, 
postrada  mi  alma  cristiana 
sube  á  ti  mi  corazón. 
Y  en  medio  á  los  valladares 
solísimos  de  un  océano, 
escucha,  Dios  Soberano, 
mi  purísima  oración. 

Perdón,  Señor,  para  aquellos 
que  olvidan  tu  santo  nombre, 
y  tu  bendición  al  hombre 
que  te  busca  en  su  orfandad. 
Tus  ojos  vuelve  á  este  mundo 
que  rueda  en  tiniebla  umbría, 
y  llegue  á  la  patria  mía 
un  rayo  de  claridad. 


134  OBRAS  DE  J03E  MÁRMOL 

Luz  á  mi  patria,  Dios  buono, 
y  el  fuego  de  tu  mirada 
sobre  la  tierra  yermada 
seque  la  sangre  infeliz. 
Paz  y  amor  en  mis  hermanos; 
odio  y  penas  al  olvido; 
abrazo  al  que  fué  vencido; 
abrazo  al  que  fué  feliz. 

En  sola  una  sien  fulmina 
el  rayo  de  tu  venganza, 
pues  si  tu  perdón  alcanza 
fuera  un  crimen  tu  perdón. 
Los  árboles  lloran  sangre, 
las  rocas  del  Plata  gimen. 
Señor,  por  tan  negro  crimen 
no  ruega  mi  corazón. 

Y  mientras  llegan  los  días 
de  paz  y  de  amor  benditos, 
vela,  Señor,  los  proscritos 
en  su  santo  padecer. 
Que  unos  al  hielo  del  tiempo, 
y  otros  al  de  sus  congojas, 
todos  van  viendo  las  hojas 
de  la  esperanza  caer. 

Niños  dejamos  la  patria, 
y  vamos  llegando  á  viejos, 
siempre  en  borrasca  y  más  lejos 
del  puerto  de  salvación. 
Nos  va  cubriendo  uno  á  uno 
la  tierra  del  extranjero. 
;¡Ay!  ¡que  la  fe  no  es  de  acero! 
Tennos,  Señor,  compasión. 

Queremos  paz  y  justicia, 


CASTOS  DEL  PEREGRINO  165 

¿no  somos,  Señor,  cristianos? 
Maldecimos  los  tiranos, 
¿no  os  complacemos,  Señor? 
Gloria  ¡Dios!  pues  si  el  destino.- 
todo  á  mi  patria  ha  robado, 
tu  bondad  le  lia  conservado 
en  nosotros  el  honor. 

Y  á  mí  que  en  batirmo  se  place  el  destino 
cual  baten  la  nave  los  vientos  y  el  mar; 
á  mí  que  me  cansa  mi  errante  camino 
sintiendo  la  fuerza  de  mi  alma  cesar; 

A  mí,  Dios  bendito,  tus  justos  enojos, 
ya  sé  que  no  es  mucha  mi  humana  virtud. 
Castiga  mi  vida,  mas  no  mis  despojos, 
te  pido  en  mi  patria  mi  pobre  ataúd. 

Abrió  el  alba  sus  puertas  de  plata 
sobre  goznes  de  perla  y  topacio, 
y  mostró  de  la  aurora  el  palacio 
sostenido  en  las  olas  del  mar. 
Sus  jardines  de  luces  esparcen 
muchedumbre  de  rayos  por  flores 
que  matizan  con  tenues  colores 
de  los  cielos  el  limpio  cendal. 

Olas  y  olas  y  espacio  do  quiera, 
y  en  el  centro  del  mar  una  pira 
cuya  llama  en  boreales  expira, 
en  el  cénit  y  al  fondo  del  mar. 
Salve,  espléndida  virgen  del  día; 
maravilla  que  el  mar  atesora; 
¡ay,  si  el  genio  del  mar  se  enamora 
en  su  amante  tu  rara  beldad! 

Eres  bella  mirada  en  los  campos 


OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

entre  cuna  de  bosques  y  lomas, 
nías,  ¡cómo  eres  sublime  si  asomas 
sostenida  en  las  olas  del  mar! 
¿Quién  os  pinta  las  mil  espirales 
de  esos  juegos  de  luz  diferente, 
cual  las  aguas  de  artística  fuente 
que  se  escapan  en  giro  fugaz? 

Allí  están  los  colores  del  iris; 
allí  brillan  del  ópalo  aquellos, 
reflejando  su  luz  todos  ellos 
en  la  hermosa  esmeralda  del  mar. 
Te  descubres  y  el  alma  se. alegra, 
y  en  secreto  se  expande  la  vida, 
pues  en  ti  y  en  las  flores  se  anida 
misterioso  un  aliento  vital. 

¡Ay,  de  aquel  que  al  mirarte  no  siente 
de  esperanzas  y  amor  un  destello 
y  de  Dios  no  comprende  lo  bello 
cuando  doras  los  cielos  y  el  mar! 
Son  los  lazos  del  hombre  y  el  ángel, 
de  la  aurora  los  bellos  colores, 
la  armonía,  la  tarde,  las  flores 
y  la  casta  y  risueña  beldad. 

¡Salve,  salve,  magníñca  aurora, 
cabellera  de  alado  querube 
que  esparrama  sus  rizos,  y  sube 
de  bañarse  en  el  centro  del  mar! 
Allí  está  un  laberinto  de  rosas; 
allí  cisnes  en  lago  azulado, 
salve,  salve,  bosquejo  alumbrado 
del  jardín  primitivo  de  Adán! 

Que  no  invada  tu  plácido  alcázar 
el  soberbio  monarca  del  día, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  167 


jay!  que  entonces  la  bella  arquería 
cae  deshecha  en  las  olas  del  mar! 
Que  sus  rojas  oleadas  de  rayos 
no  derrame  en  tus  suaves  jardines 
¡ay!  que  entonces  los  blancos  jazmines 
y  las  rosas  quemadas  serán! 

Sí,  conserva  tu  ramo  de  luces 
en  su  hermoso  jarrón  de  esmeralda, 
y  una  flor  llevará  á  su  guirnalda 
quien  recoge  las  flores  del  mar. 
Quien  con  alma  y  con  ojos  cansados 
teme  al  sol  y  las  sombras  adora, 
y  la  luz  la  procura  en  la  aurora 
ó  en  la  tarde,  la  noche  al  llegar. 


Ya  la  candida  luz  de  la  mañana 
despareció  en  los  límites  de  oriente, 
y  en  su  pomposo  pabellón  de  grana 
descubrió  el  sol  su  poderosa  frente. 

Ya  perdióse  la  plácida  y  tranquila 
cambiante  luz  de  la  risueña  aurora, 
y  al  fijarse  en  oriente  la  pupila, 
herida  por  el  sol  trémula  llora. 

Así  se  desvanece  al  puro  y  tiernt» 
primer  albor  del  corazón  humano, 
cuando  de  las  pasiones  el  infierno 
alza  en  el  alma  su  poder  mundano. 

Eres  creador,  ¡oh  sol!   en  tu  camino 
hombres  y  mundos  con  placer  te  miran; 
gracias  por  los  demás.  El  Peregrino 
sólo  canta  tus  rayos  cuando  expiran. 


168  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Ama  la  tarde  como  busca  y  ama 
en  pudorosa  virgen  la  tristeza, 
y  á  su  alma  choca  tu  radiante  llama 
corno  mujer  de  lúbrica  belleza. 

Foco  eterno  de  luz,  padre  del  día, 
el  mundo  adora  tu  esplendente  huella,, 
gracias  por  los  demás:  Cáelos  daría 
cien  soles  como  tú  por  una  estrella. 

Ostenta  el  genio  sus  lujosas  galas 
en  el  tranquilo  reino  de  la  noche; 
el  amor  y  la  fe  baten  sus  alas, 
y  abre  la  flor  su  delicado  broche. 

Carlos  contempla  en  tu  brillante  imperio» 
la  inspiración  de  su  alma  sin  colores, 
llorar  su  amor  la  ausencia  del  misterio, 
y  heridas  por  tu  luz  morir  las  flores. 

Es  un  hombre  no  más  bajo  tu  lumbre,, 
y  en  medio  de  la  noche  es  un  poeta: 
lo  arrastra  con  tu  luz  la  muchedumbre, 
y  es  sólo  y  ángel  en  la  noche  inquieta. 

Jamás  le  diste  inspiración  ninguna. 
ni  hojas  de  mirto  á  su  secreta  historia,, 
y  debe  al  rayo  de  la  blanca  luna 
mucha  felicidad  y  mucha  gloria. 

Pasa  sobre  el  cénit,  rey  de  los  astros,, 
baña  de  luz  tu  espléndido  camino, 
que  no  hecha  flores  en  los  claros  rastros- 
el  obscuro  y  altivo  Peregrino. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  ICO 


CANTO  DEL  PEREGRINO 

SÚPLICA 

Espíritus  del  alma  que  conducís  la  mente 
con  misteriosas  alas  más  lejos  del  presente, 
más  lejos  de  las  cosas  que  nuestros  ojos  ven; 
y  donde  ya  la  lumbre  del  porvenir  vacila, 
y  donde  con  su  rayo  no  alcanza  la  pupila, 
llegáis  y  con  vosotros  el  ánima  también: 

Venid,  y  arrebatada  mi  herida  fantasía, 
que  llegue  en  vuestras  alas  hasta  la  patria  mía 
tras  las  obscuras  rocas  que  miro  en  confusión. 
Son  ellas  de  mi  patria  la  poderosa  mano 
que  en  el  confín  detiene  las  ondas  del  Océano 
para  escudar  los  prados  que  habita  ei  patagón. 

Arrebatadme  el  alma  para  poder  de  hinojos, 
reverenciar  la  tierra  que  niegan  á  mis  ojos, 
empero  que  es  mi  patria,  la  dicha  de  mirar. 
Y  pueda  con  la  mente  palpar  esos  parajes, 
de  virgen  poesía  magníficos  paisajes, 
que  están  tras  de  las  rocas  que  miro  desde  el  mar. 

Y  pueda  con  la  mente  mirar  en  sus  regiones 
aquellos  colosales  soberbios  patagones, 
sin  freno  dominando  su  indómito  corcel; 
y  cual  la  rauda  flecha  de  su  carcax  de  cuero, 
y  cual  las  raudas  alas  del  silbador  pampero, 
pasar  de  los  desiertos  el  último  dintel. 


170  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

En  su  tostada  frente  las  coloradas  plumas 
y  piedras  cristalinas  que  cubren  las  espumas 
del  mar  que  se  derrama  por  el  Estrecho  allí: 
en  el  nervoso  brazo  la  desmedida  lanza; 
y  en  los  desnudos  hombros  el  ancho  quillapí. 

Y  verlos  en  la  tarde,  cuando  la  tribu  acampa 
de  soledad  rodeada  sobre  la  inmensa  pampa, 
huyendo  á  su  presencia  los  potros  y  el  yajá 

y  verlos  sin  .cuidarse  de  huella  ni  de  rastro, 
confiados  en  su  marcha,  del  brillo  de  algún  astre 
que  asoma  y  con  su  rayo  la  brújula  les  da. 

Y  verlos  levantarse,  con  su  salvaje  calma, 
y  al  lomo  de  sus  potros  cual  á  segura  jalma, 
saltar  y  estar  el  hombre  clavado  al  animal. 

Y  luego  como  el  viento  cruzar  rápidamente 
su  patria — los  desiertos,— do  queda  solamente 
de  América  su  madre  la  forma  original. 

Su  patria — -los  desiertos, — de  cuya  vasta  orilla 
no  osó  ir  más  adelante  la  gente  de  Castilla 
para  matar  sus  hijos  en  nombre  de  la  cruz, 
O  acaso  para  darles  la  lengua  que  no  escucho 
ni  el  arte  ni  las  ciencias,  y  que  dejó  por  mucho, 
por  único  recuerdo  de  bienes  y  de  luz. 

Y  pueda  con  la  mente  llegar  hasta  la  roca 
donde  se  quiebra  el  Andes  y  en  el  Estrecho  toca 
de  su  cadena  inmensa  como  último  eslabón. 

Y  ver  sobre  la  tierra  donde  nací  la  vida 

la  frente  de  los  Andes  quebrada  y  abatida, 
rindiendo  á  los  desiertos  honor  y  admiración. 

Y  pueda  de  una  en  otra  por  las  montañas  largas 
gue  el  rayo  de  la  aurora  reciben  en  sus  bargas 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  171 

correr  las  cordilleras  que  por  mi  patria  van; 
hasta  que  llegue  al- pico  soberbio  de  Aconcagua 
donde  fermenta  eterno,  dentro  profunda  fragua, 
para  quemarlas  nubes  el  sin  igual  volcán. 

Y  cerca  de  los  cielos,  del  cráter  á  la  orilla, 
sobre  la  eterna  nieve  doblada  la  rodilla, 
saludaré  entusiasta  la  patria  en  que  nací. 
Y  lleno  de  recuerdos  ó  inspiración  entonce, 
pulsando  las  bordonas  de  mi  laúd  de  bronce, 
la  gloria  de  sus  armas  le  cantaré  de  allí. 

La  gloria,  que  al  reflejo  de  sus  fulgentes  brillos 
deslumbrará  en  diez  siglos  el  león  y  los  castillos 
que  el  godo  levantara  por  símbolo  español, 
cuando  al  brillar  el  oro  del  estandarte  ibero 
los  otros  apagaban  su  brillo  pasajero, 
cual  hacen  las  estrellas  al  asomar  el  sol. 

Que  porque  son  doradas  las  hojas  de  su  historia 
mostrando  en  cada  letra  de  su  opulenta  gloria 
que  en  españolas  venas  no  hay  sangre  sin  valor, 
fué  grande  de  mi  patria  la  coronada  hazaña 
de  haber  hecho  pedazos  el  pabellón  de  España, 
cercada  de  adalides  del  castellano  honor. 

Mirad  de  ese  Aconcagua  sobre  el  cristal  de  hielo, 
do  paran  sin  aliento  los  cóndores  el  vuelo, 
la  conocida  huella  del  argentino  pie. 
Corred  para  mirarla  también  en  Uspallata, 
que  no  es  el  argentino  la  cordillera,  ingrata, 
como  los  anchos  valles  que  el  occidente  ve. 

Sobre  ella  palpitaron  valientes  corazones 
marchando  por  la  nieve  soldados  y  cañones, 
haciendo  entre  las  nubes  el  pabellón  lucir. 


172  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

Y  encima  de  los  Andes — con  hecho  sin  segundo, — 
jugando  iba  mi  patria,  del  porvenir  de  un  mundo, 
los  dados  que  debieran  la  suerte  decidir. 

Afronten  mis  pupilas,  el  descubierto  rayo 
que  se  quebró  algún  dia  sobre  el  fusil  de  Mayo 
que  hería  de  los  cielos  el  transparente  tul; 
y  atónitas  contemplen  los  hondos  precipicios]) 
por  do  bajó  al  impulso  do  santos  sacrificios, 
para  cubrir  ingratos;  el  pabellón  azul. 

Desde  Aconcagua  puedan  los  ecos  de  mi  lira, 
á  Chile  que  grandezas  y  libertad  respira 
de  Chacabuco  hablarle  y  hablarle  de  Maipú; 
y  un  eco  discurriendo  del  Ancles  por  la  cima 
repita  entre  cien  otras  las  de  Ayacucho  y  Lima, 
mezclando  entro  victorias  Colombia  y  el  Perú. 

¡Mas.  eh,  la  patria  mía  se  paga  con  su  gloria! 
Frió  sola  en  otros  tiempos,  y  sola  en  la  victoria, 
mañana  á  sus  tiranos  abatirá  la  sien... 
Yo  cantaré  en  la  cumbre  de  los  altivos  Andes, 
la  fe  que  sostuviera  los  corazones  grandes 
de  los  que  ya  á  sus  plantas  los  luminares  ven. 

Yo  cantaré  victorias  sin  pronunciar  enojos; 
yo  miraré  los  pueblos,  sin  iluminar  mis  ojos, 
que  tras  la  Cordillera  sobre  la  mar  están, 
y  el  porvenir  de  todos  saludaré  en  la  cumbre, 
bañado  de  otros  tiempos  en  la  fulgente  lumbre, 
mientras  despido  aquellos  que  túrbidos  se  van. 

Y  en  tanto  que  mi  lira  sobre  Aconcagua  loa 
los  pueblos  que  salpican  las  ondas  de  Balboa, 
por  el  clivoso  hielo  mi  espíritu  escurrid; 
y  baje  la  montaña  por  la  argentina  grieta 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  173 

que  toca  con  sus  valles  Mendoza  la  coqueta 
bajo  el  dosel  dormida  de  su  frondosa  vid. 

Y  allí  sobre  los  campos  por  bendición  opimos, 
cubriendo  mi  cabeza  dulcísimos  racimos 

y  oyendo  de  las  fuentes  la  armónica  inquietud; 
mirando  por  el  Andes  bajar  la  caravana, 
y  entrando  por  el  llano  la  tropa  tucumana, 
con  cuerdas  de  mi  patria  rasonará  el  laúd. 

Y  acaso  á  sus  sonidos  la  esbelta  mendocina 
con  sus  cabellos  negros  y  tez  alabastrina, 
del  trovador  al  lado  se  acercara  gentil; 

y  juntos,  á  la  sombra  de  perfumada  parra, 

se  pierda  entre  las  hojas  el  son  de  una  guitarra 

pulsada  dulcemente  por  manos  de  marfil... 

Espíritus  del  alma,  llevadme  todavía 
más  lejos,  sí,  más  lejos,  que  hoy  quiere  el  alma  mía 
correr  sobre  mi  patria  y  en  ella  respirar. 
Llevadme,  que  son  muchos  mis  años  de  proscrito; 
los  años  que  las  playas  del  extranjero  habito, 
las  puertas  de  mi  patria  rondando  sin  entrar. 

Llevadme,  que  es  amarga  la  miel  del  extranjero; 
sus  días  no  son  claros  ni  el  aura  lisonjero; 
sus  frutas  son  muy  agrias  y  pálida  su  ñor. 
Llevadme,  que  en  su  aurora  mi  vida  se  acongoja 
perdiendo  cada  día  su  flor  hoja  por  hoja 
que  se  las  lleva  el  soplo  del  frío  desamor. 

Paseadme  por  los  valles,  y  al  claro  de  algún  astro 
mostradme  esas  lagunas,  cual  platos  de  alabastro 
con  aguas  que  se  entibian  al  pie  del  Limarí; 
llevadme  hasta  la  Arauca  sin  miedo  que  peligre; 
que  el  tigre  de  la  pampa  mató  al  llanero  tigre  (1) 
hiriéndole,  dormido,  con  rudo  frenesí. 


174  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOI 

De  Oatamarca  rica,  de  Salta  la  gloriosa 
llevadme  hasta  los  "bosques  donde  la  luz  se  e  rabosa; 
bañadme  en  esos  ríos  que  incógnitos  están; 
con  flores  de  cien  prados  tejedme  una  guirnalda, 
y  pues  estoy  dormido  con  sueños  de  esmeralda 
bajadme  á  los  jardines  del  fértil  Tucumán. 

Del  naranjal  espeso  bajo  la  fresca  sombra 
dormido  reclinadme  sobre  la  blanda  alfombra 
de  nardos  que  codician  las  jarras  del  Edén; 
y  cuando  me  despierten  las  aves  bacanales, 
cubierto  me  contemple  por  dulipáií  y  chales 
de  azahares  que  cual  lluvia  del  naranjal  caen. 

Y  en  tanto  que  en  las  ramas  murmuran  las  palomas, 
y  los  jilgueros  trinan  en  las  doradas  pomas, 

y  están  las  mariposas  besando  el  alhelí, 
presenten  á  mis  labios  la  perfumada  mora, 
de  la  colmena  blanca  las  mieles  que  atesora, 
jugosos  arrayanes  y  el  dulce  piquillí. 

Y  vibrará  mi  lira  dulcísimos  sonidos, 

que  embriaguen  cual  embriaga  los  ávidos  sentidos 
la  lúbrica  belleza  que  ostenta  Tucumán; 
jardín  con  laberintos  de  luces  y  de  grutas 
donde  se  guardan  flores  y  pájaros  y  frutas 
en  mesas  de  esmeralda  que  las  praderas  dan. 

Llevadme;  que  yo  pueda  gozar  en  la  belleza 
del  único  tesoro  de  la  naturaleza 
que  al  suelo  de  mi  patria  le  regalara  Dios, 
y  allí  bajo  tan  dulces  y  suaves  impresiones 
olvide  mis  pesares,  y  sienta  mis  pasiones 
hablar  al  pecho  mío  sin  tan  pujante  voz. 

Un  poco  más  de  vuelo  y  en  vuestras  raudas  alas, 
y  revestida  el  alma  de  flores  y  de  galas, 


CANTOS  DEL  PEREGPINO  175 

por  compasión  llevadme  donde  mi  cuna  fue, 
y  cual  se  olvidan  qnejas  á  ]a  mujer  querida 
de  sus  amantes  ojos  bajo  la  luz  de  vida, 
mis  años  de  destierro,  mi  llanto  olvidaré. 

Bajad  por  las  corrientes  que  el  Paraná  desata, 
y  la  hallaréis  á  orillas  del  caudaloso  Plata 
la  música  escuchando  de  su  gigante  voz. 
Allí  do  se  contemplan  los  claros  horizontes 
y  la  mirada  hiende  sin  tropezar  con  montes 
que  tuerzan  á  los  vientos  en  su  ímpetu  veloz. 

Allí  donde  levanta  su  frente  descubierta, 
como  águila  parada  sobre  extensión  desierta 
que  mide  con  sus  ojos  el  circular  confín; 
como  de  extensa  plaza  sobre  el  marcado  centro, 
para  mirar  si  llega  quien  le  vendrá  al  encuentro 
pasea  sus  miradas  el  noble  paladín. 

Del  alto  San  Isidro  sobre  las  verdes  lomas, 
do  llegan  de  sus  bosques  rodando  las  aromas 
y  del  jazmín  del  aire  la  esencia  virginal, 
sus  diecinueve  torres  descubriréis  sombrías 
como  fantasmas  negros  que  de  las  ondas  irías 
levantan  de  improviso  su  cuerpo  colosal. 

Allí  está  Buenos  Aires;  el  vaso  de  esmeralda 
que  guarda  transparente  las  joyas  y  guirnalda 
que  relumbraron  antes  en  la  Argentina  sien; 
allí  está  más  hermosa  con  su  desgracia  misma 
la  inconsolable  viuda  que  en  su  dolor  abisma, 
el  ángel  que  ha  dejado  las  puertos  del  Edén. 

De  allí  se  levantara  la  estrella  que  siguieron 
por  montes  y  desiertos  los  pueblos  que  salieron 
á  ver  el  nuevo  Cristo  del  mundo  de  Colón. 


173  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Y  siempre  caminando  tras  su  fulgente  rayo 
el  Cristo  descubrieron  que  les  predijo  Mayo, 
en  cuna  de  banderas,  al  lado  del  cañón. 

Y  todos  el  bautismo  tomaron  en  la  fuente 
que  el  Plata  les  llenara  con  rápida  corriente, 
y  toda  fué  bendita  la  americana  grey; 
y  fuera  para  todos  su  religión  segunda 
la  Libertad  del  Plata,  benéfica  y  fecunda, 
su  nuevo  Jesucristo,  su  prometido  Rey. 

Velando  de  la  patria  la  sacrosanta  pira, 
los  triunfos  del  guerrero  cantaban  en  la  lira 
los  bardos  inspirados  bajo  la  patria  luz. 

Y  allí  está  el  primer  templo  que  al  porvenir  recuerda 
donde  vibró  primero  la  americana  cuerda 

los  verdaderos  nombres  de  Libertad  y  Cruz. 

Con  blancas  vestiduras  y  Celestinos  lazos 
las  madres  levantaban  sus  niños  en  los  brazos 
para  cantar  á  Mayo  cuando  naciera  el  sol, 
y  allí  fué  la  primera  generación  que  toma 
de  Libertad  y  Glorias  americano  idioma, 
su  corazón  pasando  por  límpido  crisol. 

Allí  venid  conmigo,  bellísimos  delirios, 
yo  quiero  iluminarme  con  su  millar  ele  cirios 
en  medio  de  la  santa  grandiosa  catedral. 
Yo  quiero,  pues  que  vuelvo  junto  á  mi  tierna  madr& 
dar  gracias  de  rodillas  al  justiciero  Padre, 
donde  mojó  mis  sienes  el  agua  bautismal. 

Salid  do  la  memoria,  recuerdos  punzadores, 
yo  quiero  dentro  el  alma  fraternidad  y  amores 
cuando  hoy  toca  mi  planta  la  tierra  en  que  nací. 
Al  pie  de  la  columna  de  nuestro  Mayo  santo, 
de  paz  y  de  esperanzas  elevaré  mi  Canto... 
¡Señor,  mi  peclio  late,  la  inspiración  en  mí! 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  177 

Venid  en  torno  mío,  bellísimas  mujeres, 
en  cuya  boca  juegan  la  risa  y  los  placeres, 
en  tanto  que  en  el  pecho  cobíjase  el  pudor. 
De  quienes  la  cintura  las  sílfides  envidian, 
y  cuyo  pie  las  gracias  por  conquistarle  lidian, 
y  cuya  tez  da  celos  al  matinal  albor. 

Venid  é  iluminadme  con  la  pupila  negra 
á  cuyos  dulces  rayos  el  corazón  se  alegra 
como  á  la  luz  que  vierte  la  luna  sobre  el  mar; 
venid,  hijas  del  Plata,  con  ramos  de  jazmines 
y  rosas'  que  en  la  tarde  tomáis  de  los  jardines 
que  vuestras  lindas  manos  se  esmeran  en  rega*r. 

Venid  y  coronadme.— Yo  soy  el  Peregrino 
que  andando  en  otras  tierras  en  pos  de  su  destino 
cantó  de  Buenos  Aires  las  glorias  y  el  honor; 
venid  y  vuestros  ojos  con  su  apacible  lumbre 
inspiren  á  mi  lira  preciosa  muchedumbre 
de  acentos  perfumados  con  ámbar  del  amor. 

Yo  he  visto  en  mi  destierro  mujeres  hechiceras; 
mas  recordando  luego  del  Plata  las  riberas 
he  dicho  entusiasmado:  «Más  lindas  son  allí». 
Las  rosas  he  tenido  de  espíritu  el  más  blando; 
llevarlas  quise  al  pecho,  y  el  pecho  suspirando 
me  ha  dicho  «de  allí»  quiero  más  tarde  un  alhelí 

Oontadme  sin  misterio  vuestra  pasión  secreta 
y  os  formará  romances  mi  mente  de  poeta, 
y  encontraré  en  vosotras  lo  que  perdiera  yo; 
que,  apenas  de  mis  años  en  la  estanción  florida, 
al  sol  del  infortunio  se  acongojó  mi  vida, 
como  silvestre  lirio  que  el  huracán  dobló. 

Y  luego  al  separarnos  os  pediré  una  rosa 
cuando  mi  sien  descanse  bajo  temprana  losa 
Mármol.  -12 


178  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

á  orillas  de  ese  Plata  que  heló  mi  juventud. 
Mas  no  de  vuestros  ojos  os  pediré  una  perla, 
creeríame  infelice  dentro  mi  tumba  al  verla, 
y  yo  pido  á  mi  j>atria  siquiera  mi  ataúd. 

Espíritus  del  alma  que  conducís  la  mente 
con  misteriosas  alas  más  lejos  del  presente, 
más  lejos  de  las  cosas  que  nuestros  ojos  ven 
venid  y  con  mis  sueños  de  lirios  y  amapolas 
llevadme  hasta  esas  rocas  que  miro  tras  las  olas; 
son  rocas  de  mi  patria:  la  patria  es  el  Edén. 


CANTO  UNDÉCIMO 

AL  BRASIL 
I 


En  medio  de  la  "bóveda  celeste, 
como  globo  de  fuego  chispeante, 
vierte  océanos  de  lumbre  rutilante 
el  sol  enrojecido  del  Brasil. 

La  nube  con  estambres  carmesíes 
diáfano  forma  y  vaporoso  velo, 
que  vaga  muellemente  por  el  cielo 
en  un  día  magnífico  de  Abril. 

La  frente  del  Janeiro,  iluminada, 
parece  que  se  eleva  con  los  montes 
á  contemplar  los  rubios  horizontes 
que  circundan  las  sierras  y  la  mar. 

Cual  asamblea  extraña  de  gigantes 
con  fibras  de  metal,  piel  de  esmeralda, 
las  montañas  contemplan  en  su  falda 
la  señora  imperial  velada  estar. 

La  brisa  con  el  ámbar  perfumada 
de  una  vegetación  que  en  ser  eterno 


180  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

no  le  importa  de  estío  ni  de  invierno, 
los  perfumes  esparce  del  jazmin. 

Y  la  inmensa  bahia — la  primera 

on  bellezas,  en  lujo,  en  mansedumbre, — 
como  un  cristal  la  enrojecida  lumbre 
refleja  por  su  líquido  sin  fin. 

Sobre  ese  mar  sin  ondas,  muellemente 
una  graciosa  nave  se  desliza, 
á  quien  la  tibia  perezosa  brisa 
va  llevando  á  las  puertas  de  la  mar. 

Y  en  el  mástil  los  linos  suspirando, 
ora  se  hinchan  al  viento,  ora  se  abaten, 
y  en  el  rebelde  lienzo  libres  baten 

la  flámula  y  las  cuerdas  sin  cesar. 

Parece  que  la  nave  amedrentada 
al  rumor  de  las  ondas  del  Océano, 
en  e!,e  de  cristal  dormido  llano 
quisiese  su  carrera  detener, 

o  que  Dios  á  la  brisa  adormeciendo, 
dijese  al  navegante  que  suspira: 
«Sal  paso  á  paso  y  contemplando  admira 
»esta  magnificencia  de  mi  ser; 

»esta  bella  guirnalda  americana, 
» hipérbole  de  lujo  y  fantasía 
»que  en  mi  pasmosa  creación  un  día 
» reveló  mi  entusiasta  inspiración.» 

Y  es  en  verdad  la  hipérbole  del  cielo 
cuanto  el  Brasil  en  su  Janeiro  encierra, 
desde  la  luz  del  sol  hasta  en  la  tierra 
la  eterna  colosal  vegetación. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  181 

Y  ¿quién  va  en  esa  nave  que  tranquila 
surca  el  límpido  arroyo  de  cristales, 
para  luego  quebrar  las  colosales 
soberbias  ondas  del  pujante  mar, 

como  al  salir  de  la  niñez  la  vida 
por  el  canal  de  mansas  afecciones, 
surca  luego  en  el  mar  de  las  pasiones 
naufragando  y  luchando  sin  cesar? 

¿Quién  dice  adiós  al  paraíso  bello 
del  mundo  americano?  El  Peeegrino, 
el  hijo  predilecto  del  destino, 
el  arista  que  lleva  el  huracán. 

El  que  ha  dos  años  sobre  el  mar  dejamos 
arrullado  por  roncas  tempestades, 
y  que  hoy  vuelve  al  altar  de  sus  deidades 
que  en  viento  y  olas  con  su  mente  van. 

Ya  está  sobre  los  mares;  ya  habita  en  su  elemento; 
ya  marca  en  las  arenas  sus  garras  el  león; 
ya  el  águila  recorre,  mecida  por  el  viento, 
y  atropellando  nubes,  sü  cóncava  región. 

Su  corazón  salvaje  se  expande  dentro  el  pecho 
por  respirar  la  brisa  veliente  de  la  mar. 
Sus  ojos  se  dilatan  para  salvar  el  trecho 
que  puede  un  horizonte  del  otro  separar. 

A  su  alma  en  el  oído  reconcentrada  afina 
para  del  mar  el  rudo  concierto  percibir; 
su  frente  descubierta  sobre  la  borda  inclina 
para  la  blanca  espuma  de  la  onda  recibir. 

Ya  está  sobre  los  mares.  Ya  envuelven  su  camino 
los  vientos,  los  abismos,  las  tempestades — bien, — ■ 


¿82  OBRAS  DE  JOSÍJ  MÁRMOL 

Salud,  benigna  estrella;  ya  puede  El  Pebegbino 
bajo  tus  dulces  rayos  adormecer  la  sien. 

Ya  puede — •desprendidos  sus  lazos  con  el  mundo- 
volar  á  los  espacios  su  espíritu  hasta  Dios: 
ya  bátenle  los  vientos,  y  sobre  el  mar  profundo, 
ya  mira  de  una  nube  la  tempestad  en  pos. 

¡Salud,  obras  gigantes  de  la  naturaleza! 
jSalud,  de  los  océanos  tranquila  soledad! 
El  hombre  ante  vosotros  inclina  la  cabeza 
y  al  genio  reverencia  de  la  divinidad. 

Y  el  mundo  desparece,  la  humanidad  se  anusma, 
se  borran  los  recuerdos,  extínguese  el  dolor, 
y  solamente  valgan  los  ojos  en  un  prisma 
de  eternidad  y  calma,  felicidad  y  amor. 

Al  viajador  errante  ¡oh  ruar!  de  tu  desierto 
sin  que  lo  sepa  su  alma,  le  sirve  de  crisol, 
y  ante  la  fe  se  inclina,  purificado  y  cierto, 
al  claro  de  los  astros  ó  al  descender  el  sol. 

El  hombre,  ese  rebelde  proscrito  sobre  el  mundo, 
que  aun  no  ha  reconciliado  la  sangre  de  la  cruz, 
se  sublimiza,  si  ama,  y  en  nuevo  ser  fecundo 
se  torna  á  las  regiones  de  su  primera  luz. 

Pues  bien;  en  tus  espacios,  sobre  tu  blando  llano, 
de  tu  silencio  eterno  bajo  el  extraño  imán 
es  fuente  de  afecciones  el  corazón  humano, 
y  los  recuerdos  dulces  en  primavera  están. 

Allí  ve  entre  nubes,  bajo  la  triste  luna, 
la  fugitiva  sombra  de  su  primer  amor; 
y  el  maternal  acento  que  le  arrulló  en  la  cuna 
percibe  de  las  olas  y  el  céfiro  al  clamor. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  183 

Allí  llevan  suspiros  las  alas  de  la  brisa; 
allí  ven  las  estrellas  la  lágrima  brotar; 
allí  tranquilos  ojos  en  éxtasis  divisa 
la  tarde  que  desmaya  sus  luces  en  el  mar. 

Es  ese  amor  del  alma  dulce,  tranquilo,  santo, 
que  mezcla  en  la  memoria  la  tierra  y  el  Edén; 
que  sublimando  al  hombre  con  su  divino  encanto 
la  culpa  de  profano  le  borra  de  la  sien. 

;0h  mar!  También  el  hombre  se  eleva  hasta  los  cielos 
cuando  en  gigantes  alas  el  pensamiento  va, 
y  en  medio  á  tus  desiertos  das  pábulo  á  los  vuelos 
del  genio  que  en  su  cárcel  por  caducar  está. 

Las  roncas  tempestades  vibrando  por  tus  ondas 
cuando  revienta  el  trueno  del  huracán  en  pos; 
las  olas  que  vomitan  tus  cavidades  hondas 
para  apagar  los  rayos  en  su  ímpetu  veloz; 

tu  inmensidad  desierta,  sin  luz,  sin  horizontes, 
do  al  brillo  de  improviso  relámpago  fugaz 
se  miran  solamente  los  movedizos  montes 
que  ruedan  al  empuje  del  huracán  tenaz; 

todo  esto  es  para  el  alma,  lo  que  es  para  el  acero 
la  misteriosa  magia  del  poderoso  imán; 
lo  que  es  el  cañonazo  para  leal  guerrero 
que  descuidado  duerme  cuando  la  seña  dan. 

En  altas  concepciones,  vagando  en  los  espacios 
el  alma  se  levanta  como  la  mar,  sin  ley, 
del  trueno  y  de  los  rayos  recorre  los  palacios 
y  se  hace,  como  el  viento,  de  los  espacios  rey. 

¡Ah,  pueda  el  Peregrino  de  nuevo  sus  pasiones 
y  el  temple  de  su  mente  sobre  la  mar  medir! 


184  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¿Dos  años  los  agostaron?  ¡Eh!  no;  hay  corazones 
que  acaso  en  el  sepulcro  se  escuchará  latir. 

Ya  está  sobre  los  mares;  y  ahabita  en  su  elemento; 
ya  marca  en  las  arenas  sus  garras  el  león. 
¡Qué  bellos  son  los  astros  y  el  ancho  firmamento 
mirados  de  la  nave  que  impele  el  aquilón! 

Adiós,  Janeiro  hermoso...  del  bardo  Peregrino 
te  lleguen  en  las  olas  los  ecos  de  su  voz... 
La  página  más  bella  te  debe  su  destino... 
Adiós,  Rio  Janeiro,  cinco  de  Enero,  adiós. 

Cuando  ha  dos  años,  dijo:  «Janeiro,  yo  te  dejo» 
y  se  lanzó  á  los  mares,  sin  fe  en  su  porvenir, 
por  ti  de  amor  sentía  ni  un  pálido  reflejo, 
y  tibio  cual  tu  brisa  te  saludó  al  partir.  (1) 

Empero,  no  fué  injusto  con  tu  sin  par  grandeza 
y  saludó  entusiasta  tu  cielo  tropical; 
cantó  lo  portentoso  de  tu  naturaleza 
y  veneró  en  tu  suelo  la  mano  celestial.  (2) 

Los  mares  le  cerraron  su  caprichoso  paso 
y  el  hado  entre  los  vientos  lo  recondujo  áti. 
¡Ay,  cuántas  impresiones  á  este  hombre  del  acaso, 
Janeiro,  reservabas  para  hospedarlo  así! 


En  vosotras  montañas, 
que  con  un  sol  de  llamas  en  la  frente 
y  el  fuego  del  metal  en  las  entrañas. 
parece  que  del  suelo  de  repente 
os  escapáis,  para  pedir  á  prisa 


CANTOS  DEL  PEREGRINO 

á  los  cielos  un  hálito  de  brisa, 
alguna  vez,  oculta  por  las  yedras, 
una  letra  hallarán  en  vuestras  piedras. 

El  pie  del  Peregrino 
ha  tocado  la  sien  de  vuestras  moles, 
y  más  arriba  de  las  densas  nubes 
ha  dormido  á  la  sombra  de  algún  pino 
bajo  un  cielo  bordado  de  arreboles. 

Su  sueño  acariciando 

el  plácido  murmullo 
de  la  brisa  en  las  palmas  resbalando; 

ó  el  armónico  arrullo 
de  las  fuentes  corriendo  cristalinas 
con  bulliciosa  voz  por  mil  canales. 

Y  enhebras  serpentinas 

por  entre  los  sahumados  vegetales, 

ó  al  tocante  y  agudo 
silbido  de  las  sierpes  escondidas 
bajo  el  leve  dosel  de  hojas  caídas 
que  al  rodar  turban  el  silencio  mudo. 

¡Y  al  llegar  á  su  oído 
de  montaña  en  montaña  el  ronco  trueno, 
rodando  en  compasadas  vibraciones, 
cuántas  veces  ha  visto  conmovido 
sin  mancha  él  cielo  iluminar  sereno, 

y  cual  negras  visiones 
que  velan  de  los  montes  la  cintura, 
rodar  las  nubes  destilando  el  agua, 
y  entre  los  velos  de  su  niebla  obscura 
prender  los  rayos  en  etérea  fragua! 

¡Volar  desde  la  falda 
las  espantadas  aves  á  la  cumbre, 
y  sobre  las  coronas  de  esmeralda 


136  013HAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

beber  del  sol  la  biillantina  lumbre, 
mientras  que  al  pie  de  la  montaña  quedan 
obscuras  nubes  que  tronando  ruedan! 
Muchas  veces,  así,  llena  do  espanto; 
en  sublime  abstracción  se  escapa  el  alma, 

y  en  un  cielo  sereno 
"vaga  la  mente  en  religiosa  calma. 

Por  no  escuchar  del  seno 

en  rudas  vibraciones 
la  tormenta  infeliz  do  las  pasiones... 

Arquerías  de  espléndidos  torrentes 
que  coronáis  la  sien  de  la  Thijuca  (3); 

pintoresca  cascada, 
fuente  de  cien  arroyos  y  cien  fuentes.' 
reverencia  y  loor  á  tu  grandeza, 

y  á  tu  sublime  bello 
que  hace  inclinar  del  hombro  la  cabeza 
enseñando  de  Dios  el  sacro  sello. 

¡Oh!  si  en  rápidas  ondas, 
ese  arco  colosal  de  agua  y  colores, 
que  formas  al  lanzar  tu  torbellino, 
no  se  precipitara  en  las  montañas, 
y  de  una  en  otra  cavidades  hondas 
no  corriese  apagando  los  rigores 
del  fuego  tropical  en  las  campañas, 
y  dando  vida  en  la  caldeada  roca 
al  rudo  vegetal  y  al  yermo  suelo, 
como  el  soplo  de  Dios  baña  la  esfera 
de  mundo  en  mundo,  y  cuanto  raudo  toca 
vive  y  forma  la  eterna  primavera 
de  la  pasmosa  creación  del  cielo. 

¡Ese  arco  cristalino 

reflejaría,  acaso, 
la  descubierta  sien  del  Peregrino 
cuando  la  vez  primera  lo  admiraba, 
en  momentos  que  el  sol  desdo  el  ocaso 


CANTOS  DGL  PEREGRINO  187 

sus  postrimeros  rayos  apagaba, 
y  el  lánguido  color  de  los  topacios, 
matizaba  el  zafir  de  los  espacios, 
y  en  el  arco  ruidoso  y  movedizo 
relumbraba  del  ópalo  el  hechizo! 

~Allí,  y  en  esa  hora 
melancólica  y  dulce  de  la  tarde, 

viendo  lánguidamente 
morir  del  sol  el  amarillo  rayo; 
viendo  en  el  tronco  de  la  ausente  aurora 
mostrar  la  noche  su  severa  frente, 
en  medio  de  ese  tímido  desmayo 
de  la  naturaleza  cuando  mira 
nacer  la  noche  y  que  la  tarde  expira, 

Allí,  la  alma  embriagada, 
respirando  una  brisa  perfumada 
con  los  dulces  alientos  de  las  flores, 
que  no  ha  tocado  el  ¡ay!  de  los  dolores 
y  que  parece  cuando  el  rostro  toca, 
en  vez  de  brisa,  el  aliento  de  las  puras 

seráficas  criaturas 
que  en  las  nubes  de  perlas  y  zafiro 
exhalan  tiernas  de  su  dulce  boca; 
allí,  sobre  la  cumbre  de  esa  tierra 
que  ha  visto  deslizarse  uno  por  uno 

los  siglos  de  la  tierra, 
sin  conservar  el  rastro  de  ninguno; 

sobre  aquesas  montañas 
que  cual  fibras  de  vida  los  metales 
en  mineros  sin  fin  forman  su  entraña, 

como  forman  las  venas 
de  su  pecho  y  sus  miembros  colosales 

los  ríos  desprendidos 

que  llevan  confundidos 
el  oro  y  los  diamantes  por  arenas; 


OBEAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

allí,  sobre  su  frente 
ese  arco  estrepitoso  del  torrente, 
y  al  poder  de  tan  fuertes  impresiones, 

el  joven  Peeegeino 
lia  sentido  tal  vez  revelaciones — 
mezcla  do  mundanal  y  dedivíno,— 
pero  sublimes  cual  sublimes  viera 
la  cascada,  los  montes  y  la  esfera! 

El  comprendió  quizá  quo  sobro  el  mundo* 
no  so  ha  perdido  todo,  cuando  queda 
dentro  del  corazón  rayo  fecundo 
de  inmaculada  fe...  iuente  do  pueda 
tomar  el  corazón  dentro  sí  mismo 
de  la  conciencia  espiritual  bautismo. 

So  abrillantó  el  recuerdo  en  su  memoria; 
sintió  el  eco  de  Dios  en  la  conciencia. 
y  patria  y  madre  y  religión  y  gloria 
dibujaron  un  prisma  en  su  presencia. 

Y  al  rumor  del  torrente 
y  á  la  postrera  luz  del  tibio  día 

sintió  que  le  decía 
3I  corazón  latiendo  dulcemente: 
«Aun  necesito  amae»...;  ¡palabra  santa! 
.ósculo  que  se  dan  reconciliadas 
la  humanidad  y  el  alma  entusiasmadas!. 

Mas  ¡ay!  esa  palabra  dentro  el  seno 
vierte  oculta  la  vida  y  el  veneno; 
es  la  revelación  indefinible 
de  esas  almas  que  viven  de  armonía 
por  su  secreta  condicióa  sensible, 
y  es  ¡ay!  para  la  humana  criatura, 
en  su  misión  de  llanto  y  de  agonía,. 
su  sensibilidad,  su  desventura. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  lf ; 

¡Insondables  misterios  _  ' 

■de  eso  que  llaman  corazón  del  hombre! 
¿Por  qué  esos  espectáculos  salvajes 
de  la  naturaleza  en  sus  imperios; 

esos  cuadros  sin  nombre, 
panorama  de  luces  y  paisajes; 
ciertas  horas,  los  montes,  el  Océano, 
todo  lo  que  sorprende  en  la  natura, 
hace  amar  y  temer  al  pecho  humano 
levantando  hasta  Dios  su  criatura? 

Ello  es  así;  parece  que  la  vida 
de  su  materia  débil  asustada 
á  la  faz  de  las  grandes  creaciones, 

corre  á  buscar  guarida 
al  centro  de  los  otros  corazones, 
ó  ante  el  Supremo  Ser  desalentada, 
como  tímida  virgen,  sorprendida 
en  medio  á  su  jardín  por  la  tormenta, 

de  otra  niña  hasta  el  brazo, 
ó  al  amoroso  maternal  regazo 
corre,  y  temblando  sus  temores  cuenta. 

Ello  es  así;  marchad  en  el  desierto, 
contemplad  la  grandeza  de  los  mares 
ó  paraos  en  la  sien  de  una  montaña, 

y  un  místico  concierto 
de  recuerdos,  de  afectos  y  pesares, 
os  toca  el  corazón  con  voz  extraña. 

Contemplad  un  cadáver, 
ó  escuchad  la  fatídica  campana 

que  al  expirar  el  día, 
llama  al  templo  de  Dios  la  alma  cristiana 
para  el  lleno  de  amor  Ave  María; 
y  vuestro  corazón  en  lo  profundo 
de  su  ser  misterioso,  ama  y  padece, 

porque  nada  en  el  mundo 


190  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ante  los  ojos  del  mortal  perece, 
sin  robar  un  suspiro;  sin  que  triste 

perezca  repitiendo 
que  morirá  también  cuanto  hoy  existe. 

Espléndida  cascada,  en  el  estruendo 
de  vuestro  torrentoso  torbellino 
que  magnetiza  el  corazón  del  hombre, 
escapado  en  la  voz  del  Pereg-kino 
para  siempre  jamás  perdióse  un  nombre... 
pero  al  menos  mezclóse  la  armonía 

de  tu  grandiosa  orquesta, 
en  los  palacios  que  abrillanta  el  día, 
donde  vése  de  Dios  la  eterna  fiesta. 

Mas  de  ese  nombre  vivirá  una  letra 
oculta  por  ti  misma  entre  las  rocas, 
que  ni  en  tu  raudo  torbellino  tocas, 
ni  sin  quebrar  su  rayo  el  sol  penetra. 
Como  bajo  las  bóvedas  del  templo, 
á  la  luz  de  los  pardos  luminares, 

viven  en  los  altares 
palabras  santas  de  amoroso  ejemplo 

¡Ah,  no  llamen  profano 
el  labio  mío,  no,  cuando  confundo 
un  recuerdo  de  Dios  y  otro  mundano! 
Esa  mezcla  de  barro  y  de  divino 
que  apellidamos  hombee  sobre  el  mundo, 
magnifica  en  el  lodo  su  destino, 
cuando  en  medio  á  la  espléndida  grandeza 
de  las  obras  de  Dios,  tierno  se  inflama 
á  esa  chispa  vital  que  amor  se  llama, 
y  que  al  aliento  del  Señor  prendida, 

velar  por  su  pureza 
es  la  misión  celeste  de  la  vida! 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  191 

jAy,  quien  no  sabe  amar,  de  Dios   no  sabe 
ni  en  su  pecho  glacial  la  virtud  cabe! 

¡Y,  cómo  el  pensamiento  arde  y  delira, 
y,  cómo  el  corazón  enamorado 

al  palpitar  suspira 
bajo  esa  luz  del  trópico  tostado! 

¡Y,  cómo  esa  ciudad  que  hora  me  inspira, 
contiene  entre  sus  límites  de  cerros 
cuanto  el  trópico  ostenta  por  belleza 
en  su  fértil  gentil  naturaleza! 

Quien  no  ha  visto  la  luna  levantarse 
sobre  la  aguda  sien  del  Corcóbado, 
y  con  su  luz  de  plata  iluminarse 
esa  llanura  de  cristal  bruñido 
que  un  pedazo  del  mar  forma  escondido, 

acariciando  apenas 
del  bello  Botafogo  las  arenas  (4); 
quien  de  ese  lago  la  tranquila  brisa 
impregnada  de  esencias,  no  ha  gozado 
al  claro  de  la  luna,  que  matiza 
con  sus  pálidos  rayos  las  extrañas 
sombras  y  media  luz  de  las  montañas 
ese  no  ha  visto  en  la  natura  el  sello 
de  la  melancolía  y  de  lo  bello. 

Era  una  noche  plácida  y  serena 
como  frente  de  virgen  adormida. 
La  luna  en  el  cénit  pálida  y  llena 

alumbraba  el  espacio 
con  el  pajizo  rayo  del  topacio, 
con  no  sé  qué  de  animación  y  vida 
sobre  su  melancólico  semblante, 
y  entre  el  iris  boreal  de  órbitas  bellas, 

lanzaban  rutilante 


192  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

las  trémulas  estrellas 
el  rayo  azul  del  fúlgido  diamante. 

Una  leve  barquilla  sobre  el  lago 
se  deslizaba  al  cariñoso  halago 

de  la  aromada  brisa; 

como  en  linos  cristales 
la  gota  del  rocío  se  desliza 
tocada  por  las  auras  matinales, 
ó,  en  más  dulce  cariño, 
por  el  aliento  angelical  de  un  niño. 

En  ella  el  Peregrino,  y  á  su  lado, 
á  la  argentada  claridad  se  vía 
una  mujer  en  cuya  frente  pura 
reflejábase  el  rayo  de  una  estrella; 
ó  más  bien,  de  su  célica  hermosura 
una  luz  celestial  se  desprendía. 

Desde  la  sien  más  pálida  y  más  bella, 
con  el  color  del  ébano,  el  cabello 
caía  en  rizos  espléndidos  al  cuello, 
do  el  aura  suave  á  conmoverlos  llega; 
y  en  el  hombro  de  Carlos  se  inclinaba, 
cual  una  flor  que  el  céfiro  doblaba, 
una  cabeza  de  moldura  griega, 
mientras  sus  negros  y  rasgados  ojos, 
do  brillaba  una  lánguida  pupila, 
clavaba  su  mirada  en  las  estrellas, 

en  contienda  tranquila 
cambiando  el  rayo  de  sus  luces  bellas; 
mientras  de  amor  y  de  suspiros  lleno 
blando  latía  su  redondo  seno, 
velado  por  la  blanca  vestidura 
que  cual  diáfana  niebla  lo  cubría 
y  entre  una  negra  cinta  se  escurría 
en  torno  á  su  finísima  cintura. 


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V 


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Y  en  el  hombro  de  Carlos  se  inclinaba, 
Cantos  del  peregrino  Lámina  IV 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  193 

Pero  ¿en  esa  visita  misteriosa 
del  amor  á  la  hermosa 
Naturrleza  tropical,  venia 
de  la  felicidad  J.a  clara  estrella? 
]Se  puede  ser  feliz  con  ser  amado, 
y  por  el  mismo  amor  ser  desgraciado! 

Una  nube  importuna, 

de  misteriosa  huella, 
eclipsó  el  rayo  de  la  parda  luna; 
y  al  virar  la  barquilla 

para  la  opuesta  orilla, 
se  apartaron  dos  rostros  y  cayeron 
lágrimas  que  en  el  lago  se  perdieron. 

III 

Desde  la  altura  tropical  admira 
¡oh,  Janeiro!  la  espléndida  grandeza 
que  bajo  el  arco  ecuatorial  empieza, 
y  acaba  en  el  confín  del  Uruguay. 

Y  tú,  reina  opulenta  de  ese  vasto 
jardín  de  luces,  pájaros  y  fuentes, 
selvas,  montañas,  flores  y  vertientes 
donde  bullen  diamantes  y  metal. 

Luego  con  vanidad  gira  los  ojos 
de  un  polo  al  otro,  para  ver  que  el  mundi 
nada  tiene  más  rico  ni  fecundo 
que  tú,  bello  y  magnifico  Brasil: 

Guirnalda  de  mil  flores  que  corona 
de  la  virgen  América  la  frente, 
y  á  que  no  ha  dado  precio  esta  inocente 
heredera  feliz  del  porvenir. 

Mármol.— 13 


194  OBRAS  DB  JOSÉ  MÁRMOL 

Eres,  Brasil,  el  Indo  Americano 
sin  el  soplo  maléfico  de  Java, 
y  en  lo  que  Italia  su  "belleza  acaba 
comenzar  puedes  la  belleza  tú. 

Puedes,  sin  miedo,  desafiar  á  Europa, 
<■      cuadros  midiendo  con  los  cuadros  tuyos, 
y  cuando  se  hable  de  los  grados  suyos, 
parte  cuarenta  de  distinta  luz; 

puedes,  Janeiro — miniatura  bella 
de  cuanto  ostenta  el  Brasiliano  suelo  — 
hablar  de  los  encantos,  sin  recelo, 
que  pintó  ufana  la  Natura  en  ti. 

Puedes  llamarte  la  primera  joya 
en  la  Corona  de  tu  rico  Imperio, 
y  llamarte  también,  de  un  hemisferio 
el  lujoso  y  espléndido  jai'dín. 

Si  de  la  vida  la  materia  ruda 
se  queja  de  su  sol  enrojecido, 
el  espíritu,  ajeno  del  sentido, 
en  vez  de  quejas,  alabanzas  da. 

Al  paraíso  si  volviera  el  hombre, 
algo  de  qué  quejarse  encontraría, 
y  esclavo  de  su  inercia  llamaría 
moliciosa  la  tierra  celestial. 

Bajo  tu  sol  y  al  soplo  de  tu  brisa 
es  verdad  que  la  vida  se  esparrama, 
pero  si  el  alma  con  tesón  la  llama 
vuelve  llena  de  hechizos  y  de  amor; 

cual  agua  de  un  arroyo  desbordada 
sobre  los  planos  valles  y  las  selvas, 
vuelve  otra  vez  sahumada  en  madreselvas 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  195 

al  canal  del  arroyo  que  dejó. 

Cáelos  ha  respirado  entre  la  nieve 
"bajo  el  día  sin  sol  del  yerto  Polo, 
y  ha  meditado  en  él  tranquilo  y  solo, 
concentrado  en  el  alma  su  existir. 

Pero  nunca  su  espíritu  ha  sentido 
la  actividad  febril,  la  poesía, 
que  sintió  al  rayo  del  rosado  día 
que  abrasa  las  arenas  del  Brasil. 

Puedes,  Janeiro,  hablar  de  tus  encantos; 
mas  cuando,  ufano,  tu  retrato  hicieres 
no  olvides  el  contar  que  tus  mujeres, 
mujeres  nuevas  en  el  mundo  son. 

Que  es  el  tipo,  más  puro,  americano; 
su  corazón,  la  hechura  de  su  clima; 
y  su  pupila  que  al  mirar  lastima, 
una  llama  espiral  del  corazón. 

Mujeres  de  tez  morena 
y  ojos  de  negra  pupila 
que  con  azul  aureola 
cual  negro  diamante  brilla; 
y  cuando  mira,  parece 
que  la  mirada  suspira, 
diciendo  que  está  en  el  alma 
la  tentación  escondida. 
Ondas  de  negro  cabello 
abultan  su  sien  altiva, 
y  la  espiral  de  los  rizos 
por  los  hombros  se  desliza. 
Ancho  y  derramado  el  seno, 
late  contando  que  abriga 
un  manantial  de  deseos 


196  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

en  voluptuosa  armonía; 

y  en  él,  veladas  por  nubes 

de  encajes  y  muselinas, 

dos  ondas  de  un  mar  de  leche 

si  no  se  ven  se  adivinan. 

o-asas  como  niebla  leve 

que  al  solo  aliento  se  agitan, 

ciñen  su  fina  cintura 

con  tanta  coquetería, 

que  de  las  ocultas  formas 

la  redondez  se  adivina; 

y  la  mirada  se  excurre 

por  esas  nubes  malditas 

que  nunca  el  viento  se  lleva 

y  que  á  un  suspiro  se  agitan; 

mirada  que  bien  comprenden 

las  liadas,  y  en  su  sonrisa 

y  en  un  nuevo  movimiento, 

su  curiosidad  castigan. 

Posadas  en  sus  divanes 

de  plumas  y  sedería 

naciendo  burla  del  aire 

con  abanicos  de  la  India; 

y  embriagadas  con  la  esencia 

de  rosas  y  clavellinas 

que  en  la  atmósfera  impregnada 

ni  un  débil  soplo  aniquila. 

En  palabra  y  movimiento 

perezosas  y  aburridas 

"teniendo  miel  en  el  labio 

y  en  las  posturas  malicia, 

como  si  á  mengua  tuvieran 

emplear  la  palabrería; 

mujeres  que  á  su  albedrío 

-con  los  ojos  magnetizan. 

Mujeres  así,  en  el  mundo, 

ül  extraño  que  las  mira, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  197 

si  ellas  dicen:  «Brasilianas» 
él  las  presume  Odaliscas, 
que  del  Oriente  escapadas, 
llenas  de  encanto  y  de  vida 
corrieron  al  nuevo  mundo 
tras  su  libertad  querida, 
dejando  entre  los  serrallos 
cadenas  y  cachemiras, 
mas  trayendo  su  belleza, 
su  amor  y  su  poesía. 

Que  los  rayos  del  genio  de  la  Europa 
penetren  la  tiniebla  americana, 
mas  la  mujer  que  nazca  brasiliana 
no  la  toquen  jamás. 

Cuando  ella  sus  costumbres  aniquile, 
cuando  se  haga  europea,  en  ese  día 
para  siempre  perdió  su  poesía 
el  sello  original. 

Perdió  también  su  corazón  la  fuerza; 
perdió  sus  llamas  de  pasión  el  alma, 
que  en  esa  fría  y  aparente  calma 
queman  su  corazón. 

En  su  abandono  y  soledad  secreta,  (5) 
la  brasiliana,  en  apariencia  esquiva, 
goza  jugando  con  la  llama  activa 
de  misterioso  amor. 
Por  celosías  escondida  pierde 
del  extranjero  la  fugaz  sonrisa, 
y  no  en  sus  ojos  al  pasar  divisa 
tributo  á  su  beldad. 

/  Pero  tras  ellas,  de  su  pecho  cuenta 

por  los  latidos  el  feliz  instante, 


198  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

en  que  los  pasos  de  su  tierno  amante 
dichosa  escuchará. 


Si  á  ese  momento  la  costumbre  veda, 
ella  con  cintas  y  pintadas  flores 
tiene  en  secreto  para  hablar  de  amores 
idioma  que  formó. 

Y  el  amor  siente,  como  siente  el  rostro 
el  sol  que  rojo  hasta  la  tierra  quema; 
y  cambia  sólo  en  ambición  suprema 
la  vida  por  amor. 

Se  muestra  poco,  mas  se  muestra  nueva, 
valor  al  mismo  retraimiento  danio; 
es  una  estrella  que  de  vez  en  cuando 
aparece  y  se  va. 

Que  los  rayos  del  genio  de  la  Europa 
penetren  la  tiniebla  americana, 
mas  la  mujer  que.  nazca  brasiliana 
no  la  toquen  jamás. 


Luces  vagas  y  sombrías 
un  salón  iluminaban, 
mientras  los  rayos  estaban 
quemando  las  celosías. 

Y  entre  la  luz  y  la  sombra, 
el  lujo,  el  gusto  y  la  gracia, 
respiraba  aristocracia 
desde  el  techo  hasta  la  alfombra. 

En  un  diván  amarillo 
se  reclinaba  una  hermosa, 
trabajando  primorosa 
con  plumas  un  canastillo; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO 

y  acariciaba  tranquila 
de  vez  en  cuando  los  ojos, 
cual  si  hubiese  algo  de  enojos 
en  su  lánguida  pupila. 

Suelto  el  cabello  á  la  espalda, 
desnudos  sus  lindos  brazos, 
y  atando  celestes  lazos 
el  blanco  tul  de  la  falda. 

La  celosía  sombreaba, 
su  aroma  daba  una  rosa, 
y  trabajaba  la  hermosa, 
y  al  canastillo  mojaba. 

Cuando  el  salón  pisó,  y  al  lado  de  ella, 
un  caballero  saludó  á  la  bella. 

- — ¿Luisa,  llorabas  quizá? 

— ¿Yo?  No,  Eduardo,  yo  no  lloro. 

— Tú,  tienes  algo. 

— Un  tesoro. 
¿No  ves?  Plumas  del  Para. 
— -Tú  te  burlas. 

— Tú  también. 
— ¿Estás  quejosa  de  mí? 
— No  puedo  decirte  sí. 
• — ¡Cuan  pálida  está  tu  sien! 
— Más  el  alma. 

■ — Sales  poco. 
— ¡Para  qué! 

— Para  gozar, 
para  ver,  para  danzar. 
— Gracias. 

— ¿Y  el  piano? 

— No  toco. 
— Qué,  ¿no  bajas  al  salón? 


200  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

— ¿Vienes  tú  á  él? 

— ÜSTo  he  podido. 
— Bien,  el  piano  me  ha  aburrido. 
— ¿Y  el  canto? 

— ¿Y  nuestra  canción? 
— ¿Sabes  que  me  ausento,  Luisa? 
—¿Tú? 

—Sí. 

— ¿Y  á  dónde? 

— A  viajar. 
--Bien. 

— Pero  en  ti  he  de  pensar. 
— Bien. 

— Mas,  ¿por  qué  esa  sonrisa? 
— Es  de  placer,  ¿no  lo  crees? 
¡Tú  vas  á  ser  tan  dichoso! 

(Y  enrojecióse  su  semblante  hermoso, 
y  el  canastillo  resbaló  á  sus  pies.) 

— Luisa,  tu  mandato  aguardo. 
-¿Ya? 

— Me  apuran  los  momentos» 
— Eduardo,  ¿y  tus  juramentos? 
— Adiós.  Luisa. 

— Adiós,  Eduardo. 

Y  él  se  fué,  y  Luisa  quedóse 
con  los  ojos  en  la  alfombra; 
fuese  aumentando  la  sombra, 
y  la  rosa  marchitóse. 

Un  día  á  la  puerta  toca 
Eduardo,  y  pregunta,  ¿y  Luisa? 
y  le  responden  sin  prisa, 
«¿Quién?» — Luisa. —  «Luisa  está  Loca.» 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  203 

Cuenta,  pues,  ¡olí  Janeiro!  tus  mujeres 
en  el  rico  jardín  de  tus  encantos, 
que  ellas  son  las  primeras  entre  tantos, 
y  ellas  lo  fueran  aunque  más  tuvieres. 

Muchas  veces,  plebeyos  y  señores, 
manchan  ó  niegan  al  contar  tu  historia, 
de  tu  primer  Emperador  la  gloria, 
llamándolo  liviano  en  sus  amores. 

Mas  ¿qué  eran  sus  amores?  el  destino 
natural  entre  un  hombre  y  unas  bellas, 
si  está  el  hechizo  y  el  amor  en  ellas, 
y  él  es  hermoso,  rey,  valiente  y  fino. 

Su  primera  virtud — yo  escribiría, — 
fué  el  querer  como  quiso  á  la  belleza. 
Pláceme  un  rey  que  por  amar  empieza 
y  se  jacta,  como  hombre,  de  hidalguía. 

Para  dar  á  su  Amelia  su  pañuelo, 
de  sus  reales  manos  desprendido, 
ante  un  inmenso  pueblo  sorprendido, 
su  rodilla  juntaba  con  el  suelo. 

Era  un  astro  ese  rey  que  en  otra  eslora,. 
y  en  derredor  girando  de  otro  anillo, 
al  resplandor  de  su  fulgente  brillo 
al  mundo  todo  iluminado  hubiera. 

.üe  su  acusada  liviandad  al  lado, 
sabrían  todos  repetir  prolijos, 
que  abdicó  dos  coronas  en  sus  hijos 
para  ponerse  un  casco  de  soldado. 

Al  contar  sus  nocturnas  aventuras, 
dirían:  «Desde  el  trono  brasiliano 
fué  á  restaurar  el  trono  lusitano 
con  un  puñado  de  hombres  y  armaduras.» 


202  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Al  referir  sus  citas  y  estocadas, 
academias  y  leyes  mostrarían, 
y  envanecidos  de  su  rey  dirían: 
son  obras  por  su  genio  improvisadas. 

El  rey,  dictaba  leyes  justiciero 
y  velaba  la  gloria  brasiliana; 
el  caballero,  al  pie  de  una  ventana, 
se  confiaba  en  el  temple  de  su  acero. 

Rey,  conquistó  la  gloria  y  la  grandeza; 
Hombre,  ante  una  mujer  se  descubría... 
Su  primera  virtud — yo  escribiría, — 
fué  el  querer  como  quiso  á  la  belleza. 

Mas  no  fué  rey  de  Europa,  y  son  ajenas 
á  la  gloria,  por  tanto,  sus  acciones 
pero  pueden  ser  glorias  y  blasones 
de  Versalles  los  bailes  y  las  cenas. 

Rey  de  veinte  años,  con  rosario  al  seno 
y  que  huye  y  teme  el  femenil  encante 
puede  la  iglesia  al  fin  llamarle  santo¡ 
pero  el  pueblo  jamás  llamarle  bueno. 

El  tiempo  que  se  empeña  con  locura 
en  cambiarnos  las  cosas  y  los  nombres, 
hoy  apellida  hechura  de  los  hombres, 
!o  que  llamaba  ayer  del  cielo  hechura. 

Y  era  bien  se  educase  entre  los  frailes, 
ayer  el  niño  rey,,  hijo  del  cielo; 
hoy  que  el  tiempo  lo  llama  hijo  del  suelo, 
es  mejor  que  se  eduque  entre  los  bailes. 

Hay  mucho  de  esperanza  y  garantía 
en  las  almas  vivísimas  y  abiertas; 
pero  en  aquellas  que  se  esconden,  yertas, 
hay  no  sé  qué  de  ingi*ata  profecía. 


CANTOS  DEL  PEREGPINO  203 

Cuenta,  pues,  ¡oh  Janeiro!  en  tus  bellezas 
esas  mujeres  de  tu  rey  queridas, 
y  si  tus  bellas  y  tu  rey  olvidas 
habíanos  de  tu  genio  y  tus  riquezas. 

Cuenta  tus  acueductos  y  castillos, 
tus  templos,  tus  jardines  y  arsenales, 
tus  fuentes,  y  palacios  imperiales 
llenos  de  novedad  y  á  par  sencillos. 

Cuenta  que  tu  progreso  se  descubre 
al  través  de  la  sombra  lusitana; 
como  vése  la  luz  de  la  mañana 
entre  la  sombra  que  el  espacio  cubre. 

IV 

Esos  pasados  siglos  de  ignorancia 
en  que  á  la  España  y  Portugal  les  plugo, 
de  sus  Colonias  educar  la  infancia 
con  duro  azote  y  afrentoso  yugo, 
conteniendo  del  genio  la  arrogancia 
con  el  hacha  ó  la  soga  del  verdugo, 
apocaban  la  mente  americana 
y  la  flor  se  agostaba  en  su  mañana. 

Era  un  mar  sin  rumor  ni  movimiento 
dormido  en  su  extensión  lángidamente; 
pero  que  al  soplo  de  improviso  viento 
alzaría  sus  ondas  prepotente, 
y  vino  el  vendabal,  y  fué  violento, 
el  choque  de  las  ondas  en  la  frente 
de  las  soberbias  rocas,  conmovida? 
y  quebradas  al  fin  y  sumergidas. 

El  castellano  león  enfurecido 
sus  garras  con  valor  clavó  en  la  tierra, 
es  mía,  dijo,  pero  al  fin  vencido 


204  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

dejó  la  arena  de  sangrienta  guerra. 

El  eco  del  cañón  fué  repetido 

por  los  llanos,  los  ríos  y  la  sierra, 

y  despertó  la  mente  americana 

en  lo  que  antes  fué  inercia  castellana. 

Más  débil  Portugal,  ó  generoso, 
no  osó  clavar  con  lanzas  tus  cadenas, 
y  compraste,  Brasil,  tu  ser  hermoso 
sin  derramar  la  sangre  de  tus  venas. 
Te  falta  el  brillo  militar,  glorioso, 
que  abrillanta  del  Plata  las  arenas, 
pero  á  la  sombra  de  tu  paz  bendita 
bu  genio  al  porvenir  te  precipita. 

Puede  ser  que  en  los  giros  de  tu  vida 
"entas  alguna  vez  no  haber  crecido, 
sobre  tierra  con  sangre  humedecida, 
por  las  revoluciones  sacudido; 
que  esa  lucha  violenta,  envejecida, 
que  escandaliza  al  mundo  sorprendido, 
es,  empero,  el  crisol  que  la  futura 
existencia  del  Plata  nos  depura. 

Pero  hoy  levantas  tu  tranquila  frente 
medio  siglo  adelante  en  tu  camino, 
y  al  soplo  bienhechor  de  tu  presente 
florece  para  el  mundo  tu  destino. 
Del  brillo  de  la  Europa  refulgente, 
ha  visto,  entusiasmado  el  Peeegeino, 
reflejarlos  destellos  en  tus  sienes, 
en  dulce  agüero  presagiando  bienes. 

Do  las  leyes  en  la  órbita  sagrada, 
do  el  pueblo  tiene  sus  derechos  ñjos, 
ha  visto  la  justicia  respetada 
campear  el  pensamiento  de  tus  hijos) 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  205 

y  á  tu  querida  libertad,  velada 

por  los  esfuerzos  y  valor  prolijos 

del  venerable  anciano,  y  del  que  empieza 

á  mostrar  el  poder  de  su  cabeza. 

Ha  visto  de  las  ciencias  y  del  arte 
amaneciendo  en  ti  la  hermosa  aurora,  (6) 
y  de  tu  juventud  la  mejor  parte 
que  del  arte  y  la  ciencia  se  enamora; 
y  á  la  mente  afanada  en  coronarte, 
que  agita  en  sí  la  inspiración  creadora, 
brotando  nueva  flor  y  nuevos  gajos 
en  cada  sol  que  alumbra  sus  trabajos. 

En  justo  empeño  y  pensamiento  sano, 
con  la  Europa,  sin  celos  ni  querella, 
extendidos  ha  visto  en  el  océano 
los  brazos  tuyos  y  los  brazos  de  ella, 
llegarte  frutos  del  saber  humano, 
frutos  mandarle  de  tu  industria  bella, 
y  en  esos  cambios  de  progreso,  leales, 
dentro  tus  pueblos,  pulular  caudales. 

Granar  tus  hijos  sin  perder  aquéllos, 
y  la  industria  llegar  á  tus  arenas 
á  enriquecer  y  mejorar  los  bellos 
frutos  de  bendición  de  que  están  llenas, 
y  más  altiva  levantar  por  ellos, 
¡oh  Brasil!  tu  bandera  en  las  almenas, 
que  bajo  el  sol  del  siglo  en  que  vivimos 
sólo  en  el  genio  y  la  virtud  subimos. 

Un  poco  más,  y  en  su  constante  anhelo, 
la  industria  de  la  Europa  habrá  podido 
victoriosa  alcanzar  sobre  tu  suelo 
lo  que  la  libertad  no  ha  conseguido. 
Mañana,  si,  por  bendición  del  cielo, 


206  OBRAS  DE  JOSÉ  MARMOI» 

no  será  ya  tu  fruto  humedecido 

en  su  ñor,  en  su  tallo,  en  su  simiente. 

eon  el  sudor  de  la  africana  frente. 

Esa  palanca  del  poder  humano 
que  hoy  suple  al  hombre  y  avasalla  al  mundo, 
dará  su  libertad  al  africano 
con  más  provecho  que  el  saber  profundo. 
Do  habia  cien  esclavos,  una  mano 
bastará  sola,  y  bastará  un  segundo 
en  lo  que  antes  el  negro  consumía 
de  fuerza  ruda  y  de  dolor  un  día. 

El  hombre  libre  rasgará  la  tierra 
para  echar  la  simieute  perfumada, 
y  con  la  industria  y  libertad  en  guerra 
será  aquélla  por  éstas  conquistada; 
y  cuanto  jugo  y  cuanta  savia  encierra 
le  será  por  el  arte  arrebatada, 
y  en  tus  opimos  y  sabrosos  frutos 
darás  al  arte  y  libertad  tributos. 

Con  est9  nuevo  cauce  de  riqueza, 
con  la  industria  de  Europa  entre  tu  mano, 
adiós,  Brasil,  te  pierdo  en  la  grandeza 
del  porvenir  del  mundo  americano... 
No  diviso  en  los  siglos  tu  cabeza. 
¿Imperio?  ¿Estados?  me  pregunto  en  vano; 
no  sé  qué  serás  tí;  sé  solamente 
que  alzarás,  grande,  tu  soberbia  frente. 

¿Quién  divisa  de  América  la  estrella? 
¿Quién  no  ve  en  el  futuro  su  reflejo? 
¿Quién  no  la  mira  iluminando  bella 
con  torrentes  de  luz  al  mundo  viejo? 
Lánzate  en  pos  de  su  fulgente  huella, 
lánzate  al  porvenir,  y  allí  te  dejo; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  207 


que  allí  la  vista  del  mortal  deslumhra 
el  mar  de  luz  que  fúlgido  relumbra. 


Sobre  aquese  fecundo 
suelo  de  vida  que  se  ofrece  al  mundo 
como  ñor  en  pimpollo  todavía, 

amortiguar  sabía 
ese  dolor  que  lo  consume  lento, 
el  héroe  de  mis  versos  un  momento. 

Una  naturaleza 
la  más  rica  y  variada  en  su  belleza 
encontraba  doquier — bien;  de  su  vida 

la  primera  querida 
fué  la  naturaleza,  y  hasta  ahora 
él  no  puede  decir:  «fuéme  traidoras 

Ella  siempre  le  guarda  una  sonrisa; 
renueva  sus  encantos  á  sus  ojos; 
anima  la  expresión  de  su  semblante, 

y  siempre  la  divisa, 
sin  fingida  alegría  y  sin  enojos, 
mostrarse  bella,  y  cariñosa  amante 

Ella  conoce  bien  lo  más  sensible 
del  corazón  de  Cáelos,  y  su  mano 
pulsa  diestra  las  cuerdas  de  esa  lira 

que  responde  apacible 
al  amor,  á  la  gloria,  á  cuanto  humano 
y  celestial  el  corazón  aspira. 

Ella  toca  su  mente, 

y  la  chispa  impaciente 
del  genio,  salta  y  resplandece  el  alma, 
que  siente  vida,  inspiración  y  fuego 

sacudiéndose  luego 
del  peso  rudo  de  su  estoica  calma 


208  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Ella  tiende  su  diestra, 
y  orgullosa,  le  muestra 
el  libro  azul  y  verde  que  contiene 
la  profunda  y  primer  filososía 
que  desde  el  primer  día 
escrita  por  su  Dios  el  hombre  tiene. 

Si;  Cáelos,  como  Byron,  bien  pudiera 
■decir,  que  unas  montañas,  un  desierto, 

un  mar,  una  pradera, 
la  han  enseñado  más  que  todo  cuanto 
■en  los  libros  ha  visto  y  descubierto 
por  más  que  fueran  su  primer  encanto. 

Un  libro  lo  envanece;  una  montaña 
lo  humilla  y  lo  confunde  á  su  presencia 

¿cuál  de  los  dos  engaña? 
No  sé. — Yo  me  presumo  en  armonía 
•con  mi  tenue  tejido  de  existencia, 
■cuando  humillo  ante  el  sol  la  mente  mía. 

Newton  y  Galileo 
hacen  á  Cáelos  Dios  sobre  la  tierra; 
y  luego  á  la  manera  del  caldeo, 
sube  á  la  cresta  de  empinada  sierra 
para  medir  en  su  órbita  algún  astro; 
pero  al  seguir  su  luminoso  rastro 
cree  ver  seis  caracteres  en  el  cielo; 
dos  palabras:  ¿poe  qué?  y  fría  y  muda 

en  su  perenne  duda 
su  alma  cae  sin  alas  sobre  el  suelo. 

En  su  mano  la  frente, 
«1  se  abisma  en  los  libros  de  la  ciencia, 
y  al  misterio  vital  baja  su  mente 
•en  pos  de  las  lumbreras  de  experiencia. 
Todo  ha  visto,  tocado  y  comprendido; 
mas  su  mano  á  la  vez  siente  un  latido 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  209 

■en  la  frente  sobre  ella  descansada; 

es  una  arteria — bien; — mas  ¿poe  qué  late? 

y  la  mente  se  abate 
•entre  el  caos  de  su  insondable  nada. 

Pero  ¡ay!  tras  el  ¿poe  qué?  que  le  aniquila 
en  la  naturaleza, 
T"e  de  su  alma,  la  fúlgida  pupila 
otra  palabra — Dios: — y  á  su  grandeza, 
ni  teme,  ni  pregunta,  ni  vacila. 

¡Lee  por  doquiera  Dios!  y  lo  respeta; 
y  este  es  el  gran  secreto 
de  las  inspiraciones  del  poeta, 
que  va  á  buscar  en  la  Natura,  inquieto, 
la  concepción  del  cuadro  y  la  paleta. 

Es  Dios  el  entusiasmo  que  le  anima; 
■es  la  abstracción  de  su  constante  duda; 
es  la  verdad  que  con  su  luz  lastima 
y  hace  dar  un  gemido  á  la  conciencia. 

De  vanidad  y  de  ficción  desnuda 
dice  el  alma — no  sé; — sé  solamente 
,  que  ruge  una  tormenta  con  violencia 
y  que  voy  yo  tras  ella  con  la  mente, 


Luces,  montañas,  bosques  y  llanuras 
■que  bajo  el  arco  trojúcal  formando 
laberintos  sin  orden  y  en  montones 
parecéis  las  inmensas  miniaturas 

del  infinito  bando 
-de  las  bellas  gigantes  creaciones; 

>§&©mpestades  del  trópico,  que  raudas 
"Yéarís^pasáis,  y  aparecéis  más  luego, 
'*  Mármol.— 14 


210  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL. 

en  el  curso  de  un  día  ó  de  una  hora, 
ya  coii  el  brillo  de  inflamadas  caudas 

ya  sin  su  mar  de  fuego, 
ya  mudas,  ya  con  lengua  tronadora: 

salud,  todos,  salud.  El  Peregrino 
es  demasiado  diestro  en  vuestro  idioma 
para  no  haber  gozado  de  su  gracia... 
Ese  idioma  se  aprende  del  destino 

si  de  niños  nos  toma 
y  nos  hace  marchar  con  la  desgracia 

Carlos  ha  padecido  demasiado, 
para  dar  á  su  vida  un  alto  precio; 
y  cuanto  brinda  de  placer  el  mundo 
de  verlo  y  de  gozarlo  está  cansado; 
para  no  sentir  ya  cierto  desprecio 
por  toda  flor  de  su  pantano  inmundo. 

Y  joven  todavía 
ya  de  su  juventud  se  acabó  el  día. 

Trébol  marchito,  el  delicado  aroma— = 
su  sensibilidad — -conserva  apenas. 
Pero  ella  es  lo  bastante. — Es  en  el  hombre 
el  oído  que  escucha  vuestro  idioma 
dulce,  de  amor,  consolador  de  penas... 
Gracias,  Naturaleza,  ¡ay!  vuestro  nombre, 

es  el  nombre  divino 
de  la  querida  leal  del  Peregrino. 


Al  contemplaros  él  radiante  y  bella 
en  vuestro  rico  y  fúlgido  palacio, 

do  el  crucero  destella 
rayos  de  oro  que  alumbran  el  espacio, 
no  solamente  religiosa  calma 


CASTOS  DEL  PEREGRINO  211 

y  un  hálito  de  Dios  sintiera  su  alma; 

también  bello  y  ufano, 
sintió  hablar  á  su  orgullo  americano. 

Bajo  el  crucero,  Cáelos  no  ha  podido 
preguntar  á  "Venecia,  qué  se  hicieron 

de  su  tiempo  florido 
los  trece  siglos  que  al  león  oyeron 
rugir  con  libertad,  dejando  al  mundo 
desde  San  Marcos  en  pavor  profundo, 

como  en  cien  barcarolas 
el  gondolero  en  sus  canales  solas. 

Ni  como  Harold,  á  la  augusta  Atenas 
preguntar  por  los  sabios  ciudadanos 
con  almas  puras,  de  coraje  llenas, 

al  contemplar  las  manos 
de  la  Grecia  infeliz  entre  cadenas. 

Ni  ha  visto  en  "Waterlóo  desparramada 
la  ceniza  del  águila  francesa, 
que  ayer  sobre  las  nubes  remontada 
al  peso  descendió  de  su  grandeza. 

Ni  como  Chateaubriand,  quebrando  yedras 
ha  examinado  las  ocultas  piedras 

del  romanesco  Oriente, 
para  encontrar  los  héroes  de  la  historia 
en  las  perdidas  tumbas  de  su  gloria. 

Ni  en  fragmentos  de  mármol,  encubierto 
por  el  crecido  musgo  ha  descubierto 

en  la  Eoma  presente 
de  la  pasada  Roma  los  ejemplos, 
en  rotos  dioses  y  arruinados  templos. , 

Ningún  lugar  ha  traído  á  su  memoria 
un  recuerdo  brillante 
de  la  pasada  gloria 
que  ha  llevado  del  mundo  el  tiempo  errante. 


212  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Ningún  lugar  como  á  su  fantasía, 
en  las  antiguas  hablas 
de  la  Mitología, 
querrás  y  amores,  religión  y  fablas. 

En  ningunas  arenas 
bañadas  por  las  olas, 
lia  visto  aquellas  que  escuchaban  solas 
de  Penelope  las  sentidas  penas. 

El  no  ha  reconocido 
la  peña  de  Vulcano, 
ni  á  la  Musa  de  Lesbos  percibido, 
en  los  montes  á  orillas  del  Océano. 

Sobre  la  cima  de  ninguna  sierra. 
ha  visto  de  los  dioses  el  asiento, 
do  á  su  potente  voz  el  rayo,  el  viento, 
se  despeñaban  en  tronante  guerra. 

En  ningún  monte  el  célebre  Parnaso, 
en  ningún  mar  bañarse  la  Mañana; 
en  ningún  bosque  de  la  hermosa  Diana 
.la  huella  ha  visto  del  ligero  paso. 

Nada  de  esto  ha  tocado  de  repente 
la  memoria  una  vez  del  Pebegbino; 

pero  ¿acaso  lo  siente? 
No;  que  cosa  más  bella  en  su  camino 

ha  visto  entusiasmado, 
y  al  mirarla  su  frente  ha  descubierto. 
El,  sus  brazos  al  pecho,  no  ha  mirado 
á  un  noble  anciano  en  el  sepulcro,  yerto; 

ha  contemplado  un  niño 
de  riente  faz  y  virginal  cariño. 


G-enios  sublimes  del  antiguo  mundo, 
abrid  sepulcros  y  cabad  cimientos, 


CAUTOS  DEL  PEREGRINO  213 

y  con  saber  profundo 
habladnos  de  los  viejos  monumentos. 

Levantad  los  sudarios 
que  cubren  del  pasado  la  grandeza 
y  en  la  misión  tan  útil  de  anticuarios 
gane  palmas  sin  fin  vuestra  cabeza: 

en  la  América  mía 
vuestra  misión  muy  poco  ganarla. 

Perdón — de  gloria  os  mostraré  diez  siglos 
habidos  en  diez  años  solamente. 
¡Oh,  no  penséis  que  la  irritada  mente 
se  imagina  fantasmas  y  vestiglos, 
es  todo  realidad — sólo  un  cartucho 
quemado  sobre  el  campo  de  Ayacucho, 
vale  algo  más  qne  toda  la  metralla 
que  gastó  Francia  en  su  mejor  batalla! 

Si  la  grandeza  militar  se  estima 
por  lo  que  de  ella  al  porvenir  le  toca, 
cabe  bien  Austerlitz  dentro  la  boca 
de  un  cañón  de  Junín  ó  Maypo  y  Lima. 
Cualquier  bala  del  campo  americano 
le  vale  más  al  porvenir  humano 
que  de  este  siglo  todas  las  medallas 
que  recuerden  de  Europa  cien  batallas. 

En  nuestro  mundo  el  monte  y  la  pradera 
tocan  árido,  pobre  ó  infecundo 
el  antiguo  pasado  con  su  mano, 
que  de  este  siglo  todas  las  medallas 
que  recuerden  de  Europa  cien  batallas. 

En  nuestro  mundo  el  monte  y  la  pradera 
tocan  árido,  pobre  ó  infecundo 
el  antiguo  pasado  con  su  mano, 
pero,  ¿cuánto  daría  vuestro  ^undo 


214  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

por  un  poco  siquiera 

del  porvenir  del  mundo  americano? 

Aquí  si  se  contempla  una  llanura 
no  se  cree  oir  un  canto  de  victoria, 
ni  ver  de  Jerges  la  sangrienta  huella: 
mas  se  adivina  una  época  futura 
en  que  al  aliento  de  la  humana  gloria 
veránse  pueblos  levantarse  en  ella. 

Al  contemplar  un  monte 
se  piensa  escuchar  dioses  ni  amante, 
pero  se  piensa  ver  el  horizonte 
á  través  de  su  cuerpo  de  gigante, 
cuando  el  arte  y  la  industria  con  sus  brazos 
partan  las  cordilleras  en  pedazos. 

El  río,  el  monte,  el  llano, 
la  piedra;  las  arenas,  cuanto  existe, 
son  aquí  joyas  del  futuro  humano: 
joyas  con  que  la  América  se  viste, 
y  virgen  y  radiante  y  poderosa 
presenta  al  porvenir  su  mano  hermosa. 

¡Salud,  joya  del  mundo!  El  Peregrino 
siente  demasiado  alta  su  cabeza 
cuando  á  los  pies  de  tu  sin  par  belleza 
te  ofrece  de  rodillas  su  destino. 

Bastante  se  ennoblece  y  abrillanta, 
bajo  la  lumbre  suave  de  tus  ojos, 
para  envidiar  del  Asia  los  despojos 
ni  cuanto  Europa  envanecida  canta. 

Al  pintar  tu  hermosura 
lo  inspira  y  alza  lo  sublime  de  ella, 
y  con  sólo  seguirte,  virgen  pura, 
él  se  baña  en  los  rayos  de  tu  estrella. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  215 

Salud,  ricas  coronas 
para  la  blanca  frente  de  la  hermosa, 
tejidas  desde  el  Plata  al  Amazonas 
por  la  mano  del  cielo  primorosa. 

Salud,  Janeiro —primavera  eterna, 
rosa,  nunca  sin  sol,  siempre  aromada, 
tú  la  enseñaste  al  Peregrino  errante, 

de  su  América  tierna 
una  belleza  más  en  el  semblante, 
un  rayo  más  de  luz  inmaculada. 

Al  mostrarle  tu  frente  al  Peregrino 
purificaste,  acaso,  el  pensamiento 
que  en  embrión  contenía  su  cabeza, 

sobre  el  alto  destino 
que  jugará  en  el  mundo  la  grandeza 
de  lo  que  tiene  americano  asiento! 

El  no  lo  duda,  no;  él  cree  y  se  fía 

en  la  eterna  armonía 
de  las  obras  de  Dios  sobre  la  tierraí 
y  cuando  lia  visto  los  opimos  dones 

que  derramó  á  montones 
la  mano  del  Creador  sobre  tu  frente, 
ha  visto  tras  los  siglos,  con  su  mente, 
en  genio  y  paz  y  en  libertad  prolijos 
la  futura  grandeza  de  tus  hijos. 

El  no  te  olvidará.  ¿El?  ¿Quién  olvida 

el  lugar  que  en  la  vida 
nos  dio  un  poco  de  calma  y  de  ventura? 
¿Quién  olvida  la  palma  del  desierto 

que  en  el  camino  incierto 
nos  guareció  del  sol  que  nos  quemaba? 
Tú  le  distes  un  día  á  quien  llamaba: 
su  jdía  de  oro...  Deificado  día 
que  él  adora  en  sublimo  idolatría. 


216  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


ADIÓS  AL  JANEIRO 

Adiós,  Río  Janeiro;  del  bardo  Peregrino* 
escucha,  va  en  las  ondas,  el  eco  de  su  voz: 
La  página  más  bella  te  debe  mi  destino; 
adiós,  Rio  Janeiro;  cinco  de  Enero,  adiós 

No  tengo  yo  ni  patria,  ni  amigos  en  el  mundo, 
y  allí  donde  palpita  mi  corazón  feliz, 
mi  pecho  de  recuerdos  y  gratitud  fecundo, 
al  despedirse  deja  su  bendición  allí. 

No  tengo  por  riqueza  sino  mi  triste  lira, 
que  canta  cuando  llora  mi  triste  corazón; 
llevad,  brisas  del  Norte,  los  tonos  que  suspiraj 
adiós,  Río  Janeiro;  cinco  de  Enero,  adiós. 

La  patria  en  que  he  nacido  cantando  sus  victorias, 
se  levantó  en  los  brazos  del  genio  militar; 
bajo  la  paz  mañana  la  esperan  otras  glorias 
y  las  orladas  sienes  elevará  inmortal. 

Su  abrazo  es  el  más  noble,  su  mano  la  más  fuerte, 
que  marchen  abrazados,  el  águila  y  el  sol. 
La  paz  es  para  emtrambos  la  egida  de  su  suerte; 
adiós,  Río  Janeiro;  cinco  de  Enero,  adiós. 


CANTO  DUODÉCIMO 


Al  Sr.  Dr.  D.  Francisco  Pico: 


El  amor  á  la  patria — el  infortunio  del  proscrito,  la  esperanzar- 
en él  porvenir — son  flores  y  espinas  que  ha  brotado  el  corazón* 
de  usted  desde  su  más  temprana  juventud. 

Una  amistad  la  más  pura  y  desinteresada  hace  mucho  tiempo- 
que  nos  une. 

En  este  Canto  hablo  de  patria,  de  infortunio,  de  porvenir; 
¿querrá  el  proscrito  y  el  amigo  aceptar  este  homenaje  pobre  de 
una  amistad  rica  de  cariño  y  consideración? 

José  Máemol 


Montevideo,  Julio  19  de  1846, 


CANTO  DUODÉCIMO 


En  muda  soledad' duerme  tranquila, 
cual  postrado  león,  la  mar  sonora, 
y  allá  en  el  horizonte  su  pupila, 
cual  risueña  beldad,  muestra  la  aurora. 
El  primer  rayo  de  su  luz  vacila 
y  apenas  de  la  mar  la  espalda  dora'; 
pero  llegan  en  pos  y  en  muchedumbre 
rayos  y  rayos  de  brillante  lumbre. 

Huye  la  obscuridad  y  huye  el  sosiego 
de  la  ofendida  mar  que  hincha  su  espalda, 
y  allá  en  el  horizonte  ondas  de  fuego 
disputan  á  la  mar  las  de  esmeralda; 
Hasta  que  bordan  opulentas  luego 
del  astro  rey  la  fúlgida  guirnalda, 
que  en  su  llama  inmortal  al  mundo  absorba 
como  la  luz  de  Dios  absorbió  al  orbe. 

Con  la  brisa  del  Norte  hinchado  el  lino 
se  desliza  el  bajel  rápidamente, 
como  la  vida  al  soplo  del  destino 
en  el  mar  de  las  cosas  y  la  mente. 


220  J3RAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

En  la  popa,  su  vista  el  Peeegeino 
tiene  fija  en  las  nubes  de  Occidente; 
baja  sus  ojos  y  las  ondas  mira, 
y  como  Heno  de  dolor  suspira. 

¡Un  suspiro!...  ¿y  por  qué?  ¿Cáelos,,  acaso* 
tiene  algo  de  común  con  los  dolores 
ni  la  felicidad?  ¿Ya  en  el  ocaso 
su  estrella  no  apagó  sus  resplandores? 
¿Indiferente  al  infortunio,  el  paso 
no  mueve  por  doquiera,  sin  amores, 
sin  dar  al  ruido  mundanal  un  eco 
su  corazón  desencantado  y  seco? 

¡Ay,  ese  corazón  fué  tan  aprisa 
despeñado  en  los  piélagos  del  mundo, 
que  si  mira  el  pasado,  en  él  divisa 
un  largo  siglo  de  dolor  fecundo! 
Se  acabó  para  Cáelos  la  sonrisa 
y,  escondido  del  alma  en  lo  profundo? 
coge  allí  la  .raíz  de  sus  dolores 
y  la  pone  en  su  lira  en  vez  de  flores. 

El  fué  para  los  hombres,  franco  y  bueno, 
noble  su  corazón  cual  la  nobleza; 
pero  existía  un  cáliz  en  su  seno 
y  una  chispa  del  genio  en  su  cabeza. 
Le  llenaron  el  cáliz  de  veneno, 
la  chispa  hirió  del  mundo  la  corteza 
y  él  dijo  al  contemplarlo,  fríamente: 
«nos  miraremos,  mundo  frente  á  frente»,. 

Y  después,  desatando  sin  recelo 
del  mundo  y  del  espíritu  los  nudos, 
cual  noble  Caballero,  que  en  el  duelo 
deja  su  brazo  y  corazón  desnudos, 
tras  de  la  tempestad  remontó  el  vuelo 


CANTOS  DEL  PERBGRIMO  221 

■del  infortunio  al  ¡Ay!  sus  labios  mudos, 
-comenzando  esa  vida,  ese  romance 
que  ojalá  nadie  á  comprender  alcance. 

Esa  vida,  ese  cúmulo  de  escenas, 
donde  el  drama  del  mundo  lia  conocido 
.  y  donde  todo,  sin  excluir  las  penas, 
é,  excepción  del  honor,  ha  consumido. 
¿Cuáles  dichas  de  amor  le  son  ajenas? 
¿Qué  hiél  del  infortunio  no  ha  bebido? 
-¿Qué  lágrima  ha  quedado  en  su  pupila? 
.¿A  qué  se  lanza  ya,  ni  en  qué  vacila? 

¿Acaso  los  recuerdos  todavía 
•arrebatan  á  su  alma  ese  suspiro? 
¿Del  cielo  tropical  el  claro  día 
viene  á  su  mente  á  perturbar  el  giro 
de  las  negras  ideas?  ¿Su  alma  umbría 
se  alumbra  con  el  rayo  de  zafiro 
que  el  Crucero  en  su  espléndido  palacio 
vierte  en  hebras  de  luz  sobre  el  espacio? 

¿Acaso  su  inmortal  cinco  de  Enero  (1) 
ese  suspiro  lánguido  arrebata, 
y  recuerda  con  él  su  amor  primero, 
y  esa  mujer  hasta  con  Dios  ingrata, 
para  entregarle  el  corazón  entero; 
esa  mujer  cuyo  recuerdo  mata, 
porque,  al  verla  una  vez,  el  alma  expira, 
si  lejos  de  ella  y  de  su  amor  suspira? 

Aquella  á  quien  un  día  el  Peregrino 
dijo:  «¡Adiós!  yo  te  he  amado  hasta  el  excesa, 
mi  amor  primero  te  guardó  el  destino, 
toma,  guarda  también  mi  último  beso; 
si  te  hallare  otra  vez  en  mi  camino, 
entonces  te  diré  con  embeleso, 
■S^conoces  el  sello  de  tu  boca 


222  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁ RilOL 

ven.  y  mi  labio  con  tu  labio  toca.» 

No,  no  es  esa  quien  hora  de  su  pecho 
arranca  ese  suspiro;  la  ama  tanto, 
que  el  corazón  en  lágrimas  deshecho, 
ó  sueños  de  placer,  en  vez  de  llanto, 
yunca  á  su  imagen  y  á  su  amor  estrecho 
nunca  suspira,  pues  su  dulce  encanto 
es  guardar  cuanto  fué  y  es  de  su  bella 
sin  que  robe  un  suspiro  el  nombre  della. 

Esas  ondas  que  mira  el  Peregrino 
¿no  sabéis  cuáles  son?  Son  las  del  Plata; 
y  esas  nubes  que  el  rayo  matutino 
sobre  el  cénit  azul  blancas  delata, 
le  descubren  el  Cabo  Cisplatino 
cuya  sombra  en  las  olas  se  retrata. 
¿Comprendéis  el  suspiro?  Al  sur,  la  nube 
de  las  riberas  de  su  patria  sube. 

Si  al  extranjero  que  aprendió  la  historia 
de  estos  pueblos,  las  ondas  de  su  río 
inspiran  un  recuerdo  en  su  memoria, 
triste  como  el  crepúsculo  del  día, 
al  que  en  ellas  nació,  cuando  la  gloria, 
que  al  nacer  expiró,  también  nacía, 
¡oh,  que  no  inspirarán  si  acaso  siente 
sensible  el  corazón  y  alta  la  mente! 

El  Peregrino  sus  miradas  gira: 
á  su  izquierda  la  patria.  Allí  está  ella, 
dice,  y  las  nubes  y  las  ondas  mira, 
por  distraer  el  alma  de  la  huella 
que  labra  la  vergüenza...  El  aura  aspira 
de  la  patria  oriental...  Sus  rocas,  bella 
baña  la  luz  del  sol...  mas  ¡ay!  le  muestra 
que  también  hay  tiranos  á  su  diestra.  (2) 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  22o 

¡De  un  hombre  que  en  el  Plata  fué  su  cuna, 
sus  esperanzas  y  su  fe  primeras, 
es  por  cierto,  gran  Dios,  bella  fortuna 
estar  del  rio  entre  las  dos  riberas, 
y  saber  que  á  la  vez  en  cada  una 
la  barbarie  despliega  sus  banderas; 
y  que  en  aquella  ó  en  aquesta  orilla 
á  su  garganta  espera  la  cuchilla! 

Es  cierto,  sí;  mi  pobre  Peregrino 
bien  habrá  de  mover  su  mundo  interno, 
al  contemplarse  sobre  débil  pino 
navegando  á  la  entrada  de  un  infierno; 
bien  puede  meditar  sobre  el  destino, 
los  fallos  de  Satán  ó  del  Eterno, 
á  la  vista  de  pueblos  y  señores 
que  dejó  malos  y  los  ve  peores. 

Su  madre  patria  alli,  y  allí  su  hermana... 
hay  parientes,  por  Dios,  que  más  valiera 
llorarlos  muertos  en  su  edad  temprana. 
Y  esa  madre  de  hermosa  primavera 
y  esa  joven  tan  pura  en  su  mañana, 
el  triste  viajador  verlas  quisiera 
en  aqueso  que  llaman  en  la  historia 
no  tumba,  sino  templo  de  la  gloria. 

¡Argentino!  Por  Dios  y  por  mi  vida, 
que  este  mundo  no  es  hoy  una  gran  cosa; 
si  no  se  llama  cosa  desmedida 
siervo  vivir  de  tiranía  odiosa, 
ó  arrastrar  vagabunda  y  desvalida 
una  existencia  obscura,  fatigosa; 
dos  extremos,  los  únicos  al  hombre 
que  lleva  de  Argentino  el  triste  nombre. 

Antes  era  otra  cosa;  antes  valía 
la  pena  de  llevar  una  estrada 


224  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

el  decir  con  orgullo  y  bizarría: 
nací  argentino  y  en  mi  patria  amada 
no  hay  ya  ni  esclavitud  ni  tiranía, 
y  en  la  frente  del  hombre  inmaculada, 
donde  la  libertad  graba  su  sello 
►       deslumhra  un  rayo  de  esperanzas  bello, 

Pero  antes  esa  patria,  en  vez  de  yugo, 
laurel  tenía  y  palmas  en  la  frente: 
en  vez  de  miserables  y  verdugo 
hombre  de  honor  y  corazón  valiente; 
y  en  vez  del  vicio  cuyo  amargo  jugo 
hoy  nutre  sus  entrañas  torpemente, 
la  miel  de  la  virtud  nutría  el  seno 
de  amor,  nobleza  y  esperanzas  lleno 

Entonces  á  la  luz  del  claro  día 
■se  conquistaban  glorias  inmortales, 
y  el  corazón  en  ecos  repetía 
las  voces  de  los  cánticos  triunfales; 
entonces  por  la  patria  se  moría, 
y  eran  templos  las  urnas  sepulcrales; 
entonces  ¡ay!  las  madres  envidiaban 
Ja  suerte  de  los  hijos  que  expiraban. 

Entonces  en  la  lid  nuestros  guerreros 
dirigían  al  pecho  castellano, 
como  leales  y  nobles  caballeros, 
la  punta  de  su  sable  americano; 
entonces  se  envainaban  los  aceros 
y  al  vencido  infeliz,  la  propia  mano 
del  vencedor  cuidaba  de  su  herida, 
-al  que  no  quiso  matar,  dándole  vida  (3). 

Entonces  el  anciano,  cuya  noble 
frente,  al  peso  del  tiempo  ya  se  abate, 
cual  viejo  y  fuerte  deshojado  roble, 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  225 

que  resiste  del  viento  el  duro  embate, 
escribía  la  ley,  cuando  el  redoble 
convocaba  sus  hijos  al  combate, 
y  ellos  le  daban  patria  con  la  guerra, 
y  el  viejo  á  ellos,  ley  para  su  tierra. 

Entonces  en  las  bóvedas  del  templo 
la  palabra  de  Dios  repercutía; 
y  la  virtud  de  Cristo  era  el  ejemplo 
que  el  sacerdote  al  pueblo  descubría; 
entonces  esta  lira  que  yo  templo 
á  la  voz  de  mortal  melancolía, 
otros  templaban  á  la  dulce  y  bella 
voz  de  la  libertad,  en  redor  della. 

Entonces  el  labrador,  cuando  el  arado 
volvía  á  levantar  dejando  el  sable, 
de  su  esposa  y  sus  hijos  rodeado 
á  la  puerta  del  rancho  miserable, 
ricas  cosas  contaba  entusiasmado, 
todas  de  patria  y  gloria  memorable, 
sin  miedo  de  negar  ó  dar  renombres, 
porque  entonces  los  hombres  eran  hombres. 

Entonces  eras  tú,  pueblo  argentino, 
grande  como  los  Andes  y  el  Océano; 
y  á  la  luz  de  tu  fúlgido  destino 
alumbrabas  el  mundo  americano, 
derramando  en  tu  espléndido  camino, 
como  Dios  las  estrellas  con  su  mano, 
chispas  de  libertad,  rayos  de  gloria, 
desde  el  carro  veloz  de  la  victoria. 

Podaban  de  los  Andes  de  repente 
torrentes  de  guerreros  á  su  acento, 
para  caer  cual  rayos  en  la  frente 
Mármol.— 15. 


226  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

de  un  trono  con  dos  mundos  por  cimiento; 
como  al  eco  de  Dios,  en  llama  ardiente, 
cayeran  en  raudal  del  firmamento 
nubes  y  nubes  que  el  cénit  desploma 
en  la  reproba  frente  de  Sodoma. 

Y  á  sus  plantas  tiraba  hecha  pedazos 
la  cadena  de  fierro  de  dos  mundos, 
que  cayeran  del  cielo  sin  más  lazos 
que  aquellos  del  amor,  y  los  profundos 
mares  que  los  estrechan  con  sus  brazos, 
por  más  que  sus  desiertos  infecundos 
donde  todo  se  pierde  ante  los  ojos, 
parezcan  separarlos  con  enojos. 

Y  cambiaba  del  hombre  los  destinos 
levantando  una  virgen  de  esperanza, 
como  alza  Dios  los  rayos  matutinos 

y  cambia  el  huracán  por  la  bonanza; 
y  abria  de  un  futuro  los  caminos 
donde  una  nueva  humanidad  se  lanza, 
como  hizo  Dios  al  presentar  la  oliva 
dentro  del  Arca  á  la  familia  viva. 

Entonces  al  sepulcro  caminaba 
paso  á  paso  el  guerrero,  y  de  su  frente 
la  aureola  el  sepulcro  iluminaba 
y  el  más  allá  de  la  futura  gente. 
El  sol  así,  cuando  su  marcha  acaba 
lleno  de  majestad  en  occidente, 
de  su  tumba  los  bordes  ilumina 
mientras  á  otra  región  su  luz  camina. 

En  fin,  la  vida  y  aun  la  misma  muerto 
en  los  pueblos  del  Plata,  para  el  hombre 
eran  entonces  envidiable  suerte; 
vida  era  gloria,  y  muerto  era  renombre. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  227 

Pero  á  esa  patria,  valerosa,  fuerte, 
llena  de  gloria  y  opulencia  y  nombre, 
rica  de  corazón,  rica  de  espada, 
¿sabéis  ahora  lo  que  resta?...  ¡Nada! 

Parece  que  su  frente  hubiera  sido 
por  la  vara  de  un  mágico  tocada, 
ó  la  trompeta  de  Josué  sentido, 
al  mirarla  tan  rápido  postrada. 
Parece  que  algún  soplo  desprendido 
de  las  egipcias  playas,  abrasada 
su  atmósfera  dejase,  y  de  repente 
postrado  hubiera  la  marchita  frente. 

Todo,  todo  pasó;  gloria,  opulencia, 
la  virtud  misma  del  hogar  no  existe, 
y  las  horas  las  cuenta  la  existencia 
por  los  golpes  del  fierro  que  resiste. 
La  propia  flor  de  la  beldad  su  esencia 
ha  perdido  y  su  brillo,  mustia  y  triste 
encerrada  con  hálitos  impuros 
de  la  barbarie  entre  los  altos  muros. 

Apenas  esa  patria  que  derrumba, 
más  y  más  cada  dia  el  despotismo, 
y  besa  más  la  mano  que  la  tumba, 
cuanto  más  la  despeña  en  el  abismo; 
apenas,  como  el  polvo  de  una  tumba 
tiene  flores  que  brota  de  sí  mismo, 
tiene  ella  por  el  mundo  algunos  hombres 
celosos  de  sus  glorias  y  sus  nombres, 

que  han  bebido  la  hez  de  la  amargura 
pajo  el  pálido  sol  del  extranjero, 
y  consuelan  su  misma  desventura 
con  hablar  á  su  patria  dulce  agüero; 
que  bajo  suelo  extraño  sepultura 


228  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

dan  á  sus  viejos  padres  y  al  guerrero; 
y  les  dicen:  «Quedad  hasta  que  un  día 
lloremos  ¡ay!  vuestra  ceniza  fría». 

Que  ven  nacer  sus  inocentes  hijos 
sin  nacer  en  la  patria  de  su  padre; 
y  en  vez  de  maldecir,  hacen  prolijos 
que  al  empezar  á  hablar  la  llamen  madre: 
y  siempre  en  Dios  y  en  la  esperanza  fijos, 
cuando  á  su  patria  la  bonanza  cuadre, 
ven  que  el  dolor  y  la  vejez  los  labra 
sin  decir  de  Scipión  la  cruel  palabra.  (4) 

Aquesto  y  nada  más,  patria  argentina, 
queda  de  tu  pasado  y  tu  grandeza; 
es  el  último  rayo  que  ilumina 
del  sol  que  abrillantaba  tu  cabeza. 
Pero  lejos  de  ti  su  luz  camina 
sin  animar  tu  lívida  belleza; 
esa  que  abrigas  torpe  muchedumbre 
nada  conserva  de  tu  antigua  lumbre. 

¿Nada?...  ¡Oh,   es  mucho  nadal  Tiene   menos 
esa  gente  en  el  vicio  embrutecida; 
tiene  acreedores  de  piedad  ajenos, 
tiene  la  humanidad,  que  sorprendida, 
y  los  cielos  también  de  pasmo  llenos 
le  piden  ouenta,  y  en  rigor  debida, 
de  esos  largos  escándalos  salvajes, 
con  que  al  mundo  y  á  Dios  comete  ultrajes. 

Cuenta  qUe  has  de  pagar,  redil  de    esclavos, 
pueblo  sumido  en  lodazal  del  crimen, 
espúrea  raza  de  los  hombres  bravos 
que  hoy  en  la  tumba  de  vergüenza  gimen. 
¡Ah,  bien  la  pagas  ya!...  Sientes  los  clavos 
y  el  son  de  las  cadenas  que  te  oprimen; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  229 

dentro  del  corazón  la  verdad  sientes, 
y  nuevo  Gralileo,  crees  y  mientes. 

Diputados,  ministros,  generales, 
¿Qué  hacéis?  Corred;  el  bruto  tiene  fiebre; 
arrastrad  vuestras  hijas  virginales 
como  manjar  nitroso  á  su  pesebre. 
Corred  hasta  las  santas  catedrales; 
á  vuestros  pies  la  lápida  se  quiebre; 
y  llevad  en  el  cráneo  de  Belgrano 
sangre  de  vuestros  hijos  al  tirano. 

Que  su  carro  triunfal  vuestras  osposas 
arrastren  otra  vez,  dadlas  al  bruto, 
para  que  os  honre,  si  las  halla  hermosas, 
con  daros  de  su  raza  un  noble  fruto. 
¿De  qué  no  es  amo  y  digno  vuestro  Rosas 
si  le  disteis  la  patria  por  tributo? 
Gracias,  señores,  gracias  por  la  gloria 
que  dejáis  de  nuestra  época  en  la  historia.  (5) 

Envidiasteis  tal  vez  á  los  campeones 
que  llamáronse  célebres  un  dia, 
y  al  nivel  de  esos  ínclitos  varones 
os  quiso  levantar  vuestra  osadía. 
Y  en  efecto,  tan  altas  ambiciones 
se  os  han  llenado  ya,  y  en  demasía; 
pues  la  fama,  con  nombres  y  apellidos. 
os  llama  los  más  célebres  bandidos. 

Generales,  ministros,  diputados, 
grande  es  vuestra  misión  en  vuestra  era; 
y,  si  por  buena  ley  morís  ahorcados, 
ni  admirable  tal  vez,  ni  extraño  fuera, 
que  allí  vuestros  cadáveres  colgados 
quedasen,  corno  ejemplo  al  que  los  viera 
del  modo  cómo  se  hacen  inmortales 
los  célebres,  los  altos  criminales. 


230  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¡Oh  Rosas!  No  la  prensa  y  la  tribuna 
del  brasilero,  grande  solamente 
te  llamará,  eso  no;  también  hay  una 
joven  y  noble  y  argentina  frente, 
que  hoy  se  levanta,  y  sin  temor  ninguna 
te  llama  grande,  fuerte,  omnipotente, 
j  asi  te  llama  ante  la  luz  del  día, 
que  es  frente  sin  doblez,  porque  es  la  mia. 

Y  asi  te  llamo,  para  orlar  de  gloria 
esa  patria  infeliz  á  quien  adoro; 
que  destinada  en_su  naciente  historia 
á  escribir  con  valor  páginas  de  oro, 
primero  la  grandeza  en  la  victoria, 
después  de  inteligencia  un  gran  tesoro 
y  á  ti  después  te  levantó  en  sus  manos, 
si  más  grande  de  todos  los  tiranos, 

¿Quién  más  que  tú  fué  grande  en  osadía? 
Escupes  en  la  frente  de  la  Europa; 
y  ese  mundo  de  regia  jerarquía 
te  brinda  luego  de  amistad  la  copa, 
y  pisas  del  bajel  en  que  la  envía 
el  pabellón  de  la  soberbia  popa. 
Gracias,  Rosas:  mi  nombre  de  argentino 
que  el  de  enemigo  tuyo  antes  me  vino. 

Ese  nieto  imperial  de  veinte  abuelos, 
hijo  pigmeo  de  gigante  padre, 
manda  tender  del  águila  los  vuelos, 
luego  que  al  potro  de  la  Pampa  cuadre; 
y  tú,  rama  del  pasto  de  los  suelos, 
gaucho  sin  Dios  ni  ley — de  obscura  madre; 
haces  que  lleve  un  puntapié  consigo, 
y  te  llame  el  monarca  Grande  Amigo  (6). 

Uno  que  es  más  que  tú,  transformó  un  día 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  231 

en  estatua  de  sal  una  belleza; 

y  tú,  mayor  que  él  en  fantasía, 

has  tenido  el  capricho  en  tu  cabeza 

de  hacer  de  una  nación  de  nombradla 

un  pantano  cubierto  de  maleza, 

y  de  un  millón  de  seres  racionales 

número  igual  de  estatuas  animales. 

Estatuas  con  resortes;  tú  las  tocas 
y  ellas  corren,  se  paran,  lloran,  cantan, 
les  das  de  latigazos,  y  más  locas 
saltan,  gritan,  te  aplauden  y  se  encantan; 
y  al  ruido  el  infierno  abre  sus  bocas 
y  hasta  Satán  y  el  Tártaro  se  espantan, 
que  á  tantos  á  la  vez  ni  Satán  mismo 
enloqueció  jamás  en  el  abismo. 

Gracias,  llosas;  mi  mente  de  poeta 
busca  la  novedad,  y  cada  fibra 
siento  del  corazón  latir  inquieta 
por  toda  voz  que  de  ignorancia  libra; 
y  tú  eres  á  mi  oído  una  trompeta, 
que  en  ecos  claros  me  repite  y  vibra: 
que  si  tú  no  eres  grande,  pocos  reyes 
y  pocos  hombres  hay  que  no  son  bueyes: 

¡Ah,  Rosas,  si  mi  joven  Peregrino 
á  quien  haces  viajar  pobre  y  errante, 
te  encuentra  alguna  vez  en  su  camino 
habréis  de  ser  amigos  al  instante. 
Puede  ser  que  se  canse  el  argentino — 
Tú  apuestas  á  que  no  y — ¡ay!  su  gigante, 
viaje  por  el  Brasil  ó  por  la  Europa... 
si  te  halla  Carlos  tocaréis  la  copa. 

Y  gran  cosa  por  Dios  mirar  sería 
conversando  el  demonio  y  un  poeta, 
en  una  noche  de  tormenta,  umbría,. 


232  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

con  yoz  pausada,  con  pupila  inquieta, 
á  la  pálida  luz  de  una  bujia, 
entre  misterio  y  soledad  secreta, 
acariciando  cada  cual  á  solas 
el  oculto  puñal  ó  las  pistolas. 

Y  descubriendo  de  tu  mundo  interno 
esos  cóncavos  senos  del  delito 

que  abrió  en  tu  corazón  el  mismo  infierno- 
para  vaciar  la  rabia  del  precito; 
y  mostrando  el  poe  qué  del  odio  eterno 
que  fulminó  tu  corazón  maldito, 
saber  Cáelos  entonces  el  enigma 
para  cantar  su  horrible  paradigma. 

Y  al  oscilar  la  luz  sobre  tu  frente,, 
las  sombras  de  tus  víctimas  pasando 
contemplase  el  poeta,  y  de  repente, 

el  trueno  en  los  espacios  retumbando, 
y  de  cien  rayos  á  la  llama  ardiente, 
ver  con  arpas  de  fiero  negro  bando 
de  bardos  de  Luzbel,  á  roncos  gritos 
cantar  tu  maldición  y  tus  delitos. 

Todo  esto,  para  Cáelos,  bien  seria 
espectáculo  ameno — escena  rara 
del  drama  de  su  vida, — y  bebería 
contigo  dos  botellas  cara  á  cara, 
sin  miedo  y  con  placer.  ¡Cuánto  sabría! 
¡Tú  que  enseñas  tan  bien,  con  voz  tan  clara! 
Mas  ¡ay!  no  te  he  de  hallar;  y  Grande  y  Fuerte 
seguirás  en  tu  cátedra  de  muerte. 

¡Cuánto  no  has  enseñado  y  puesto  en  duda! 
¡Cuánta  filosofía  no  has  dictado 
de  ficción  y  oropel  siempre  desnuda! 
Las  cosas  como  son  has  enseñado: 
la  ley  do  Dios  para  la  tierra,  muda: 


CANTOS  DEL  PEREGRINO 

"bajo  el  látigo  el  hombre  arrodillado; 
y  que  todo  es  ficción  cuanto  decimos 
del  palabrero  siglo  en  que  vivimos. 

Una  cosa  más  práctica  la  mente 
te  debe  todavía;  y  es  el  modo 
de  comprender  de  América  el  presente 
y  su  modo  de  ser  y  sufrir  todo; 
pues,  libre  un  poco  más,  toda  su  gente 
cual  la  que  mandas  tu,  duerme  en  el  lodo; 
erial  de  los  alcaldes  y  virreyes 
do  plantaron  el  bosque  de  sus  leyes. 

Hay  coincidencias  raras  en  la  vida 
de  los  célebres  pueblos.  Cuantos  males 
ha  sufrido  la  España  en  su  caída, 
los  debe  á  esos  magníficos  caudales 
que  le  enviaba  la  América  oprimida; 
y  esta  debe  de  llantos  sus  raudales 
á  las  manos  que  España  le  mandaba 
para  coger  el  oro  que  encerraba. 

Yo  miro  levantarse  soberana 
de  "Washington  la  patria,  como  el  astro 
que  del  pálido  oriente  en  la  mañana 
se  alza  dejando  iluminado  rastro: 
miro  su  libertad  virgen  y  ufana 
despeñarse  en  su  carro  de  alabastro, 
atravesar  los  piélagos  profundos 
y  en  sus  hombros  después  volver  con  mundos. 

Yo  miro  del  Brasil  brotando  lumbre 
la  razón  y  la  industria  palpitantes, 
como  brotan  en  rica  muchedumbre 
sus  arenas  el  oro  y  los  diamantes: 
y  allí  su  libertad  en  regia  cumbre 
fascinar  con  sus  ojos  rutilantes, 
cual  fascina  su  monte  y  su  pradera 


234  OBRAS  DT3  JOSÉ  MÁRMOL 

con  su  eterna  y  lujosa  primavera. 

Y  yo  miro  también  que  donde  el  carro 
de  la  España  rodó,  sobre  la  tierra 
inmensa  de  Cortés  y  de  Pizarro, 
hay  solamente  esclavitud  y  guerra, 
pueblos  sumidos  en  inmundo  barro 
que  estremecen  los  llanos  y  la  tierra, 
recibiendo  en  la  punta  de  las  lanzas 
de  la  alma  libertad  las  esperanzas. 

Salud,  Duque  de  Bivas.  Eres  hombre 
que  dijiste  verdad  en  ecos  llanos, 
cuando  dijiste,  por  negarnos  nombre : 
Españoles  seréis,  no  americanos... 
Hé  aqui  la  verdad  por  más  que  asombre* 
la  verdad  que  descubre  cien  arcanos; 
el  prolijo  compendio  de  una  historia 
que  ya  cuenta  más  lágrimas  que  gloria 

Aqui  hay  España,  sí;  pero  no  aquella 
España  de  los  ínclitos  varones, 
que  por  su  Dios  y  por  su  patria  bella, 
de  Cristo  y  de  Castilla  los  pendones 
al  rayo  divinal  de  clara  estrella 
y  al  soplo  de  sus  nobles  ambiciones, 
desplegaban  doquier,  y  el  mundo  todo 
seguia  el  carro  del  triunfante  godo. 

Mas  no  la  España  que  de  su  alta  frente 
el  dulce  rayo  del  saber  fecundo, 
llena  de  majestad  su  luz  fulgente 
brillaba  por  el  ámbito  del  mundo; 
y  cual  fuera  en  las  lides  imponente 
de  sus  armas  al  golpe  furibundo, 
fuera  después,  al  golpe  de  su  acento, 
bizarro  paladín  del  pensamiento. 


CANTOS  DEL  PEREGKI1SO  235 

Esa  España  su  gloria  nos  daría, 
y  el  alma  de  Colón  al  vernos  grandes, 
nuestra  madre  inmortal  bendeciría 
desde  la  sien  de  los  soberbios  Andes; 
y  á  su  virgen  espléndida  diría: 
«Para  que  al  mundo  en  lo  futuro  mandes, 
» cuando  te  halló  desnuda  entre  las  olas, 
>te  cubrí  con  banderas  españolas». 

Mas  era  su  poder,  poder  del  suelo, 
humana  creación  que  al  fin  perece, 
y  debía  brillar  como  en  el  cielo 
exalación  que  brilla  y  desparece; 
y  cuando  tras  del  mar  alzóse  un  velo 
y  á  sus  ojos  la  América  se  ofrece, 
sobre  los  campos  de  Rocroy  caía  (7) 
la  última  luz  de  su  rosado  día. 

Y  sumergióse  luego  en  el  torrente 
de  las  edades,  y  dejó  en  la  historia 
las  huellas  de  sus  pasos  solamente, 
que  también  pasarán  con  su  memoria; 
hasta  que  al  fin  la  venidera  gente 

pierda  hasta  el  nombre  de  su  antigua  gloria, 

yerta  en  el  panteón  de  las  edades 

con  sus  hombres,  sus  siglos,  sus  ciudades. 

Y  en  el  Tajo,  el  Sena,  el  Rhin,  en  cuyas  olas 
al  son  guerrero  de  su  trompa  un  día, 

ó  al  eco  de  las  liras  españolas, 

el  nombre  de  la  España  se  aplaudía, 

perdidas  de  su  sien  las  aureolas, 

y  las  lluvias  de  luz  y  de  armonía, 

no  sabrán -de  sus  liras  ni  su  trompa, 

ni  que  hubo  España  de  envidiable  pompa. 

De  su  caos  los  siglos  se  desprenden, 


236  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

llegan,  ruedan,  levantan  en  sus  manos 
generaciones,  mundos,  y  descienden 
de  la  honda  eternidad  á  los  arcanos. 
A-sí  del  hombre  las  pasiones  hienden 
por  esos  del  placer  goces  mundanos, 
roban  la  aroma  de  la  flor,  y  luego 
vuelven  al  corazón  marchito  el  fuego. 

Tienen  y  nada  más  sobre  este  mundo 
una  nación,  un  siglo — un  hombre,  un  día; 
y  el  antes  y  el  después  es  infecundo 
tiempo  que  habita  entre  la  nada  umbría, 
y  es  la  memoria  en  su  caos  profundo 
al  Partenón  y  al  Capitolio  frío; 
y  de  Venecia  apenas  los  canales 
hablan  de  Bucentauro  y  Carnavales. 

Y  la  grande  misión,  el  siglo  bello 
terminaban  de  España;  á  su  cabeza 
había  orlado  ya  con  todo  aquello 

que  puede  dar  de  grande  la  grandeza, 
y  sobre  el  viejo  mundo  puesto  el  sello 
de  su  genio,  su  lanza  y  su  nobleza, 
cuando  un  hombre,  en  los  siglos  sin  segundo, 
pidióla  un  barco  para  darla  un  mundo. 

Suele  haber  en  la  suerte  un  mal  sentido 
que  no  sabe  dar  precio  á  los  momentos; 
antes  un  siglo  el  genovés  nacido, 
la  España  hubiera  puesto  los  cimientos» 
A  un  nuevo  porvenir;  habría  sido 
el  orbe  avasallado  á  sus  acentos, 
y  el  cataclismo  que  tumbó  su  frente 
deshecho  por  su  mano  omnipotente. 

Y  si  un  siglo  después  nace  y  le  muestra 
este  mundo  Oolón,  ya  no  lo  toca: 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  237 

el  galo  y  el  bretón  ponen  la  diestra 
y  sus  muros  de  bronce  en  nuestra  roca... 
jAy!  la  fortuna  de  hoy  menos  siniestra 
fuera  para  nosotros,  y  más  poca 
servidumbre  á  la  España  costaría 
este  mundo  encontrado  en  fatal  día. 

No  habrían  derramado  al  suelo  hispano 
esas  brillantes  lluvias  de  tesoros 
las  nubes  del  cénit  americano 
para  agostar  la  flor  de  sus  decoros; 
para  embriagarlo  y  enervar  su  mano, 
para  hacer  que  brotara  de  sus  poros, 
desde  Felipe  hasta  Fernando,  males, 
en  tres  siglos  á  España  tan  mortales. 

Eso  es  lo  que  hay  aquí.  La  España  muda, 
la  que  tres  siglos  de  fatal  memoria 
bajo  el  peso  gimió  de  ambición  ruda; 
llorando  apenas  su  perdida  gloria 
alguna  lira  de  temor  desnuda, 
lágrima  santa  que  guardó  la  historia; 
ó  la  voz  de  alguna  alma  sin  mancilla 
junto  al  fuego  ó  al  pie  de  la  cuchilla. 

La  España  con  que  luchan  todavía 
de  sus  hijos  de  ahora  el  genio  y  brazos, 
sin  poderla  vencer  en  su  porfía, 
ni  con  rayos  del  genio  ni  á  balazos; 
en  la  que  el  fraile  pertinaz  porfía; 
la  que  ese  Rey  con  cetro  hecho  pedazos 
en  tenaz  ambición  mueve  y  ensaña 
contra  la  nueva  floreciente  España. 

Eso  tiene  este  mundo  americano, 
como  fibras  de  vida  dentro  el  pecho, 
desde  el  florido  suelo  mexicano 


238  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

\asta  la  estéril  roca  del  Estrecho; 
absolutismo,  siervos  y  tiranos, 
farsas  de  libertad  y  de  derecho, 
pueblo  ignorante,  envanecido  y  mudo; 
superstición  y  fanatismo  rudo. 

Eso  tienes,  América;  responde: 
¿cuál  es  tu  porvenir?  quita  un  instante 
tus  ojos  de  la  urna  en  que  se  esconde 
de  tus  glorias  el  tiempo  de  diamante; 
deja  tu  noble  vanidad,  y  ¿dónde, 
dime,  se  aclara  el  más  allá,  que  errante 
busca  inquieta  y  tenaz  la  mente  mía 
entre  las  nubes  de  tu  noche  umbria? 

Deja  tu  gloria  en  la  nevada  cumbro 
de  los  altivos  Andes,  frente  á  frente 
con  la  posteridad  brotando  lumbre, 
de  mar  á  mar,  en  fúlgido  torrente; 
deja  también  la  rica  muchedumbre 
de  las  verdes  promesas  de  tu  mente, 
y  mirando  tus  hombres,  lo  que  ignoro 
yeyélame,  por  Dios,  que  yo  te  adoro. 

¿Cuál  es  tu  porvenir?  ¿Por  qué  camino 
despeñada  mi  mente  en  lo  futuro 
encontrará  de  América  el  destino, 
atravesando  siglos,  como  el  puro 
rayo  de  sol  nadando  brillantino 
de  nube  en  nube  en  el  cénit  obscuro? 
Habla:  los  Andes,  y  la  mar,  y  el  viento— 
¿rio  ves? — se  postran  á  esperar  tu  acento. 

Yo  só  que  serás  tú  la  flor  más  blanca 
en  el  jardín  del  porvenir  humano; 
y  que  en  tu  cielo  el  Hacedor  estanca 
las  lluvias  que  abrirán  puro  y  lozano 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  23-} 

ta  cáliz  virginal;  y  al  orbe,  franca, 
olas  darás  de  tu  ámbar  soberano; 
yo  sé  que  tus  destinos  son  estrellas, 
¿más  cómo,  madre,  di,  rodarán  ellas? 

¿Habrá  sobre  tus  hombros,  algún  día, 
el  manto  azul  de  Césares  acaso, 
y  espléndido  y  brillante,  madre  mia, 
en  tapiz  regio  marcarás  el  paso; 
y  tu  primera  estrella  mustia  y  fría, 
llevada  por  el  tiempo  hasta  el  ocaso, 
habrá  dejado  apenas  por  memoria 
el  nombre  de  República  en  la  historia? 

Pero  silencio...  la  tormenta  ruge, 
y  á  los  golpes  del  rayo  de  repente 
en  su  cimiento  de  oro  el  Andes  cruje... 
tú  sabrás  qué  poner  sobre  tu  frente 
cuando  en  el  cielo  el  iris  se  dibuje... 
entre  tanto,  esta  chispa  que  mi  mente 
acaba  de  arrojar,  hoy  no  se  mire; 
que  en  la  posteridad  luzca  ó  espire. 

Entre  tanto,  también  con  tus  cadenas 
queda,  ¡oh  Plata!  y  tus  crímenes  prolijos, 
como  Saturno,  de  sus  propias  venas 
tragándote  voraz  los  tiernos  hijos; 
tendido  en  tus  bellísimas  arenas 
queda  en  sangre  no  más  tus- ojos  fijos, 
como  ol  boa  del  Indo  harto  d6  entrañas 
postrado  queda  entro  aromadas  cañas. 

Queda  por  medio  siglo  todavía 
;pobre  patria  argentina,  sin  guirnalda, 
sin  luz,  sin  genio,  aletargada  y  fría, 
brotando  las  heridas  de  tu  espalda 
la  sangre  que  nutrió  tu  tiranía; 


240  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRJÍOL 

y  cuyo  rastro  el  monte  hasta  la  falda, 
las  piedras,  los  desiertos,  cuanto  existe, 
conservarán  enrojecido  y  triste. 

Queda  hasta  el  más  allá,  donde  el  destino 
de  América  revele  los  arcanos, 
y  con  ellos  también,  suelo  argentino, 
los  tuyos  que  el  futuro  entre  sus  manos 
conserva  todavía;  y  el  camino 
porque  transitas  hoy,  y  esos  tiranos, 
sean  en  colosales  dimensiones 
cu  adro  de  novedad  é  inspiraciones. 

Suspira  el  Peeegrino  y  de  la  nave 
vuelve  del  Sur  la  vista  conmovida. 
¿Cómo  no  ¡suspirar,  cuando  no  cabo 
dentro  del  pecho  tan  ingrata  vida; 
cuando  pasan  los  años  y  no  sabe 
sino  que  pasan  sin  curar  la  herida; 
cuando  en  su  mente  ¡ay!  todo  concentra, 
y  á  nada  y  nadie  su  memoria  encuentra? 

Cuando  á  los  hijos  del  honor  divisa 
condenados  de  Tántalo  al  suplicio; 
y  mira  en  el  tirano  la  sonrisa 
y  á  ellos  ahondar  su  propio  precipicio; 
trabajar  con  valor,  y  más  á  prisa 
que  el  ariete  se  alzó,  ser  el  desquicio; 
cuando  ve  por  doquier  tiempos  y  lanzas 
y  por  do  quier  perdidas  esperanzas! 

¡Y  siempre  bajo  el  sol  del  extranjero 
y  siempre  el  pan  de  la  miseria  amargo! 
Cáelos  ¡ay!  tiene  el  corazón  de  acero 
para  llorar  por  él;  pero  ¡es  tan  largo 
el  tiempo  que  ha  corrido  lastimero 
sobre  tanto  infeliz;  y  el  triste  cargo 
de  llorar  su  dolor,  es  tan  sagrada, 
tan  hermosa  misión  de  alma  inspirada! 


Suspira  el  peregrino,  y  el  de  la  nave 
Cactos  del  peregrino 


Lajiina  V 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  241 

Allí  están  unas  rocas — ¡Sufre  tanto 
al  volver  á  mirarlas  de  este  río, 
regadas  por  la  sangre  y  por  el  llanto, 
bajo  un  cielo  tan  lúgubre  y  tan  frío!... 
Allí  donde  otra  vez  su  primer  canto, 
como  al  alba  del  ave  el  primer  trío, 
saludó  el  porvenir,  fija  su  frente 
■en  las  rosadas  nubes  del  Oriente!... 

Allí  donde  en  el  alba  de  su  vida 
se  abrió  la  flor  de  sus  afectos  pura, 
y  vio  la  primer  hoja  desprendida 
al  primer  temporal  de  desventura... 
Allí  cononoció  su  alma  sorprendida 
su  luz  vital  y  su  misión  futura... 
Allí  vio  descubierto  su  camino, 
allí  dio  el  primer  paso  El  Peregrino. 

Allí  están  esas  rocas  orientales 
do  le  arrojaran  de  su  patria  bella 
esos  raudos  furiosos  temporales 
que  deshojaran  la  guirnalda  en  ella! 
¿Y  cuándo?  Cuando  apenas  virginales 
veía  Cáelos  los  rayos  de  su  estrella; 
cuando  daban  apenas  entre  amores 
sus  dieciocho  años  las  primeras  flores! 

Y  ya  cárcel,  cadenas  y  destierro, 
amor,  placeres,  juventud  perdida; 
y  ya  la  sin  piedad  mano  de  hierro 
del  infortunio  taladrar  la  vida; 
y  ya  el  primer  dolor,  el  primer  yerro, 
la  primer  falta,  la  primer  caída, 
y  ya,  en  cuerpo  infantil,  alma  enlutada, 
de  pasión  en  pasión  ir  despeñada!... 

Mármol.  — 1(5 


242  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Y  ya  saber  odiar...  y  entre  despojos 
dejar  la  patria  por  la  vez  primera 
sin  brotar  una  lágrima  sus  ojos!... 

¡Y  ya  con  alma  noble  y  altanera 
soportar  desengaños  y  sonrojos, 
pisando  sin  hogar  patria  extranjera!... 
Pasad  tristes  recuerdos  de  la  mente — - 
allí  están  esas  costas  del  Oriente. 

Bellas  como  su  nombre,  allí  su  falda 
besan  del  río  y  de  la  mar  las  olas, 
y  las  cumbres  bordadas  de  esmeralda 
el  ámbar  de  la  flor  esparcen  solas, 
cual  si  el  aura  que  agita  su  guirnalda 
impregnada  de  esencia  de  amapolas 
adormeciera  desmayado  al  hombre 
dentro  de  ese  jardín  bello  hasta  en  nombn 

En  esos  campos  el  corcel  de  Carlos 
cien  veces  estampó  sus  herraduras, 
cuando  quiso  el  poeta  contemplarlos, 
lleno  por  tradición  de  su  hermosura; 
y  pudo  en  sus  bellezas  admirarlos 
y  más  que  su  belleza  en  su  ventura, 
que  eran  felices  ¡ay!  pues  más  que  flores 
brotaban  libertad  y  paz  y  amores. 

¡Oh!  esos  campos  son  fértiles  y  bellos 
cual  corazón  de  quince  primaveras! 
De  la  alta  bendición  vense  los  sellos 
en  la  vegetación  de  sus  praderas: 
en  el  millar  de  arroyos  que  por  ellos 
serpean  entre  blancas  primaveras, 
como  arterias  de  un  cuerpo  derramando 
vital  licor  en  movimiento  blando. 

Y  en  esas  mil  espléndidas  cuchillas 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  243 

ricas  de  gracia  y  aromadas  flores, 

que  en  medio  de  las  mies  son  amarillas 

nubes  que  flotan  ricas  de  colores; 

y  cuando  hiela  Julio  sus  orillas 

y  el  Pampero  desata  sus  rigores, 

son  las  obscuras  y  robustas  ondas 

que  en  el  centro  del  mar  se  alzan  redondas. 

¡Ay!  en  ellas  la  brisa  era  tan  pura, 
tan  grata  para  el  alma  del  proscrito, 
que  al  ver  su  patria  bajo  nube  obscura — 
atmósfera  de  sangre  y  de  delito — 
ciudadano  del  mundo,  á  la  aventura, 
salió  á  buscar  el  hálito  bendito, 
soplo  puro  de  Dios,  dulce,  sin  nombre, 
de  la  suprema  libertad  del  hombre! 

¡Ay!  entonces  ese  hálito  de  vida 
refrescaba  la  sien  del  uruguayo, 
y  esa  patria,  esa  rosa  desprendida 
de  la  corona  virginal  de  Mayo, 
desplegaba  sus  hojas  engreída 
del  alma  libertad  al  dulce  rayo; 
y  en  la  más  joven  de  sus  tiernas  hijas 
tenia  Mayo  sus  miradas  fijas. 


Llena  de  fuerza  y  de  temor  desnuda, 
arrebatar  al  Plata  parecía 
todo  su  porvenir  en  sólo  un  día. 

La  industria  de  la  Europa  en  raudas  alas 
miraba  la  infeliz  Montevideo 
llegar  para  cubrirla  con  sus  galas. 
Era  el  bello  festín  de  su  himeneo 
con  el  progreso,  en  las  brillantes  salas 
del  arte,  de  la  ciencia  y  del  deseo; 


244  OBRAS  D3  JOSÉ  MÁRMOL 

pues  cuanto  pudo  ambicionar  su  mente 
allí  tenía  para  orlar  su  frente. 

Atropellando  las  soberbias  olas 
del  Plata,  dilataba  sus  cimientos; 
y  en  las  rocas  estériles  y  solas 
improvisaba  ricos  monumentos; 
y  en  ellos  y  doquier  las  aureolas 
de  las  artes  burlaban  los  momentos; 
y  eran,  al  contemplarla,  recordadas 
las  fabulosas  grutas  encantadas. 

-La  Libertad  cubria  su  cabeza 
con  su  manto  de  luces,  y  atraídos 
por  el  tocante  imán  de  su  belleza 
los  hijos  del  lionor,  los  escogidos 
paladines  de  la  última  nobleza 
de  la  argentina  patria,  conmovidos 
llegan  á  guardar  bajo  ese  manto 
sus  bellas  esperanzas  y  su  llanto. 

Un  coro  de  poetas  esparcía 
su  música  inefable  para  el  alma, 
regalando  en  su  dulce  melodía 
para  el  inquieto  corazón  la  calma; 
porque  es  lluvia  de  Dios  la  poesía 
que  al  pecho  del  mortal  la  fiebre  calma* 
irresistible  y  santa,  cual  la  pura 
lágrima  virginal  de  la  hermosura. 

Ellos,  con  arpas  de  marfil,  el  lloro 
del  proscrito  calmaban  y  sus  penas; 
ellos  la  libertad  con  trompa  de  oro 
anunciaban  al  pueblo  entre  cadenas; 
y  sus  almas  de  fúlgido  tesoro 
de  inspiración  y  de  armonía  llenas, 
saludaban  también  el  primer  rayo 
que  anunciaba  en  Oriente  al  sol  de  Mayo. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  245 

Y  la  felicidad  lluvia  de  flores 
derramaba  también  sobre  la  frente 
de  esa  ciudad,  que,  rebosando  amores, 
era,  en  verdad,  belleza  del  Oriente) 
un  tulipán  de  espléndidos  colores, 
que  á  la  orilla  del  Plata  de  repente 
se  levantaba  á  seducir  los  ojos 
y  á  dar  al  corazón  goces  y  enojos. 

Pues  era  un  carnaval  de  mil  placeres, 
que  por  primer  imán  de  todos  ellos 
tenía  sus  bellísimas  mujeres 
con  seno  de  jazmín,  negros  cabellos 
y  ojos  que  procuraban  por  quehaceres 
quemar  al  corazón  con  sus  destellos. 
¡Clima  frío,  salud;  salud,  hermosas! 
Sois  lo  que  hay  de  ese  tiempo  y  esas  cosas. 

La  sangre  ha  enrojecido  las  campañas 
de  esa  patria  que  fióse  en  la  fortuna; 
los  hijos  han  rasgado  las  entrañas 
do  la  madre  infeliz,  y  en  cada  una 
levantan  el  laurel  do  sus  hazañas. 
Pueblo  del  Plata,  al  fin;  fuerte  en  la  cuna 
y.  apenas  joven,  en  vejez  de  males, 
no  deja  de  su  fuerza  ni  señales. 

Esa  patria  tan  bella  en  su  regazo 
ahogó  su  tierna  libertad  querida; 
como  madre  inexperta,  que  en  su  brazo 
su  primer  hijo  sofocó  dormida. 
En  un  solo  momento  ha  roto  el  lazo 
con  su  prosperidad,  y  en  larga  vida 
el  yermado  jardín  no  tendrá  flores 
ni  el  tulipán  espléndidos  colores. 


246  OBRAS  DE  JOSÉ'  MÁRMOL 

Una  lluvia  de  lágrimas  la  tierra 
lia  bebido,  mezclada  con  torrentes 
de  la  sangre  vertida  en  torpe  guerra; 
y  rotas  del  dolor  todas  las  fuentes, 
esa  patria  oriental  ahora  no  encierra 
sino  del  mal  los  fúnebres  cimientos, 
que  esa  lluvia  de  llanto  es  esperanza 
de  una  flor  que  se  llama  la  venganza. 

¡Ah!  cuando  á  ese  miserable  plugo, 
moderno  don  Julián,  con  rabia  extraña  (8) 
vender  la  patria  al  extranjero  yugo, 
no  adivinó  que  él  mismo  su  anatema, 
su  nombre  de  traidor  y  de  verdugo, 
entregaba  también  como  el  emblema 
con  que  habrá  de  indicarlo  á  la  memoria 
de  la  futura  gente  nuestra  historia. 

Y  que  una  maldición  sobre  su  nombre 
en  la  posteridad  se  grabaría, 
y  que  al  pasar  junto  á  su  tumba  el  hombre 
sus  ojos  con  horror  apartarla, 
no  habrá,  no,  quien  mirándola  se  asombre 
de  hallar  en  derredor  flores  un  día, 
que  el  alma  tigre  de  Nerón  le  cupo, 
mas  sus  caprichos  de  virtud  no  supo.  (9) 

Pero  esa  patria  en  su  dolor  aun  halla 
almas  de  libertad  y  valor  llenas, 
como  en  sangriento  campo  de  batalla 
suelen  verse  silvestres  azucenas, 
que  no  ofendió  el  rigor  de  la  metralla 
ni  salpicó  el  torrente  de  las  venas... 
y  el  heroísmo  de  D'Assas  tuvieron  (10) 
y  á  su  alma  los  pueblos  respondieron. 

Mas  ¡ah!  la  herida  es  honda:  muchas  veces 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  247 

verá  al  ombú  reverdecer  sus  hojasr 
y  las  praderas  renacer  las  mieses, 
antes  que  veas  tú  las  manchas  rojas 
desparecer  del  suelo,  antes  que  ceses 
en  la  recordación  de  tus  congojas; 
antes  que  bebas  del  placer  la  almíbar 
sin  que  tenga  una  lágrima  de  acíbar. 

He  aquí  el  Plata  con  sus  dos  riberas; 
he  aquí  alzado  el  velo  del  presente, 
y  á  la  vista  las  horas  lastimeras 
que  ruedan  de  sus  pueblos  en  la  trente, 
como  sombras  que  pasan  agoreras 
de  un  tiempo  cada  vez  más  inclemente; 
he  aquí  la  verdad,  amarga  y  dura, 
mas  la  verdad,  al  fin,  sagrada  y  pura. 

No  hay  misterios  al  ojo  del  poeta, 
dueño  del  corazón,  donde  la  vida 
guarda  de  todo  la  raíz  secreta. 
La  dulce  rosa  que  al  amor  convida 
y  la  amarga  cicuta  que  la  inquieta 
pasión  del  odio  y  la  venganza  anida, 
nacen  del  corazón:  ¡ah!  ¡no  hay  arcanos 
á  quien  lo  tiene  entre  sus  propias  manos! 

( 

El  mal  está  en  el  hombro,  no  en  las  cosas; 
y  eso  que  llaman  en  el  mundo  estrellas, 
hado,  fortuna,  suertes  veleidosas, 
son  invenciones  de  la  mente  bellas 
con  que  las  almas  cubren  afanosas 
los  errores  y  vicios  de  sus  huellas. 
La  fortuna  es  el  hombre,  y  el  abismo 
de  sus  males,  también  el  hombre  mismo. 

No  hay  fortuna  ni  estrella  para  el  Plata, 
son  sus  hombres,  no  más,  sus  pro-oíos  males. 


248  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

está  en  su  alma  la  llaga  que  los  mata. 
Ausentes  de  sus  rayos  divinales 
de  la  fe  y  la  virtud,  en  noche  ingrata 
se  piesden  de  las  sendas  fraternales, 
y  todos  marchan  de  distinto  modo: 
falta  la  religión  y  falta  todo. 

Cuando  el  tiempo  en  su  mano  poderosa 
haya  llevado  al  fondo  de  su  abismo 
una  generación  ya  cancerosa, 
y  que  el  tiempo  á  la  vez  traiga  en  sí  mismo 
otra  que  sienta  en  su  alma  la  preciosa 
y  purisima  luz  del  cristianismo, 
no  habrá  un  astro  de  más  sobre  los  cielos 
y  paz  de  Dios  habitará  estos  suelos. 

He  aquí  el  Plata;  su  pasado  hermoso 
es  de  eterno  valor  rica  simiente; 
su  futuro  es  el  árbol  majestuoso 
que  alzará  della  su  verdosa  frente; 
¿no  conocéis  la  tierra  que  el  valioso 
germen  de  ese  árbol  guarda?  Es  el  presente; 
y  aunque  es  verdad  que  la  semilla  encierra, 
es  nuestro  tiempo  de  hoy  tan  sólo  tierra... 

No  son  del  corazón  ocultas  penas 
que  vibran  en  las  cuerdas  de  la  lira, 
cuando  estas  voces  de  congoja  llenas 
bajo  del  patrio  sol  triste  suspira; 
es  que  un  rumor  escucha  de  cadenas, 
truenos  del  cañón,  gritos  de  ira, 
cuando  al  dejar  el  mar  siente  las  olas 
bramar  del  Plata  en  las  arenas  solas. 

Es  que  hay  un  no  sé  qué  de  pesadumbre* 
en  las  auras  que  vagan  sobre  el  Plata; 
un  no  se*  qué  fatídico  en  la  lumbre 
que  en  el  cénit  azul  el  sol  dilata; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  249 

un  no  sé  qué  de  vaga  muchedumbre 
de  ideas,  que  en  el  alma  la  más  grata, 
la  más  bella  esperanza  desvanecen 
y  los  dorados  sueños  obscurecen. 

No  es  el  alma,  es  el  tiempo  en  que  vivimos 
el  que  vibra  en  la  lira  sus  rigores. 
¿Si  hasta  la  luz  que  alumbra  maldecimos 
cómo  cantar  el  ámbar  de  las  flores? 
¡Si  el  mismo  porvenir  que  bendecimos 
no  nos  guarda  su  luz  ni  sus  amores; 
si  hasta  la  fe  en  el  alma  se  aniquila, 
y  hasta  el  llanto  se  agota  en  la  pupila! 

Ved  á  Cáelos;  el  tipo,  historia  pura 
del  alma  de  mil  otros  peregrinos, 
él  no  canta  su  propia  desventura, 
él  cruza  de  sa  tiempo  los  caminos 
y  es  el  ángel  que  espía  la  amargura, 
los  ayes  y  los  sueños  cristalinos 
de  sus  hermanos,  y  en  su  triste  lira 
hace  á  todos  hablar  cuando  suspira. 

Y  bien  ¿qué  tiene  aquí?  Dejó  este  río 
huyendo  de  su  atmósfera  pesada; 
ha  sufrido  dos  años  el  hastío 
de  una  existencia  lánguida,  cansada; 
de  la  orfandad  y  desamor  el  frío 
su  alma  por  las  pasiones  abrasada, 
y  surcado  la  mar  errante  y  solo 
desde  el  sol  tropical  al  yerto  polo. 

Ha  sorprendido  al  mar  en  su  misterio, 
la  luna,  las  estrellas,  los  albores, 
la  obscuridad  entre  su  mismo  imperio, 
la  tempestad  y  el  rayo  en  sus  rigores 
la  luz,  la  nube  en  su  palacio  eterio, 
en  todos  sus  secretos  y  esplendores 


250  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

lia  visto  y  lia  cantado  la  grandeza 
de  una  virgen  feliz  naturaleza. 


Ha  cantado  al  arrullo  de  los  mares 
á  su  Dios,  á  su  patria,  á  su  querida. 
Nuevo  Harold  en  alma  y  en  pesares,  (11) 
lia  comprado  con  fibras  de  su  vida 
una  bella  corona  de  azaliares. 
Y  bien,  ¿cesó  el  dolor?  Brota  la  herida 
más  y  más  sangre,  y  al  volver  al  Plata 
el  agudo  dolor  más  lo  maltrata. 

Planta  exótica  en  su  época  maldita 
con  la  posteridad  vive  su  mente, 
y  allá  en  la  luz  del  porvenir  bendita 
un  rayo  busca  su  abatida  frente. 
Escuchad,  ¿no  le  veis?  Su  sien  marchita 
se  anima  y  se  colora  de  repente; 
sobre  las  ondas  sus  miradas  gira 
y,  volando  el  bajel,  pulsa  la  lira. 


CANTO  DEL  PEREGRINO 


AL  PLATA 

Hincha  ¡oh  Plata!  tu  espalda  gigante 
y  atropellen  tus  ondas  el  pino; 
es  ún  hijo  del  suelo  argentino 
el  que  vuelve  tus  ondas  á  ver. 

Que  el  pampero'  sacuda  sus  alas, 
que  las  nubes  fulminen  el  rayo; 
una  hoja  del  árbol  de  Mayo 
es  quien  pasa  rociando  tu  sien. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  251 

Brazo  hercúleo  del  cuerpo  argentino 
á  la  saña  del  alma  responde, 
si  el  rigor  en  el  alma  se  esconde, 
no  desmienta  su  brazo  el  rigor. 

Sé' la  imagen  del  tiempo  presente 
y  alborota  tus  ondas  ¡oh  Plata! 
Mira,  mi  alma  cuan  bien  lo  retrata 
desafiando  tus  ondas  mi  voz. 

¿No  escucháis  ese  ronco   bramido 
que  estremece  el  desierto  y  la  sierra? 
¿No  sentís  que  se  rasga  la  tierra? 
"¿No  sentís  un  torrente  bramar? 

¿En  un  mar  de  pasiones  y  sangro, 
sin  orillas,  ni  luz  ni  horizontes, 
donde  absorta  la  sien,  de  los  montes 
mira  rayos  y  pueblos  rodar? 

Hincha  ¡oh  Plata!  tu  espalda  gigante, 
no  desmientas  tu  tiempo  inclemente, 
y  salpiquen  tus  ondas  mi  frente 
conmoviendo  la  nave  á  mis  pies. 

Ese  mar  de  pasiones  y  sangre 
mi  barquilla  también  arrebata. 
¿Qué  me  importan  tus  ondas,  ¡oh  Plata! 
si  aun  aquéllas  no  abaten  mi  sien? 

De  ola  en  ola  mi  frágil  barquilla 
bogará  por  el  mar  iracundo; 
si  me  cupo  esta  suerte  en  el  mundo, 
adelante,  surquemos  el  mar. 

Mi  alma  tiene  la  fe  del  poeta, 
la  esperanza  me  templa  la  lira, 
ese  mar  con  su  furia  me  inspira, 
y  á  su  estruendo  mi  voz  se   alzará. 

De  mi  frente  las  nítidas  flores 


252  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOI/ 

por  los  vientos  verá  desprendidas, 
y  hasta  el  fondo  del  mar  sumergidas, 
sin  llorar  al  decirles  adiós. 

Turbarán  mi  barquilla  las  olas 
y  caeré  dentro  del  mar  sin  enojos, 
pues  yo  sé  que  al  cerrarse  mis  ojos 
queda  abierta  en  mi  nombre  otra  flor. 

Hincha  ¡oh  Plata!  tu  espalda  giganto; 
que  fulminen  las  nubes  el  rayo, 
una  hoja  del  árbol  de  Mayo 
es  quien  pasa  rozando  tu  sien. 

¿La  borrasca  me  espera  en  la  orilla? 
pues  no  duerman  tus  olas  en  calma. 
¿Tempestades  esperan  á  mi  alma? 
pues  sacude  también  mi  bajel. 

No  me  asustan  la  orilla  ni  el  río; 
yo  me  voy  más  allá  de  mis  años, 
y  entre  cielos  y  mundos  extraños 
vivo  tiempos  que  están  por  venir. 

Que  haya  sangre  también  en  tus  olas; 
que  salpique  su  espuma  mi  frente; 
mira  ¡oh  Plata!  cual  vuela  mi  mente; 
oye  ¡oh  Plata!  tu  tiempo  feliz. 


El  ángel  del  futuro  de  hinojos  en  Oriente 
espera  el  primer  rayo  del  venidero  sol, 
para  decir  al  hombre  del  viejo  continente: 
«La  aurora  se  levanta  del  mundo  de  Colón.» 

Mañana  de  esa  aurora  los  rayos  en  el  monto, 
los  rayos  en  las  ondas,  los  rayos  á  doquier, 
harán  sobre  los  cielos,  magnifico  horizonte 
que  bañará  radiante  de  América  la  sien. 


CAXTOS  DEL  PEREGRINO  253 

Mañana  en  esos  rayos  ¡oh  Plata!    de  repente 
descenderá  del  cielo  la  bendición  á  ti, 
y  entonce  el  viejo  mundo  te  gritará:  «Detente 
mis  razas  arrebatas,  mi  genio  y  porvenir.» 

Y  seguirán  tus  ondas  tirando  en  las  arenas 
las  ciencias  y  las  artes  cual  perlas  do  la  mar, 

y  de  hombres  y  de  industria  y  de  virtudes  llenas 
salpicarás  el  árbol  frondoso  de  la  paz. 

Y  al  empinar  tu  planta  sobre  tu  propio  abismo 
podrás  girar  altivo  los  ojos  en  redor, 

sin  encontrar  esclavos  ni  rudo  fanatismo 
ui  enrojecida  huella  de  bárbara  ambición. 

¡Ay  triste  del  que  osare  sobre  Argentina  frente 
alzar  de  los  tiranos  el  látigo  otra  vez! 
Sacudirás  tus  ondas  y  al  eco  solamentt 
ed  hacha  del  verdugo  le  abatirá  la  sien. 

Cargado  de  recuerdos  y  vanidad  entonce, 
ofertas  y  amenazas  y  naves  burlarás, 
y  ¡ay!  triste  para  siempre  del  extranjero  bronce 
que  osare  en  las  riberas  del  Plata  retumbar. 

La  libertad  hermosa  se  bañará  en  tus  olas 
el  aire  de  su  vida  lo  aspirará  de  ti, 
y  en  tus  riberas,  antes-  tan  áridas  y  solas, 
tendrá  para  dormirse  su  célico  jardín. 

Y  enamorado  el  hombre  de  su  sin  par  belleza, 
el  labrador  sus  flores  derramará  á  sus  pies; 

y  el  alto  pensamiento  mirando  su  cabeza, 
del  genio  en  la  batalla  le  buscará  laurel. 

Y  poderoso  entonces  y  entusiasmado  y  libre, 
¿aué  mano  entre  las  nubes  eclipsará  tu  sol? 


25i  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁEMOIi 

¿Quién  alzará  la  frente  cuando  tu  acento  vibre, 
y  cien  ciudades  hagan  el  eco  de  tu  voz? 

Cuando  á  tu  ¡alerta!  grite  la  Patagonia  ¡alerta! 
¡alerta!  el  viejo  Chaco  y  ¡alerta!  el  Paraná; 
y  la  nación  levante  su  frente  descubierta, 
diciendo  con  sus  bronces  al  enemigo:  ¡Atrás! 


Gózaos  en  la  tumba,  héroes  de  Mayo, 
el  árbol  que  plantasteis  dará  fruto, 
cuando  asome  en  Oriente  el  primer  rayo 
y  huya  la  noche  con  su  triste  luto. 

¡Oh!  ese  tiempo  vendrá.  Semeja  ¡oh  Plata! 
los  temporales  de  mi  tiempo  yerto... 
mi  voz,  con  tus  bramidos  arrebata.,, 
adelante,  bajel;  vamos  al  puerto. 


NOTAS 


DE    LOS 

CANTOS  DEL  PEREGRINO 


INTRODUCCIÓN 

(1)  Verso  del  Peregrino. 

(2)  Verso  de  un  poeta  español  antiguo. 

(3)  Berro  y  Balcarce. 

(4)  Informe  de  la  comisión  clasificadora  de  las  compo- 
siciones que  han  concurrido  al  primer  certamen  poético  á 
Mayo. 

(5)  Nombre  del  Peregrino. 

(6)  Verso  de  una  composición  muy  conocida  á  Mayo 
de  1843. 

(7)  Canto  del  Peregrino:  Las  Nubes. 

CANTO  PRIMERO 

(1)  A  costa  de  nuestro  orgullo  nacional,  diremos  al  ex- 
tranjero una  palabra  sobre  ese  mes  de  Mayo,  que  sirve  de 
tema  á  todos  los  cantos  argentinos.  Mayo  es  para  los  argen- 
tinos, y  me  atrevo  á  decir  para  la  América  Meridional,  un 
monumento  perdurable  para  marcar  á  las  generaciones  futu- 
ras la  época  gloriosa  en  que  una  generación  de  héroes  osó 
trozar  con  el  sable  la  cadena  de  fierro  que  unia  un  mundo  á 
otro  mundo. 


256  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

El  25  de  Mayo  de  1809  la  Capital  de  Chuquisaca  dio,  por 
primera  vez,  la  voz  de  Libertad  en  el  Virreinato  de  Buenos 
Aires;  y  los  delegados  del  poder  español  se  rindieron  al 
amago  solo  de  un  puñado  de  animosos  chuquisaqueños,  que 
arrebatados  por  el  instinto  de  la  justicia,  no  se  detuvieron  á 
medir  los  peligros  de  su  noble  pero  arriesgada  empresa.  La 
fortuna  los  abandonó  en  medio  de  su  grandiosa  tentativa; 
porque  los  pueblos  dormían  aún  y  sus  destinos  no  estaban 
cumplidos. 

El  25  de  Mayo  de  1810  fué  el  dia  señalado  por  la  Provi- 
dencia para  la  victoria  de  la  razón  y  de  la  humanidad  en  Sud 
América;  y  en  él  empieza  la  historia  gloriosa  de  la  República 
Argentina,  y  de  la  existencia  política  de  un  continente  capaz 
de  abrazar,  al  andar  de  los  siglos,  toda  la  población,  la  sabi- 
duría y  poder  de  las  naciones  que  hoy  nos  asombran  con  su 
opulencia  y  su  cultura. 

En  este  día  se  cerró  para  siempre  el  libro  en  que  se  re- 
gistraba la  sumisión  y  dependencia  secular  de  los  vastos  im- 
perios ofrecidos  al  Rey  de  Castilla  por  el  más  intrépido  y 
afortunado  viajero  que  la  historia  presenta. 

¡Prodigio  misterioso  de  la  libertad!  Los  ecos  de  Mayo, 
desde  las  orillas  del  Plata  atravesaron  como  el  rayo  por  el 
soplo  del  Ser  Supremo,  hasta  los  confines  de  la  América  me- 
ridional; y  en  el  mismo  día  repercutieron  en  los  pechos  va- 
roniles de  Santa  Fe  y  Caracas! 

Unos  y  otros  dijeron  en  Mayo:  «No  más  esclavitud  y 
coloniaje.  No  más  ignorancia  y  superstición.  No  más  patri- 
monio de  individualidades.  Demos  independencia  y  libertad 
á  nuestra  tierra;  Dios  y  sus  virtudes  darán  el  porvenir  á 
nuestros  hijos».  Y  Dios  oyó  y  acogió  estas  palabras. 

Los  que  las  pronunciaron  las  cumplieron  fielmente  y  las 
sellaron  con  sangre.  Las  generaciones  que  les  suceden  repi- 
ten con  ardor  el  mismo  voto,  y  reciben  el  legado  de  Mayo 
para  transmitirlo  á  sus  hijos. 

¡Cuan  inmensas  fueron  ya  las  adquisiciones  derivadas  del 
ganto  juramento  de  aquel  día,  tanto  mayores  cuanto  que  no 
son  exclusivas  á  la  América!  Es  un  suceso  universal  por 
excelencia,  aquel  que  ha  presentado  al  género  humano  un 
mundo  nuevo  á  la  libertad  y  al  pensamiento,  sofocado  por 
el  peso  de  los  siglos  entre  los  límites  estrechos  del  mundo 
viejo. 

(2)    El    20  de   Enero  de  1817,  el  Ejército  Argentino,  al 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  257 

mando  del  General  San  Martín,  salió  de  Mendoza  hacia  la? 
cordilleras  do  Uspallata,  Aconcagua  y  Planchón;  y  el  11  de 
Febrero  cayó  al  valle  de  Aconcagua  en  el  territorio  de  Chile, 
esta  empresa  gigante  como  el  terreno  en  que  se  había  ejecu- 
tado, debía  ser  coronada  por  la  victoria,  como  un  homenaje 
debido  al  genio  audaz  del  General  San  Martín;  y  el  12  del 
mismo  mes,  las  cuestas  de  Chacabuco  sintieron  marchar  los 
escuadrones  argentinos  por  una  vertiente  de  sangre  enemiga, 
derramada  con  denuedo  en  una  de  las  más  hermosas  de  nues- 
tras batallas. 

Pero  mucha  sangre  argentina  debía  derramarse  por  la 
independencia  del  Nuevo  Mundo;  y  aun  no  se  habían  reco- 
gido los  frutos  de  la  jornada  de  Chacabuco,  cuando  Cancha 
Rayada  dio  al  ejército  del  rey  una  completa  victoria.  Todo 
entonces  parecía  perdido.  Derrotado  ese  ejército  argentino, 
y  dueños  de  Chile  los  españoles,  los  americanos  perdían  re- 
pentinamente la  ofensiva  en  la  cuestión  de  su  independen- 
cia. El  Perú  quedaba  inconquistable:  las  Provincias  Unidas, 
amagadas  por  el  Occidente  y  por  el  Norte,  habrían  tenido 
que  reconcentrar  sus  medios  de  acción  en  su  territorio  úni- 
camente; y  la  Colombia  so  habría  limitado  apenas  á  una 
guerra  parcial.  Toda  la  América  se  presentaba  en  detall  á  los 
ejércitos  realistas,  y  tal  situación  podía  serle  funesta  en  poco 
tiempo. 

Pero  se  peleaba  por  la  causa  más  santa  de  los  pueblos,  y 
una  derrota  fué  siempre  para  los  patriotas  el  preludio  do  una 
victoria. 

El  ejército  derrotado  en  Cancha  Rayada,  fué  pocos  días 
después  vencedor  á  las  orillas  del  Maypú.  Los  chilenos  han 
acusado  al  General  San  Martín  de  haber  ejercido  actos  de 
despotismo  sobre  el  pueblo,  para  la  reorganización  de  su 
ejército.  Entre  tanto,  una  batalla  era  entonces  una  necesidad 
de  vida  ó  muerte,  y  la  de  Maypú  afianzó  para  siempre  la 
independencia  chilena,  y  volvió  la  cuestión  americana  á  su 
verdadero  equilibrio. 

Libre  Chile,  ese  mismo  ejército  que  había  escalado  los 
Andes,  atravesó  el  Mar  Pacífico  para  libertar  al  Perú,  de- 
fendido por  los  más  hábiles  generales  y  por  los  mejores  sol- 
dados españoles  que  ha  tenido  la  América.  La  empresa  raya- 
ba casi  en  la  temeridad,  y  la  guerra  se  hizo  larga  y  sangrien- 

Mármol.  —17 


258  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ta.  Pero  el  ejército  argentino  fué  saludado  al   cabo  con  el 

título  de  LIBERTADOR    DEL   PERÚ. 

No  hay  un  palmo  de  terreno  en  la  América  del  Sur  antes 
española  que  no  haya  sido  sombreado  por  la  bandera  azul  y 
blanca;  y — ¡cosa  original! — no  hay  un  solo  Estado  que  haya 
auxiliado  al  pueblo  argentino,  cuando,  fatigado  con  los  es- 
fuerzos que  hizo  por  la  libertad  de  todos  ellos,  cayó  bajo  la 
mano  de  fierro  del  despotismo.  Entre  tanto,  es  más  desgra- 
ciado Buenos  Aires  bajo  la  dictadura  de  Rosas,  que  lo  eran 
aquellos  bajo  el  dominio  español,  cuando  Buenos  Aires  fué 
en  su  auxilio. 

«Es  una  cuestión  de  libertad  civil,  dicen:  y  no  tenemos 
derecho  de  intervenir.»  Pero,  ¿en  qué  código  público  se  en- 
cuentra el  derecho  que  tuvo  Buenos  Aires  para  intervenir 
en  la  cuestión  política  de  la  independencia  de  los  otros  Es- 
tados? El  resultado  vino  á  justificar  esa  intervención;  y  el 
beneficio  que  Buenos  Aires  habría  reportado  del  auxilio 
de  sus  hermanos,  habría  justificado  del  mismo  modo,  y  con- 
vertido en  derecho,  la  intervención  de  ellos  en  su  lamentable 
situación  presente. 

Mas  todo  esto  es  el  resultado  de  la  época  de  transición  en 
que  vivimos.  Los  pueblos  de  la  América  conocerán  más  tarde 
la  necesidad  vital  de  defender  y  proteger  mutuamente  sus 
derechos;  y  que  los  principios  públicos  de  la  Europa,  no  son 
aplicables  en  muchos  sentidos  á  la  América.  Esta  es  una  de 
las  razones  que  han  hecho  nacor  en  el  autor  del  Peregrino, 
esa  fe  robusta  en  el  porvenir  americano,  que  respiran  sus 
Cantos. 

CANTO  SEGUNDO 

(1)  ¡Bello,  bello,  vivo  Cristo! 

mil  veces  bello  es  tu  canto  — 
déjame  secar  el  llanto 
que  me  arrancaste,  cantor; 
deja  quo  vuelva  á  estas  hojas, 
y  a  leer  en  cada  una  de  ellas 
la  historia  do  mis  congojas, 
los  recuerdos  de  mi  amor. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  259 

¡Aquí  hay  verdad,  aquí  hay  fuego! 
¡Por  Dios,  que  esto  es  poesía! 
Esto  es  lo  que  yo  querría 
de  todo  poeta  oír. 

Parece  que  estas  palabras 
del  alma  mismo  han  nacido. 
Dichoso  tú  que  has  sabido 
así  al  hombre  traducir. 

Al  acabar  la  primera  lectura  que  he  hecho  del  segund 
canto  del  Peeegbino,  de  Mármol,  he  escrito  estos  versos. 

Luis  L.  Domínguez 
Montevideo,  Abril  23  de  1847. 

CANTO   TERCERO 

(1)  Acabamos  de  ver  en  la  entrega  tercera  de  la  Améri- 
ca Poética  algunos  fragmentos  de  este  Canto  que,  en  el  Ja- 
neiro dimos  en  manuscrito  al  distinguido  editor  de  esa 
obra.  Después  hemos  hecho  algunas  ligeras  alteraciones  en 
el  texto,  que  no  hemos  tenido  tiempo  de  transmitir  al  editor 
de  la  América;  y  de  aquí  resulta  la  diferencia  que  se  hallará 
entre  algunos  de  nuestros  versos  que  él  nos  ha  hecho  el  ho- 
nor de  publicar,  y  los  que  aparecen  en  esta  edición. — El 
Autoe. 

Montevideo,  Junio,  1847. 

(2)  Constelación  del  Sur. 

(3)  ¡Y  qué!  Creéis  que  él  hiciera 
ríos  cual  mares,  y  mineros  de  oro, 
y  llanos  de  verdura  deliciosa, 

y  las  brisas  fragantes  del  desierto, 
y  ese  risueño  azul  de  nuestro  día, 
y  esas  mujeres  del  amor  tesoro, 
para  sólo  saciar  la  codiciosa 


260  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

sed  de  un  imperio  á  las  virtudes  muerto, 
pero  vivo  el  placer  y  altanería? 

No,  que  cuando  la  mano 
se  abrió  del  Dios  bondadoso  y  soberano, 
y  paso  entre  las  nubes  de  Occidente 
á  so.  América,  pura  ó  inocente; 

dijo:   «Bendito  suelo, 
tú  del  mundo  caduco  y  envidiado, 
serás  la  primavera  y  el  consuelo, 
cual  es  el  hijo  al  padre  ya  cansado.» 

Juan  María  Gutiérrez. 

{Canto premiado  en  el  certamen  á  Mayo.) 

CANTO  CUARTO 

(1)  Personaje  de  Alejandro  Dumas. 

(2)  El  Divino  Infierno:  nombre  de  un  poema  escrito 
por  el  autor  del  Peregrino,  que  aun  no  se  ha  publicado. 

(3)  Les  nuits  passées  au  milieu  des  vagues,  sur  un  vais- 
ssau  battu  de  la  tempéte,  ne  sont  point  stóriles  pour  l'áme, 
car  les  nobles  penssées  naissent  des  grands  spectacles.  Les 
étoiles  qui  se  montrent  fugitives  entre  les  nuages  brises,  les 
flots  ét'ncelants  autour  de  vous,  les  coups  de  la  lame  qui 
font  so  uir  un  bruit  sourd  des  flanes  du  navire,  gémissement 
du  vent  dans  les  máts,  tout  vous  annonce  que  vous  étes 
hors  de  la  puissance  de  l'homme,  et  que  vous  ne  dépendez 
plus  que  de  la  volontó  de  Dieu.  L'incertitude  de  votre  ave- 
nir donne  aus  objets  leur  véritable  prix:  et  la  terre,  con- 
templée  du  milieu  d'une  mer  orageuse,  ressemble  á  la  vio 
considóróe  par  un  homme  qui  va  mourir. 

Chateaubriand. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  261 


CANTO  QUINTO 


(1)  Le  bruit  des  combats  n'a  point  encoré  epouvantó  no- 
tre  solifcude. — (Tasso. — Jerusalem  delivrée.) 

(2)  Horas  tan  dulces  de  la  tarde,  que  despertáis  los  re- 
cuerdos y  enternecéis  el  corazón  de  aquellos  que  recorren, 
los  niares,,  el  primer  día  de  sus  tiernos  adioses;  que  bañáis 
de  amor  al  peregrino,  temblando  al  son  de  la  campana  de 
vísjoeras,  de  quien  la  voz  parece  llorar  el  día  que  expira.  ¿Es 
una  ilusión  acaso,  que  la  razón  rechaza  con  desdén?  No, 
ciertamente;  nada  muere  sin  excitar  algunos  recuerdos  me 
lancólicos. — (Byron. — Don  Juan.) 

(3)  Ave  María,  es  la  hora  de  la  plegaria;  Ave  Matía,  es 
la  hora  del  amor;  Ave  María,  puedan  nuestras  almas  elevar- 
se hasta  ti  y  hasta  tu  hijo. — (Byeon. — Don  Juan.) 

(4)  Nosotros  nos  embarcamos  para  Chile  el  día  17  de 
Febrero  de  1843;  y  días  antes  supimos  que  nuestro  amigo 
el  señor  Gutiérrez  debía  salir  de  Marsella  para  Montevideo 
en  el  mes  de  Marzo.  Nuestro  querido  Alberdi  había  salido 
del  Janeiro  para  Chile  pocos  días  antes  que  nosotros;  y 
cuando  escribíamos  este  Canto  á  principios  de  Abril,  en- 
frente á  las  costas  patagónicas,  suponíamos  al  señor  Várela 
en  viaje  de  Europa  para  Montevideo,  como  lo  estaba  efec- 
tivamente. 

(5)  En  los  primeros  días  de  Mayo  de  1841,  el  Jefe  Polí- 
tico de  Montevideo  invitó  á  los  poetas  á  solemnizar  el  gran 
día  de  la  América,  con  una  de  esas  lisas  espléndidas  con 
que  los  griegos  inmortalizaban  sus  genios  y  sus  glorias. 

Una  comisión  crítica  debía  laurear  con  el  premio  acor- 
dado, aquel  canto  que  más  correspondiese  al  programa  y 
á  las  reglas  de  crítica  que  la  comisión  se  impusiese  á  si 
misma. 

Llegó  el  día  inmortal  y  se  inmortalizó  un  joven. 

Nuestro  distinguido  amigo  el  doctor  don  Juan  María  Gu- 
tiérrez recibió  el  premio  del  vencedor;  los  aplausos  del  pue- 
blo, y  los  abrazos  de  sus  amigos  que  desde  una  tierra  ex- 


262  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

tranjera  le  dieron  las  gracias  á  nombre  de  su  patria  por 
la  página  de  oro  que  acababa  de  regalar  á  sü  naciente  lite- 
ratura. 

La  Comisión  acordó  el  premio  al  que  más  lo  merecía.  No 
conocemos  en  toda  la  poesia  española  una  obra  que,  consi- 
derada poj  su  mérito  artístico,  presente  la  perfección  y  el 
gusto  que  el  Canto  á  Mayo  del  señor  Grutiérrez;  y  á  excep- 
ción de  algunas  estancias  del  Olmedo  no  hay  en  la  lira  Ame- 
ricana una  inspiración  patriótica  que  se  le  parezca,  ni  un 
cuadro  filosófico  que  le  rivalice. 

Es  lo  más  acabado  que  en  poesía  ha  presentado  hasta  hoy 
la  literatura  americana  en  español. 

(6)  Esta  estrofa  bien  puede  pasar  en  calidad  de  enigma 
para  el  lector;  yo  me  contento  de  ello,  pues  debo  hacerlo 
así.  Sin  embargo,  si  hay  en  el  mundo  una  sola  persona  que 
la  comprenda,  mi  deber  y  mi  corazón  habrán  cumplido  sus 
deseos. 

(7)  Ma  soeur  au  nom  des  dieux  ne  m'abandonnez  pas.— ■ 
(Corneille. — Ariane.) 

CANTO  SEXTO 

(1)  Quiroga:  era  llamado  vulgarmente  en  las  Provincias 
tigre  de  los  llanos. 


CANTO  UNDÉCIMO 


(1) 


Tibio  su  pecho  cual  su  tibia  brisa 
ni  un  suspiro  de  amor  ni  una  sonrisa 
al  dejar  tus  riberas  te  regala. 
Nadie  tampoco  de  dolor  exhala 
un  suspiro  por  él...  Miró  tus  flores 
y  no  sabe  contar  de  sus  olores... 

(Canto  Peimeeo.) 

(9)     Descripción  de  la  naturaleza  tropical. — (Canto  Ter- 
ceeo.) 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  263 

(3)  Que  coronáis  la  sien  de  la  Thijuca.  La  Thijuca  es  la 
montaña  más  elevada  de  las  que  están  á  la  vista  del  Río 
Janeiro.  Pertenece  á  la  Serra  do  Mar,  cadena  de  montañas 
del  litoral  del  Brasil  que  corre  casi  paralelamente  á  la  costa 
del  Imperio,  al  N".  E.  de  Río  Janeiro  inclinándose  hacia  el 
Río  Doce  y  terminando  cerca  de  Bahía  por  los  12°  58'  de  L. 

Es  de  esta  montaña  que  se  precipita  la  cascada  de  su 
nombre,  cuyas  aguas  son  recogidas  en  el  Corcobado  por  el 
costoso  acueducto  del  Janeiro  que  las  lleva  á  las  fuentes  de 
la  ciudad. 

Yo  conozco  bien  el  flanco  vulnerable  que  presentará  á  la 
crítica  la  parte  descriptiva  de  este  Canto.  Sé  que  se  acusará 
de  excesivo  el  entusiasmo  con  que  pinto  las  bellezas  de  al- 
gunos cuadros  de  la  naturaleza  en  el  Brasil.  ¿Cómo  hablar 
de  la  Thijuca  cuando  existen  los  Andes;  de  la  cascada  de 
aquélla,  cuando  existe  la  del  Niágara? 

En  efecto,  considerada  por  su  tamaño,  la  Thijuca  con  sus 
2.300  pies  ingleses  sobre  el  nivel  del  mar,  está  en  propor- 
ción de  1  á  10  con  la  montaña  de  Aconcagua,  por  ejemplo,  en 
los  Andes  argentinos,  que  tiene  23.000  pies  sobre  el  nivel  del 
mar;  el  más  alto  volcán  que  existe  sobre  el  globo. 

Y  la  Cascada  de  la  Thijuca  desaparece  al  recuerdo  de  la 
del  Niágara,  cuyo  estruendo,  como  dice  Heredia,  es  una 
tormenta  para  muchas  leguas  en  derredor,  y  cuyo  arco,  co- 
mo dice  Chateaubriand,  es  un  cielo  de  agua  para  el  que  so 
coloca  bajo  de  él. 

Pero  la  imaginación  no  mide  las  bellezas  por  el  tamaño 
de  los  objetos,  ni  la  novedad  por  la  superioridad  de  ellos 
sobre  otros  de  su  rango.  La  belleza  de  los  objetos  físicos  do 
la  naturaleza,  y  aun  la  sublimidad  misma,  nace  de  cualida- 
des bien  distintas  de  las  proporciones  del  tamaño,  y  una 
belleza  trae  siempre  en  sí  misma  el  sello  indefinible  de  una 
grandeza  superior  á  todas — la  grandeza  de  la  creación. — La 
novedad  de  los  objetos  no  está  tampoco  en  su  originalidad 
propia:  está  en  la  imaginación  del  que  los  contempla.  Sobre 
la  corteza  de  la  tierra  nada  hay  nuevo,  nada  superior,  sino 
comparativamente.  La  novedad  nace  para  el  hombre,  á  la 
contemplación  de  un  objeto,  de  la  no  recordación  de  otros 
iguales.  Y  para  un  hijo  de  Buenos  Aires,  cuya  mirada  está 
habituada  á  sumergirse  en  los  horizontes,  atravesando  la 
inmensidad  de  los  desiertos  sin  encontrar  más  obstáculos 
que  los  accidentes  de  la  atmósfera,  son  una  novedad,  sin  du- 


264  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁ  RMOL 

da,  las  montañas  que  hacen  alzar  su  cabeza  sobre  los  valles 
del  Brasil,  no  importa  que  no  lo  alcen  tanto  como  las  de  Pi- 
hincha,  de  Cay  ambo  ó  de  Chimborazo. 

Y  si  la  belleza  puede  entusiasmar  la  imaginación  de  un 
íombre,  hasta  el  extremo  que  él  saque  á  los  objetos  de  su 
raen  natural  para  engrandecerlos,  esa  Thijuca,  esa  cascada 
que  parece  un  chiche  de  mujeres  si  se  recuerda  las  descrip- 
ciones de  las  vertientes  del  Atlas,  los  torrentes  de  Escocia,  ó 
del  Niágara  y  Tequendama,  en  América,  son  acreedoras  al 
más  alto  grado  do  aquel  entusiasmo.  Ninguno  de  los  viaje- 
ros europeos  que  ha  visitado  el  Janeiro,  ni  aún  aquellos  que 
se  han  empeñado  más,  por  ese  prurito  de  despreciar  á  la 
América  que  respira  tanto  en  las  obras  de  sus  visitadores  de 
Europa,  en  presentar  bajo  feos  colores  la  fisonomía  del  Bra- 
sil, se  han  atrevido  á  negar  el  bello  sorprendente  de  la  natu- 
raleza del  Janeiro. 

Los  mismos  "William  Guthrie  y  después  Hyacinthe 
Langlois,  que  corrigió  la  obra  de  geografía  de  aquél,  que 
contiene  lo  peor  que  se  ha  escrito  sobre  la  América  Meri- 
dional en  geografía  física  descriptiva,  como  en  Política 
é  Historia,  no  puede  menos  de  hacer  la  declaración  si- 
guiente: 

«Se  sale  apenas  del  laberinto  perpetuo  de  la  capital  de 
»este  joven  imperio  (el  Brasil)  y  cuando  los  cuadros  más  se- 
» ductores  vienen  á  herir  nuestras  miradas,  la  naturaleza,  em- 
bellecida con  todos  sus  tesoros,  parece  enriquecerse  más  to- 
»davía  á  medida  que  se  avanza  en  el  país.  De  cualquier  pun- 
»to  elevado  se  descubre  en  todo  su  esplendor  la  bahía  sem- 
brada de  islas  esmeraltadas,  el  puerto  cubierto  de  un  bos- 
»que  de  mástiles,  la  ciudad  y  sus  alrededores.  El  aspecto 
*  verdaderamente  mágico  de  tantos  objetos  bellos  y  varia- 
rlos, dan  origen  de  sensaciones  tan  dulces  y  deliciosas, 
»que  el  hombre  se  encadena  á  pesar  iuyo  como  clavado 
>al  lugar  que  ocupa;  ¡tan  grande  es  y  magnífico  el  cua- 
»dro  brillante  que  se  desenvuelve  á  sus  miradas  sorpren- 
didas!» 

No  es  el  tamaño,  pues,  es  la  belleza  de  esas  montañas,  la 
variedad  de  sus  formas  ligeras  y  graciosas,  su  pintoresca  ve- 
getación que  no  cede  jamás  al  influjo  de  las  estaciones  y  que 
como  un  manto  de  flores  cubre  esas  montañas  que  á  cada 
giro  del  ojo  ofrecen  un  panorama  diferente  y  poético;  es  esa 
abundancia  de  la  Naturaleza  que  rebosa  vida  y  opulencia  por 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  265 

doquiera;  es  esa  animación  constante  que  rodea  la  naturale- 
za del  Janeiro,  lo  que  ha  movido  el  entusiasmo  del  Pere- 
grino. Y  es  sobre  esas  montañas,  á  la  contemplación  de  esa. 
poesia  de  la  Naturaleza,  y  al  arrullo  de  esa  armonía  eterna 
de  fuentes  y  de  hojas  que  ruedan  de  monte  en  monte  sobre 
las  alas  de  la  brisa,  que  él  ha  escrito  muchos  de  sus  versos. 
y  que  ha  repetido  más  de  una  vez  estas  palabras  de  Lord 
Byron: 

«En  momentos  como  estos  es  cuando  nos  encontramos- 
> menos  solos  que  nunca;  es  entonces  que  se  despierta  en  nos- 
» otros  la  conciencia  íntima  de  lo  infinito.  Este  sentimiento 
»purifica  y  enmudece  todo  nuestro  ser.  Es,  á  la  vez,  el  alma 
»'y  la  fuente  de  una  melodía  que  nos  recuerda  la  armonía 
» eterna  y  reparte  un  encanto  nuevo  sobre  cada  objeto;  en- 
» canto  que  hiere  á  los  hombres  con  una  arma  material.  ¡Cuan 
»  bella  era  la  idea  de  los  primeros  Persas,  de  elevar  sus  al- 
eares sobre  las  cimas  de  las  montañas,  y  de  rogar  al  Eterna 
»en  un  templo  sin  aparato  y  sin  murallas,  mirando  como  in- 
» dignos  de  él  los  monumentos  religiosos  que  la  mano  do  los. 
» hombros  construyera! 

» Comparad  la  tierra  y  el  aire,  esos  templos  de  la  Natura- 
leza, á  vuestras  columnas,  á  vuestros  templos  griegos  ó  gó- 
ticos, y  ya  no  encerraréis  vuestras  plegarias  en  lugares  tan 
» limitados.» 

Montevideo,  Noviembre  ele  1846. 


(4)  Del  bello  Botafogo  las  arenas.  La  bahía  de  Río  Janei- 
ro divide  esta  ciudad  de  la  do  Nictheroy  (ó  Playa  Grande) 
capital  de  la  Provincia,  con  una  anchura  de  3  á  3  lp2  millas. 
Las  montañas  del  Janeiro  y  de  Nictheroy,  que  no  son  sino' 
eslabones  de  la  8 erra  do  Mar,  están,  pues,  cortadas  por  el  ca- 
nal de  la  bahía.  El  cerro  llamado  Pan  de  Azúcar  y  los  últi- 
mos declives  del  Corcobado,  son  los  que,  de  la  parte  del  Ja- 
neiro entran  más  hacia  aquélla,  y  desde  el  plantel  de  la  ciu- 
dad váse  prolongando  hasta  ellos  un  semicírculo,  sobre  el 
valle  natural  de  las  montañas.  En  él  se  encajona  un  remanso 
do  las  aguas  de  la  bahía  más  tranquilas  aún  en  este  segundo 
receptáculo. 

Este  lugar  es  el  que  tiene  el  nombre  de  Botafogo  (lanza 
fuego).  Nombre  que  se  comunica  también  á  su  playa,  donde 


266  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

están  los  más  bellos  edificios  de  la  ciudad  y  en  que  hacen 
su  residencia  habitual  los  individuos  del  Cuerpo  Diplo- 
mático. 

Pero  ¿por  qué  al  lugar  más  pintoresco  que  tiene  allí  la 
Naturaleza,  se  ha  bautizado  con  un  nombre  tan  antipático  y 
tan  poco  análogo,  sobre  todo?  No  es  extraño  que  yo  no  pueda 
determinar  su  origen,  cuando  de  los  mismos  brasileños  no 
hay  ninguno  que  lo  conozca,  como  sucede  con  casi  todos  los 
nombres  de  sus  localidades,  de  quienes  la  tradición  portu- 
guesa no  les  ha  dejado  el  por  qué  de  sus  nombres. 

Veamos  lo  único  que  hemos  hallado  escrito  respecto  al 
de  Botafogo. 

«Doblando  la  fortaleza  de  San  Juan,  encuéntrase  el  seno 
»de  agua  que  se  engolfa  en  la  tierra  y  forma  una  playa  cir- 
» calar,  que  vemos  hoy  toda  guarnecida  de  casas  habitadas. 
»Llamóse  primero  de  Francisco-  Viejo,  nombre  del  colono  que 
>allí  tenia  su  habitación,  y  después  mudó  su  nombre  por  el 
>de  Botafogo,  que  igualmente  seria  tal  vez  el  nombre  de  al- 
»gún  otro  habitante  de  ese  lugar  ó  de  algún  heredero  del 
■> mismo  Francisco  Viejo,  que  quién  sabe  si  tenía  también 
» aquel  otro  nombre.» 

Por  lo  que  se  vé  que  con  esta  historia  no  quedamos  más 
ilustrados  que  sin  ella. 

La  poesia  quiso  hacer  su  historia  á  su  manera  y  la  hizo 
de  este  modo: 

Esta  penha  redonda,  alta,  é  pontada, 
soster  parece  á  Oapricornea  zona: 
a  pyramide  Egypcia  mais  aguda 
d'elle  á  vista  se  abate,  é  desabona. 
Ou  he  de  madre  térra  á  lingua  muda, 
do  Mundo  antigo  maravílha  nona, 
ou  foi,  segundo  os  Gregos  e  Romanos, 
pao  de  Assucar  do  Cha  dos  Centimanos. 

Tomando  sim  os  monstruosos  Brontes 
de  Baccho  ó  Cha  na  Liparea  copa, 
bicaram  contra  ó  Ceo  soberbas  frontes, 
6  qualquer  joga  as  armas  com  que  topa; 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  267 

com  as  chicaras  lhe  atiram  de  ocos  montes, 
cahe  na  Asia  o  Tauro,  e  os  Pyrineos  na  Europa 
e  o  Pao  de  Assucar,  como  mais  ligeiro, 
na  faz  cabio  do  Rio  de  Janeiro. 

Seu  cume  excelso  sempre  fumeganto 
apparece  por  vezes  inflammado; 
raios  trisulcos  lanca-lhe  ó  Tonante, 
Neptuno  ó  tem  bramindo  rodeade. 
E,  ou  por  jazer  debaixo  algún  gigante, 
qu'inda  chammas  vomita  exasperado, 
ou  dos  relampos  peloa  ssiduo  jogo, 
chania-se  á  curva  praia  Bota-Fogo. 

La  poesía,  pues,  ha  tenido  que  valerse  de  una  extrava- 
gancia para  interpretar  el  nombre  de  Bota-Fogo;  pero  esa 
alegoría  nos  deja  tan  en  tinieblas  respecto  al  origen  de  aquél 
como  la  historia  de  Francisco  Viejo. 

Del  cerro  de  Pan  de  Azúcar,  de  que  tanto  partido  saca  el 
poeta  en  esa  alegoría  para  hacer  un  nombre  de  situación  el 
de  Botafogo  y  que  á  la  puerta  misma  del  Janeiro  parece  el 
centinela  que  vigila  la  corona  imperial,  un  ingeniero  ofreció 
á  don  Pedro  I  hacer  una  estatua  que  representase  un  gigan- 
te armado.  Al  principio  la  idea  hubo  de  adoptarse,  pero  des- 
echóse luego  por  los  gastos  que  la  empresa  exigía. 

Una  tarde  paseaba  yo  á  caballo  en  la  Playa  Bermeja  que 
está  al  pie  de  este  cerro  y  por  la  primera  vez  se  me  refirió 
allí  ese  pensamiento;  y  confieso  que  ese  atrevimiento  del  arte 
me  dejó  aturdido,  fuese  porque  la  inmediación  á  que  yo  me 
encontraba  del  cerro  aumentaba  su  magnitud  á  mis  ojos,  fue- 
se porque  no  tuve  el  tiempo  suficiente  para  meditar  sobro 
los  medios  que  hacen  posible  tal  empresa.  Bien,  esto  fué  á  le 
tarde;  pero  á  la  noche  reíame  de  mi  aturdimiento  y  del  gi- 
gante armado,  cuando  en  su  volumen  leía  lo  siguiente: 

«Strasicrates,  ingeniero  al  servicio  de  Alejandro,  ofreció 
á  éste  hacer  del  monte  Athos  una  estatua  que  lo  represen- 
tase. Esta  enorme  figura  debería  tener  en  su  mano  izquierda 
una  ciudad  con  diez  mil  almas  de  población,  y  en  la  derecha 


268  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

un  vaso  donde  los  diversos  torrentes  de  la  montaña,  se  reu- 
nirían para  formar  un  río  majestuoso.» 

Si  en  ofrecer  no  hay  inconveniente  ni  atrevimiento,  es 
preciso  confesar  que  Strasicrates  ha  sido  el  hombre  más  ge- 
nerosamente pródigo  del  mundo. 

Montevideo,  Noviembre  de  1846. 

(5)  En  su  abandono  y  soledad  secreta.  Se  ha  escrito  algo  y 
se  ha  hablado  mucho  sobre  la  clausura  en  que  viven  las  bra- 
sileras; sobre  la  dependencia  casi  de  esclavas  en  que  están 
de  sus  maridos;  y  últimamente  sobre  el  espíritu  de  su  so- 
ciedad. 

Los  que  han  escrito  no  se  han  tomado  el  trabajo  de  ave- 
riguar la  parte  de  apariencia  y  la  parte  de  verdad  que  hay 
en  las  costumbres  brasileras;  su  origen  primitivo,  las 
causas  locales  que  contribuyen  á  ellas  y  las  modificaciones 
que  han  sufrido  por  el  tiempo  y  el  progreso  incesante  del 
Brasil,  y  últimamente  por  la  nueva  existencia  política  de 
éste  que  ha  contribuido  á  modificar  y  á  ir  desligando  poco 
poco  la  tradición  portuguesa.  Y  desde  las  ventanas  de  un  ho- 
tel y  en  veinte  días  de  residencia  han  juzgado  y  sentenciado 
la  mujer  brasilera  sin  más  datos  que  su  ausencia  de  las  calles 
y  celosías  de  sus  balcones.  Los  que  hablan  solamente,  no  ha- 
cen sino  repetir  lo  que  han  oído  con  algo  más  que  agregan 
de  su  derecho  irresponsable 

Hago  al  lector  la  justicia  de  creerlo  instruido  del  grado 
de  civilización  de  Portugal  desde  los  tiempos  en  que  se  hizo 
dueño  del  Brasil,  hasta  aquellos  en  que  vióse  obligado  á  en- 
tregarlo á  su  existencia  propia  y  á  la  civilización  del  si- 
glo xix,  para  ahorrarme  el  trabajo  y  el  disgusto  de  indi- 
carle el  rango  social  y  la  cultura  á  que  pudo  elevar  á  la  mu- 
jer brasilera,  esa  Metrópoli  que  por  una  ley  aprobada  en  el 
consejo  de  la  Corona,  obligaba  á  pasar  á  Lisboa  todos  los 
brasileros  que  llegasen  á  adquirir  en  su  país  una  fortuna  que 
pudiera  exonerarlos  de  su  trabajo  personal.  Pero  me  deten- 
dré un  poco  á  examinar  las  causas  de  aquellas  costumbres 
que  en  la  mujer  chocan  más  al  extranjero  y  que  nace  de  las 
localidades  y  del  carácter  mismo  brasilero. 

Es  cierto  que  en  el  Brasil  la  mujer  es  menos  espectable 
que  en  cualquier  otra  parte  del  mundo  civilizado.  Es  cierto 
también  que  la  apariencia  de  sus  casas  indica  algo  de  clau- 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  269 

sura  y  encerramiento;  es  cierto  también  que  el  carácter  de 
la  brasilera  tiene  poco  de  comunicativo;  y  por  último,  os 
cierto  también  que  el  extranjero  transeúnte  goza  bien  poco 
de  los  placeres  inocentes  que  nacen  en  otras  partes  del  trate 
franco  de  la  sociedad. 

Pero  está  muy  lejos  de  ser  verdad,  que  el  retraimiento 
de  la  brasilera  sea  una  imposición  despótica  de  los  hombres, 
que  sus  ventanas  cerradas,  que  originan  tantas  criticas,  sea 
un  resultado  do  aquella  imposición;  que  lo  poco  comunica- 
tivo de  su  carácter  nazca  de  un  espíritu  agreste  é  incivili- 
zado, y  que  los  pocos  goces  del  extranjero  en  la  sociedad 
brasilera,  sea  el  resultado  de  la  falta    de  atractivos  en  ella 

La  brasilera  se  presenta  pocas  veces  en  los  paseos  públi- 
cos ó  en  las  calles  de  la  ciudad.  ¿Luego  sus  maridos  las  en- 
cierran? no;  luego  ellas  son  las  hijas  bien  disciplinadas  de  su 
clima;  este  es  el  verdadero  luego. 

En  las  ocho  ó  diez  horas  del  riguroso  calor  del  día  nada 
prefiere,  la  mujer  brasilera,  á  la  sombra  de  sus  habitaciones 
y  á  la  levedad  de  sus  trajes  caseros;  y  en  aquélla  y  con  éstos 
ella  evita  la  poca  galantería  de  su  clima,  y  defendiendo  de 
él  la  suavidad  de  su  cutis,  ella  se  ocupa  en  su  educación  de 
labor  ó  en  su  educación  de  inteligencia.  Durante  las  dos  úni- 
cas horas  de  la  tarde,  en  que  puede,  sin  el  inconveniente  de] 
sol,  presentarse  en  los  paseos  públicos;  ella  se  ocupa  en  pre- 
parar nueva  toilet  para  hacer  en  su  salón  los  honores  de  una 
sociedad  de  la  cultura  más  aristocrática  y  refinada  que  pue- 
de darse. 

Ella  es-poco  comunicativa;  cuesta  mucho  para  ganarse  su 
confianza;  generalmente  .se  le  observa  circunspecta  y  si  se 
quiere  hasta  desdeñosa.  Estas  mujeres  entonces  no  son  ama- 
bles, tienen  hasta  miedo  de  conversar  con  los  hombres,  dice 
el  extranjero,  que  se  roza  apenas  media  docena  de  veces  con 
ellas.  Pero  esas  mujeres  son  amables  y  á  nadie  temen,  sin 
embargo.  Sea  efecto  del  retraimiento  en  que  viven  como  re' 
sultado  siguiente  de  su  clima,  ó  sea  por  uno  de  esos  rasgos 
característicos  que  se  notan  en  la  fisonomía  de  cada  pueblo, 
la  especialidad  del  espíritu  en  la  brasilera,  es  la  melancolía, 
ó  si  es  demasiado  fuerte  esta  palabra,  una  especie  de  suave 
reconcentración.  Hay  también  en  ella,  y  que  le  hace  muchc 
honor  un  alto  grado  de  desconfianza  en  el  atractivo  de  su  so- 
ciedad, originado  por  las  críticas  constantes,  y  la  mayor  par- 
te inmerecidas,  que  de  ella  hace  el  viajero  europeo,  que  lúe- 


270  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

go  se  las  manda  de  europa  como  un  galante  recuerdo,  de  las 
distinciones  que  mereció  ó  más  bien  que  no  mereció. 

Desengaños  continuos  de  esta  especie  han  hecho  á  la  "bra- 
silera justamente  desconfiada  del  extranjero. 

Pero  uno  llega,  él  trae  una  carta  respetable  de  recomen- 
dación para  una  familia  notable  en  el  Janeiro,  ó  es  presen- 
tado á  ella  por  una  persona  de  la  relación  de  esa  casa.  El 
marido  ó  la  esposa,  reciben  al  caballero  con  afabilidad:  pre- 
séntanlo  en  seguida  á  todas  las  personas  de  la  familia,  y  al 
despedirse  le  dicen:  todas  las  noches  a  tal  hora  tomamos 
nuestro  té,  ó  en  tal  noche  de  la  semana  recibimos  á  nuestros 
amigos.»  Este  caballero  ya  tiene  entrada  franca  en  esa  casa 
á  las  horas  ó  en  el  día  en  que  se  ha  prescripto.  El  puede  ve- 
nir  á  ese  salón  donde  gozará  de  los  encantos  de  la  música,  de 
la  conversación  general,  y  de  una  sociedad  escogida  y  de 
buen  tono,  pero  por  mucho  tiempo,  debe  repugnarle  cierta 
circunspección  que  parece  exclusiva  para  con  él.  Se  le  está 
observando:  se  están  clasifisando  por  sus  acciones,  por  sus 
palabras,  su  origen,  su  educación  y  sus  aptitudes.  Al  cabo 
de  ese  tiempo  si  esa  observación  da  un  resultado  desfavora- 
ble al  caballero,  aquella  circunspección  se  aumentará  y  él 
se  verá  en  la  necesidad  de  abandonar  esa  relación,  y  en  este 
caso  la  culpa  será  de  él.  Si  por  el  contrario,  él  ha  ofrecido 
con  su  comportación  una  garantía  de  sus  condiciones  mora- 
les, el  retraimiento  desaparece  y  él  viene  á  ser  casi  un  miem- 
bro de  la  familia,  y  en  todo  cuanto  csnstituye  el  solazamien- 
to  de  ésta,  su  familiaridad  entre  los  hombres  de  buena  edu- 
cación y  de  buena  moral,  nunca  pasa  con  las  señoras  los  lí- 
mites de  la  urbanidad  y  de  la  decencia. 

No  hay  entonces  nada  más  ameno  que  el  trato  de  la  bra- 
silera. Su  belleza  es  reanimada  por  una  imaginación  fecun- 
dísima, y  los  caprichos  de  su  imaginación,  siempre  son  acom- 
pañados de  esa  timidez  que  nace  de  la  suavidad  ó  melan- 
colía de.  su  espíritu. 

Su  educación  es  más  de  labor  que  de  inteligencia.  Ellas 
no  ofrecen  la  amenidad  literaria  de  la  mujer  francesa;  pero 
ofrecen  con  su  gesto  y  habilidad  sorprendente  en  la  música, 
el  hechizo  de  la  italiana. 

Si  el  filósofo  las  contempla,  él  halla  grandes  vacíos 
todavía  en  el  ser  social  de  la  mujer  brasilera;  si  las  observa 
el  poeta,  él  halla  un  bellísimo  tipo  de  mujer.  El  halla  sobre 
todo  el  pábulo  más  activo  á  las  fuertes  pasiones  y  al  ejer- 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  271 

cicio  de  la  sensibilidad  en  ese  mismo  modo  de  ser  y  de  vivir 
de  la  mujer  brasilera. 

Yo,  por  mi  parte,  no  sólo  he  hallado  reprochables  las 
críticas  que  de  ella  se  han  hecho,  porque  no  aplaudo  jamás 
lo  que  carece  de  justicia  y  de  verdad,  sino  que  he  sentido 
algo  de  compasión  por  aquellos  á  cuya  imaginación  nada  ha 
hablado  la  mujer  brasilera. 

Montevideo,  Noviembre  de  1846. 

(6)  Amaneciendo  en  ti  la  hermosa  aurora.  En  efecto  el 
sol  de  la  civilización  es  anunciado  en  el  Brasil  por  los  albo- 
res más  risueños.  Tres  ó  cuatro  años  no  bastan  muchas  ve- 
ces para  conocer  con  exactitud  la  índole,  la  moral,  las  cos- 
tumbres y  las  interioridades  de  la  vida  doméstica  en  un 
pueblo;  cuyo  estudio  sirve  después  para  justipreciar  la  re- 
lación entre  él  y  sus  instituciones,  su  política,  y  el  carácter 
de  transición  ó  de  aplomo  de  su  existencia  moral  y  de  su 
civilización.  Pero  tres  ó  cuatro  semanas  pueden  bastar  mu- 
chas veces  para  adquirir  un  conocimiento  casi  perfecto  de 
su  cultura  y  de  su  progreso  en  sus  manifestaciones  visibles. 

Un  hombre  un  poco  familiarizado  con  la  sociedad,  dos 
minutos  después  de  haber  pisado  el  umbral  de  una  casa, 
comprende  la  clase,  la  educación  de  sus  dueños,  por  el  sim- 
ple examen  de  lo  que  se  le  presenta  á  la  vista.  Del  mismo 
modo  cuando  un  viajero  se  desembarca  en  una  capital,  ya 
está  bajo  el  imperio  de  sus  ojos  la  civilización  de  sus  habi- 
tantes en  sus  manifestaciones  materiales. 

Yo  tendré  el  gusto  de  transcribir  aquí  lo  que  ha  escrito 
bajo  este  mismo  pensamiento  el  señor  don  M.  de  A.  Porto 
Alegre,  una  de  las  capacidades  más  distinguidas  que  hoy 
tiene  el  Brasil  como  prosista  y  como  poeta;  y  al  cual,  en  esta 
última  dote,  se  puede  considerar  en  primer  rango,  por  su 
fuerza  descriptiva,  por  la  valentía  de  sus  imágenes,  y  más 
quo  todo  por  el  tinte  de  localidad  y  expresión  brasilera  de 
que  abundan  sus  obras.  El  dice  así: 

«La  primera  cosa  que  el  viajero  encara,  es  el  terreno  en 
>que  pisa  y  los  edificios  que  lo  circulan;  y  en  este  primer 
»paso  encuentra  ya  un  documento  que  prueba  exuberante- 
> mente  el  estado  del  gobierno  de  aquel  país;  y  la  suerte  y 
>  condición  de  sus  subditos:  si  los  caminos  y  las  calzadas  son 
» buenas,  el  gobierno  vigila  y  entretiene  la  prosperidad  ma- 


272  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

»terial,  y  ya  ve  el  viajero  una  realidad  de  civilización  en  el 
» pensamiento  que  lo  domina  y  rige,  y  una  señal  de  prospe- 
ridad incontestable,  pues  que  hay  más  dificultad  en  juntar 
»y  nivelar  las  piedras,  que  en  amontonar  palabras  y  dis- 
cursos que  alucinan  á  veces  una  generación  entera,  sin  que 
»ella  pueda  entretanto  legar  un  sólo  monumento  de  pro- 
egreso  á  las  generaciones  que  la  suceden. 

»E1  mayor  ó  menor  grado  de  urbanidad  en  los  emplea- 
■» dos  públicos,  algo  indica  del  régimen  gubernativo  del  pais; 
»y  su  mayor  ó  menor  diligencia,  el  estado  de  la  marcha  del 
■»  gobierno  en  los  negocios  públicos. 

»Si  luego  concurre  al  teatro,  el  viajero  tiene  á  sus  ojos 
» todas  las  clases  de  la  sociedad,  en  una  arena  donde  so 
» aprueban  ó  reprueban  ideas  con  señales  estrepitosas,  que 
>no  dejan  duda  sobre  la  impresión  que  ellas  hacen.  Si  oye 
»el  viajero,  por  ejemplo,  que  el  público  tributa  aplausos  á 
T>un  cantor  desafinado,  sabe  de  improviso  que  ese  público  no 
»está  educado  para  la  música,  que  no  siente  todavía  la  per- 
afección  en  la  combinación  de  los  sonidos,  que  las  leyes  de 
»la  armonía  y  melodía  no  son  conocidas  aún  de  la  mejor 
■» parte  de  esa  socieiad. 

»Las  decoraciones  y  todo  el  mecanismo  del  escenario, 
»le  muestran  el  grado  de  las  artes  y  la  mayor  ó  menor  in- 
teligencia en  ellas. 

»En  los  siguientes  días  el  viajero  continúa  sus  pesquisas 
^visitando  los  monumentos,  los  edificios  públicos  y  estable- 
cimientos de  instrucción.  Si  los  halla  en  perfecto  estado  y 
»sin  un  carácter  melancólico  propio  á  la  decadencia;  si  sus 
» paredes  y  pavimentos  denotan  aseo  y  reparos  frescos,  si  hay 
» actividad  en  los  empleados,  si  hay  vestigios  de  aumento, 
coge  entonces  un  testimonio  irrefragable   de  prosperidad 

>  intelectual  y  del  celo  del  gobierno  por  el  progreso  de  las 
» luces. 

»La  visita  á  los  templos  le  dará  cuenta  del  estado  moral 
•»de  la  sociedad;  y  el  examen  de  ellos,  en  su  carácter  arqui- 
tectónico, pauta  segura  para  apreciar  las  artes,  la  riqueza  y 
el  mayor  ó  menor  entusiasmo  por  las  ideas  religiosas.  Y 
»aun  la  música  que  escucha  en  el  templo,  puede  servirle  de 

>  clave  por  el  carácter  artístico  de  su  composición,  para  co- 
»nocer  el  grado  de  creencia  y  el  esplritualismo  de  esa  socie- 
dad. Porque  una  música  sensual  no  puede  ser  acogida  por 
>un  pueblo  delicado  en  su  esplritualismo  religioso;  y  por- 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  273 

»que  hay  entre  las  melodías  y  las  ideas  de  los  himnos  sagra- 
»dos,  aquella  ligazón  y  armonía,  que  existe  en  las  obras  del 
»arte,  á  que  llamamos  carácter  dominante,  y  que  es  siempre 
»el  denunciador  del  pensamiento  íntimo   que  le  produjo 
» etcétera.» 

Bien,  pues,  yo  encuentro  en  la  capital  del  Brasil  todas 
las  manifestaciones  externas  de  una  sociedad  en  progreso  y 
que  ya  tiene  acumulados  gran  parte  de  los  elementos  que 
servirán  en  adelante  á  su  completa  civilización. 

Yo  miro  la  actividad  material  abriéndose  paso  por  en 
medio  á  los  inconvenientes  de  la  Naturaleza  misma.  Las 
montañas  se  desmoronan;  el  hacha  las  hiende  y  abre  calles 
á  través  de  ellas  para  facilitar  el  comercio;  los  caminos  se 
extienden,  se  ramifican  y  se  mejoran  por  todas  partes;  los 
edificios  se  multiplican;  se  abandona  la  vieja  y  pesada  forma 
arquitectónica,  introducida  por  los  portugueses,  y  se  adopta 
para  ellos  la  forma  ligera  y  graciosa  de  la  arquitectura  mo- 
derna. 

Yo  miro  en  una  ciudad  que  no  puede  decirse  propia- 
mente que  tiene  pasado,  monumentos  de  arte  de  buen  gusto 
y  de  suma  utilidad  pública.  Un  acueducto  que  podría  honrar 
á  cualesquiera  de  las  capitales  europeas,  por  el  inmenso  tra- 
bajo y  los  cuantiosos  gastos  que  ha  demandado.  Fuentes 
públicas  en  todas  las  plazas  y  calles  de  la  ciudad  (a).  Un 
jardín  botánico  primorosamente  atendido  y  cultivado.  Tres 
teatros,  uno  de  los  cuales  podría  ser  una  buena  sala  de  ópera 


(a)  Ya  no  existe  uno  de  los  trabajos  hidráulicos  más 
útiles  que  ha  tenido  el  Río  de  Janeiro;  un  conductor  que 
desde  la  orilla  del  mar  en  la  Plaza  del  Carmen  llevaba  á  los 
navegantes  las  aguas  de  un  abundante  Chafariz  por  espacio 
de  algunas  toesas  hacia  el  mar,  para  impedir  el  trabajo  de 
desembarcar  las  pipas.  El  Chafariz  y  el  conductor  fueron 
mandados  construir  por  don  Luis  de  Vasconcellos  y  Souza 
que  con  patente  de  4.°  Virrey  llegó  al  Janeiro  y  tomó  pose- 
sión de  la  Capitanía,  el  5  de  Abril  de  1779. 

Todo  el  Janeiro  está  lleno  de  monumentos  que  recuer- 
dan la  memoria  de  este  hombre,  el  mejor  de  sus  virreyes. 
Fué  el  fundador  del  Paseo  Público;  hizo  abrir  la  linda  calle 
que    hoy   se  llama   das  Carrecas  y  á  quien  dio  entonces  el 

Mármol.— 18 


274  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁ  R1IOL 

en  París  ó  en  Londres.  Veinte  y  tantos  templos  (6)   que  se 
mejoran  y  se  enriquecen  artísticamente  cada  día. 

Tomo  otro  camino  de  estudio,  y  me  encuentro  con  una 
Universidad  en  cuyos  bancos  se  cuentan  anualmente  de 
800  á  1000  estudiantes:  con  una  Academia  de  Medicina  y 
ciencias  naturales,  donde  una  juventud  entusiasta  hace  bri- 
llantes progresos,  en  la  medicina  especialmente:  con  una 
Academia  de  Bellas  Artes,  que  al  fin  de  cada  año  pone  en 
pública  espectación  las  obras  de  sus  alumnos,  de  los  cuales 
manda  el  Gobierno  á  estudiar  tres  años  en  Europa,  á  aque- 
llos que  hayan  al  fin  de  cada  año  llenado  las  condiciones  de 
los  estatutos  académicos;  con  un  Instituto  Histórico  Geo- 
gráfico, que  con  una  laboriosidad  constante,  hace  al  Brasil 
y  á  la  ciencia  los  más  importantes  descubrimientos:  con  una 


nombre  de  Rúa  das  Bellas  Noites:  la  f  aente  que  existe  hoy 
en  esa  calle  es  también  obra  suya  como  muchas  otras. 

Era  tal  el  entusiasmo  del  Virrey  Vasconcellos  por  los 
edificios  públicos,  que  hizo  construir  una  hermosísima  casa 
para  cuidar  y  disecar  en  ella  los  pájaros  del  Brasil,  que,  por 
orden  de  la  Corte,  se  enviaban  al  Gabinete  de  Historia  Na- 
tural de  Lisboa.  Esta  casa  sirve  desde  1814  de  Erario  y  Casa 
de  Moneda. 

El  nieto  suyo,  actual  Encargado  de  Negocios  de  Portu- 
gal en  el  Janeiro,  debe  pasear  con  cierto  orgullo  las  calles  de 
esta  ciudad. 

(Jo)  No  hay,  sin  embargo,  en  el  Janeiro  una  cátedra, 
digna  de  la  ciudad.  En  1737  se  hizo  catedral  la  iglesia  de 
Nuestra  Señora  del  Rosario;  pero  por  quejas  elevadas  á  don 
Juan  V.  por  la  Hermandad  de  San  Benito,  S.  M.  ordenó  al 
Obispo  que  se  escogiese  un  lugar  para  construirse  huma 
cathedral  digna  de  tao  vasto  imperio.  En  1747  se  escogió  el  te- 
rreno en  que  debía  alzarse  el  templo  de  San  Sebastián,  y  en 
1749  púsose  la  piedra  fundamental  de  ese  edificio.  En 
1752  paráronse  los  trabajos  y  no  continuaron  hasta  1796.  Al 
año  siguiente  suspendiéronse  de  nuevo,  y  lo  que  debió  ser 
las  naves  de  la  catedral,  hoy  son  las  aulas  de  la  Escuela  mi- 
litar. 

Se  determinó  por  catedral,  en  orden  regia  de  1818  la 
iglesia  llamada  antes  de  los  Carmelitas  calzados,  Capilla 
Peal  durante  el  reinado  de  don  Juan  VI  y  conocida  hoy  con 
el  nombre  de  Capilla  Imperial. 


CANTOS  DEL  PEREGRIMO  275 

Academia  militar  (c)  y  otra  de  Marina,  en  las  cuales,  y  con 
especialidad  en  ésta  última,  la  juventud  tiene  un  entusias- 
mo remarcable  por  sus  estudios.  Cuando,  en  fin,  yo  miro 
bibliotecas  con  cien  mil  volúmenes,  museos  públicos  y  ga- 
binetes particulares  de  física,  de  mineralogía,  etc.,  y  que 
todo  esto  se  mueve  y  se  investiga  diariamente  por  las  ma- 
nos de  la  juventud,  yo  puedo  decir  entonces  al  Janeiro,  sin 
temor  de  ser  desmentido,  y  con  el  sólo  esamen  de  cuanto 
acabo  de  bosquejar  apenas: 

He  visto  de  las  ciencias  y  del  arte 
Amaneciendo  en  ti  la  hermosa  aurora. 

Cuando  en  un  examen  más  serio  y  detenido  quiero  estu- 
diar la  sociabilidad  brasilera  en  su  más  alta  expresión,  y 
veo  en  ella  un  orden  constitucional  bien  sostenido,  si  no 
puedo  decir  bien  experimentado;  una  monarquía  represen- 
tativa, la  más  democrática  del  mundo,  defendida  por  un  par- 
tido de  orden  ó  interesado  á  todo  precio  en  la  conservación 
de  la  paz;  una  constitución  que  determina  con  precisión  los 
deberes  y  los  derechos  del  Gobierno  y  del  pueblo,  y  una  li- 
bertad que  es,  sin  disputa,  un  hecho  positivo  y  no  una  teo- 
ría de  escritores;  cuando  veo  á  un  gobierno  que  se  empeña 
en  abrir  á  la  industria  nacional  todos  los  canales  posibles  de 
su  mejora,  y  que  facilita  con  las  garantías  y  la  equidad  la 
introducción  de  la  industria,  del  comercio  y  del  capital  ex- 
tranjero; cuando  veo  en  esa  sociedad  la  actividad  mercantil 
ó  industrial  creciendo  por  días  y  derramando  en  todas  las 
clases  el  bienestar  y  la  abundancia;  cuando  miro,  en  fin,  el 
orden,  el  trabajo  y  la  libertad  esparcidos  sobre  los  hombres 
y  empeñados  todos  en  la  conservación  de  estos  elementos 
que  hacen  la  felicidad  individual  y  el  engrandecimiento  de 
una  nación,  puedo  decir  entonces  al  Brasil,  sin  temor  de  ser 
desmentido: 


(c)  La  Academia  Militar  fué  creada  por  carta  regia  de 
4.  de  Diciembre  de  18Í0,  gobernando  todavía  don  Juan 
VI  como  príncipe  regente,  y  siendo  su  ministro  el  Conde 
de  Linhares. 

En  1832  fué  reunida  la  Academia  de  Marina  á  la  Mili- 
tar, más  en  el  año  34  fué  nuevamente  separada,  como  existe 
hoy. — (Véase  el  Ostensor  Brasüetro), 


276  obras  de  josé  mármol 

Sé  que  á  la  sombea  de  tu  paz  bendita 
Tu  genio  al  porvenik  se  precipita. 

Esta  ligera  enumeración  de  los  elementos  de  civilización 
y  de  progreso  con  que  cuenta  el  Brasil,  y  que  no  puedo 
desenvolver  en  la  estrechez  de  este  trabajo,  da  á  conocer  de 
parte  mia,  que  no  ignoro  los  continuos  reproches  que  se  ha- 
cen al  Brasil  sobre  el  atraso  de  su  sociedad,  y  que  he  queri- 
do prevenir  la  censura  de  mis  versos,  en  aquellas  personas 
que  toman  una  página  francesa  como  un  capitulo  de  las  es- 
crituras. 

Si  en  vez  de  un  cuadro  descriptivo  de  un  poema,  hu- 
biese querido  escribir  una  obra  crítica  sobre  la  sociedad 
brasilera,  hallaría  en  ella,  de  cierto,  un  campo  vasto  para 
la  censura,  y  ¿qué  mucho  que  me  ofreciera  ese  campo  una 
sociedad  que  no  cuenta  treinta  años  de  existencia  política, 
y  que  ha  vivido  más  de  dos  siglos  en  la  vida  de  las  colo- 
nias? ¿qué  mucho,  cuando  las  naciones  europeas  mismas,  en 
el  vuelco  de  las  revoluciones  y  los  siglos  no  han  acabado 
de  depurarse  todavía  en  el  crisol  de  tres  rangos  de  civiliza- 
ciones distintas?  y  ¿qué  mucho,  sobre  todo,  si  para  medir 
la  civilización  brasilera,  tomaba  por  pauta  la  civilización 
de  Francia  ó  de  Inglaterra,  como  hacen  desacordada- 
mente los  escritores  europeos  que  transitan  por  la  Amé- 
rica? 

Mucho  tiene  la  sociedad  brasilera  de  criticable,  mucho 
en  las  costumbres  de  sus  hijos  especialmente;  muchos  son 
los  trabajos  y  trastornos  por  que  tiene  que  pasar  todavía 
para  purificarse;  puede  que  hasta  un  riego  de  sangre  sea 
necesario  algún  día  para  que  el  árbol  de  su  civilización  dé 
en  última  sazón  sus  frutos  exquisitos;  pero  mucho  tiene  ya 
de  adelantado;  mucho  de  civilización  y  mucho  más  adelante 
marcha  de  lo  que  equivocadamente  creen  algunos.  En  Amé- 
rica es  de  los  primeros  en  la  escala  de  las  niciones,  y  en  la 
América  del  Sur  él  será,  antes  que  ningún  otro  Estado,  el 
emporio  déla  riqueza  y  del  comercio. 

Por  otra  parte,  yo,  por  sistema,  he  querido  en  este  cua- 
dro de  mi  poema,  presentar,  aunque  á  grandes  rasgos,  lo 
que  he  hallado  de  bello  y  aplaudible  en  el  Brasil.  La  ingra- 
ta misión  de  descubrir  á  la  censura  sus  lados  vulnera- 
bles, la  dejo  con  gusto  y  sin  esfuerzo  á  los  escritores  eu- 
ropeos. 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  277 

Es  el  tributo  de  gratitud  que  pago  al  Brasil  por  los  dos 
años  que  he  residido  en  él,  en  mi  ya  tan  larga  proscripción, 
y  que  no  he  tenido  embarazo  de  confesar  otra  vez,  que  ellos 
han  sido  los  dos  anos  menos  azarosos  de  mi  vida,  después 
que  el  suelo  de  la  patria  me  fué  vedado,  por  una  política 
que  aun  no  ha  perdido  el  derecho  de  excomulgar. 

Ajeno  de  toda  pretensión,  he  esperado  decir  adiós  al 
Brasil  para  pagarle  aquel  tributo. 

Escritor  de  un  periódico  literario  del  Janeiro,  no  sacri- 
fiqué á  consideración  ninguna  la  independencia  de  mis  opi- 
niones, y  más  de  una  vez  afronté  sin  temor  la  susceptibili- 
dad nacional.  Ausente  del  Brasil,  yo  le  envío  hoy  este  canto 
de  mi  Peregrino. 

Y  no  doy  á  los  brasileros  esta  ligera  explicación  porque 
ni  un  instante  haya  puesto  en  duda  ni  su  liberalidad,  ni  su 
respeto  por  la  emisión  del  pensamiento:  no;  yo  le  cedo  de 
buen  grado  este  honor  al  señor  Capitán  de  mar  y  guerra 
don  Pedro  Ferreyra  de  Oliveira,  ex  Comandante  de  la  Esta- 
ción Naval  Brasilera  en  el  Río  de  la  Plata. 

A  este  caballero  le  cupo  la  honra,  hace  tres  meses,  de 
venir  por  su  propia  cuenta  á  poner  en  problema  la  libera- 
lidad brasilera  en  un  país  extranjero.  Desconociendo  que  en 
su  posición  tan  espectable,  sus  acciones  refluían  más  ó  me- 
nos en  honra  ó  en  perjuicio  del  crédito  de  su  Nación,  desco- 
nociendo el  espíritu  de  libertad  y  tolerancia  de  que  con 
tanta  justicia  blasonan  sus  compatriotas;  desconociendo,  en 
fin,  hasta  los  derechos  que  en  ese  caso  le  correspondían,  él 
dio  orden  para  que  no  fuese  transportado  al  Janeiro  en  em- 
barcación brasilera  el  autor  del  Peregrino;  sólo  porque 
en  el  canto  anteriormente  publicado  yo  atribuía  menos  ta- 
lento al  actual  monarca  brasilero  que  el  que  atribuía  á  su 
ilustre  padre. 

El  señor  Ferreyra  se  imaginó  acaso  algún  ascenso  ó  al- 
guna sonrisa  de  favor  por  su  injustificable  celo;  pero  olvidó 
que  hay  defensas  tan  intempestivas  ó  hiperbólicas,  que  más 
ridiculizan  que  defienden;  que  estaba  en  presencia  de  una 
población  extranjera  que  no  tenía  obligación  de  no  creer 
más  ilustrados  á  los  brasileros,  que  lo  que  era  quien  al  fren- 
te de  su  escuadra  los  representaba  en  parte  sobre  las  aguas 
del  Plata:  y  olvidó  también  que  el  autor  del  Peregrino  nc 
pasaría  en  silencio  un  hecho  que,  si  bien  no  podía  calificarlo 
como  una  ofensa  personal,  era  un  desmentido;  á  lo  menos,  á 


278  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

cuanto  ofrecía  hablar  en  honor  de  los  brasileros  en  el  canto 
misino  que  dio  origen  al  proceder  del  señor  Ferreyra,  que 
ha  servido  sólo  para  el  ridículo  y  la  mofa  de  la  población  de 
Montevideo,  y  de  los  mismos  marinos  de  las  estaciones  ex- 
tranjeras. ¿Qué  afán  no  tendrían  los  Almirantes  franceses  ó 
ingleses  si  hubieran  de  estar  leyendo  las  obras  de  los  viaje- 
ros para  permitirles  ó  negarles  pasaje  en  los  paquetes  de  sus 
respectivas  naciones? 

Montevideo,  Noviembre  de  1846,- 

CANTO  DUODÉCIMO 

(1)  Después  de  su  viaje  al  mar  del  Sur,  volvió  el  Pe- 
begrino  á  la  ciudad  del  Río  Janeiro,  donde  permaneció  dos 
años;  los  más  tranquilos,  y  aun  podemos  decir,  los  más  feli- 
ces de  su  vida.  El  canto  undécimo  del  poema  está  consa- 
grado á  sus  recuerdos  del  Brasil,  y  á  arrebatar,  en  cierto 
modo,  algunas  ideas  falsas  y  desfavorables  que  existen  en 
general  sobre  la  sociedad  brasilera;  como  también,  á  revelar 
esa  naturaleza  magnífica,  rica  en  novedad  y  poesía,  con  que 
ha  engalanado  Dios  ese  pedazo  de  suelo  americano. 

Entre  aquellos  recuerdos,  hay  un  día  que  á  menudo  se 
nombra  en  ese  canto  —el  cinco  de  Enero,  á  quien  llama  el 
Peregrino,  «su  día  de  oro» — un  recuerdo  individual, — po- 
bre para  los  otros,  si  se  quiere;  pero  rico  tesoro  para  el  co- 
razón del  Peregrino,  á  quien  es  preciso  perdonar  que  se 
ocupe  de  algunos  recuerdos  propios  de  él,  por  lo  mucho  que 
ge  ocupa  y  sufre  por  los  recuerdos  ajenos. 

(2)  El  Peregrino  entraba  al  Río  de  la  Plata  el  17  de 
¿f-bril  de  este  mismo  año,  tiempo  en  que  el  Greneral 
.Oribe  era  dueño  de  casi  todos  los  Departamentos  de  la  Re- 
pública, 

Por  esta  fecha  vése  también  que  el  Peregrino  no  tiene 
el  clon  de  la  oportunidad  para  hacer  sus  viajes. 

(3)  Hemos  dejado  en  el  Janeiro  muchos  de  nuestros 
papeles,  y  sentimos  no  tenerlos  presentes  para  ilustrar  esta 
acta  con  algunos  hechos  históricos  do  la  guerra  de  la  Inde- 
pendencia, notables  por  su  nobleza. 

Pocas  guerras  han  existido  más  encarnizadas,   más  de 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  279 

conciencia,  que  la  que,  por  espacio  de  quince  años,  han  sos- 
tenido sobre  nuestro  continente  los  españoles  y  americanos; 
pero  pocas  también  más  llenas  de  actos  bizarros  y  gene- 
rosos. 

Por  ejemplo — durante  el  sitio  de  los  castillos  del 
Callao,  el  G-eneral  San  Martín  ofrecía  los  hospitales  de  la 
ciudad  de  Lima  á  los  heridos  y  enfermos  de  la  plaza,  inha- 
bilitada para  atenderlos,  y  muchos  españoles,  no  menos 
generosos  que  su  enemigo,  aceptaban  la  oferta;  pasaban 
á  Lima;  y,  restablecidos,  pasaban  á  sus  filas,  si  así  lo 
querían. 

Pero  no  se  crea  que  solamente  con  enemigos  comunes 
se  tenían  estas  consideraciones.  Uno  de  los  Generales  es- 
pañoles, gravemente  enfermo,  aceptó  del  General  argen- 
tino la  oferta  de  pasar  á  curarse  á  Lima,  donde  se  le 
arregló  una  casa,  y  donde  asistido  por  oficiales  del  ejér- 
cito patriota,  se  restableció;  y  pidió  y  obtuvo  su  pasa- 
porte para  España,  después  que  los  castillos  fueron  to- 
mados. 

Las  crueles,  pero  imperiosas  exigencias  de  la  guerra 
obligaron,  por  más  de  una  vez,  á  la  adopción  de  medidas  ri- 
gurosas; pero  este  era  el  resultado  de  las  circunstancias  más 
ó  menos  premiosas,  pero  no  de  la  índole  de  la  guerra  ni  del 
carácter  de  los  americanos. 

El  cuchillo,  la  traición  y  todos  esos  medios  bárbaros  y 
reprobados  que  hoy  se  emplean  en  nuestras  guerras  civiles, 
son  la  invención  exclusiva,  y  por  consiguiente  moderna  en- 
tre los  argentinos,  del  General  E-osas;  son  su  obra,  y  aun- 
que somos  sus  enemigos,  jamás  descono3eremos  en  él,  como 
en  nadie,  lo  que  sea  parto  de  su  genio. 

(4)  «Ingrata  Patria,  no  tendrás  tú  ni  mis  cenizas.» 
(Inscripción  hallada  sobre  la  tumba  de  Escipción  el  Afri- 
cano). 

(5)  En  mil  ochocientos  treinta  y  nueve,  un  carro  triun- 
fal, donde  iba  colocado  un  retrato  de  don  Juan  Manuel 
llosas,  ha  paseado  las  calles  de  Buenos  Aires.  Las  guarni- 
ciones de  ese  carro  eran  unas  cintas  blancas  y  punzóes  y 
cuatro  señoras,  que  se  mudaban  de  cuadra  en  cuadra,  tiraban 
de  ellas.  Estas  señoras  eran  las  esposas  de  los  generales,  de 


280  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

los  ministros,  do  todos  los  principales  magnates  del  General 
Rosas. 

Dos  hileras  de  hombres  cerraban  los  flancos  de  la  comi- 
tiva de  damas;  los  unos  con  su  espada  de  soldado  á  su  cintu- 
ra; los  otros  con  su  bastón  de  Magistrado  en  la  mano.  Estos 
hombres  eran  los  maridos  de  esas  damas. 

A  estos  hombres  nos  hemos  dirigido:  ¿son  demasiado 
acres  nuestras  palabras? 

Empezaron  por  envilecer  la  patria,  después  se  envile- 
cieron y  prostituyeron  ellos —  esto  era  lógico. — Envilecidos, 
esclavos,  llenos  de  zozobras  y  de  miedo,  para  mejor  adular 
á  su  señor,  envilecieron  á  sus  esposas — esto  era  lógico. — ■ 
¿Será  mucho  que  por  miedo  también,  las  conviertan  en  Me- 
salinas  quienes  las  convirtieron  en  muías?  No,  no  habria  de 
qué  sorprenderse. 

Por  otra  parte;  si  nuestras  palabras  son  agrias,  téngase 
presente  que  los  hombres  de  conciencia,  que  por  conviccio- 
nes, hacemos  la  guerra  á  Rosas  y  á  sus  amigos,  se  la  hace- 
mos do  frente,  de  muerte,  como  nos  la  hacen  á  nosotros, 
mientras  seamos  enemigos — y  así  es  come»  se  sostiene,  á  lo 
menos,  como  so  ha  debido  sostener,  nuestra  guerra.  Cuando 
alguno  de  esos  hombres  ha  vuelto  en  sí,  y  se  ha  alistado  en 
nuestras  banderas  para  trabajar  por  la  libertad  de  la  patria 
de  todos,  ninguno  do  los  enemigos  del  tirano  le  hemos  cerra- 
do nuestros  brazos. — Cuando  los  que  le  quedan  le  abandonen, 
olvidaremos  todo,  porque  ninguno  entonces  tendrá  el  dere- 
cho de  fiscalizar  su  pasado,  si  trabajan  por  el  porvenir.  No 
es,  pues,  el  rencor,  sino  el  espíritu  de  la  guerra  actual  el  que 
dirige  las  palabras  y  las  acciones  de  los  enemigos  de  Rosas, 
Espíritu  que  han  marcado  primero  Rosas  y  sus  amigos. 

(6)  «S.  M.  el  Emperador  del  Brasil  y  el  Gobierno  en- 
3argado  de  las  R.  E.  de  la  Confederación  Argentina  se  unen 
en  alianza  ofensiva  y  defensiva  contra  el  poder  y  autoridad 
true  ejerce  Fructuoso  Rivera  en  la  República  del  Uruguay  y 
contra  los  rebeldes  de  la  provincia  de  Río  Grande  del  Sud,  y 
contra  los  partidarios  del  dicho  caudillo  y  de  los  menciona- 
dos rebeldes».  (Art.  1.°  del  Tratado  de  24  de  Marzo  de  1843). 
«...  Las  tropas  imperiales  que  entrasen  al  territorio  de  la 
República  Oriental  del  Uruguay  se  pondrán  á  las  órdenes 
del  General  de  las  fuerzas  confederadas».  (Período  del  artí- 
culo 6.°) 

Esto  tratado,  presentado  en  proyecto  por  el  Plenipoten- 


CANTOS  DEL  PEREGRINO  281 

ciario  argentino  en  la  Corte  del  Brasil  el  5  de  Febrero  y  ce- 
lebrado el  24  de  Marzo,  se  envió  á  Buenos  Aires,  ratificado 
por  S.  M.  á  recibir  la  competente  ratificación  del  Gobierno 
Argentino,  como  se  previene  en  el  artículo  13  del  Tratado. 
Rosas  no  quiso  ratificarlo. 

Este  notable  asunto,  que  es  ya  propiedad  del  público,  no 
lo  queremos  comentar,  tanto  porque  nos  llevarla  á  conside- 
raciones bien  detenidas  como  él  lo  merece,  cuanto  porque 
muy  poco  podríamos  decir  después  de  los  ilustrados  artícu- 
los del  Comercio  del  Plata  en  los  números  de  6,  8,  11  y  14  d© 
Noviembre  de  1845,  á  que  nos  referimos. 

(7)  Oú  sont  les  vielles  bandes  espagnoles  qui  ay'aiént 
mis  la  main  dans  tous  les  grands  événements  des  siécles 
précédents,  qui  avaient  fait  les  destinées  de  PEurope?  elles- 
son  mortes  á  Rocroy.  (  Coussin,  Histoire  de  ]a  Philoso- 
phie.) 

(S)  Respetamos  la  historia  española;  queremos  creer  con 
ella  que  el  conde  D.  Julián  entregó  su  patria  á  los  moros. 
Pero,  ¿quién  sabe  si  este  desgraciado,  cuya  traición  fué  re- 
velada primeramente  por  los  historiadores  moriscos,  que  han 
podido  escribir  bajo  inspiraciones  de  su  odio  á  España,  fué 
arrastrado  á  eso  crimen  por  el  despecho  de  una  ofensa  la  más 
aero  al  corazón  de  un  hombre,  como  lo  cuentan  las  crónicas 
españolas;  y  como  tan  noblemente,  tan  lleno  de  generosidad, 
el  señor  D  Miguel  Agustín  Príncipe  lo  ha  proclamado  á  la 
faz  de  la  historia  y  de  la  tradición  española;  y  entonces  hace- 
mos nosotros  una  ofensa  al  soldado  español  escribiendo  al 
lado  de  su  nombre  el  nombré  de  Oribe,  que  para  entregar  su 
patria  á  Rosas,  no  ha  tenido  otra  causa  que  una  miserable 
ambición  de  caudillo  y  una  sed  implacable  de  sangre? 

(9)  Al  siguiente  día  de  la  muerte  do  Nerón  se  hallaron 
algunas  ñores  esparcidas  sobre  su  tumba;  y  los  comentadores 
de  este  fenómeno,  lo  han  explicado  por  algunos  rasgos  del 
carácter  individual  del  tirano,  que  lo  hacía  algunas  veces 
prodigar  oro  y  beneficios  sobre  aquellos  de  sus  esclavos  que 
menos  podían  esperar  su  recuerdo,  por  su  nulidad  ó  por  su 
clase — eran  puramente  caprichos  del  tirano. — Alguno  de  esos 
beneficiados  derramó  esas  flores.  ¿Quién  derramará  flores  so- 
bre la  tumba  de  Oribe? 


282  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

(10)  El  Coronel  D'Assas,  en  ocasión  de  hallarse  de  jefe 
de  avanzadas  del  ejército  francés,  fué  en  la  noche  sorpren- 
dido solo,  al  reconocer  las  centinelas.  Algunos  enemigos  le 
pusieron  las  armas  al  pecho  diciéndole  que  comprase  su  vida 
con  el  silencio: — «¡A  las  armas!  >,  gritó  D'Assas — fué  asesi- 
nado, pero  libró  al  ejército  de  la  sorpresa.  La  historia  fran- 
cesa perpetúa  este  nombre  benemérito. 

(11)  Chüde-Harold,  Poema  de  Byron. 


Fin  de  los  Cantos  del  Pekegeino 


POESÍAS  DIVERSAS 


INTRODUCCIÓN 


Dos  generaciones,  puede  decirse,  lian  surcado  el  mar  de 
la  revolución  argentina;  y  como  si  ambas  hubiesen  querido 
fijar  hondamente  su  destino  en  la  memoria  de  los  tiempos 
cada  una  de  ellas  ha  tenido  su  coro  de  poetas,  que  ha  histo- 
riado su  época  y  sus  hombres  con  la  pluma  de  la  verdad  y  el 
sentimiento,  abrillantada  por  la  imaginación. 

Enérgica,  espléndida,  orgullosa,  como  los  triunfos  milita 
res,  como  las  glorias  patrias  que  cantaba,  la  Musa  de  la  Inde 
pendencia  es  la  historia  rimada  de  su  tiempo. 

Triste,  pensadora,  melancólica  como  la  suerte  de  la  patria 
al  son  de  cuyas  cadenas  se  inspiraba,  la  Musa  de  la  Libertad 
proscripta  y  desgraciada  como  ella,  ha  puesto  también  sobn 
las  sienes  de  la  patria  la  corona  de  su  época  salpicada  de  lá- 
grimas y  sangre. 

Las  poesías  de  que  hoy  hacemos  una  edición  completa 
pertenecen  al  reino  de  esa  liltima;  pertenecen  á  esos  suspiros 


286  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

del  corazón  enviados  desde  el  extranjero  hasta  las  playas  ar- 
gentinas en  el  ala  del  céfiro,  ó  en  el  rayo  tierno  y  melancólico 
de  la  luna;  á  esas  armonías  del  sentimiento  con  qne  nuestros 
poetas  revelaban  la  desgracia  de  la  patria,  y  esperanzaban  en 
el  porvenir,  durante  la  larga  noche  de  la  esclavitud. 

Peregrinos  siempre,  hoy  en  unas  playas  mañana  en  otras; 
pobres,  desesperados  hoy,  mañana  chispeantes  de  contenta- 
miento y  de  esperanzas;  sujetos  siempre  á  lo  que  el  destino 
frío  como  un  cálculo  quería  hacer  de  su  suerte,  los  poetas  y 
los  escritores  emigrados  no  han  podido,  ni  posible  fuera 
traer  á  su  patria  obras  completas  y  perfectas.  Trabajando 
con  los  estímulos  del  corazón,  hijos  de  una  época  tormentosa 
de  suyo,  y  sujetos  auna  fortuna  personal  incierta,  no  han 
traído  y  dispuesto  á  los  pies  de  su  amante  común  sino  un  pu- 
ñado de  flores  de  todos  los  climas  y  de  todos  los  tiempos, 
plantadas  por  la  esperanza,  combatidas  por  el  martirio,  y  re- 
cogidas por  la  fe  y  el  amor. 

Todos,  pues,  han  cumplido  con  su  misión. 

Huérfanas  y  descoloridas;  sin  más  unidad  que  en  el  senti- 
miento, ahí  van  las  mías.  Flores  silvestres  para  todos,  yo  las 
amo  mucho,  sin  embargo,  porque  cada  una  me  recuerda  lá- 
grimas ó  esperanzas  que  cayeron  en  mi  corazón,  en  aquellos 
tiempos  en  que  la  vida  era  una  lucha  perpetua  entre  el  pre- 
sente y  el  porvenir,  y  de  cuyo  choque  brotaba  esa  luz  es- 
plendente de  poesía  y  de  grandeza,  que  hoy  nos  falta. 

De  esos  tiempos  de  ayer  no  más  y  que  hoy  parecen  tan 
lejanos,  tan  pasados  para  el  corazón  del  poeta. 

El  poeta  se  agita  hoy  dentro  de  sí  mismo;  se  busca,  se  in- 
terroga y  no  se  encuentra. 

Sacerdote  de  una  sublime  religión,  está  de  rodillas  en  el 


POESÍAS  DIVERSAS  287 

templo  con  la  mano  sobre  el  corazón;  pero  el  fuego  sagrado  se 
ha  extinguido  en  la  pira,  y  el  ídolo  ha  desaparecido  del  aliar! 

¡Los  poetas  argentinos  han  encontrado  á  su  país  después 
de  una  penosa  peregrinación,  pero  buscan  su  patria  y  no  1? 
encuentran! 

La  Musa  que  les  inspiraba  giró  siempre  sus  ojos  por  un 
horizonte  donde  el  genio  de  la  desgracia  ponía,  sin  embargo» 
el  sello  de  la  sublimidad,  en  todo  y  acostumbrada  á  la  gran- 
deza aún  en  el  infortunio,  hoy  baja  sus  ojos  y  se  desmaya  en 
presencia  de  la  vulgaridad  y  el  desencanto. 

Sobre  las  ruinas  del  despotismo  ella  pensó  ver  elevarse 
el  trono  de  la  patria  con  la  aureola  de  su  libertad  y  de  sus 
glorias,  y  en  los  rayos  de  lumbre  de  su  frente  beber  la  ins- 
piración de  nueva  grandeza,  de  una  nueva  época  digna  de 
suceder  á  la  época  pasada  tan  dramática  y  tan  imponente. 

Pero  el  polvo  del  torreón  caído  se  ha  levantado  en  re- 
molino, y  no  vemos  ni  el  trono  de  la  patria  ni  el  templo  de 
la  libertad,  ni  á  donde  vuela  el  genio  de  nuestro  porvenir? 
ni  donde  nace  el  sol  de  nuestras  viejas  glorias,  ni  á  donde 
ha  de  ponerse  el  sol  encapotado  y  cobrizo  que  hoy  miramos* 

Situación  indecisa,  de  transición,  en  que  la  vulgaridad  se 
enseñorea;  porque  ella  sola  puede  representarla  candorosa- 
mente; la  Musa  argentina  sin  hallar  una  desgracia  ni  una 
gloria  que  esté  á  la  altura  de  sus  inspiraciones,  se  ha  velado 
y  un  eco  solo  de  su  lira  no  se  ha  oído,  para  saludar  una  li- 
bertad incompleta,  y  un  triunfo  más  incompleto  aún. 

A  lo  menos,  pues,  que  cada  uno  de  nuestros  poetas  reco- 
ja hoy  las  hojas  secas  de  las  que  fueron  ayer  flores  de  espe- 
ranzas y  de  vida. 

José  Mármol 

Octubre  de  1854. 


r~' 


La'admiré  cual  á  un  ángel  divino 
Cantos  dbl  peregrino 


Lámina  YL 


POESÍAS  DIVERSAS 


LAMENTOS  (1) 

Sólo  faltaba  á  la  enemiga  suerte, 
que  en  duelo  y  llanto  mi  existir  anida 
entre  cadenas  convertir  inerte 
la  primavera  de  mi  triste  vida. 

Y  entre  los  muros  de  prisión  odiosa, 
y  entre  los  hierros  que  forjó  el  rigor, 
hasta  del  aire  y  de  la  luz  celosa 
me  lanza  ingrata  á  respirar  horror. 

Cual  bestia  fiera,  en  el  inmundo  suelo 
tiendo  mi  cuerpo,  de  dolor  pasado; 
y  palpitando  reclinar  anhelo 
la  sien  hirviente  sobre  el  brazo  helado. 

De  infamia  ajeno,  de  maldad  exento, 
hago  al  descanso  de  mis  penas  dueño; 


(1)  Estos  versos  fueron  escritos  la  misma  noche  que  fui  conduci- 
do á  la  cárcel.  Estoy  bien  convencido  que  ellos  no  merecen  ni  el  nom- 
bre de  medianos,  pero  fueron  producidos  cuando  el  infortunio  acabó 
-de  enlazarse  á  mi  destino  y  es  fuerza  recordarlos  con  respeto. — José 
.Mármol. 

Mármol.— 19 


290  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

pero  ¡ay!  es  breve,  que  en  el  alma  siento, 
llanto  de  fuego  que  destierra  el  sueno. 

Pasan  las  horas  y  tan  sólo  veo 
terror  y  espanto  al  derredor  de  iní... 
¡Abrid,  por  Dios,  que  ponzoñado  creo 
hasta  el  aliento  que  respiro  aquí! 

Pero,  ¿á  quién  llamo,  si  tan  sólo  esconden 
estas  moradas  de  rigor  eterno, 
pechos  de  bronce  que  al  dolor  responden 
con  risa  amarga  que  dictó  el  infierno? 

G-ózate  en  la  obra  de  tu  saña  impla 
destino,  ó  monstruo  para  mí  nacido, 
pero  no  espere  tu  tenaz  porfía 
gozarse  oyendo  mujeril  gemido. 

Muestra  á  mis  ojos  espantosa  muerte, 
llévame  al  lado  de  la  tumba  helada, 
letal  veneno  entre  mi  sangre  vierte, 
desciende  á  mi  alma  y  la  verás  osada! 

Muestra  á  mis  ojos  espantosa  muerte, 
mis  miembros  todos  en  cadenas  pon, 
¡bárbaro!  nunca  matarás  el  alma 
ni  pondrás  grillos  á  mi  mente;  no! 

En  la  Cárcel,  Abril  de  1839. 


POESÍAS  DIVERSAS  291 


LA  TAEDE 


Una  tarde  de  Enero  apacible 
cuando  el  sol  á  su  ocaso  bajaba 
miró  absorto  de  gozo  y  sensible 
otro  sol  que  en  la  tierra  brillaba. 

En  su  eléctrico  fuego  al  momento- 
mi  alma  toda  sintióse  abrasar 
y  este  fuego  sutil  y  violento 
nunca,  nunca,  se  habrá  de  apagar. 

Del  delirio  á  la  calma  volvióse 
mi  alma  llena  de  extraño  dulzor, 
y  una  bella  porteña  mostróse 
ámis  ojos  absortos  de  amor. 

La  admiré  cual  á  un  ángel  divina 
de  esplendores  celestes  rodeado 
y-  confiando  á  su  luz  mi  destino 
mi  destino  dejólo  enlutado. 

Cada  aliento  que  el  alma  suspira- 
ser  el  nombre  del  ángel  se  siente 
y  entre  nubes  de  hechizo  lo  mira 
cada  idea  que  alberga  mi  mente. 

Entre  duda  y  temor  oprimida 
cada  instante  se  ve  mi  existencia 
y  cual  ñor  por  el  sol  abatida 
va  marchita  exhalando  su  esencia». 

Montevideo,  Diciembre  de  1839. 


292  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 


DESTELLOS  DEL  DOLOR 

Cuando  la  noche  su  manto, 
presagiando  negro  espanto, 
sobre  la  tierra  desplega 
y  á  la  obscuridad  entrega 
aire,  cielo,  tierra  y  mar, 
y  va  el  alto  firmamento 
guardando  el  rico  ornamento 
•de  refulgentes  estrellas, 
que  suelen  sus  luces  bellas 
si  mismo  sol  eclipsar; 

cuando  con  aspecto  fiero 
•el  relámpago  ligero 
•cruza  el  aire,  desparece, 
y  más  súbito  aparece 
•con  brillante  luz  furtiva, 
y  se  va  viendo  la  esfera, 
en  instante,  como  noguera 
¡símil  del  infierno  mismo, 
•en  instantes  como  abismo 
•de  tiniebla  aiín  más  esquiva; 

cuando  mil  nubes  rodando 
■fugitivas  y  tronando 
van  siguiendo  airado  al  viento, 
que  hace  crujir  en  su  asiento 
al  sólido  negro  mundo; 
y  roto  el  preñado  seno 
•de  aquellas  se  siente  el  trueno 
retumbando  sordamente, 
y  aterrador  de  repente 
vomitar  rayo  iracundo; 


poesías  diversas  293 

cuando,  en  fin,  naturaleza 
velozmente  su  belleza 
cambia,  como  por  encanto, 
en  lúgubre  horror  y  espanto 
próximo  fin  anunciando: 
entonces,  ¡oh,  cuál  se  goza 
toda  mi  alma  que  rebosa 
en  el  mar  de  la  alegría: 
la  triste  melancolía 
se  va  de  mí  suspirando! 

Los  fatales  sufrimientos, 
los  crueles  presentimientos, 
el  destino  que  á  mi  lado 
siempre  en  llanto  y  enlutado 
me  señala  el  porvenir, 
^or  hechizo  desparecen 
al  instante  que  aparecen 
sobré  el  cielo  las  señales 
que  los  tímidos  mortales 
miran  pálidos  gemir. 

A  su  aspecto  ellos  sus  pechos 
de  temor  sienten  deshechos, 
se  concentran,  se  resienten, 
se  conmueven,  se  arrepienten, 
todo  es  luto  y  confusión, 
miran  sólo  en  los  horrores 
al  Eterno  en  sus  rigores, 
y  al  lucir  íugaz  el  rayo 
presagiar  ven  en  desmayo 
la  celeste  maldición. 

No  así  siéntese  mi  alma, 
que  embriagada  en  dulce  calma, 
al  crujir  los  elementos 


294  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

la  conmueven  sentimientos 
de  simpático  dulzor; 
y  mi  mente  enardecida 
sin  volar  al  cielo  herida, 
se  recrea  en  su  presencia, 
son,  me  dice,  tu  evidencia 
isos  piélagos  de  horror. 

¡Olí,  cuan  cierto!  ¿Qué  es  mi  vida 
sino  sombra  confundirla 
entre  un  éter  que  enlatado 
lo  dejó  impropicio  el  hado 
al  lucir  mi  juventud? 
Mis  pensamientos,  ¿que  abortan 
sino  chispas  que  confortan 
un  instante  mi  ardimiento, 
y  en  el  caos  del  sufrimiento 
pierden  luego  su  virtud? 

¿Qué  es  mi  alma  sino  el  seno, 
do  se  agolpan  cual  el  trueno 
mis  violentas  afecciones, 
que  enlazando  mis  pasiones 
con  el  genio  del  pesar, 
las  enconan,  las  alientan, 
más  violentas  las  presentan, 
cual  los  vientos  que  encontrados 
mil  alientos  inflamados 
lanzan  fieros  al  chocar? 

En  la  edad  en  que  el  destino 
lleva  al  hombre  por  camino 
donde  sólo  sus  sosiegos 
ve  turbados  por  los  fuegos 
del  engaño  y  el  amor, 
ya  mi  vida,  cual  un  fluido 
de  mil  vientos  combatido, 


POESÍAS  DIVERSAS  295 

ha  vagado  sin  ventura 
por  un  valle  de  amargura 
bajo  un  cielo  de  rigor. 

Así  sólo  cuando  el  mundo 
aterrado  y  gemebundo 
llora  envuelto  en  los  horrores 
de  esos  signos  destructores, 
de.  esa  noche  enardecida; 
por  oculta  simpatía 
lo  venera  el  alma  mía, 
y  de  tanto  mal  rodeado 
balbuceó  enajenado: 
«Es  el  mundo  de  mi  vida.» 

Montevideo,  Noviembre  de  1848. 


A  TERESA 


Alma  del  alma  mía, 
ya  en  tu  labio  los  hálitos  no  aspiro 
del  aire  de  mi  frágil  existencia, 
y  ya  en  tus  ojos  lánguidos  no  miro 
la  clara  luz  de  mi  risueño  día. 

¡Mas  ay!  si  de  la  esencia 
del  cáliz  de  tu  alma  tu  suspiro 
el  nombre  lleva  de  tu  triste  amante, 
si  tu  mano  al  pasar  sobre  tu  frente 
la  imagen  mía  en  tu  memoria  siente, 
qué  me  importa  de  tí,  llorar  distante. 


296  OBRAS  DB  JOSÉ  MÁRMOL 


II 


Teresa,  ya  el  destino 
nos  separó  ¿es  verdad?  pues  bien;  escucha: 
Cuando  ya  no  he  de  hallarte  en  el  camino 
de  mi  vida  quizá;  cuando  aun  es  mucha 
la  "juventud  que  á  mi  existencia  queda; 
cuando  todo  el  aroma  de  sus  flores 
arrebaté  ambicioso  á  tus  amores, 
antes,  bien  mió,  que  olvidarte  pueda 
la  fuerza  de  olvidar  muera  conmigo. 

Que  en  supremo  embeleso, 
para  siempre  jamás  dejó  contigo 
con  mi  primer  amor  mi  último  beso. 

III 

Sí,  Teresa,  es  verdad,  el  pecho  mío 
dijo  adiós  al  placer  cuando  mi  mano 
tocó  la  tuya  por  la  vez  postrera, 

mientras  el  labio 
se  negaba  al  rigor  de  la  palabra; 
y  sólo  el  llanto  del  dolor  tirano 
que  barrenaba  mi  alma  y  ahora  labra 
con  agudo  puñal  tu  nombre  en  ella 
te  dijo  adiós  para  seguir  la  estrella 

sin  lumbre,  sin  destino, 
que  colocó  el  infierno  en  mi  camino. 

IV 

Y  si  al  amor  no  dije 
¡ay!  otro  adiós  también,  mi  tierna  amiga, 
es  porque  mi  alma  para  siempre  elige 
este  amor  celestial  que  por  ti  abriga. 


POESÍAS  DIVERSAS  291 

V 

Vivirá  enamorada 
de  tus  dulces  recuerdos  mi  memoria; 

vivirá  iluminada 
por  un  rayo  de  amor,  la  hermosa  historia 
de  mi  primer  amor  y  mis  placeres, 
en  el  fondo  del  alma  que  te  adora; 
y  entonces  ¡ay!  ¿qué  pueden  las  mujeres 

y  las  pintadas  flores, 
la  blanca  luna  y  la  radiante  aurora, 
qué  pueden  ¡ay!  si  pienso  en  tus  amores? 

VI 

Cinco  de  Enero  ven;  ven  á  mi  mente 
y  vive  en  medio  á  mis  amargas  penas, 

como  la  clara  fuente 
del  desierto  abrasado  en  las  arenas; 
cual  la  perla  escondida  entre  las  olas 
del  irritado  mar,  cual  la  esperanza 
en  el  obscuro  abismo  de  la  vida, 
coronando  de  bellas  aureolas 

esa  cumbre  fingida 
do  el  inexperto  corazón  se  lanza. 

VII 

Ven  á  mi  mente,  ven;  vengan  contigo 
sus  encantos,  su  amor,  sus  juramentos 
su  dulce  acento  al  suspirar  conmigo, 
sus  rizos  por  su  sien  y  la  sien  mia, 
su  temblor  virginal  y  los  alientos 
abrasados  de  amor,  y  los  sonrojos 
en  su  pálida  tez,  y  los  desmayos 
de  su  abrasada  frente,  y,  como  el  día 
del  cielo  tropical,  aquellos  rayos 
que  amor  brotaban  de  sus  tiernos  ojos. 


298  OBRAS  DE  JO?.  Á  RMOIi 

VIII 

Ven  á  mi  mente,  ven;  vengan  contigo 
las  palabras  aquellas  que  ninguna 
jay!  ninguna  mujer  pronunciar  pudo: 
«Hoy,  más  libre  que  nunca,  tierno  amigo, 
» queda  tu  corazón;  si  mi  fortuna 
>te  ligó  á  mi  existencia  en  dulce  nudo 

»el  amor  solamente 
»y  no  el  deber  y  compasión  inspiren 
»tu  beso  abrasador  sobre  mi  frente, 
» cuando  mis  ojos  con  placer  te  miren.» 

IX 

¿Quién  fué  jamás  tan  noble  y  generosa 
quién  más  abnegación  hizo  y  más  pura 

que  la  que  esos  acentos 
revelan  tan  sencilla  y  tan  hermosa, 
de  la  más  bella  y  tierna  criatura, 

en  los  mismos  momentos 
de  sostener  la  sien  de  su  querido 
con  vértigos  de  amor  desfallecido? 
¡Mas,  qué  mucho,  mi  Dios,  si  todo  en  ella 
es  la  dulce  expresión  de  la  más  bella 

y  tierna  poesía 
que  inspirada  brotó  tu  fantasía! 

X 

Mujer  de  filigrana  que  al  mirarla 
parece  que  los  hálitos  del  aire 
ó  los  rayos  de  luz  pueden  matarla; 
yo  no  sé  si  á  la  blanca  ñor  del  aire 
la  podré  comparar,  si  al  esmaltado 
timido  picaflor  sobre  la  rosa, 
ó  la  opulenta  en  galas 


POESÍAS  DIVERSAS  28Ü 

sensible  mariposa 
sobre  un  jazmín  su  pecho  esmaltado, 
y  oro  vertiendo  sus  celestes  alas. 

XI 

Llegad,  horas  tan  dulces  de  la  tarde 
donde  se  esconden  de  la  historia  mía, 
mi  universo,  mi  Dios,  mi  poesía^ 

y  la  suprema  gloria 
de  que  hace  el  corazón  altivo  alarde. 

Llegad  á  mi  memoria, 
horas  en  que  posaba  mi  cabeza 
desmayada  de  amor  sobre  aquel  seno 
rebosando  de  encantos  y  belleza, 
vacío  de  doblez  y  de  amor  lleno. 

XII 

Allí  la  suavidad  de  los  jazmines 

mi  rostro  acariciaba; 
allí  el  olor  del  sándalo  embriagaba, 

mi  sien  que  se  adormía 

y  al  despertar  volvía 
del  tierno  corazón  á  los  latidos; 
y  á  las  auras  con  hálitos  de  rosas 
que  en  vez  de  alientos  por  mi  sien  corrían 
y  de  sus  dulces  labios  encendidos 

derramaba  mi  hermosa, 
en  besos  que  á  mis  ansias  respondían. 
Cuando  al  mirarme  tierna,  poco  á  poco 
su  cabeza  inclinaba,  y  con  sus  rizos 
cubriéndome  el  semblante,  confundía 
al  fin  su  ardiente  boca  con  la  mía. 

Y  de  deleite  loco, 
y  loco  con  su  amor  y  sus  hechizos, 
mi  corazón  la  sangre  que  encerraba 


300  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

á  mi  apagada  tez  precipitaba. 

Así  el  sol  en  la  tarde 
á  medida  que  baja  su  alta  frente, 
va  enrojeciendo  el  pálido  occidente 
hasta  que  en  llamas  purpurinas  ardo. 

XIII 

¡¡Embriaguez  celestial!! — Llegad  tranquilas 
como  la  dulce  luz  de  sus  pupilas, 
horas  de  la  oración  á  mi  memoria. 
Yo  he  gozado  en  vosotras  todo  cuanto 
puede  á  un  mortal  envanecer  de  gloria, 
gloria  del  corazón,  placer  sin  llanto. 

XIV 

¿Qué  caricias  me  son  desconocidas 

bajo  del  pardo  velo 
con  que  cubrís  tan  lánguidos  el  cieloV 

¿Qué  palabras  sentidas 
no  llegaron  al  fondo  de  mi  alma, 
puras  y  religiosas  cual  la  calma 
en  que  absorbéis  el  pálido  universo? 
¿Qué  tierno  melancólico  suspiro 

no  enlutó  mi  alegría, 
como  en  vosotras,  al  morir  el  terso 
rayo  del  sol  en  perlas  y  zafiro, 
la  primer  sombra  de  la  noche  umbría. 
Cuando  con  ella  conversando  á  solas 
hasta  el  adiós  postrer  iba  la  mente, 
hasta  el  cruel  más  allá  de  lo  presente 
y  hasta  mi  nave  en  medio  de  las  olas? 
Y  ella,  dando  valor  al  alma  mía 
con  sus  mismas  palabras  más  sufría; 
así  una  débil  lámpara  derrama 
roja  luz  que  deslumhra  una  pupila, 


POESÍAS  DIVERSAS  801 

y  cuando  brilla  más,  más  se  aniquila 
y  se  consume  con  su  propia  llama. 

XV 

Sufría,  sí,  porque  su  rostro  bello, 
su  cólica  hermosura, 
tienen  menos  que  Dios  el  claro  sello 
que  de  su  alma  la  candida  dulzura. 
Mujer  que  amando  vive  y  moriría 
si  á  su  vida  el  amor  faltara  un  día. 

XVI 

¡Misterios  del  Eterno!  Aquese  pecho 
que  guarda  sus  más  dulces  afecciones, 
puede  sentirse  de  repente  estrecho 
al  raudo  temporal  de  las  pasiones; 
así  en  el  Paraná,  linfa  del  Plata, 
y  entre  sus  islas  de  aromadas  flores 
la  corriente  sus  ímpetus  desata, 
y  las  ondas  estallan  sus  furores. 

XVII 

Sí,  Teresa,  tú  en  medio  del  embate 
de  la  vida  y  el  mal  en  torpe  guerra, 
eras  cual  blanca  flor  en  yerma  y  ancha 

arena  de  un  combate 

que  enrojeció  la  tierra, 
sin  tener  en  las  hojas  ni  una  mancha, 
y  sin  que  el  ámbar  agostarle  pueda 
el  vapor  de  la  sangre  ó  la  humareda... 
¡Oh,  y  no  te  olvidaré!  y  no  el  cederte 
siento,  mi  corazón  hasta  la  muerte; 
¿sabes,  sí,  lo  que  siento  hasta  el  exceso? 
No  haberte  dado  á  ti  mi  primer  beso. 


302  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

XVIII 

Mas  ¡ay!  mi  bien,  no  envidies  la  fortuna, 
en  mi  primera  edad  de  otras  mujeres; 
en  los  brazos  de  cien  no  amó  á  ninguna, 

amaba  solamente  los  placeres, 

las  fuertes  emociones, 
las  romanescas  verdes  ilusiones. 
Para  mi  joven  pensamiento  loco, 
era,  por  Dios,  el  Universo  estrecho, 
y  toda  novedad  era  bien  poco 
á  la  ambición  de  mi  agitado  pecho. 

XIX 

Seguía  por  doquiera 
de  mi  destino  el  fallo, 
y  asistir  á  la  cita  de  una  hermosa 
ó  domar  un  indómito  caballo 
fué  siempre  para  mí  la  misma  cosa. 
"No  envidiéis,  pues,  Teresa,  otras  mujeres; 
yo  no  amé  la  mujer,  sí  los  placeres. 

XX 

Era  sólo  la  fiebre  de  la  mente 
quemando  de  mi  ser  la  primer  fibra; 
era  la  tempestad  que  en  el  oriente 
de  mi  vida  se  alzaba,  y  que  en  mi  seno 
estallaba  furioso  el  primer  trueno 
que  apenas  hoy  en  mis  oídos  vibra. 
Ese  tiempo  pasó,  vino  la  calma, 
vino  el  amor  en  su  pureza  al  alma, 
y  te  he  dado,  mujer,  en  mi  embeleso 
con  mi  primer  amor  mi  último  beso. 

Montevideo,  Junio  de  1846. 


poesías  diversas 

AL  25  DE  MAYO 
en  1841 


Where  Ciuniborazo,  over  air,  earth,  wave, 
Glares,  witli  liis  Titán  eye  and  sees  no  slaye 
Bteon9 


Cada  generación  un  día  tiene 
que  la  deja  en  los  siglos  señalada, 
y  con  ella  también  un  hombre  viene, 
(¡jue  le  deja  su  frente  coronada. 

Mis  padres  en  un  Mayo  levantaron 
eterno  un  monumento  á  sus  anales 
y  los  labios  de  un  hombre  revelaron 
sus  luchas  y  sus  lauros  inmortales. 

Un  sol  se  muestra  y  el  cañón  retumba; 
es  el  sol  de  aquel  día...  El  sol  de  Mayo. 
Si  es  preciso  cantar  su  primer  rayo 
levántese  Várela  de  la  tumba. 

Caliéntese  de  nuevo  el  cráneo  altivo 
do  su  espíritu  á  Mayo  iluminaba, 
donde  inmenso  cual  es,  allí  cautivo 
le  estudiaba,  veía  y  le  cantaba. 

Ya  su  espíritu  armónico  suspira 
sobre  el  sol  de  su  Mayo  sacrosanto.» 
Si  alguno  intenta  preludiar  su  lira 
mire  ese  sol  y  púlsela  con  llanto. 


3QÍ  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Mire  ese  sol  que  aparece 
y  al  ánima  nuestra  ofrece 

letrero  que  resplandece 
dicióndonos  divinal: 
«Hable  el  alma  y  calle  el  labio, 
»que  el  hablarme  es  un  agravio, 

>  con  acento  mundanal. 

»Soy  el  astro  que  previno 
>se  mudase  repentino 
» forma,  espíritu  y  destino 
>de  la  vieja  humanidad; 
»y  que  el  futuro  ante  ella 
¡►reflejase  cual  estrella, 
>de  sublime  claridad. 

»Soy  el  astro  cuya  llama 
»dió  la  luz  al  grande  drama, 
»de  quien  el  fin  y  la  trama, 
>se  improvisaba  al  rodar 

>  tronos  y  reyes  al  suelo; 

>  mientras  se  alzaban  al  cielo 
»los  pueblos  en  libertad. 

>Y  ante  dellos  cien  naciones 
■♦de  viejos  nobles  blasones, 
inclinaron  sus  pendones 
»  repitiéndoles...  ¡Loor! 
>Y  con  iras  mal  veladas 
»se  sintieron  obligadas 
>á  brindar  por  su  valor. 

»He  mirado,  en  fin,  del  seno 
»que  brotaba,  siempre  Heno 
» agrias  raíces  de  veneno 
>de  una  madre  sin  amor. 


POESÍAS  DIVERSAS  303 

*  separarse  el  joven  puro 
» condenado  al  yugo  duro 
»de  bendecir  su  rigor. 

»Y  esa  madre  fué  la  España; 
» terca,  ciega  y  siempre  extraña, 
»á  los  frutos  que  su  entraña 
»con  su  sangre  alimentó. 
^>Y  ese  joven  es  el  mundo 
»que  en  un  dia  sin  segundo 
»el  genio  le  presentó. 

«No  hay  pueblo,  no  hay  humano 
»de  los  que,  en  eterno  arcano, 
» brota  súbita  la  mano 
»de  Dios  en  la  inmensidad, 
»que  no  tenga  su  destino, 
>su  existencia  y  su  camino, 
»  distinto  en  la  humanidad. 

» Y  si  vi  con  inclemencia, 
de  la  España  la  insistencia 
en  desoir  esa  sentencia 
de  la  eterna  majestad, 
también  la  vi  prosternarse, 
cuando  el  cáliz  vi  quebrarse 
de  la  infinita  bondad. 


>Eso  escribo  en  los  cielos  con  mi  lumbre 
cuando  á  Mayo  recuerdo  en  el  Oriente; 
si  queréis  coronar  mi  excelsa  frente 
pedid  al  cielo  que  la  vuestra  alumbre. 

»Mayo  es  obra  justísima  del  cielo; 
cansado,  al  fin,  de  la  injusticia  humana 
Mármol. -20 


OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  á  inspiración  de  idea  soberana, 
los  hombres  la  activaron  en  el  suelo. 

>Los  hombres  y  las  glorias  argentinas, 
que  desde  el  Plata  al  Chimborazo  he  visto, 
no  son  más  que  las  joyas  brillantinas 
del  rozagante  traje  que  revisto, 

»De  Mayo  son  sobre  sus  sienes  bellas 
lo  que  son  en  el  cielo  las  estrellas.... 
Sus  glorias  alabad,  y  en  sacra  pompa 
que  rueden,  sí,  por  la  sonora  trompa.» 


II 


¡Oh!  sí,  que  mi  lira  con  cuerdas  de  bronce 
se  siente  altanera  si  á  Mayo  nombró; 
si  nombra  arrogante  la  gloria  que  entonce 
con  sólo  tres  lustros  mi  gloria  alcanzó. 

Un  grito  fué  sólo  de  Mayo  el  portento; 
un  grito,  y  mi  patria,  cual  Etna  que  abrasa, 
se  alzó  de  sus  bases  y  roto  el  cimiento 
lanzóse  cnal  raudo  torrente  que  arrasa. 

Y  eterna  en  un  día,  remonta  guerrera 
del  Andes  helado  la  sien  de  gigante; 
y  en  él  reclinada,  con  mano  altanera, 
le  arroja  á  la  España  su  nítido  guante. 

Mal  plugo  España  á  tu  estrella 
aceptar  el  desafío; 
más  valiera  que  en  desvío 
la  seña  dejaras,  sí, 
pues  estaba  escrito  en  ella 
con  lemas  enrojecidos 


POESÍAS  DIVERSAS  307 

que  fueran  los  oprimidos 
los  vencedores  de  ti. 

Pero  terca  y  orgullosa 
con  tus  godos  y  tus  moros, 
tu  ambición  y  tus  decoros 
te  hicieron  la  sangre  arder; 
y  al  momento  poderosa, 
y  mi  patria  gigantea, 
sable  en  mano  á  la  pelea 
se  arrojaron  con  placer. 

Y  el  ángel  de  la  muerte  en  negro  carro, 
su  rápida  carrera  reteniendo, 
estuvo  con  placer  el  duelo  viendo 
en  el  inmenso  mundo  de  Pizarra. 

Sobre  Salta  comenzaron, 
y  en  los  suelos  tucumanos, 
los  aceros  en  las  manos 
á  blandirse  con  furor; 
y  allí  fué  donde  empezaron 
nuestros  suelos  á  lavarse 
¡Pobre  España!  al  derramarse 
de  tus  venas  el  humor. 

Mas  cual  tigre,  enfurecida, 
que  más  brama  y  más  valiente 
cuando  agudo  dardo  siente 
que  en  el  pecho  se  clavó; 
con  la  noble  y  honda  herida 
que  te  abrió  la  patria  mía, 
con  más  saña  y  más  porfía 
frente  á  frente  te  dejó. 

Y  luchando  brazo  ?  "H^azo 


808  OBRAS  DE  J03E  MÁRMOL 

ya  señora,  ya  vencida, 
ya  sin  fuerzas  y  sin  vida, 
ya  con  fuerza  colosal, 
hasta  el  pie  del  Chimborazo 
fuiste  atónita  rodando, 
palmo  á  palmo  guerreando 
con  tu  indómita  rival. 

Y  el  ángel  de  la  muerte  en  negro  carro, 
su  rápida  carrera  reteniendo, 
estuvo  con  placer  el  duelo  viendo 
en  el  inmenso  mundo  de  Pizarro. 

Y  no  bien  de  los  guerreros 
se  oye  horrísona  la  lucha, 
«uando  Chile  que  la  escucha 
.arde  en  bélica  inquietud; 

y  á  do  estaban  los  aceros 
que  templaba  el  sol  de  Mayo 
vuela  súbita  cual  rayo 
á  romper  su  esclavitud. 

Y  la  rompe,  mal  tu  suerte, 
cuando  al  sable  de  su  hermana 
une  altiva  y  soberana 
de  sus  hijos  el  valor; 
á  ese  sable  noble  y  fuerte 
de  la  joven  patria  mia 
•que  á  tus  ojos  relucía 
<cual  del  ángel  vengador. 

Y  ya  entonces  todo  un  mundo 
que  en  tres  siglos  dominaste, 
¡Ay,  España!  le  miraste 
despeñarse  contra  ti; 

cual  del  Ancles  iracundo 
Tonco  y  rápido  torrente, 


P  O  ESÍ AS  DIVERSAS  309 

que  arrastrara  en  su  corriente 
cuanto  España  hubiera  en  sí. 

Y  fué  en  vano  que  valiente, 
porque  lo  eres  por  mi  vida, 
defendieras  aguerrida 
tu  conquista  secular; 
Chacabuco  dio  elocuente 
la  inmortal  lección  patricia, 
donde  viste  la  justicia 
de  la  América  brillar. 

Chacabuco  cuya  cumbre 
miró  absorta  por  los  llanos, 
caer  tus  viejos  veteranos 
cuyo  nombre  era  un  blasón. 
Como  el  sol  cuando  su  lumbro 
dore  en  Maipo  la  corriente, 
verá  siempre  transparente 
algún  fúnebre  padrón. 

De  ese  Maipo  que  parece 
te  arrojara  hecha  pedazos 
á  caer  entre  los  brazos 
de  Ayacucho  y  de  Junín; 
allí  donde  resplandece 
el  sello  de  nuestra  gloria, 
y-uonde  fué  tu  memoria 
sepulta  por  siempre  al  fin. 

¡¡Que  el  ángel  de  lji  muerte  en  negro   carro,, 
su  rápida  carrera  acelerando 
el  cadáver  de  España  fué  arrastrando 
sobre  el  inmenso  mundo  de  Pizarroü 

Así  España  domeñaron 
tus  esfuerzos  sobrehumanos 


S1Q  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

los  que  tus"  reyes  tiranos 
por  tres  siglos  engrillaron. 

Tanto  oprimir  criaturas, 
tanto  su  industria  negarles, 
tanto  el  alma  sofocarles 
y  hasta  sus  lágrimas  puras; 

tanto  llenar  de  mancilla 
pueblos  fuertes  y  lejanos, 
porque  exótica  semilla 
no  prendía  entre  sus  manos; 

tanto,  en  fin,  ambicionar 
oro  y  sangre  de  infelices 
con  tus  hondas  cicatrices 
lo  tuviste  que  pagar. 

Y  á  ti,  tanto  lidiar,  patria  del  alma, 
tanta  sangre  verter  en  la  palestra, 

te  vale  de  los  cielos  una  palma 

que  alza  orgullosa  tu  robusta  diestra. 

Y  al  mirar  por  alfombra  de  tu  silla 
pieles  de  los  Leones  de  Castilla, 

un  porvenir  tan  vasto  el  cielo  os  cede 
que  apenas  en  los  siglos  caber  puede. 

III 

De  Mayo  la  corona  está  tejida; 
lo  está  ya  con  sus  hechos  y  sus  hombres; 
de  los  grandes  sucesos  de  la  vida, 
mueren  los  tiempos  pero  no  los  nombres. 

Pero  Mayo  es  volcán  estrepitoso 
que  agita  la  gigante  cordillera; 


POESÍAS  DIVERSAS  811 

y  á  nosotros  el  cráter  ardoroso 
con  su  inflamada  lava  nos  cubriera. 

Es  de  un  siglo  simiente  delicada, 
cuyo  fruto  es  muy  tarde  recogido; 
nuestros  nietos,  apenas  que  ha  prendido 
la  verán,  en  la  tierra  preparada. 

Nosotros  hoy,  ambicionar  de  Mayo 
el  resultado  inmenso  que  prepara, 
es  querer  de  la  flor  recién  en  tallo 
asx3Írar  el  aroma  que  encerrara. 

Si  rompimos  de  España  las  cadenas 
y  libres  elevamos  nuestra  frente, 
conservamos,  empero,  en  nuestras  venas 
los  restos  de  la  ibérica  simiente. 

Y  la  sórdida  lucha  en  que  vivimos, 
sin  saber  el  por  qué  de  los  errores, 

no  es  más  que  las  tinieblas  sacudimos 
para  ver  de  ese  Mayo  los  albores. 

Nosotros  nos  mecemos  borrascosos 
sobre  él  fuerte  Titán  aún  sin  asiento; 
quien  quisiere  gozar  tiempos  hermosos 
transporte  al  porvenir  su  pensamiento. 

Y  en  él,  sobre  la  sien  del  Chimborazo 
verá  un  ángel  midiendo  con  su  brazo 
de  los  remotos  mares  la  distancia, 

y  al  ángel  que  mira 

pregunte:  ¿qué  aspira? 
Y  el  ángel  le  dirá  con  arrogancia: 
*Me  traigo  las  regiones  de  la  Europa 
á  domeñar  su  frente  en  esta  roca.» 

Montevideo,  Mayo  de  1841. 


U2  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ADIÓS 

En  unos  versos,  fuera  ¿lo  recuerdas? 
Quo  te  habló  de  mi  amor  el  primer  día 
y  hoy  que  está  yerta  la  esperanza  mía, 
recibe  en  otros  mi  postrer  adiós. 

Quede  así  el  desconcierto  de  dos  almas- 
entre  dos  armonías  encerrado, 
y  legando  al  misterio  lo  pasado 
cual  te  bendigo,  te  bendiga  Dios. 

Yo  nací  para  amarte,  y  recibiendo 
tan  suprema  misión  con  embeleso 
te  he  amado  criatura  hasta  el  exceso 
si  exceso  cabe  en  mi  pasión  por  ti. 
Te  di  mi  corazón:  lo  has  desdeñado; 
¿debo  culparte?  no;  ¿qué  lazo  estrecho 
puede  ligar  tu  amor  al  de  mi  pecho, 
si  en  ti  es  la  dicha  y  la  desgracia  en  mí? 

¿Qué  hacer?  adiós.  El  mundo  ó  el  Eterno- 
marca  de  los  mortales  el  destino; 
el  tuyo  es  un  arroyo  cristalino 
que  sobre  flores  discurriendo  está; 
el  mío  es  el  reverso  sobre  el  mundo; 
nuevo  Mazepa  mi  alma  dolorida, 
amarrada  en  el  potro  de  la  vida, 
hecha  pedazos  desangrando  va. 

A  tu  pureza  angelical  responde 
toda  naturaleza  con  sonrisa, 
y  corre  el  mundo  á  derramar  aprisa 
sus  flores  en  redor  de  tu  beldad; 
á  mí,  silencio  y  soledad  me  cercan; 
y  opresa  el  alma  de  glacial  fastidio, 
por  extinguir  en  mi  ca"bcz.i  li^iov 


POESÍAS  DIVERSAS  3i¿£ 

una  idea  terrible  en  mi  orfandad. 

La  copa  del  placer  rota  en  mi  mano 
deshecho  el  prisma  que  forjó  mi  mente, 
há  mucho  tiempo  que  mi  pecho  siente 
calma  extraña  en  mi  fuerte  corazón. 
Há  mucho  tiempo  que  mi  frente  baño 
en  el  Leteo  del  placer  mundano, 
como  Manfredo — procurando  en  vano, 
olvido,  nada  más,  en  la  ilusión. 

¿Cómo  ligar  nuestros  destinos,  dimeV 
¿Cómo  prender  en  mí  tan  yerma  vida 
tú,  blanca  rosa  del  Edén  caída, 
que  conservas  tu  aroma  celestial? 
¿Cómo  cambiar  tu  suerte — ángel  que  juegas 
en  el  jardín  de  tu  primera  aurora, — ■ 
por  el  amor  que  en  mi  alma  se  atesora 
si  en  ese  amor  hay  lágrimas  quizá? 

Dios  inspiró  tu  resistencia,  ¡oh  virgen! 
y  el  llanto  que  ha  caído  de  mis  ojos, 
revelaba  de  mi  alma  los  enojos, 
no  contra  ti,  contra  mi  propio  ser. 
Tú  no  has  hecho  en  el  mundo  mi  desgracia, 
porque  esta  enfermedad  de  mi  destino, 
antes,  mucho  antes  que  mi  amor  le  vino; 
pero  ¡ay!  ¡pudiste  mi  ventara  hacer! 

¡Por  siempre  adiós!  Prosigue  tu  camino, 
tórtola  de  las  selvas  argentinas, 
y  en  agua  de  las  fuentes  cristalinas 
la  sed  apaga  de  tu  tierno  amor. 
Agite  apenas  tus  endebles  alas 
el  soplo  de  los  céfiros  ligeros, 
y  duerme  entre  los  verdes  naranjeros-' 
embriagada  en  el  ámbar  de  su  flor. 


314  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Yo  seguiré  también — cóndor  salvaje- 
entre  la  ronca  tempestad  rni  vuelo, 
y  en  las  vertientes  del  pedroso  hielo 
mi  sangre  liirviente  refrescar  podré; 
y  entre  la  nube  do  fermenta  el  rayo 
por  el  trueno  y  los  vientos  sacudido, 
sobre  mis  propias  alas  suspendido 
en  medio  á  las  tormentas  dormiré. 

Olvídame  también.  Mi  amor  fué  purc 
como  á  ti  de  tu  madre  el  primer  beso; 
mas,  porque  fué  tan  puro  mi  embeleso 
hasta  mi  nombre  olvídale  por  ti. 
Tú  no  sabes  ¡oh  virgen!  lo  que  cuesta 
hallar  un  corazón  sobre  este  mundo, 
que  siquiera  en  el  giro  de  un  segundo 
haga  por  oíro  abnegación  de  si. 

Yo  no  te  olvidaré.  Será  tu  imagen 
cuanto  más  gire  el  tiempo  más  querida; 
y  al  terminar  mi  viaj  e  de  la  vida 
en  las  puertas  del  cielo  diré  así: 
«Traigo  conmigo  mundanal  memoria; 
»pero  es  tan  pura  sobre  el  mundo  y  bella 
»que  yo  pensaba  en  Dios  pensando  en  ella 
»y  vengo  á  Dios  con  su  recuerdo  en  mí.> 

Montevideo,  Abril  de  1847, 


DESPEDIDA 

Otra  vez  por  mi  suerte  inhumana 
una  bella  esperanza  pierdo 
y  en  el  alma  clavado  un  recuerdo 
bella  virgen  me  alejo  de  ti. 


POESÍAS  DIVERSAS  315 

Sabrá  pronto  tu  nombre  y  tus  gracias 
de  los  mares  remotos  la  onda: 
cuando  el  sol  en  su  ocaso  se  esconda 
¡ay,  Amalia,  suspira  por  mí! 

Yo  no  llevo  de  ti  dentro  el  alma 
ni  una  dulce  palabra  siquiera, 
para  un  día  en  la  roca  extranjera 
escribirla  llorando  á  su  pie. 
Que  es  el  último  instante  de  vernos 
el  primero  también  en  que  digo 
¡ay,  Amalia!  ¡Yo  dejo  contigo 
la  más  bella  mujer  que  adoré! 

Río  Janeiro,  Septiembre  de  1844. 


A  SOSAL 
El  25  de  Mayo  de  1843 


¡Miradlo,  sí,  miradlo!  ¿No  veis  en  el  oriente 
tiñéndose  los  cielos  con  oro  y  arrebol? 
Alzad,  americanos,  la  coronada  frente; 
ya  viene  á  nuestros  cielos  el  venerado  sol. 

El  sol  de  los  recuerdos,  el  sol  del  Ohimborazo, 
que  nuestros  viejos  padres  desde  la  tumba  ven; 
aquellos  que  la  enseña  de  Mayo,  con  su  brazo 
clavaron  de  los  Andes  en  la  nevada  sien. 

¡Veneración!  las  olas  del  Plata  le  proclaman, 
y  al  Ecuador  el  eco  dilátase  veloz; 


316  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOIi 

los  hijos  délos  héroes  ¡veneración!  exclaman, 
y  abiertos  los  sepulcros  responden  á  su  voz. 


II 

¡Sus  hijos!  ¿por  qué  huyeron  de  sus  paternos  lares 
cual  hojas  que  se  lleva  sin  rumbo  el  huracán? 
¿Por  qué  corren  proscritos,  sin  patria  y  sin  hogares, 
á  tierras  extranjeras  á  mendigar  el  pan? 

Y  al  asomar  de  Mayo  las  luces  divinales 
¿por  qué  ya  no  se  escucha  la  salva  del  cañón, 
los  ¡vivas!  de  los  libres,  los  cánticos  triunfales, 
el  aire  entre  las  ondas  del  patrio  pabellón? 

La  cuna  de  los  libres,  la  Emperatriz  del  Plata 
¿por  qué  está  de  rodillas,  sin  victoriarte  ¡oh  sol!? 
¿Por  qué  como  otros  dias,  sus  ecos  no  dilata 
cuando  los  cielos  tiñes  con  oro  y  arrebol? 

III 

Emboza  ¡oh  sol  de  Mayo!  tus  rayos  en  la  esfera, 
que  hay  manchas  en  el  suelo  donde  tu  luz  brilló , 
suspende,  sí,  suspende  tu  espléndida  carrera; 
no  es  esa  Buenos  Aires  la  de  tu  gloria,  no. 

La  luz  de  los  recuerdos  con  que  á  mis  ojos  brillas, 
para  evitar  su  mengua,  sepúltala  ¡por  Dios! 
¡la  Emperatriz  del  Plata  te  espera  de  rodillas 
ahogada  entre  gemidos  su  dolorida  voz! 

Un  hombre  ha  renegado  de  tu  homenaje  eterno, 
robando  de  tus  hijos  la  herencia  de  laurel; 
¡salvaje  de  la  Pampa  que  vomitó  el  infierno 
para  vengar  acaso  su  maldición  con  él! 


POESÍAS  DIVERSAS  817 


IV 


¡Ah,  Rosas!  No  se  puede  reverenciar  á  Mayo 
sin  arrojarte  eterna,  terrible  maldición; 
sin  demandar  de  hinojos  un  justiciero  rayo 
que  súbito  y  ardiente  te  parta  el  corazón. 

Levanta  tu  cabeza  del  lodazal  sangriento 
que  has  hecho  de  la  patria  que  te  guardaba  en  si; 
contempla  lo  que  viene  cruzando  el  firmamento 
y  dinos  de  sus  glorias  la  que  te  debe  á  ti. 

La  mancha  que  en  el  suelo  no  borrarán  los  años 
porque  la  tierra  en  sangre  la  convertiste  ya, 
contempla,  y  un  instante  responde  sin  engaños, 
quien  la  arrojó,  y  gozando  de  contemplarla  está. 


Contempla  lo  que  viene  cruzando  el  firmamento 
con  rayos  que  indelebles  en  la  memoria  están, 
y  dinos  si  conservan  memoria  de  tu  aliento, 
los  inmortales  campos  de  Salta  y  Tucumán. 

Si  el  sello  de  tu  planta  se  mirará  en  los  Andes, 
ó  acaso  en  Ohacabuco,  ó  en  Maipo,  ó  en  Junin; 
ó  si  marcando  hazañas  más  célebres  y  grandes, 
habremos  de  encontrarlo  por  Ayacucho,  en  fin. 

Enséñanos,  siquiera,  la  herida  que  te  abruma 
pero  que  hermosa  y  noble  sobre  tu  pecho  está, 
y  dinos  que  lidiando  la  hubistes  en  Ayuma, 
ó  acaso  en  Vilcapujio,  Torata,  ó  Moqueguá 


318  DB^A»  DE  JOSÉ  MÁEMOIi 


VI 


jAh,  Rosas!  Nada  hiciste  por  el  eterno  y  santo 
sublime  juramento  que  Mayo  pronunció; 
por  eso  vilipendias  y  le  abominas  tanto, 
y  hasta  en  tus  tiernos  hijos  tu  maldición  cayó. 

Cuando  de  bayonetas  se  despeñó  un  torrente 
"bordando  de  victorias  el  mundo  de  Colón, 
salvaje,  tú  dormías  tranquilo  solamente 
sin  entreabrir  tus  ojos  al  trueno  del  cañón. 

Y  cuando  tus  hermanos  al  pie  del  Chimborazo 
sus  altaneras  sienes  vestían  de  laurel, 
al  viento  la  melena,  jugando  con  tu  lazo 
por  la  desierta  pampa  llevabas  tu  corcel. 


VII 

¡Ahí  Nada  te  debemos  los  argentinos,  nada, 
sino  miseria,  sangre,  desolación  sin  fin; 
jamás  en  las  batallas  se  divisó  tu  espada, 
pero  mostraste  pronto  la  daga  de  Caín. 

Cuando  á  tu  patria  viste  debilitado  el  brazo 
dejaste  satisfecho  la  sombra  del  ombú, 
y,  al  viento  la  melena,  jugando  con  tu  lazo, 
las  hordas  sublevaste,  salvajes  como  tú. 

Y  tu  primer  proeza,  tu  primitivo  fallo 
fué  abrir  con  tu  cuchillo  su  virgen  corazón, 
y  atar  ante  tus  hordas  al  pie  de  tu  caballo 
sus  códigos,  sus  palmas  y  el  rico  pabellón. 


POESÍAS  DIVERSA»  319 


VIII 


Tan  sólo,  sangre  y  cráneos  tus  ojos  anhelaron, 
y  sangre,  sangre  á  ríos  se  derramó  doquier, 
y  de  partidos  cráneos  los  campos  se  cuajaron 
donde  alcanzó  la  mano  de  tu  brutal  poder. 

¿Qué  sed  hay  en  tu  alma?  ¿Qué  hiél  en  cada  fibra? 
¿Qué  espíritu  ó  demonio  su  inspiración  te  da 
cuando  en  tu  rudo  labio  tu  pensamiento  vibra, 
y  en  pos  de  la  palabra  la  puñalada  va? 

¿Qué  fiera  en  sus  entrañas  alimentó  tu  vida 
nutriéndote  las  venas  su  ponzoñosa  liiel? 
¿Qué  atmósfera  aspiraste?  ¿Qué  fuente  maldecida 
para  bautismo  tuyo  te  preparó  Luzbel? 

IX 

¿Qué  ser  velado  tienes  que  te  resguarda  el  paso, 
para  poder  buscarlo  con  el  puñal  en  pos? 
¿Cuál  es  de  las  estrellas  la  que  te  alumbra,  acaso, 
para  pedir  sobre  ella  la  maldición  de  Dios? 

¿En  qué  hora  sientes  miedo  dentro  tu  férreo  j>echo 
para  evocar  visiones  que  su  pavor  te  den? 
¿En  qué  hora  te  adormeces  tranquilo  sobre  el  lecho, 
para  llamar  los  muertos  á  sacudir  tu  sien? 

Prestadme  tempestades,  vuestro  rugir  violento 
cuando  revienta  el  trueno  bramando  el  aquilón; 
cascadas  y  torrentes,  prestadme  vuestro  acento 
para  arrojarle  eterna  tremenda  maldición... 

X 

Cuando  á  los  pueblos  postra  la  bárbara  inclemencia 
de  un  déspota  que  abriga  sangriento  frenesí, 


320  obras  de  josé  mármol 

■el  corazón  rechaza  la  bíblica  indulgencia; 
ele  tigres  nada  dijo  la  voz  del  Sinaí. 

El  bueno  de  los  buenos,  desde  su  trono  santo 
la  renegada  frente  maldijo  de  Luzbel; 
la  humanidad,  entonces,  cuando  la  vejan  tanta 
-también  tiene  derecho  de  maldecir  como  él. 

¡Sí,  Rosas,  te  maldigo!  Jamás  dentro  de  mis  venas 
la  hiél  de  la  venganza  mis  horas  agitó: 
como  hombre  te  perdono  mi  cárcel  y  cadenas; 
joero  como  argentino  las  de  mi  patria,  NO 


XI 

Por  ti  esa  Buenos  Aires  que  alzaba  y  oprimía 
sobre  su  espalda  un  mundo,  bajo  su  pie  un  león, 
lioy,  débil  y  postrada,  no  puede  en  su  agonía 
ni  domeñar  siquiera  tu  bárbara  ambición. 

Por  ti  esa  Buenos  Aires  más  crímenes  ha  visto 
que  hay  vientos  en  la  Pampa  y  aranas  en  el  mar; 
praes,  de  los  hombres  harto,  para  ofender  á  Cristo 
tu  imagen  colocaste  sobre  el  sagrado  altar. 

¡Por  ti  sus  buenos  hijos,  acongojado  el  pecho 
la  frente  doblegamos  bajo  glacial  dolor, 
y  hasta  en  la  tierra  extraña  que  nos  ofrece  un  techo 
nos  viene  persiguiendo,  salvaje,  tu  rencor!... 

XII 

Mas  ¡ay!  de  la  tormenta  los  enlutados  velos 
so  cambian  en  celajes  de  nácar  y  zafir, 
y  el  sol  de  los  recuerdos  nos  grita  de  los  cielos, 
que  en  pos  de  la  desgracia  nos  viene  el  porvenir. 


POESÍAS  DIVERSAS  321 

Hay  más  allá,  es  el  lema  de  su  divina  frente 
grabado  por  la  mano  purísima  de  Dios, 
y  el  Chimborazo  al  verlo  lucir  en  el  oriente: 
hay  más  allá,  responde  con  su  gigante  voz. 

Al  espirar  los  héroes,  hay  más  allá  exclamaron, 
su  acento  conmoviendo  de  América  el  confín; 
y,  al  trueno  de  los  bronces,  hay  más  allá  gritaron 
los  campos  de  Ayacucho,  de  Maipo,  y  de  Junín. 

XIII 

Sí,  Rosas,  vilipendia  con  tu  mirar  siniestro 
el  sol  de  las  victorias  que  iluminando  está; 
disfruta  del  presente,  que  el  porvenir  es  nuestro, 
y  entonces  ni  tus  huesos  la  América  tendrá. 

Sí,  Rosas,  vendrá  un  día  terrible  de  venganza 
que  temblará  en  el  pecho  tu  espíritu  infernal; 
cuando  tu  trono  tumben  los  botes  de  la  lanza, 
•ó  el  corazón  te  rasgue  la  punta  del  puñal. 

Como  revienta  el  Etna  tremendo  de  repente, 
reventarán  los  pueblos  que  oprime  tu  ambición; 
y,  cual  vomita  nubes  de  su  ceniza  hirviente 
vomitarán  los  pueblos  el  humo  del  cañón. 

I  XIV 

Entonces,  sol  de  Mayo,  los  días  inmortales 
sobro  mi  libre  patria  recordarán  en  ti; 
y  te  dirán  entonces  los  cánticos  triunfales, 
que  es  esa  Buenos  Aires  la  de  tu  gloria,  sí. 

Entonces,  desde  el  Plata,  sin  negra  pesadumbre 
te  mirarán  tus  hijos  latiendo  el  corazón, 

Mármol.— 23 


322  0BKAS  DE  JOSÉ  MARMOL 

pues  opulenta  entonces  reflejará  tu  lumbre 
en  códigos  y  palmas  y  noble  pabellón. 

T  al  extenderse  hermoso  tu  brillantino  manto, 
ni  esclavos  ni  tiranos  con  mengua  cubrirá; 
que  entonces  de  ese  Rosas  que  te  abomina  tanto, 
ni  el  polvo  de  sus  huesos  la  América  tendrá. 


MONTEVIDEO 

A  mi  amioo  Juan  Cáelos  G-ómf.2 

Era  de  noche — y  la  una, 
mudo  silencio  reinaba 
y  entre  celajes  la  luna 
muy  débil  luz  derramaba. 

Esa  ciudad  que  en  el  mundo 
la  llaman  Montevideo, 
dormía  en  sueño  profundo 
como  niña  sin  deseo. 

Besaba  el  mar  su  cintura 
como  una  fuente  serena 
que  tiene  en  su  linfa  pura 
bañándose  una  sirena. 

A  poco  trecho  delante 
se  veía  la  negra  planta 
de  encapotado  gigante 
que  con  su  tamaño  espanta. 


POESÍAS  DIVERSAS 

Y  como  tan  alto  estaba3 
bien  sabe  Dios,  parecía 

que  con  los  vientos  hablaba, 
y  á  las  nubes  les  decía: 

— Chito,  duerme  la  señora, 
y  estoy  yo  de  centinela. 
— Dejadla  que  goce  ahora 
que  harto  sufre  cuando  vela. 

— Si  de  batallar  con  ella 
vuestra  voz  la  señal  da 
— aquí  estoy  yo  á  defendella; 
pugnad,  mi  pecho  aquí  está. 

Y  era  verdad,  que  los  vientos 
muy  tímidos  se  alejaban, 

pues  eran  suaves  alientos 
los  que  en  el  mar  deslizaban. 

Brisas  que  se  perfumaron 
con  margaritas  y  aromas, 
cuando  felices  jugaron 
de  San  Isidro  en  las  lomas. 

Única  pobre  primicia 
que  lo  regalan  los  aires. 
al  que  hasta  el  aire  acaricia 
si  pasa  por  Buenos  Aires. 

Así  la  ciudad  dormía, 
sin  viento  ni  recia  mar, 
y  en  sus  calles  no  se  vía 
rj;  "«ib  lampo  encendido  estar. 

Y  tan  mustia,  tan  secreta, 
San  libre  de  agitación, 

se  parecía  al  poeta 
cuando  llega  la  oración. 


323 


824  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Hay  alguien  que  está  velando... 
Parece  un  ánima  en  pena... 
Va  por  las  calles  vagando... 
Su  leve  planta  no  suena. 

Se  para,  sus  ojos  gira... 
Anda  tal  vez  al  ocaso... 
De  cuando  en  cuando  suspira, 
y  vuelve  á  andar  paso  á  paso. 

Parece  sombra  sin  vida, 
ó  demonio  disfrazado 
que  anda  buscando  guarida 
y  encuentra  todo  cerrado. 

O  espia  de  los  abismos 
que  en  medio  á  la  obscuridad 
viene  lleno  de  embolismos 
á  endemoniar  la  ciudad. 

¿O  es  ánima  con  zozobra 
que  deja  la  cordillera 
para  mirar  una  obra 
de  la  sangre  que  vertiera? 

Bien  puede  ser,  por  Dios  Santo. 
lisos  esqueletos  yertos, 
de  vivos  se  alzaron  tanto 
•que  temo  se  alcen  de  muertos. 

Pero  ese  ser  que  camina 
no  es  demonio  ni  soldado; 
T>ien  por  su  voz  se  adivina 
que  es  un  hombre  y  desgraciado. 

Junto  á  elevado  palacio 
do  tres  hermosos  balcones 
so  ha  parado — y  al  espacio 


poesías  diversas  825 

da  sentidas  expresiones: — - 

«Eres  muy  linda  ciudad, 

en  yerdad... 
Pimpollo  en  noche  lluviosa 
que  cuando  venga  el  albor 

será  rosa, 
llena  de  vida  y  olor. 

»Teneciana  seductora 

que  enamora 
con  su  pecho  de  azucena; 
y  al  más  tímido  mortal 

lo  enajena 
con  palabras  de  panal. 


>Y  por  eso  te  admiraron 

y  robaron, 
tres  piratas  que  los  tres 
á  cuál  más  quiso  tu  mano, 

y  á  la  vez 
á  cuál  más  fué  tu  tirano. 

j>Mas  de  todos  el  primero; 

que  el  acero 
de  su  viejo  guante  duro 
dejó  largo  y  hondo  rastro 

en  tu  puro 
joven  seno  do  alabastro. 

»Pero  viejo  era  ol  navio 
que  en  desvío 

te  llevaba  prisionera... 

Nave  nueva  lo  siguió 
y  ligera 

le  dio  caza  y  te  salvó. 

» Así  estás  libre  risueña, 


320  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  halagüeña 
como  paloma  en  el  mar; 
tus  hijos  duermen  en  flores 

de  azahar 
y  sueñan  dichas  y  amores. 

>Y  cuando  viene  la  aurora 

seductora 
los  ve  levantar  contentos, 
cual  las  ebrias  mariposas 

que  momentos 
han  dormido  entre  las  rosas. 

»Que  el  alba  no  tiene  tintas 
tan  distintas 
para  matizar  el  cielo: 
como  tú  tienes  riquezas 

de  bellezas 
para  engalanar  tu  suelo. 

»Que  son  tus  hijas  hermosas 

como  rosas; 
y  como  la  flor  del  aire 
graciosas,  cuando  la  brisa 

con  donaire 
sube  á  la  peña  y  la  riza. 

>Con  el  seno  en  tus  celajes 

de  encajes, 
y  llenos  de  seda  y  blondas, 
se  muestran  más  voluptuosas 

que  las  ondas 
cuando  juegan  espumosas. 

»  ¡Quién  tuviese  una  siquiera 
hechicera, 
para  olvidar  en  sus  brazos 


POESÍAS  DIVERSAS  827 

tantas  penas  tan  amargas: 

tantos  lazos 
y  horas  de  vivir  tan  largas!... 

» Tú  tienes,  ciudad  preciosa, 
más  bellezas  que  un  harem, 
dame  siquiera  una  hermosa 
para  reclinar  mi  sien. 

»Diamantes  entre  ellos  vi 
perlas  también  admiró; 
dame  siquiera  un  rubí 
que  yo  diamante  lo  haré. 

»Dame...  pero  ¿qué  me  importa 
tus  encantos  ni  tus  bellas? 
¡si  ya  mi  alma  no  soporta 
ni  el  contemplarlas  á  ellas! 

»¿Quó  me  importa  si  tu  mano 
no  puede  sin  ser  delito 
mostrarme  el  ángel  tirano 
de  mi  corazón  marchito...? 

»Haz  que  Dios  dé  maldiciones 
que  el  infierno  brinde  amor, 
y  saldrá  de  estos  balcones 
un  suspiro  de  favor. 

»Y  no  seré  ya  un  cipró 
levantado  en  un  jardín, 
ó  un  esqueleto  de  pie 
dentro  de  alegre  festín.» 

Y  huyó  repentino 
siguiendo  el  camino 
de  extraño  lugar... 
Tal  vez  á  la  muerto 


328  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

quisiera  por  suerte 
ligero  llegar. 

Y  era  de  noche — y  la  una, 
mudo  silencio  reinaba 
y  entre  celajes  la  luna 
muy  débil  luz  derramaba 

Montevideo,  Enero  de  1842. 


A  BUENOS  AIRES 

DECLARADA  LA  INTERVENCIÓN  ANGLO-FRANCESA. 

Al  Sr.  Dr.  Don  Valentín  Alsina. 

Otra  vez,  patria  mia, 
las  naves  de  la  Europa  sobre  el  Plata 
hacen  la   onda  gemir,  y  de  sus  reyes 
otra  vez  por  tus  playas  se  dilata 
el  eco  de  su  voz  dictando  leyes. 

Se  obscureció  aquel  dia, 
radiante  luz  de  ti,  sombra  de  Europa 
en  que  al  huir   las  naves  de  Inglaterra, 
dando  á  tus  playas  con  pavor  la  popa 

dejaban  sus  pendones 
de  alfombra  ensangrentada  de  tu  tierra, 

y  en  sus  rendidas  armas 
el  símbolo  primer  de  tus  blasones. 

Se  obscureció  aquel  día, 
sin  noche  en  sus  anales, 
en  que   del  Plata  las  gigantes  olas 


POESÍAS  DIVERSAS  C2ft 

sorbiéndose  á  las  naves  españolas, 

lanzaban  á  tus  manos, 
para  adornar  tus  santas  catedrales 
la  enseña  de  los  héroes  castellanos. 

¿Qué  ha  sido  de  tus  tiempos,  patria  mía? 
¿Qué  ha  sido  de  tus  glorias  y  tus  hombres? 
¡No  eres  más  que  una  lápida  bordada 

de  emblemas  y  de  nombres 
sobre  cenizas  descansando  fría, 
de  polvo  y  de  malezas  rodeada! 

¡Buenos  Aires!  ^Recuerdas  aquel  tiempo 
de  libertad,  de  glorias?  Pues   el  mundo 
que  cuando  grande  tú,  batió  las  manos> 
¡desprecio  siente'  ó  desamar  profundo 
cuando  esclava  te  ve  de  los  tiranos! 

Y  yo,  yo  que  te   debo 
la  vida  que  respiro,  si  prolijo 

á  nombrarte  me  atrevo, 
es  porque  yo  respeto  la  grandeza 
de  tus  pasados  días...  Como  al  hijo 
en  cenegal  de  vicios  degradado, 
le   doblamos  de  paso  la  cabeza 
¡en  homenaje  de  su  padre  honrado! 

Te  insultan  ¿y  por  qué?  ¿Lo  ignoras?  Habla- 
Pregúntalo  al  gaucho  que  consientes 
jugar  con  tus  destinos,  cual  un  día 
jugaba  á  degollar  los  impotentes 
toros  prendidos  al  certero  lazo, 

y  en  salvaje  alegría 
mostraba  tinto  de  su  sangre  el  brazo, 
cuando  allá  entre  las  hordas  de  la  Panip< 
era  de  Satanás  alma  y  estampa. 

Ante  la  luz  del  siglo  en  que  vivimos, 


330  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

ante  la  religión  y  paz  del  mundo, 

la  sangre  con  que  empaña  nuestro  suelo 

y  su  sed  de  delitos  insaciable, 

son  un  sarcasmo  bárbaro,  execrable 

á  su  siglo,  á  la  paz,  al  mundo,  al  cielo. 

El  linde  de  los  pueblos 
ya  no  marcan  sangrientos  los  aceros, 

ni  su  poder  levanta 
cristiano  pueblo  en  cráneos  extranjeros 
pisando  de  otros  pueblos  la  garganta. 

Y  Rosas,  la  primera 
reputación  del  siglo,  iluminada 
con  las  llamas  del  Tártaro;  pigmeo, 
gigante  en  lo  atrevido: — «Donde  quiera, 
dijo,  alcance  mi  mano  ensangrentada, 

soy  yo  quien  lo  deseo, 
brote  sangre  la  tierra,  y  sangre  y  sangre». 

Y  las  olas  del  Plata 

y  el  Uruguay,  salvando  sus  legiones, 
de  un  pueblo  joven,  desgraciado,  hermano, 
hizo  teñir  sus  campos  de  escarlata; 
borrando  con  la  ley  de  sus  cañones 
la  cara  independencia  que  le  dieron 
generosos  los  viejos  campeones. 

Los  ecos  del  cañón  vibrando  fueron 
por  las  olas  atlánticas  á  Europa 
y  la  Europa  escuchó...  cansada  dijo 
como  Dios  á  la  mar:  «tu  linde  fijo, 
de  aquí  no  pasarás»...  y  ved  la  popa 
de  las  guerreras  naves  de  repente 
desplegar  en  el  Plata  las  banderas 
de  la  Francia  y  de  Albión... 


POESÍAS  DIVERSAS  u31 

¡Triste  destino 
es  el  tuyo,  infeliz  pueblo  argentino! 
¡Por  la  ambición  de  un  déspota  insolente, 
tienes  que  soportar  las  extranjeras 
penas  de  justa  ley,  siendo  inocente! 
Así  para  estirpar  hierba  dañina 
si  caba  el  labrador  profunda  huella 
sienten  herir  sus  raíces  por  aquellas 
el  nardo  y  la  inocente  clavelina. 

El  nada  más.  Su  loco  desvarío 
su  sed  de  sangre,  su  ignorancia  terca 
labra  tu  esclavitud,  tu  yugo  impío, 
y  de  ignominia  y  de  baldón  te  cerca. 
¿Te  pesa  ver  el  pabellón  de  Mayo 
por  la  primera  vez  escarnecido? 

Pues  sacude  el  desmayo 
pronto  del  corazón.  En  el  momento 
un  cadalso  levanta  y  suspendido 

amanezca  el  salvaje 
con  la  melena  ensangrentada  al  viento. 

Un  cadalso,  dos,  cien  ó  mil  cadalsos 
¿qué  importa?  Son  cuenta  del  verdugo. 
Mas  por  librarse  de  extranjero  ultraje 
si  es  necesario  que  sacuda  el  yugo 
al  fin,  un  pueblo  uncido,  mil  gargantas 
cortadas  por  la  ley  ya  no  son  tantas, 
y  el  pueblo  que  las  corta  con  sus  manos 
«e  libra  de  la  afrenta  y  de  tiranos. 

El  nada  más.  Astuto  y  sin  coraje, 
no  le  acompaña  al  crimen  la  osadía 
y  culpa  á  los  proscritos  de  ese  ultraje. 

¡Mentira,  patria  mía! 
Mentira,  como  su  alma,  emponzoñada, 
negra,  como  la  sangre  de  su  seno, 


332  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

torpe,  como  su  estirpe  renegada, 

agria,  como  la  leche  con  veneno 

que  nutrió  sus  entrañas,  cuando  al  mundo, 

en  vez  de  madre  le  abortó  el  profundo. 

¡Mentira,  patria  mía! 
Argentino  y  traidor  no  alumbra  el  día; 
y  tus  proscritos  por  do  quier  errantes 
sin  hogar  y  sin  pan  y  peregrinos, 
son  desgraciados,  sí,  pero  argentinos. 

En  campo  abierto,  con  desnuda  frente, 
á  los  esclavos  del  mandón  buscaron 
y  á  par  del  brazo  el  corazón  valiente 
quebraron  lanzas  donde  lanza  hallaron. 

Y  sólo  al  pie  de  la  bandera  nuestra, 
y  mandados  en  lengua  de  Castilla, 
centellaron  los  sables  en  su  diestra, 
para  lavar  con  sangre  tu  mancilla. 

Pero  jamás  bajo  pendón  ajeno 
un  proscrito  lidió...  hay  en  su  seno 
tanto  orgullo  como  odio  á  tu  tirano. 

Ni  en  su  fortuna  ingrata 
atravesaron  nunca  el  Oceaco, 
á  rogar  eso  que  domeña  al  Plata. 

Si  á  la  faz  otra  vez  de  las  naciones 
la  Europa  huye  la  guerra, 
alzando  á  Dios  el  alma  esperanzada, 
¡oh,  Rosas!  otraA^ez  te  probaremos 
que  cañones  y  ejércitos  tenemos 
mientras  tengamos  corazón  y  tierra. 

Mientras  haya  proscritos 
que  lleven,  como  yo,  sobre  su  frente 


POESÍAS  DIVERSAS  82£ 

libertad  y  el  patriotismo  escritos. 
y  dentro  el  corazón  la  fiebre  ardiente 
del  odio  por  tu  nombre  y  tus  delitos. 

Hombres  que,  como  yo,  ni  desesperan 
cuando  te  halaga  la  fortuna  un  día, 

ni  la  victoria  esperan 
más  que  de  su  tesón  y  su  osadía. 

Como  yo,  que  mi  credo  es  la  victoria, 
mi  fe,  la  libertad,  y  mi  esperanza, 
el  porvenir,  de  cuyo  sol  hermoso 
un  destello  doquier  mi  mente  alcanza. 

Destello  bendecido  por  mi  lira 
hoy  bajo  el  arco  tropical  radioso 
donde  el  cielo,  la  luz  y  el  campo  inspira: 
ayer  sobre  las  ondas  del  Océano 
bajo  el  día  sin  sol  del  yerto  polo, 

cuando  perdido  y  solo, 
á  las  fraguas  del  rayo  alcé  la  mente 
con  la  lira  de  bronce  entre  mi  mano 
y  al  son  de  las  tormentas  y  los  vientos, 

rugiendo  mis  acentos, 
lancé  una  maldición  sobre  tu  frente. 
Río  Janeiro,  Agosto  de  184o. 


A    DIOS 

Señor,  no  te  profana 
al  hablarte  de  amor  mi  voz  mundana, 
porque  yo  sé  que  con  tu  mismo  aliento 
el  fuego  enciendes  que  en  mi  pecho  siento. 

La  cristalina  gota 


334  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

del  llanto  matinal  sobre  las  flores; 

el  pequeñuelo  arbusto 
besando  el  mar  desde  la  peña  rota; 
al  expirar  el  sol,  los  mil  colores 
que  huyen  la  noche  con  su  ceño  adusto: 
de  los  niños  la  risa  y  las  congojas; 
de  las  palomas  el  sentido  arrullo; 
la  música  del  céfiro  en  las  hojas, 
y  el  cristal  de  una  fuente  y  su  murmullo, 
fueran  siempre,  Señor,  al  alma  mía 
el  terso  espejo  do  tu  imagen  vía: 
dounis  ojos,  Señor,  te  contemplaran 
en  tu  esencia  de  amor  y  de  pureza, 
como  el  trueno  y  el  sol  me  revelaran 
tu  eminente  poder  y  tu  gradeza. 

Pero  nunca  jamás  te  hallé  tan  bueno, 
ni  más  sublime  en  débil  criatura, 

que  al  sentir  en  mi  seno 
este  mar  de  inquietudes  y  ternura. 
Hoy  no  vivo  por  mí — vivo  en  la  vida 
de  una  mujer  que  á  revelarme  vino 
la  esencia  celestial  que  hay  escondida 
en  cuanto  es  obra  de  tu  ser  divino. 

Hoy  sé  que  puede  un  corazón  humano 
en  otro  corazón  sentir  sus  penas, 
y  en  la  leve  presión  que  hace  ana  mano 
transmitirse  la  savia  do  las  venas. 
Hoy  sé  que  puede  la  abrasada  boca 
ceder  el  agua  en  medio  del  desierto, 
por  evitar  un  ;ay!  darse  una  vida, 
y  adorar  cuanto  mira  y  cuanto  toca 
bella  y  amante  la  mujer  querida. 

Esa  tu  mente  fué,  Dios  generoso, 
cuando  ese  imán  pusiste  dentro  el  seno, 


POESÍAS  DIVERSAS  335 

que  arrastra  misterioso 
un  ser  hacia  otro  ser,  de  encantos  lleno. 
Y  eso  es,  mi  Dios,  lo  que  en  mi  pecho  siento: 
el  calor  mismo  de  tu  mismo  aliento; 
y  no  á  tu  grave  Majestad  profana 
al  hablarte  de  amor  mi  voz  mundana. 

Si  tú  me  has  dado  lo  que  siente  mi  alma, 
si  tú  me  has  dado  la  mujer  que  adoro, 

haz  que  yo  goce  en  calma 
su  dulce  amor,  mi  celestial  tesoro. 

En  plácido  sosiego 
hazla  mía  no  más  — solo  con  ella, 
más  te  veré,  Señor,  cuanto  más  bella 
la  halle  á  la  luz  de  mi  amoroso  fuego 

Una  cabana  en  las  desiertas  islas 
del  alto  Paraná,  será  un  Edén, 
si  allí,  en  mi  seno  su  cabeza  hermosa, 
tiernos  mis  ojos  contemplarla  pueden. 

Sentada  en  mis  rodillas, 

coronada  de  flores, 
en  la  tarde  tranquila  y  silenciosa, 

del  río  en  las  orillas, 
tú  escucharás,  Señor,  nuestros  amores 

en  las  voces  sentidas 
de  dos  almas  en  una  confundidas. 

Ella  no  inspira  sino  amor  del  cielo, 
porque  tanto  de  cielo  representa, 
que  á  veces  creo  que  remonta  el  vuelo 
y  en  ángel  ó  en  perfume  se  me  ausenta. 

Ella  no  exalta,  no,  mi  fantasía; 
ella  hiere,  Señor,  con  magio  encanto 
la  sensibilidad  del  alma  mía, 


333  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

como  ]a  luna  sobre  el  mar  sin  olas, 
como  en  el  templo  el  religioso  canto, 
como  en  lo  espeso  de  las  selvas  solas 

la  música  del  viento, 
©1  quejido  de  amor  de  las  palomas 

y  el  penetrante  aliento 
le  las  auras  besando  las  aromas. 

Ella  es  la  imagen  que  formó  mi  mentó  • 
-^llá  en  mis  creaciones  de  poeta, 

cuando  de  mi  alma  ardiente 

la  inspiración  secreta 
me  hiciera  imaginar  lo  que  no  veía, 
•en  mi  ambición  de  amor  y  poesía. 
Ella  no  siente  sino  amor  del  alma, 
y  pudorosa  y  tímida  y  amante 
á  mi  sensible  voz  pierde  su  calma, 

pero  en  su  virgen  seno, 
•de  sueños  de  ángel  y  suspiros  lleno, 
la  flor  de  su  virtud  queda  fragante. 

Mujer  de  corazón,  ama  y  padece, 
y  en  su  mismo  sufrir  su  amor  se  excita 

como  abre  y  enrojece 
la  rosa  con  el  sol  que  la  marchita. 

Mujer  en  su  belleza, 
y  ángel  en  su  bondad  y  en  su  pureza, 
-aun  no  comprendo  si  en  mi  amor  profundo 
me  vence  el  cielo,  ó  si  me  vence  el  mundo 

Sólo  sé  que  contento, 
«cuando  á  su  lado  estoy,  más  pienso  en  ella 
que  en  los  ardores  que  en  mi  pecho  siento, 
■aun  cuando  la  amo  tanto  y  es  tan  bella. 

Dame  dicha,  Señor,  en  mis  amores, 
dame  paz  y  sosiego, 
•que  á  tanto  amor  son  tantos  los  rigores 
•que  á  ti  levanto  mi  sentido  ruego. 


POESÍAS  DIVERSAS  337 

A  ti  á  quien  no  profana 
al  hablarte  de  amor  mi  voz  mundana, 
porque  yo  sé  que  con  tu  mismo  aliento 
el  fuego  enciendes  que  en  mi  pecho  siento. 


AL  SOL  DE  MAYO 

1847. 
Al  poeta  arqentino  don  Juan  Cruz  Várela 


De  aquel  tiempo  bendito 
no  han  muerto  los  recuerdos  con  la  gloria, 
pues  hay,  cantando  á  Mayo,  algún  proscrito 
que  dedica  su  canto  á  tu  memoria. 

Juan  Mábsiol. 


Gracias  ¡oh  Sol  de  venerando  Mayo! 
astro  de  vida  y  esperanzas  lleno; 
gracias  y  bendición  porque  en  mi  seno 
calientas  la  esperanza  con  tu  rayo. 

Bajo  tu  luz  no  hay  duda  ni  desmayo, 
ni  ajena  libertad,  ni  pueblo  ajeno; 
sonrie  el  Ecuador  y  el  mar  chileno, 
el  Plata  se  alza,  y  brilla  el  Pilcomayo. 

Todos  hoy  te  saludan  de  rodillas, 
dios  de  los  Incas,  genio  de  sus  hijos, 
cuando  en  las  puertas  del  Oriente  brillas. 

Y  en  las  promesas  de  tu  gloria  fijos 
los  libres  sienten,  como  siento  en  mi  alma, 
caer  con  tus  rayos  esperanza  y  calma. 

Mármol.— 22. 


338  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Naciste  de  las  ondas  del  caudaloso  Plata, 
y  al  mundo  que  á  la  falda  del  Andes  se  dilata 
tocaste  con  tu  rayo  la  adormecida  sien. 

Y  tras  tu  hermosa  lumbre  se  despeñó  en  su  carro, 
las  bases  conmoviendo  del  mundo  de  Pizarro, 

de  la  argentina  patria  la  libertad  también. 

Y  contemplaste  luego  la  americana  guerra; 
la  sangre  más  hermosa  que  humedeció  la  tierra; 
el  duelo  más  gracioso  que  vio  la  humanidad. 
Dos  siglos,  dos  creencias,  dos  mundos  se  retaron; 
y  en  campo  de  gigantes  quince  años  batallaron, 
teniendo  por  testigos  la  venidera  edad. 

Que  entonces  este  mundo  perdido  entre  las  olas, 
dormido  entre  las  sombras  de  nubes  españolas, 
esclavo  á  lo  pasado  y  ajeno  al  porvenir, 
se  levantó  rasgando  la  niebla  dé  su  Oriente, 
mostrando  á  los  tiranos  su  poderosa  frente 
y  osando  con  el  sable  la  tradición  partir. 

Entonces  cada  golpe  de  sable  americano 
vibraba  en  los  confines  del  porvenir  humano, 
y  en  la  cadena  regia  quebraba  un  eslabón. 

Y  cual  nacieran  mundos  de  luz  inmaculada 
cuando  el  divino  acento  fecundizó  la  nada, 
los  llanos  dieron  pueblos  al  eco  del  cañón. 

Entonces  los  aceros  santificados  eran; 
la  sangre  era  rocío  cuya  virtud  bebieran 
los  árboles  en  broto  para  la  libertad. 
Las  tumbas  eran  raíces  del  mundo  que  nacía 
y  al  héroe  que  á  los  botes  del  español  caía, 
la  mano  lo  tomaba  de  la  inmortalidad. 

Entonces  como  lanzan  los  senos  de  Aconcagua 
las  rocas  inflamadas  en  su  profunda  fragua, 


POESÍAS  DIVERSAS  339 

la  América  lanzaba  sus  pueblos  á  lidiar. 
Desparecieron  ríos,  montañas  y  desiertos, 
y  los  nacientes  pueblos  de  la  victoria  ciertos, 
cantando  la  victoria  volaban  á  triunfar. 

Poblábanse  los  templos  de  cirios  y  cantares, 
y  vírgenes  y  ancianos  al  pie  de  los  altares, 
rogaban  por  los  Libres  al  Justiciero  Ser. 
Y  las  altivas  madres  lloraban  cuando  vían, 
que  á  sus  hermanos  hombres,  los  niños  no  seguían 
ó  que  por  fruto  el  cielo  les  daba  una  mujer. 

Entonces,  Sol  de  Mayo,  la  guerra  era  una  vida 
vaciada  por  las  venas  y  en  ellas  difundida, 
que  las  entrañas  tocias  de  América  filtró, 
de  todos  el  esfuerzo,  de  todos  la  victoria; 
los  reyes  solamente  lloraban,  nuestra  gloria, 
los  reyes  la  lloraban,  pero  los  pueblos  no. 

Los  pueblos  sonreían  en  triunfo  y  en  derrota, 
pisando  los  fragmentos  de  la  cadena  rota, 
y  oyendo  los  aplausos  de  la  posteridad; 
y  se  cumplió  en  tres  lustros  tu  profecía  extraña; 
perdiendo  unas  Colonias  la  imprevisora  España 
y  amaneciendo  un  Mundo  para  la  humanidad. 

Y  la  Argentina  Patria — tu  Patria,  Sol  de  Mayo — 
que  do  clavó  tu  enseña  glorificó  tu  rayo, 
por  Salta  comenzando  lo  que  acabó  en  Junín, 
por  siempre  te  bendijo,  y  en  la  muralla  el  bronco, 
y  el  órgano  en  el  templo,  y  el  corazón  entonce 
tu  rayo  victoreaban  al  verlo  en  el  confín. 


Nada  faltó  á  tu  gloria 
tierra  de  bendición,  Patria  del  alma; 


340  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

recogiste  el  laurel  de  la  victoria, 

y,  extinto  el  odio  al  terminar  la  hazaña, 

velaste  con  las  "bóvedas  del  templo 

la  rendidas  banderas  de  la  España; 

y  buscaste  después,  por  digno  ejemplo, 

de  la  virtud  y  del  saber  la  palma. 

Nada  faltó  á  tu  gloria 
ni  á  tu  prosperidad,  Patria  Argentina, 
bajo  manos  tan  puras  y  gloriosas. — 
¡Echa  tu  bendición  á  su  memoria...! 
¡Nada  falta  á  tu  ruina, 
bajo  la  mano  bárbara  de  Rosas! 


Este  hombre  sin  raza,  que  lleva  en  sus  venas 
veneno  del  áspid  en  sangre  de  hienas, 
hipérbole  ruda  del  genio  del  mal, 
su  planta  manchando  la  tierra  que  toca 
maldijo,  rugiendo  de  envidia  su  boca. 
¡Oh  sol  de  mis  padres,  tu  luz  inmortal! 

¿Recuerdas  los  dias  de  gloria  y  bonanza 
que  en  himnos  de  triunfo,  tu  luz  de  esperanza 
los  niños  cantaban,  tu  rayo  al  nacer? 
¿Recuerdas  del  viejo  las  lágrimas  tiernas 
contando  á  sus  hijos  las  glorias  eternas 
y  el  júbilo  puro  del  Mayo  primer? 

¿Recuerdas  la  orquesta,  los  órganos  santos, 
el  pulpito,  el  pueblo,  la  almena  y  los  cantos 
cual  libres  loaban  tus  glorias  ¡oh  sol!? 
¿Recuerdas  aquella  tan  sabia  y  guerrera 
feliz  Buenos  Aires,  que  en  ciencias  creciera 
después  que  hizo  trizas  del  yugo  español? 


POESÍAS  DIVERSAS  341 

¿Recuerdas  la  mente  forjando  esperanzas, 
y  el  pueblo  entusiasta,  tirando  las  lanzas, 
buscar  el  arado,  la  paz  y  el  hogar? 
¿Recuerdas  los  sabios  dictando  las  leyes, 
y  en  vez  del  capricho  de  impávidos  reyes, 
al  pueblo  bisoño,  justicia  enseñar? 

Pues  mira  si  encuentras  un  vastago  apenas 
de  tantos  jardines,  sobre  esas  arenas 
que  hoy  oyen  desiertas  del  Plata  la  voz. 
La  mano  de  Rosas  pasara  sobre  ellas 
cegando  con  rios  de  sangre  sus  huellas... 
¿y  no  hay  algún  rayo,  justicia  de  Dios? 

Astuto  tirano,  tu  vida  es  la  guerra; 
la  guerra  del  crimen  que  mancha  la  tierra 
sin  dar  otro  fruto  que  el  fruto  del  mal. 
¿No  miras  los  pueblos  volar  á  encontrarse, 
y  en  sangre  de  hermanos  la  espada  bañarse 
dejando  en  la  patria  clavado  el  puñal? 

¿No  miras  sin  alas,  esclava  la  mente, 
y  el  pueblo  en  cadenas  saber  solamente 
que  el  dolo  es  justicia  y  el  odio  virtud? 
¿No  miras  al  padre  temblar  de  los  hijos, 
y  amigos  y  hermanos  guardarse  prolijos, 
sintiendo  en  el  pecho  cobarde  inquietud? 

¿No  miras  los  puebles  postrarse  al  embate 
de  tanto  sañudo  continuo  combate, 
moviendo  sin  fuerzas  el  brazo  después? 
Es  esa  la  astucia  del  gaucho  pampino: 
secar  las  entrañas  del  Pueblo  Argentino 
V  luego  sin  fuerzas  tenderlo  á  sus  pies. 


342  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Por  él  se  han  perdido  tus  días  de  gloria, 
que  odiando  de  Mayo  la  sacra  memoria, 
ni  libres,  ni  leyes,  ni  enseña  dejó. 
Alzó  la  canalla  de  la  orgía  y  fango 
y  al  sabio,  al  guerrero,  al  brillo  y  al  rango, 
salvaje  ignorante,  de  polvo  cubrió. 

¡Eh!  ¿Qué  haces,  bandido?  Si  el  pueblo  ya  has  muerto, 
si  son  las  ciudades  sepulcro  entreabierto 
que  el  eco  repite  del  son  de  tu  pie, 
decreten  el  fuego  tus  labios  malditos, 
y  el  fuego,  espantado  de  tantos  delitos, 
cadáver  y  tumba  devore  á  la  vez. 

Sí,  bárbaro,  á  tragos  le  diste  el  veneno, 
y  toda  esa  patria  ya  tiene  en  el  seno 
por  años  muy  largos  el  germen  del  mal. 
Los  hijos  de  tu  hija,  vaciarse  las  venas 
querrán  de  vergüenza,  mirando  las  penas, 
los  males  que  brota  tu  escuela  infernal. 

Mas  óranle  pocos  los  pueblos  que  gimen, 
f  quiso  más  lejos,  ese  hijo  del  crimen, 
llevar  los  ultrajes  al  hombre  y  á  Dios. 

Y  dijo:  «Pues  odio  la  patria  bandera, 

que  venga  á  ultrajarla  la  saña  extranjera, 
»j  en  olas  de  sangre  que  vibre  mi  voz 

»Así,  despertando  los  patrios  enojos, 
»tan  sólo  extranjeros  verán  á  sus  ojos, 
»sin  ver,  mis  esclavos,  su  yugo  servil.» 

Y  escupe-  miradlo — con  ruda  jactancia, 

la  fuerza  y  las  leyes  de  Albión  y  de  Francia 
y  el  pueblo  y  el  trono  del  joven  BrasiL 


POESÍAS  DIVERSAS  843 

¡Ay,  cuan  triste  destino 
fuera  el  tuyo,  infeliz,  pueblo  argentino, 
si  hoy  no  fuesen  los  reyes  y  sus  pueblos 
reyes  de  paz  y  pueblos  mercaderes! 

¡Cuánta  sangre  tuvieres, 
contra  tantos  vertieras  inocente, 
uncido  como  estás  al  férreo  yugo 

del  déspota  verdugo, 
que  á  tantos  á  la  vez  reta  insolente! 


Mas  esa  paciencia  de  Job  en  los  reyes, 
¿Será  porque  guardas  ¡oh  Sol!  en  tus  leyes 
la  ley  de  que  el  Plata  se  vengue  por  sí? 
Entonces,  bendita  su  estoica  paciencia, 
su  paz  de  cristianos  y  toda  su  ciencia, 
que  arrastran  al  lazo  sus  gauchos  aquí. 

¡Oh,  Sol  de  mis  Padres,  de  eterna  memorial 
Consérvanos,  solos,  la  fuerza  y  la  gloria 
de  alzar  un  cadalso  y  á  Rosas  en  él. 
Y  en  hecho  en  los  siglos  quizá  sin  segundo, 
así  vengaremos  la  patria  y  el  mundo, 
sin  ser  la  balanza  desviada  en  su  íiel. 

Caliente  tu  rayo  la  sangre  en  las  venas 
del  pueblo  entumido  por  torpes  cadenas, 
y  entonces  ¡ay  llosas!  su  fin  llegará. 
No  sabe  del  pueblo  que  oprime  y  ultraja: 
será  entre  sus  manos  gigante  de  X3aja 
que  á  un  golpe  en  el  polvo  deshecho  caerá. 

Entonces,  ¡oh  Mayo!  tus  días  benditos 
verán  en  su  patria  los  nobles  proscritos 
volver  derramando  brilla]] te  fulgor; 
y  tú  cuando  el  rayo  primero  nos  vibres, 


344  OBRAS  DE  JOSÉ  MÍ  RMOL 

verás  sin  recuerdos  un  pueblo  de  libres 
que  en  sola  una  tumba  guardó  su  rencor. 


Y  entonces  yo,  que  tu  gloria 
tantas  veces  he  cantado, 
sin  ser  ninguna  escuchado 
de  la  tierra  en  que  nací; 
yo,  que  en  el  destierro  he  visto 
encanecer  mis  cabellos, 
perdiendo  mis  años  bellos 
por  la  tierra  en  que  nací, 
yo  haré  vibrar  en  mi  lira 
cantos  eternos  al  verte, 
y  después...  después,  la  muerte 
en  la  tierra  en  que  nací. 


UNA  TARDE  EN  EL  DACA 


Aquí  el  genio  se  siente  libre, 
y  se  complace,  porque  aquí  es 
dulce  la  meditación;  si  él  agita, 
ella  calma. 

Mad.  StAEL. 


De  una  ligera  barquilla 
la  sutil  y  leve  quilla 

presto  va, 
deslizándose  en  la  fin» 
superficie  cristalina 
del  Dacá. 


POESÍAS  DIVERSAS  345 

No  arroyos  de  aguas  serenas 
sino  de  sierpes  amenas 

de  cristal, 
do  se  mira  retratada 
la  bóveda  dilatada 

celestial. 
Y  en  la  barca  navegando 
con  el  alma  palpitando 

vengo  á  él, 
á  derramar  en  el  seno 
de  mi  espíritu  sereno 

dulce  miel. 
Que  esa  súbita  tormenta 
de  pasiones  que  se  alienta 

entre  mí, 
no  puede  sino  cual  llama 
sin  el  aire  que  la  inflama 

ser  aquí. 
Aquí  do  tanto  evidencia 
se  entrevó  de  la  existencia 

del  Señor; 
y  donde  sólo  se  apura 
la  sutil  esencia  pura 

del  amor... 


II 

El  sol  como  globo  de  pálido  fuego 
apenas  destella  lejano  fulgor, 
y  esconde  en  topacios  y  perlas  y  oro, 
su  ya  transparente  marchito  claror. 

Sus  débiles  rayos  que  leves  penetran 
cual  finos  encajes  los  bosques  se  ven; 
y  llegan  al  agua  dorando  su  linfa 
cual  rubios  cabellos  que  sueltos  estén/ 


346  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

El  suelo  y  el  campo  envidia  se  dan; 
las  nubes  son  de  oro,  y  allá  unas  colinas 
cual  jóvenes  novios  con  trajes  bordados 
de  rica  esmeralda  coquetas  están. 

Y  así  que  las  nubes  se  apagan,  del  sol 
parecen  entonces  matices  manar; 
y  al  céfiro  blando  que  vida  les  dio 
por  premio  les  dejan  el  ámbar  robar. 

La  aves  que  pasan  jugando,  cantando, 
besando  las  flores  que  embriagan  de  olor 
y  en  círculos  varios  se  van  delirantes 
juntando  sus  picos  al  nido  de  amor. 

¡Feliz  quien  pudiera  cambiar  su  destino, 
del  ídolo  amado  cambiarlo  á  la  par, 
y  en  pos  de  esas  aves  volar  á  los  bosques 
á  sólo  entre  amores  la  vida  pasar!... 


III 

Se  ve  todavía  lucir  en  la  esfera 
el  bello  recuerdo  del  sol  que  se  fué, 
y  aquí  de  las  altas  hojosas  orillas 
ya  negra  la  sombra  cundiendo  se  ve... 

Que  Sibila  Erítrea  pudiera  un  instante 
venir  inspirada  y  amiga  al  contarme 
cual  cosas  pasadas  los  siglos  que  vienen, 
aquestas  orillas  en  ellos  mostrarme. 

Sin  ella  á  los  siglos  mi  espíritu  vuela, 
diviso  lor  tiempos...  ¡Qué  bellos  y  amenos! 
Los  hombres  diviso...  ¡Qué  suaves  y  nuevos! 
Se  oprimen  las  manos;  se  abrazan...  ¡Qué  buenos! 


POESÍAS  DIVERSAS  341 

Y  aquestas  orillas...  ¡olí,  ya  las  contemplo 
con  casas  lujosas  que  el  arte  alzará, 

y  á  vírgenes  puras  cogiendo  las  flores 
de  bellos  jardines  que  baña  el  Dacá! 

Y  en  hora  cuál  ésta  ya  ver  me  parece 
surcando  el  arroyo  barquilla  de  amor; 
barquilla  que  lleva  cantando  en  su  popa 
pareja  de  humanos  que  apura  dulzor. 

Que  acerca  á  la  orilla  la  barca  veloz; 
que  un  joven  rebata  purpúrea  una  flor; 
que  luego  en  un  trono  de  nieve  la  pone 
y  un  beso  por  premio  le  paga  el  amor. 

Que  extraños  que  pasan  también  por  su  lado, 
en  vez  de  zaherirlos  con  torpe  rigor, 
sensibles  los  miran  y  dicen:  «pasemos, 
»que  gocen  felices...  la  vida  es  amor.» 

Tal  vez  en  un  tiempo...  ¡ah  quién  lo  gozara! 
feliz  fantasía,  te  tornes  verdad... 
Mas  si  hoy  entre  espinas  la  vida  se  pasa, 
que  gocen  los  hombres  siquiera  esa  edad... 


IV 

Apenas  luz  pasajera 
del  crejmsculo  quedó; 
y  el  dorado  de  la  esfera 
ya  la  sombra  amarillo, 

Sombra  vaga  y  misteriosa 
que  en  su  lánguido  existir 
nos  despierta  religiosa 
los  recuerdos  del  vivir. 


348  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOI* 

A  mi  barca  fugitiva 
la  detengo  en  su  volar; 
para  suave  y  pensativa 
quieta  el  alma  suspirar. 
Y  á  los  mustios  arrayanes 
y  á  las  aguas  del  Dacá 
contemplar  cual  talismanes 
en  que  Dios  y  amor  está. 

En  que  Dios...  ¡y  qué  verdad! 
¿En  qué  mente  de  criatura 
no  ha  brillado  su  luz  pura, 
si  vagó  en  la  soledad?... 

Si  admiró  por  un  instante 
algún  prado,  una  colina, 
una  estrella  peregrina, 
ó  á  la  luna  vacilante?... 

¿Y  qué  pecho,  cual  el  mío 
joven  presa  del  dolor, 
contemplando  un  manso  río 
no  ha  pensado  en  el  amor? 

¿No  ha  deseado  que  en  su  brazo 
palpitase  su  querida 
y  olvidar  en  su  regazo 
los  tormentos  de  la  vida? 

¡Ay!  alguno  tal  vez  goce 
lo  que  apenas  pienso  yo... 
que  cual  de  ese  sol  que  huyóse 
ni  un  destello  nos  quedó. 

Así  he  visto  que  volaba 
para  nunca  más  volver 
la  tcízada  que  me  ataba 
con  el  mundo  y  el  placer, 

Mercedes,  Enero  de  1841. 


POESÍAS  DIVERSAS  S49 


EL  SUSPIRO 


Detente,  suspiro, 
no  vueles  en  vano, 
no  hay  pecho  que  humano 
morada  te  dé; 
detente,  que  miro 
burlar  tu  amargura, 
sonreir  la  perjura, 
que  es  sorda  á  tu  fe. 

No  olvides  que  un  día 
del  alma  saliste, 
que  amor  le  pediste 
brindándole  amor; 
y  que  ella  más  fria, 
más  cruda  que  el  hielo, 
burlaba  tu  anhelo 
con  fiero  rigor. 

3STo  olvides  que  fino 
de  nuevo  á  su  pecho 
volviste  deshecho 
pidiendo  piedad, 
y  allí  tu  destino 
miraste  sin  vida, 
sintiendo  adormida 
la  negra  impiedad... 

Regresa,  suspiro, 
y  oculta  tu  llanto, 
que  en  él  mi  quebranto, 


350  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

mis  penas  se  ven. 
Regresa  y  expira 
contento  en  mi  suerte; 
más  quiero  la  muerte 
que  frío  desdén. 

Montevideo,  Diciembre  de  1839 


EN  LA  LAPIDA 

DE 

FLORENCIO   VÁRELA 

asesinado  por  orden  de  Manuel  Oribe  en  la  noche 
del    20    de    Marzo    de    1848 

Muerto  á  la  libertad,  nació  á  la  historia, 
y  es  su  sepulcro  templo  de  su  gloria 


EL  JURAMENTO 

No  bien  asoma  en  el  Oriente  el  día, 
cuando  una  idea  por  mi  mente  umbría 
rueda  y  me  dice: 

En  igual  hora  de  tu  bella  Elvira 
su  brazo  entre  tu  brazo  se  apoyaba, 
y  cuando  el  sol  á  columbrar  aspira 
tu  patrio  Plata  vuestro  pie  regaba; 
y  allí,  más  puro  que  la  blanda  brisa, 
era  en  tu  pecho  tu  profundo  amor; 
y  allí  de  Elvira  la  inocente  risa 
era  más  bella  que  el  primer  albor 


POESÍAS  DIVERSAS  851 

No  bien  el  sol  en  el  ocaso  muere, 
cuando  una  voz  mi  pensamiento  hiere 
que  me  recuerda: 

En  igual  hora  de  su  labio  hubiste 

el  primer  beso  de  deleite  lleno, 

y  á  su  inocente  conmovido  seno 

veloz  latiendo  de  pudor  sentiste, 

y  vuestras  almas  cual  esencias  leves 

que  exhala  en  olas  delicada  flor, 

á  vuestros  labios  asomando  breves 

de  un  cuerpo  al  otro  las  cambió  el  amor.., 

Pero  fué  en  aquel  instante 
en  que  se  sepulta  el  día; 
hora  de  melancolía 
de  luz  mustia,  agonizante, 
y  de  mi  suerte  expirante 
fué  la  muda  profecía. 

No  bien  la  noche  por  la  negra  esfera 

la  mitad  corre  de  su  fiel  carrera 

cuando  escucho  otra  voz: 

En  hora  igual,  encapotado  el  cielo, 
temblar  hacía  el  conmovido  suelo, 
y  ella  en  tus  brazos  de  dolor  henchida 
ni  era  cadáver  ni  sentía  vida. 
Y  hasta  su  labio  que  febril  latiera 
llegando   el  tuyo  por  la  vez  postrera, 
besaste  á  su  alma  que  vagó  en  su  voz 
cuando  besaste  su  postrer  adiós. 

Oye,  mi  Elvira:  Contra  ti  he  mirado 
nacer  el  astro  que  á  los  seres  cría; 
pues   que  enlutado 
cual  noche  umbría, 
me  niegue  airado 
la  luz  del  día, 


352  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

si  otra  mujer  en  tu  lugar  percibes 
acá  en  el  alma  do  reinando  vives. 

He  visto  contra  ti  llegar  la  hora 
diosa  de  mis  recuerdos  y  consuelos; 
pues  que  traidora 
lleve  en  su  vuelo 
lo  más  amado 
de  mi  pasado; 
y  ni  recuerdo 
de  dicha  alguna 
desde  mi  cuna 
conserve  yo, 
si  el  corazón  donde  tu  nombre  habita 
de  otra  mujer  por  el  amor  palpita. 

He  visto  á  Dios  estremecer  la  esfera 
al  abrazarte  por  la  vez  postrera; 
pues  que  iracundo 
me  forme  un  mundo 
de  negro  horror, 
y  en  él  me  lance 
para  que  alcance 
sólo  rigor, 
Si  cuando  el  ángel  de  la  muerte  vea 
no  eres,  mi  Elvira,  mi  postrer  idea, 

Mayo  1841. 


Si      süéé 


. 


X* 


A  ,*M„'*A.<lt 


Ya  vírgenes  puras  cogiendo  las  flores 
Cantos  del,  peregrino  Lámina  TU 


T03SÍAS  DIVERSAS  353 


A  UNA  SEÑORITA 

Es  presagio  enlutado, 
ofrecerme  volver  lo  que  os  he  dado. 


Si  fuera  en  otros  tiempos,  os  diría: 
-No  sé  si  es  la  verdad,  pero  parece 
-que  toda  bella  flor  os  pertenece; 
•que  el  verso  y  la  armonía 
son  vuestra  propia  voz  y  poesía; 
y  que  si  alguien  dijera 
que  os  da  su  corazón  enamorado, 
Lien  podríais  decirle  que  mintiera 
con  ingenio  más  diestro, 
pues  el  pobre  cuitado 
os  daba  como  suyo  lo  que  es  vuestro  » 

Mas  de  tales  colores 
en  mis  pinceles  ni  vestigios  restan. 

Y  os  diré  en  el  acento 

del  fraternal  intento, 
que  el  corazón,  los  versos  y  las  horas 
so  dan  acaso,  pero  no  se  prestan. 
Y  que  al  ponerlas  en  las  manos  bellas 

de  alguna  criatura, 
so  les  da  lo  que  en  raptos  de  ternura 
Jhizo  la  Providencia  para  ellas. 


Mármol.— 23 


854  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 


BRINDIS 

el  25  de  Mayo  de  1852 
Contestando  á  otro  del  Dr.  D.  Juan  M.  Gutiérrez. 

Recojo  de  tus  labios 
la  inspiración,  y  brindo, 
por  los  amargos  días 
de  nuestra  juventud: 
aquellos  que  perdidos 
en  playas  extranjeras 
pasaban  en  nosotros 
sin  porvenir  ni  luz. 

Los  dos  liemos  cantado 
las  glorias  de  la  patria; 
los  dos  hemos  llorado 
su  bárbara  opresión; 
los  mares,  el  desierto 
y  el  llano  y  las  montañas, 
conocen  de  nosotros 
la  noble  inspiración. 

Los  dos  hemos  rondado 
las  puertas  de  la  patria, 
besando  los  umbrales 
del  suspirado  Edén; 
los  dos  al  fin  nos  vemos 
donde  nos  ver  quisimos: 
en  el  sagrado  templo  ¥ 

de  nuestra  ardiente  fe. 


POESÍAS  DIVERSAS  855 

En  brazos  de  la  patria 
y  en  medio  de  la  vida, 
Gutiérrez,  aun  tenemos 
un  voto  hecho  ante  Dios: 
tenemos  que  ser  siempre 
para  la  tiranía 
proscriptos  y  poetas, 
tal  es  nuestra  misión. 


EL  POETA  MARMOL  AL  POETA  MITRE 

EL    CANTO    DE   LA    PATBIA 

Ya  las  nubes  del  Plata  al  fin  se  doran 
tras  larga  noche  de  tiniebla  umbría, 
y  al  alma  luz  del  suspirado  día 
los  pueblos  cantan,  los  tiranos  lloran. 

Ya  la  patria  del  genio  y  las  victorias 
á  su  trono  inmortal  radiante  sube, 
envuelta,  como  en  blanca  y  azul  nube, 
en  la  bandera  de  sus  viejas  glorias. 

Madre  ardiente  de  amor,  yerta  al  encono, 
del  Plata  al  Andes  sus  miradas  gira, 
y  á  un  sólo  pueblo  envanecida  mira, 
que  en  su  hombro  de  titán  sostiene  el  trono. 

El  destino  solícito  levanta 
á  sus  ojos  el  velo  del  futuro, 
y  ella,  al  través  del  horizonte  obscuro, 
ve  el  porvenir  y  su  grandeza  canta: 


356  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

«Allá  está  iluminada  por  el  divino  rayo 
que  brota  la  mirada  dulcísima  de  Dios, 
la  interminable  senda  que  me  enseñara  en  Mayo 
cuando  sonó  á  mi  oído  su  omnipotente  voz. 

» Allá  está  atravesando  del  tiempo  las  regiones, 
surcada  de  los  siglos  por  el  gigante  pie, 
cubierta  con  los  restos  de  cien  generaciones 
que  vanse  trasmitiendo  la  herencia  de  mi  fe. 

» Allá  está  la  corona  del  genio  americano 
y  el  libro  del  destino,  bajo  región  de  luz; 
regalos  á  la  esposa  del  porvenir  humano, 
á  la  heredera  rica  del  mundo  y  de  la  cruz. 

»E1  porvenir  la  espera.  ¡Allá  está  y  se  levanta 
la  lumbre  que  ilumina  de  América  la  faz; 
marchemos  adelante  de  su  atrevida  planta; 
sobre  el  pasado  ingrato  resignación  y  paz! 

» Aquí,  dentro  mis  ríos  que  riegan  las  entrañas 
de  un  mundo  y  le  difunden  la  vida  y  robustez, 
sobre  mis  anchos  prados,  al  pie  de  mis  montañas 
que  dora  de  mis  astros  la  clara  brillantez; 

» aquí  no  he  respirado  después  que  sonó  ingrata 
de  la  vergüenza  mía  la  bárbara  señal; 
las  olas  no  llevaron  mi  lágrima  en  el  Plata, 
ni  el  viento  de  la  Pampa  mi  queja  maternal. 

>Y  errante  peregrina,  viví  con  el  tesoro 
de  los  recuerdos  bellos  de  mi  rosado  albor, 
cuando  se  abrió  en  la  historia  la  página  de  oro 
yae  recibió  mi  nombre  con  su  inmortal  honor. 

»En  lágrimas  bañada  y  ahogando  en  mi  delirio 


POESÍAS  DIVERSAS  £57 

dentro  del  pecho  mío  la  dolorida  yoz, 

de  hinojos  he  pasado  las  horas  del  martirio 

pidiendo  por  mis  hijos  la  caridad  de  Dios. 

>Mi  sed  amortiguada  en  los  torrentes  fríos 
que  de  la  sien  del  Andes  espléndidos  caen; 
y  allí  los  pasos  vía  de  los  guerreros  míos 
marinando  sempiternos  la  empedernida  sien. 

»Mi  lecho  eran  los  campos  que  hubieron  por  alfombras 
las  rotas  armaduras  del  duelo  colosal; 
y  allí  me  rodeaban  las  impalpables  sombras 
de  los  que  al  caer  oyeron  mi  cántico  triunfal. 

»Para  guardar  mi  sueño  entre  mortuoria  pompa 
velaban  silenciosas  su  inmenso  panteón; 
pero  soñando  oía  de  la  guerrera  trompa 
los  vibradores  ecos,  y  el  trueno  del  cañón. 

»La  noche  fué  muy  larga,  pero  sonó  la  hora 
de  la  Justicia  eterna,  y  el  rayo  descendió; 
iluminó  la  esfera  su  llama  vengadora 
y  la  proterva  frente  del  bárbaro  rompió. 

>  Abriéronse  los  muros  del  templo  maldecido; 
los  ídolos  cayeron  de  su  sangriento  altar; 
pero  el  espeso  polvo  por  vientos  sacudido 
encegueció  á  mis  pueblos  al  procurarme  hallar. 

» Al  fin  nos  encontramos,  y  cerco  diamantino 
me  forman  con  el  alma  que  les  tocara  yo; 
nos  vemos  á  los  rayos  del  sol  de  mi  destino; 
el  polvo  de  ruinas  se  levantó  y  cayó. 

> ¡Adiós  para  el  pasado!  ¡Allá  está  y  se  levanta 
la  lumbre  que  ilumina  de  América  la  íaz, 


35íí  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

marchemos  adelante  de  su  atrevida  planta, 
tras  el  pasado  ingrato  fraternidad  y  paz! 

» ¡Al  porvenir  seguidme!  ¡la  luz  lleva  en  su  mano, 
mostrándonos  la  senda,  la  hermosa  libertad; 
si  halláramos  de  paso  que  crece  algún  tirano, 
al  águila  en  el  huevo  de  paso  reventad!» 

Octubre,  21  de  1860. 


A  LA  CONDESA  DE  WALEWSKI 

en  1847 

Ya,  señora,  entre  vos  y  los  proscritos 
hay  algo  de  común  que  os  simpatiza; 
lazos  cuanto  más  tristes  más  benditos; 
pila  donde  el  mortal  se  fraterniza; 

unión  de  que  hace  el  corazón  alarde; 
pura  como  el  roció  de  la  aurora; 
triste  como  las  sombras  de  la  tarde; 
fraternidad  de  lágrimas,  señora. 

Ni  en  vos  ni  en  ellos  la  memoria  un  día 
podrá  olvidar  á  la  argentina  playa: 
ni  el  alma  nunca  suspirar  podría 
sin  que  un  suspiro  á  Buenos  Aires  vaya, 

Parece  que  esa  patria  hubiera  sido 
por  el  Grenio  del  mal  arrebatada 
de  los  brazos  del  Ángel,  descendido 


POESÍAS  DIVERSAS  869 

á  velarla  en  su  cuna  inmaculada. 

Y  que  allí  do  no  alcanzan  los  tiranos; 
naturaleza  con  su  brazo  alcanza, 
y  en  las  obras  más  puras  de  sus  manos 
se  cumple  alguna  mágica  venganza. 

Vos,  señora,  nacida  bajo  un  cielo 
do  siempre  el  iris  y  la  aurora  víais, 
recién  alzando  el  nacarado  velo 
de  vuestra  juventud  ¿llorar  sabíais? 

¡Ah!  llegasteis  allí!  y  en  vuestra  suerte 
las  flores  con  el  llanto  descoloran; 
que  en  esa  tierra  de  infortunio  y  muerte 
hasta  las  piedras  insensibles  lloran. 

Disteis  un  ángel  á  la  patria  mía; 
pero  al  arrullo  del  materno  anhelo 
la  tempestad  del  Plata  respondía, 
y  asustado  el  querub  volóse  al  cielo. 

Llanto  de  madre  vuestros  ojos  dieron; 
y,  asida  al  corazón  la  suerte  ingrata, 
lágrimas  y  gemidos  se  perdieron 
entre  las  brisas  del  salvaje  Plata. 

Ved  ¡ay!  señora,  en  vuestro  propio  llanto 
el  llanto  de  mil  madres  argentinas. 
¿Dónde  sus  hrjos  son?  ¡Ah!  ¡cómo  es  santo 
el  duelo  de  esas  almas  peregrinas! 

Allí  donde  perdisteis  vuestra  hija, 
allí  arrancados  de  sus  brazos  fueron; 
y  allí  donde  llorasteis  tan  prolija, 
sobre  sangre  sus  lágrimas  corrieron. 

Mas  vos,  al  menos,  lloraréis  amores, 
libre,  en  la  urna  vuestros  ojos  fijos; 


360  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  ellas  no  pueden  ni  tejerles  ñores, 
ellas  no  pueden  ni  llorar  sus  hijos. 

¡Ay,  señora!  tened  en  la  memoria 
que  esa  patria  infeliz  que  veis  en  luto, 
llorando  siempre  su  perdida  gloria, 
miró  nacer  á  vuestro  tierno  fruto. 

Que  alli,  en  el  labio  maternal  bebisteis 
su  primer  respirar,  su  primer  grito: 
que  allí,  en  el  brazo  maternal  sentisteis 
el  primer  sueño  de  su  ser  bendito. 

Que  allá  en  los  cielos  Argentinos  mora; 
que  alli  os  la  diera  Dios,  y  á  Dios  entoncss 
por  su  patria  infeliz  rogad,  señora... 
súplica  de  mujer  conmueve  al  bronce. 

Ama  una  madre  hasta  la  pobre  lana 
que  ha  cubierto  á  sus  hijos  en  la  cuna, 
¿cómo  no  amar  la  patria  donde  ufana 
les  vio  nacer,  por  mal,  ó  por  fortuna? 

¿Cómo  no  amarla  vos,  si  sois  nacida — 
brillante  flor  del  Alpes  italiano — 
donde  esa  voz:  la  patria,  es  voz  de  vida 
con  que  abre  y  late  el  corazón  temprano? 

¡Oh!,  y  no  el  amarla  vuestro  pecho  sienta; 
porque  esa  patria  que  en  cadenas  llora, 
es  el  diamante  que  en  su  sien  ostenta       ¡   ~ 
esta  virgen  América,  señora. 

Mas,  cual  murió  al  nacer  la  flor  preciosa, 
que  hoy  llena  de  dolor  vuestra  memoria, 
de  esa  patria  también,  en  noche  umbrosa, 
murió  al  nacer  el  fruto  de  su  gloria. 

Mas,  cual  vendrán  un  día  á  vuestro  seno 


POESÍAS  DIVEKSAS  361 

consolación  y  frutos  venturosos, 

á  esa  patria  vendrá,  limpio  y  sereno, 

cielo  de  paz,  y  tiempos  deliciosos. 

Rogad,  señora,  por  la  patria  aquella 
do  vuestra  hija  amaneció  á  la  vida; 
acaso  un  dia,  cuando  os  hablen  de  ella, 
«fué  su  patria»,  diréis  envanecida. 

Si  hoy  todos  la  abandonan  en  su  duelo, 
quédele  al  menos  la  plegaria  pura 
de  aquellos  que  conservan  en  el  cielo 
ángeles  que  comprenden  su  amargura. 

Ellos  á  Dios  le  contarán  de  hinojos 
el  ¡ay!  del  mundo  que  á  los  cielos  llegr.j 
y  allí  á  la  luz  de  sus  benignos  ojos, 
ya  vuestra  hija  por  su  patria  ruega. 


A.  BOLIVIA 

en  1846 


Divina  inspiración,  genio  del  canto, 
tiende  sobre  mi  sien  tus  blancas  alas, 
y  de  entusiasmo  en  la  pupila  el  llanto, 
suba  la  mente  á  las  etéreas  salas. 

Postrada  el  alma  ante  el  eterno  trono 
beba  las  auras  que  el  Señor  respira, 
y  de  las  arpas  de  marfil  el  trono 
temple  las  cuerdas  de  mi  dulce  lira. 


362  OBRAS  DE  JOS  §¡  MÁRMOL 

La  luz  de  Dios,  radiante  á  mi  memoria; 
la  voz  de  Dios,  á  mi  mundano  acento; 
y  en  un  mar  de  esperanzas  y  de  gloria 
se  lance  al  porvenir  mi  pensamiento. 

Tú  grabaste,  Señor,  Dios  de  los  mundos 
en  la  frente  de  América  una  estrella 
que  al  futuro  en  sus  cóncavos  profundos 
alcanza  un  rayo  de  su  lumbre  bella. 

Yo  seguiré  ese  rayo  soberano 
á  sorprender  los  siglos  con  mi  mente, 
como  la  fe  del  corazón  cristiano 
la  lumbre  sigue  de  tu  regia  frente. 

Yo  leeré  nuestro  tiempo  con  su  rayo. 
'  Grenio  del  canto,  ¡ven,  mi  nombre  imprime 
en  la  arena  del  río  Pilcomayo 
dándole  á  mi  alma  inspiración  sublime! 

II 

Bolivia,  tierno  seno 
del  corazón  de  América  mi  madre, 
de  amor  y  vida,  y  esperanza  lleno, 

como  la  luz  del  astro 
soñor  del  Inca  que  tu  frente  dora; 
verde  promesa  del  futuro  hermoso, 
virgen  en  cuyas  sienes  de  alabastro 
la  mirada  de  Dios  refleja  y  brilla, 
al  levantarse  tu  radiante  aurora. 
Yo  te  saludo  de  la  triste  orilla 
que  baña  el  Plata  en  su  raudal  undoso. 

En  la  noche  sombría 
que  el  humo  del  cañón  formó  en  tu  cielo, 

quebraste  con  tu  espada 
de  tres  centurias  la  coyunda  impía. 
El  león  de  las  Españas  en  tu  suelo, 


POESÍAS  DIVERSAS  368 

desde  la  sien  nevada 
miró  al  Cóndor  del  Andes  boliviano 
como  flecha  de  Dios  caer  á  su  frente; 
y  su  hercúlea  pujanza  de  repente 
con  su  airado  rival  luchara  en  vano. 

De  América  el  cimiento 
se  conmovió  al  estrépito  gigante 
de  un  torrente  de  lanzas  que  violento 
invadió  por  las  sierras  y  los  llanos, 
quebrando  con  sus  puntas  de  diamante 

la  muralla  de  bronce, 
do  el  pendón  de  los  viejos  castellanos 

se  desplegaba  entonce 

sobre  acerada  clava, 
bajo  el  cielo  de  América  su  esclava. 

Y  en  aqueste  torrente, 
allí,  la  patria  de  Belgrano  estaba; 
allí  la  paz  y  Cochabamba  alzaron 
ceñida  de  laurel  su  altiva  frente, 
y  á  los  ecos  del  Plata  se  mezclaron, 

bajo  la  luz  de  Mayo, 
los  ecos  del  Bermejo  y  Pilcomayo. 

Allí  estaba  el  desierto; 
y  en  un  mundo  sin  fin,  sin  horizonte, 
allí  la  selva  y  empinado  monte, 
allí  el  mar  que  Balboa  saludara, 
y  allí  las  rocas  que  Colón  pisara. 

Todos,  todos  allí,  y  allí  la  patria 
del  ancho  Beni  y  Potosí  opulento, 

quebrando  sus  cadenas 
en  aquel  día  de  sublime  intento; 
y  con  sangre  copiosa  de  sus  venas 

bautizando  la  frente 

del  mundo  que  legaban 
á  la  futura  americana  gente. 


364  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Sangre  preciosa  que  Ayacucho  viera 
del  pecho  varonil  como  un  rocío 
de  los  cielos  caer,  para  que  un  día 
cada  gota  inmortal  un  pueblo  fuera. 

Animad,  animad  el  cuerpo  frío 
de  los  héroes  allí...  La  fosa  umbría 
su  polvo  esparcirá,  y  ellos,  la  frente 
con  aureola  de  mártir  alumbrada, 

y  el  descarnado  brazo 
en  los  hombros  del  ángel  de  la  gloria- 
subirán  á  la  sien  del  Chimborazo 
por  la  huella  esplendente  ' 
que  hizo  el  carro  veloz  de  la  victoria. 

¡Animad,  animad!  ellos  sus  ojos 
en  torno  volverán...  las  cordilleras 
inclinarán  sus  sienes  altaneras; 

callarán  sus  enojos 
las  irritadas  olas  de  los  mares, 
y  las  Llamas  y  el  Cóndor  escondidos, 
los  vadles  y  las  selvas  y  los  montes, 
el  sol  y  los  ardientes  luminares 

sin  ley,  sin  horizontes, 
serán  de  santa  admiración  henchidos 

III 

Mas  tu  misión,  ¡oh  Bolivia! 
no  estaba  solo  en  tu  lanza, 
que  otra  más  alta  esperanza 
reservó  Dios  para  ti; 
tus  héroes  en  los  combates 
no  fueron  más  que  tu  aurora 
que  vino  á  anunciar  la  hora 
en  que  habrá  el  sol  de  salir» 

Esa  misión  del  acero 
la  llenaron  tus  campeones, 


POESÍAS  DIVERSAS 

pero  á  otras  generaciones 
legaron  otra  misión; 
tan  rica  de  gloria  y  nombre 
tan  orlada  de  opulencia, 
que  fué  la  más  bella  herencia 
de  su  paternal  amor. 

Tocas  y  admiras  los  Andes, 
¿no  es  verdad?  pues  tu  cabeza 
con  más  poder  y  grandeza 
un  día  levantarás; 
que  es  América  el  emblema 
del  Cóndor  entre  la  nube 
de  la  ronca  tempestad. 

Pero  la  mano  del  cielo, 
entre  misterio  profundo 
pareció  robarte  al  mundo, 
huérfana  y  oculta  flor; 
y  abandonada,  perdida, 
cual  un  diamante  entre  rocas, 
lo  que  hoy  tan  posible  tocas 
ayer  pareció  ilusión. 

¡El  mar!  ¡sublime  esperanza 
de  tu  ambición  más  sublime! 
Es  tuyo,  Bolivia,  imprime 
sobre  las  ondas  tu  rie: 
es  tuyo,  vuela,  te  espera 
la  brisa  de  los  océanos, 
para  mecer  soberanos 
los  laureles  de  tu  sien. 

Es  tuyo,  que  de  sus  ondas 
tu  porvenir  al  oriente, 
dora  espléndido  la  frente 
de  tu  más  bella  región. 


863  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  el  diamante  entre  las  rocas, 
la  huérfana  flor  perdida, 
sube  con  él  á  otra  vida 
buscando  un  tiempo  mejor. 

No  son  tus  minas,  Bolivia, 
la  f  uente  de  tu  existencia, 
ni  tu  futura  opulencia 
la  contiene  el  Potosí; 
los  pueblos  no  se  enriquecen 
pisando  sobre  metales: 
serán  otros  los  canales 
de  tu  hermoso  porvenir. 

Serán  tus  ríos,  señora, 
que  de  tu  seno  profundo, 
filtrando  por  todo  un  mundo, 
nacen  y  buscan  el  mar. 
Serán  tus  bosques,  tus  llanos, 
tus  perfumadas  praderas, 
y  las  extensas  riberas 
del  Beni  y  del  Paraguay. 

Serán  tus  manos  quebrando 
los  diques  de  la  ignorancia, 
para  decir  con  jactancia: 
Europa,  ven  por  aquí. 
Y  mirar  en  cada  río. 
luchando  con  su  corriente, 
llegar  su  industria,  su  gento 
á  un  mundo  rico  y  feliz. 

A  un  mundo  donde  la  Europa 
tiene  fija  su  esperanza, 
porque  en  el  suyo  no  alcanza 
en  el  tiempo  un  más  allá; 
á  un  mundo  donde  más  tarde 


POESÍAS  DIVERSAS  367 

en  cada  empinado  monto 
tendrán  su  luz,  su  horizonte, 
el  genio  y  la  libertad. 

¡Ye  adelante!  los  océanos 
te  esperan  con  impaciencia, 
y  del  cielo  la  clemencia, 
escribe  tu  más  allá. 
¡Ve  adelante!  tus  hermanos 
que  baña  el  potente  Plata, 
te  batiremos  las  manos 
al  ver  tu  enseña  pasar. 

Ese  tirano  que  rudo 
rasga  á  tu  hermana  las  venas, 
pone,  bárbaro,  en  cadenas 
lo  que  también  es  de  ti; 
pero  mañana  su  cuello 
será  presa  del  verdugo, 
y  el  Paraná  sin  su  yugo 
onreirá  al  verte  feliz. 

IV 

Feliz  en  tu  grandeza 
cual  fuiste  con  tu  lanza, 
lidiando  con  la  saña 
del  desdén  español; 
feliz  como  los  pueblos 
donde  la  mar  alcanza 
dorados  con  la  lumbre 
vd  americano  sol. 

Rasgando  tu  misterio, 
radiante  de  hermosura, 
descubrirás  al  mundo 
tu  rostro  virginal; 


SG8  0BUAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  el  mundo  entusiasmado, 
para  la  virgen  pura, 
de  joyas  de  la  mente 
preparará  un  caudal. 

Que  por  tus  ríos  llenos 
de  vida  y  opulencia 
te  invadirán  torrentes 
de  civilización; 
y  vibrarán  los  ecos 
del  arte  y  de  la  ciencia 
donde  antes  retumbaron 
los  truenos  del  cañón. 

En  el  grandioso  Chaco 
las  fértiles  llanuras 
sorprenderá  la  industria 
del  europeo  al  fin; 
y  en  cada  sol  que  dore 
del  Andes  las  alturas, 
de  tu  futuro  hermoso 
sq  agrandará  el  confín. 

Y  como  aspiras  ámbar 
de  tu  jardín  de  selvas, 
la  atmósfera  del  genio 
respirarás  también; 
que  á  do  tus  manos  lleguon, 
á  do  tu  vista  vuelvas, 
te  bañarás  en  luces 
de  boliviana  sien. 

No  en  vano  en  lo  más  alto 
de  América  blasonas, 
nutriendo  de  tu  seno 
dos  mares  á  la  par; 

gigantes  sin  rivales. 


POESÍAS  DIVERSAS  869 

si  Plata  y  Amazonas 
que  pueden  del  Océano 
las  ondas  desafiar. 

No  en  vano  se  levanta 
«obre  metal  tu  asiento, 
Solivia,  no  hay  arcanos, 
á  tu  destino,  nó; 
la  suerte  de  los  pueblos, 
el  Dios  del  firmamento 
sobre  su  suelo  mismo 
grabada  les  dejó. 

Mañana  tus  hermanos, 
desde  el  Estrecho  al  Istmo, 
á  contemplar  tu  frente 
sus  ojos  alzarán; 
y  con  tus  mismas  alas, 
y  con  tu  genio  mismo, 
tu  porvenir  al  mundo 
contigo  mostrarán. 

Que  á  los  futuros  siglos, 
■del  Andes  se  divisan 
precipitarse  raudos 
al  mundo  de  Colón, 
como  al  nacer  el  alba 
las  luces  que  se  aprisan 
á  iluminar  los  cielos 
en  fúlgida  invasión. 

Mañana  el  europeo 
cuando  á  buscar  se  lance, 
de  América  en  la  orilla 
la  luz  y  libertad; 
Solivia,  quizá  entonces 

MXrmok-24: 


370  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

á  comprender  alcance 
que  viertes  la  más  bella 
radiante  claridad. 

Quien  sabe  si  mañana 
conservarás  tú  sola 
lo  que  otros  al  presente 
destrozan  con  el  pie; 
sobre  el  Perú  y  mi  patria 
de  sangre  hay  aureola, 
y  un  iris  de  bonanza 
sobre  tu  sien  se  ve... 


Bendición  en  la  frente  de  tus  hijos 
que  en  el  hogar  junto  ala  tierna  esposa, 
hablan  de  paz  y  libertad  prolijos, 
tejiendo  palmas  á  su  patria  hermosa. 

Calma  en  las  sienes  de  tu  jefe  y  gloria 
para  su  nombre  que  ennoblece  el  tuyo; 
sonó  ayer  ese  nombre  en  la  victoria, 
y  el  que  hoy  repite  el  mar  también  es  suyo. 

Por  la  tierra  vagando  sin  destino, 
el  sol  desmaya  ante  mi  sien  su  rayo; 
¡hay,  si  el  nombre  infeliz  del  Peregrino 
conservara  tu  rico  Pilcomayo! 


POESÍAS  DIVEBSAS  371 


A  MIS  AMIGOS  DE  COLEGIO 


¡Cuan  dulce  es  el  recuerdo  de  los  primeros  años, 
tan  libres  de  dolores  y  amargos  desengaños, 
entre  amistad  sincera,  bajo  del  patrio  sol; 
cuando  la  vida  se  abre  purísima  y  hermosa 
su  aroma  derramando,  como  la  fresca  rosa; 
cuando  á  pintar  empieza  del  día  el  arrebol! 

Cuando  del  alma  ingenua  la  abrillantada  suerte 
hace  dudar  al  niño  si  hay  para  el  hombre  muerte, 
y  penas  en  el  mundo  para  su  corazón; 
y  nuestro  ayer  se  toca  con  el  arrullo  tierno 
de  nuestra  cuna  de  ángel;  y  el  porvenir,  eterno 
miramos  por  el  prisma  de  la  imaginación. 

Y  se  cree  mentira  lo  que  contar  oímos 
de  humanas  liviandades  y  males  que  no  vimos, 
y  amigos  que  se  venden  y  amores  con  doblez; 
y  á  imaginar  llegamos  al  contemplarlos  viejos, 
que  casi  es  imposible  llegar  hasta  tanlejos, 
ó  que  nos  faltan  siglos  para  sentir  vejez. 

Cuando  en  el  pecho,  inmenso  para  hospedar  amores, 
no  caben  desconfianzas  ni  ingratos  sinsabores, 
en  medio  de  los  sueños  de  música  y  solaz; 
ni  caben  en  el  Orbe  las  bellas  profecías 
que  al  alma  le  diseñan  los  perfumados  días 
que  vienen  sobre  el  ala  de  un  céfiro  de  paz; 


37Ü  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Guando  con  fe  creemos  que  nada  hay  en  el  mundo 
más  bello  que  el  paraje  donde  se  abrió  fecundo 
nuestro  jardín  de  vida  bajo  la  luz  de  Dios; 
donde  nos  dar  no  pueden,  el  cielo  ni  la  vida, 
placer  cual  la  mirada  de  la  primer  querida, 
ni  música  más  dulce  que  la  fraterna  voz. 

Cuando  la  vida  ardiente  con  su  ebriedad  divina 
quiere  apurar  de  nuevo  la  copa  diamantina 
y  su  licor  recoge  del  labio  maternal; 
¡sublimidad  del  alma!  ¡purísimo  embeleso 
que  baja  de  los  cielos  en  el  materno  beso, 
y  desde  el  labio  al  alma  se  escurre  celestial! 

¡Cuan  dulce  es  el  recuerdo  feliz  de  esos  instantes, 
en  medio  de  la  vida  cuando  los  ve  distantes 
la  ya  cansada  vida  del  triste  corazón; 
y  allá  de  lo  pasado  los  toma  la  memoria, 
como  las  flores  secas  de  lápida  mortuoria 
que  cubre  algunos  restos  de  nuestra  adoración! 

Mis  jóvenes  amigos,  vosotros  los  que  un  día 
con  mi  alma  concertasteis  la  candida  armonía 
de  vuestras  bellas  almas  en  la  primer  edad; 
jamás  fué  vuestra  imagen  á  mi  memoria,  ingrata, 
y,  cuanto  más  el  tiempo  mis  esperanzas  mata, 
más  pienso  en  aquel  otro  de  amor  y  de  amistad. 

Con  mis  primeros  sueños;  con  las  primeras  flores 
que  del  jardín  de  mi  alma  vertieron  sus  olores, 
inmaculado  vive  nuestro  recuerdo  en  mí; 
el  tiempo  es  impotente  para  arrancar  tirano 
raíces  que  bordaran  el  corazón  humano, 
cuando  las  toma  virgen  y  las  ahonda  en  sí. 


poesías  diversas  873 

Mi  vida  es  de  recuerdos;  yo  vivo  solamente 
cuando  hasta  lo  pasado  las  alas  de  nii  mente 
me  llevan  y  me  muestran  mi  rauda  juventud: 
allí  á  mi  Buenos  Aires;  la  cuna  de  mi  vida, 
de  mis  primeros  sueños,  de  mi  primer  querida, 
de  mi  primera  falta,  de  mi  primer  virtud. 

Y  en  medio  á  esos  recuerdos  bellísimos  de  mi  alma 
cuando  mis  ojos  lloran  en  soledad  y  calma, 
os  sabe,  como  entonces,  mi  corazón  amar; 
vosotros  que  partíais  conmigo  la  alegría, 
la  ciencia  y  los  desvelos;  la  dulce  simpatía, 
las  verdes  esperanzas,  la  bolsa  y  el  hogar. 

En  esta  vida  errante  que  en  mis  tempranos  años 
arrastro  con  mis  penas  por  medio  á  los  extraños 
¿en  dónde,  en  qué  momento  los  míos  olvidó? 
las  tropicales  brisas,  las  ráfagas  del  polo, 
los  montes  y  el  desierto,  donde  he  llorado  solo, 
conocen  vuestros  nombres  y  mi  sincera  fe. 

Sabedlo,  sí,  más  nunca  me  agradezcáis  tal  cosa: 
pensando  en  la  alborada  de  mi  existencia  hermosa, 
quizá  me  abruma  menos  ni  noche  sepulcral. 
¡Ah!  ¿recordáis,  amigos,  lo  que  era  á  vuestro  lado 
bajo  mi  patrio  cielo?  Pues  bien;  todo  ha  cambiado; 
de  lo  que  yo  era  entonces  no  queda  ni  señal. 

Aquel  cabello  negro  cayendo  en  una  frente 
donde  brillaba  tersa  la  juventud  naciente, 
¿no  recordáis  amigos,  al  recordarme  á  mí, 
mis  atrevidos  ojos,  mi  estrepitosa  risa, 
cuando  íbamos  contentos  á  respirar  la  brisa 
del  Plata,  no  conserva  vuestra  memoria  en  sí? 


374  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Bien;  ruis  cabellos  negros  están  emblanquecidos; 
mi  frente  está  marchita,  mis  ojos  abatidos, 
y  si  mi  labio  ríe  mi  corazón  ya  no. 
Tanto  lie  cambiado,  tanto,  que  si  á  vosotros  fuera, 
¡ay,  cierto;  al  pobre  Mármol  ninguno  conociera, 
si  mi  alma  os  ocultara  que  me  acercaba  yo! 

¡Treinta  años  solamente!  ¿mas  dónde  guarecida 
queda  una  flor  siquiera  de  mi  lozana  vida, 
yermada  por  el  ala  de  rauda  tempestad? 
¿Qué  idea  ha  esperanzado  mi  pensamiento  fuerte, 
que,  al  golpe  de  diamante  de  mi  terrible  suerte, 
no  se  haya  hecho  pedazos  en  mi  temprana  edad? 

¡Oh,  cuántas  veces,  cuántas,  la  sien  he  sacudido; 
y,  cual  salvaje  potro   que  vuela  perseguido, 
sin  freno  me  he  lanzado  buscando  no  sé  qué! 
¡Ay!  sí,  lo  sé,  Olvido: — buscando  solamente 
cualquier  Leteo  humano  donde  bañar  mi  frente, 
donde  alejar  un  poco  lo  que  mi  vista  ve. 

Mas,  ¡eh!  yo  no  he  podido  jamás  con  mi  destino; 
luchamos  brazo  á  brazo  desque  en  mi  busca  vino, 
pero  él  es  un  demonio  con  nervios  de  metal; 
y  por  segar  tan  sólo  de  mi  alma  los  deseos 
me  aparta,  si  los  busco,  de  locos  devaneos, 
y  soy  dos  veces  bueno  sufriendo  doble  mal. 

Sí;  para  mí  en  el  mundo  labrada  está  una  huella: 
venid,  corazón  mío,  marchemos  ¡ay!  por  ella, 
mientras  mi  mano  lleva  la  copa  del  dolor. 
Y  mientras  vas  regando  con  lágrimas  tu  historia, 
te  irá  dando  en  el  mundo  consuelos  mí  memoria, 
las  horas  recordando  de  mi  rosado  albor. 


POESÍAS  DIVERSAS  375 

Venid  por  esa  huella,  mi  vida  será  corta, 
pues  que  la  humana  trama  las  penas  no  soporta 
sino  hasta  cierto  linde  que  determina  Dios. 
Yo  sé  que  de  mi  vida  la  fuente  se  aniquila; 
yo  sé  que  lo  conozco  con  ánima  tranquila, 
sin  lágrima  en  los  ojos  ni  quejas  en  la  voz. 

Amigos  de  mi  infancia;  mis  tiernos  compañeroj, 
que  miro  recordando  mis  dias  placenteros, 
acaso  nunca,  nunca  me  volveréis  á  ver. 
Yo  sé  que  en  mi  sepulcro  no  crecerá  una  rosa 
que  se  abra  y  se  matice  bajo  la  luz  hermosa 
del  sol  que  sorprendiera  mis  ojos  al  nacer. 

Pero  ¡ay!  pagadme  siempre  recuerdo  con  recuerdo, 
y  si  mis  tristes  días  en  suelo  extraño  pierdo, 
los  ecos  no  se  pierdan  de  mi  infeliz  laúd. 
Reconquistad  mis  versos,  en  que  hallaréis  mi  historia; 
después...  después,  acaso,  no  muera  mi  memoria... 
¡Yo  he  pristo  algunas  flores  nacer  de  un  ataúd.! 

Montevideo.  1849. 


SUEÑOS 

Venid,  venid,  ¡oh  sueños!  á  mi  abrasada  frente; 
cubridme  con  celajes  de  púrpura  y  zafir, 
y  siéntame  bañado  de  lumbre  refulgente, 
soñando  que  no  sueño  para  mejor  fingir. 


376  OBRAS  Df¡  JOSÉ  MÁRMOIi 

Venid,  dorados  sueños,  y  el  plácido  murmulla 
perciba  de  la  fuente,  cual  amorosa  voz, 
y  en  los  espesos  bosques  el  inocente  arrullo 
del  céfiro  en  las  hojas,  al  discurrir  veloz. 

Venid,  venid  ¡oh  sueños!  transparentando  cielos 
de  donde  lluevan  palmas  á  mi  inspirada  sien, 
y  mire  descorridos  los  az  alados  velos 
en  las  doradas  puertas  del  suspirado  Edén. 

Y  vaporosas  nubes  de  nítidos  colores, 
apenas  matizadas  con  oro  y  arrebol, 
desciendan,  y  con  ellas,  envuelto  en  sus  vapores, 
me  eleve  á  las  regiones  bellísimas  del  sol. 

Acaso  alguna  de  ellas  me  llevará  en  su  seno 
del  trono  hasta  las  gradas  magnifico  de  Dios; 
y  pueda  allí  de  hinojos  adivinar  el  trueno 
al  escuchar  mi  oído  su  prepotente  voz. 

Y  pueda  allí  de  hinojos  adivinar  mi  mente 
cómo  salió  la  lumbre  del  fúnebre  capuz, 

al  contemplar  absorto  sobre  su  santa  frente 
raudales  destellarse  de  brillantina  luz. 

Y  aquel  eterno,  inmenso,  impenetrable  arcana 
del  soplo  que  alimenta  la  vasta  creación, 
comprenda  cuando  aspire  su  aliento  soberano, 
sintiendo  que  reanima  mi  yerto  corazón. 

Comprenda  esa  tormenta  que  aturde  los  espacios 
convulsionando  mundos  con  su  potente  voz, 
al  ver  su  chispeante  carroza  de  topacios 
rodando  por  las  nubes  con  ímpetu  veloz. 

Y  á  comprender  alcance,  cuando  sus  santas  huellas 


POESÍAS  DIVERSAS  37  i 

los  límites  marcando  del  universo  van, 
como  su  luz  esconden  la  luna  y  las  estrellas 
V  de  temor  los  cielos  relampagueando  están. 

Y  yo,  quizá,  las  orlas  del  plateado  manto 
siguiendo,  y  de  su  carro  la  rapidez  doquier, 
mi  corazón  bañado  de  religioso  llanto 

á  comprender  alcance  su  misterioso  ser. 

Y  palpitando  henchido  de  inspiración  sublimo, 
corriendo  de  su  gloria  mi  corazón  en  pos, 
como  la  voz  del  viento  cuando  en  la  selva  gime, 
se  exhale  melodiosa  mi  conmovida  voz. 

Y  brote  pensamientos  de  mi  inspirada  mente, 
sublimes  y  abrasados  del  fuego  celestial 

que  biilla  en  los  espacios  ya  rojo  y  esplendente, 
ya  en  azulados  mares  de  líquido  cristal. 

Venid,  venid,  ¡oh  sueños!  y  el  corazón  sereno 
con  vuestras  nubes  de  oro  se  envolverá  veloz; 
que  acaso  alguna  de  ellas  me  llevará  en  su  seno 
del  trono  hasta  las  gradas  magnífico  de  Dios. 

Y  olvidaré  soñando  lo  que  despierto  miro 
y  miraré  durmiendo  lo  que  despierto  no... 
Yo  vivo  solamente  cuando  febril  deliro 
que  los  terrenos  lazos  mi  corazón  rompió. 

Conozco,  sí,  que  gozo,  que  vivo  solamente 
si  pienso  que  he  dejado  la  humanidad  detrás, 
y  que  la  mancha  roja  de  su  amarilla  frente 
no  volverán  mis  ojos  á  contemplar  jamás. 

¿Qué  son  ante  la  vida  las  realidades  della 
si  descorrido  el  velo  de  la  razón  las  ve? 


378  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¿Qué  goce,  qué  momento,  qué  sensación  aquella 
que  alguna  yerba  gota  de  sinsabor  no  dé? 

¿Qué  fuera  de  la  vida  si  le  faltara  un  dia 
de  la  florida  mente  la  diamantina  red 
que  compasiva  tiende  sobre  la  fuente  umbría 
do  el  corazón  se  arroja  para  apagar  su  sed? 

¿Qué  fuera  de  mi  vida  sin  la  dorada  alfombra 
que  sobre  el  mundo  pone  para  correr  veloz? 
¡Yenid,  hermosos  sueños,  y  á  vuestra  dulce  sombra 
me  elevaré  al  alcázar  magnifico  de  Dios!... 

Venid,  y  cuando  arroje  de  América  la  gente 
su  grito  de  venganza  con  fratricida  voz, 
yo  soñaré  que  escucho  la  música  inocente 
del  céfiro  en  las  hojas  al  discurrir  veloz. 

Venid,  porque  yo  gozo,  yo  vivo  solamente 
si  pienso  que  he  dejado  la  humanidad  detrás, 
y  que  la  mancha  roja  de  su.  amarilla  frente 
ao  volverán  mis  ojos  á  contemplar  jamás. 

Si  la  ilusión  es  farsa  del  alma  delirante 
si  le  quitáis  al  alma  su  vaporoso  tul, 
también  quitad  al  orbe  su  velo  rutilante, 
que  es  farsa  en  ese  cielo  la  transparencia  azul. 


POESÍAS  DIVERSAS  379 


DESENCANTO 

Á    CÁELOS 


Al  bronco  son  de  súbita  tormenta 
columpiase  el  terráqueo  pavimento; 
y  el  ronco  trueno  con  fragor  revienta, 
y  estalla  el  rayo  y  se  desata  el  viento. 

Y,  cuanto  más  el  huracán  da  paso 
al  trueno,  al  rayo  y  á  la  nube  errante, 
el  Atlas  y  los  Andes  y  el  Caucaso 
tiemblan  sobre  sus  bases  de  diamante. 

Mas,  lanza  del  cénit  luces  la  frente 
del  astro  rey  que  el  universo  dora, 
y  la  paz  desde  el  trono  de  la  aurora 
vuelve  hasta  los  confines  de  Occidente. 

Pasa  la  tempestad,  pasan  las  olas, 
pasan  los  días  del  nevoso  invierno, 
y  renacen  jacintos  y  amapolas 
bajo  otro  sol  vivificante  y  tierno. 

Cortamos  con  afán  pasto  que  enerva 
en  un  sepulcro  venerada  rosa; 
pero  pasa  el  dolor,  crece  la  hierba, 
y  el  rosal  muere  en  la  desierta  losa. 


¡Todo  pasa!  ¡Gran  Dios!  todo  trasmuda 
desde  el  grano  de  polvo  hasta  el  cometa, 


380  OBEAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL- 

y  solamente  su  dolor  no  muda 
el  corazón  del  que  nació  poeta. 

El  canto  del  poeta  es  la  armonía 
que  del  cisne  la  fábula  re-    la, 
que  comienza  su  canto  en  la  agonía, 
y  del  dolor,  cantando  se  consuela. 

Su  suerte  es  cual  la  suerte  de  la  aroma. 
en  su  árbol  espinoso  suspendida, 
que  solamente  con  amor  se  toma 
si  al  pie  del  árbol  se  encontró  caída. 

Su  fugitivo  brillo  es  el  que  inflama 
lámpara  que  desvista  la  pupila, 
que  de  la  lumbre  que  su  sien  derrama 
nace  la  sombra  que  á  su  planta  oscila. 

Ángel  en  proscrición  sobre  la  tierra 
camina  peregrino  entre  profanos, 
y  dentro  el  corazón  recuerdo  encierra 
de  otro  ser,  de  otro  amor,  de  otros  hermanos. 

Tibias  reminiscencias  de  otra  vida 
animada  de  Dios  con  los  alientos, 
que  antes  de  ser  de  lo  alto  desprendida 
vagaba  en  los  celestes  pavimento s. 

Recuerdo  de  una  dulce  melodía 
que  vibra  en  sus  oídos  hechicera; 
recuerdo  de  la  luz  de  un  claro  día; 
recuerdo  de  una  eterna  primavera. 

Por  eso  un.mundo  su  memoria  crea, 
íntimo,  santo,  espiritual  y  puro, 
donde  su  mente  con  valor  campea 
lejos  del  bajo  lodazal  impuro. 

Mezcla  de  sombra  y  luz,  sueña  la  gloria, 
sueña  mundos  de  dichas  y  de  amores, 


POESÍAS  DIVERSAS  381 

y  mego  al  despertar  toca  la  escoria 
de  este  prosaico  mundo  de  dolores. 

Mundo  estéril  en  sí — grano  de  arena 
perdido  en  los  desiertos  del  vacío, — 
y  que  an  montón  de  insectos  acolmena, 
grandes  por  su  insensato  desvarío. 

Parodias  de  poder  cue  alza  las  manos 
para  medir  la  mente  del  poeta,.. 
Sacrilega  intención!,.,  'atrás  profanos!... 
De  rodillas  caed...  es  el  ¿roleta. 

Es  la  palacra  del  Señor  caída; 
la  que  3yó  el  Smaí  sobre  cu  cumbre; 
la  que  tocó  la  sien  adormecida 
de  Abrahám  bajo  mísera  techumbre. 

Es  la  palabra  del  Calvario  Santo 
la  que  en  i\  labio  del  poeta  expira, 
cuando  en  medio  á  la  noche  entona  el  canto 
al  blando  son  do  la  amorosa  lira. 

Cuando  la  tempestad  bate  sus  alas 
y  se  apaga  la  luz  de  las  estrellas, 
obscureciendo  en  las  etéreas  salas 
del  Hacedor  las  veneradas  huellas; 

cuando  la  luna  pálida  desliza 
un  rayo  de  su  luz  sobre  las  olas, 
ó  al  través  de  las  hojas  sublimiza 
el  negro  mármol  de  las  tumbas  solas; 

cuando  al  nacer  el  sol  canta  las  flores 
ó  al  mirar  la  mujer  su  mente  inquieta 
canta  su  corazón  y  sus  amores, 
de  rodillas  caed...  es  el  profeta. 


382  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Su  palabra  es  de  Dios;  su  amor,  profuncí 
¡Silencio!  ¿Qué?  ¿la  humanidad  suspira? 
No...  es  la  grita  bacanal  del  mundo... 
¡Atrás  la  inspiración!...  ¡atrás  la  lira!... 


II 

Apaga,  mi   Carlos, 
la  fúlgida  llama 
que  en  tu  ánima  inflama 
Aquel   que  cuida 
la  sangre  en  la  vida, 
la  aroma  en  la  flor. 
El  joven  y  verde 
retoño  de  palma 
que  crece  en  tu  alma 
sus  raíces  hundiendo, 
y,  apenas  creciendo, 
empaña  su  sombra 
tu  pálida  tez, 
arráncalo,  amigo, 
de  lo  hondo  del  seno, 
que  son  de  veneno 
sus  raices  malditas, 
á  par  que  benditas 
las  flores  que  brota 
para  otros  después. 

Ilt 

¡Poeta!  ¿aqui?  ¿sobre  la  yerma  arena 
do  la  sombra  del  Andes  se  dilata? 


POESÍAS  DIVERSAS  38 E 

¡Oh,  Carlos,  por  piedad;  aquí  no  suena 
sino  el  silbo  del  plomo  que  nos  mata! 

En  los  bosques  de  América  mi  madre 
no  sonará  en  un  siglo  el  arpa  de  oro: 
la  lanza  y  el  cañón  y  el  triste  lloro 
saludarán  del  Inca  el  regio  padre. 

Más  allá  de  los  ríos  y  la  sierra; 
más  allá  de  los  llanos  de  la  Pampa, 
donde  en  cuajos  de  sangre  el  callo  estampa 
el  adiestrado  potro  en  torpe  guerra. 

Más  allá  de  matar,  el  pensamiento 
no  en  la  región  de  América  se  escucha, 
un  siglo  hay  que  lidiar;  y  de  la  lucha 
que  conmueve  del  Andes  el  cimiento, 

otros  siglos  saldrán.  Sobre  las  olas 
y  los  montes  de  América  y  sus  galas 
el  ángel  del  futuro  abre  sus  alas, 
y  en  las  etéreas  cavidades  solas, 

le  canta  el  porvenir.    Cuando    las  pliegue 
reposará  en  la  sien  del  Chimborazo, 
y  al  mundo  de  Colón,  tendido  el  brazo, 
bendecirá  feliz. — Entonces  llegue 

á  tus  nietos  la  lira  y  la  esperanza; 
que  el  genio  entonces  si  á  la  gloria  aspira, 
las  leves  cuerdas  de  la  blanda  lira 
no  cortarán  los  filos  de  la  lanza. 


384  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

IV 

No  cantes,  Carlos  mío;  no  cantes  y  tu  mano 
desprenda  de  la  lira  las  cuerdas  al  vibrar; 
por  compasión,  no  cantes; — yo  te  amo  como  hermano, 
y  al  abrazarte  quiero  tus  ojos  sin  llorar. 

Tus  primitivos  cantos  son  puros  y  suaves 
como  la  luz  del  alba  para  anunciar  el  sol; 
tus  pensamientos,  tristes,  como  las  tiernas  aves 
cuando  á  morir  empieza  del  día  el  arrebol. 

No  cantes,  no;  mi  acento  también  era  de  amores; 
el  trino  de  las  aves,  en  mi  primera  edad  — 
pero  después  mi  labio  se  enmudeció  á  las  flores, 
y  hoy  canto  solamente  la  ronca  tempestad. 

El  astro  de  mi  vida,  distante  del  ocaso, 
se  obscureció  entre  nubes  al  irradiar  mi  sien; 
y  en  sempiterna  noche,  mi  vida  es  el  yerbazo 
que  bate  de  las  ondas  el  rápido  vaivén. 

Si  hubiera  ido  con  ellos  y  con  la  hoz  filosa, 
cuando  á  segar  las  mieses  los  labradores  van; 
tendría  alguna  patria,  tendría  alguna  choza 
y  un  rato  de  sosiego  para  comer  mi  pan. 

Oiría  de  mis  padres  los  candidos  consejos, 
de  los  prendidos  leños  á  la  amarilla  luz; 
y,  cuando  ya  del  mundo  se  despidieron,  viejos, 
iría  por  las  tardes  á  venerar  su  cruz. 

Y  el  sitio  de  su  lecho,  más  tarde  con  mi  esposa 
del  nuestro  fuera  sitio  como  heredado  bien; 
y  el  mío  ocuparía  mi  prole  cariñosa, 
hasta  llevar  mis  huesos  junto  á  la  cruz  también. 


poesías  diversas  385 

Pero  ¡ay!  la  luz  del  alma  tan  sólo  alimentara, 
y  vivo  cual  arista  que  lleva  el  aquilón; 
sintiendo,  cual  sarcasmo  de  mi  fortuna  rara, 
que  si  me  falta  suerte  me  sobra  corazón. 

¡Quién  sabe  si  la  copa  que  rebordó  temprana 
me  guarda  todavía  las  heces  de  la  hiél! 
¡Quién  sabe,  sí,  quién  sabe  si  llegaré  mañana 
al  pie  de  tus  umbrales  para  dormir  en  él! 

Y,  en  tanto  que  las  playas  del  extranjero  habito, 
¿qué  pecho  conmovido  palpitará  por  mí? 
¿Qué  aliento  por  mi  frente  discurrirá  bendito 
para  apagar  acaso  mi  sufrimiento  así? 

f'  ¿Cuál  voz  me  pertenece?  ¿Cuál  alma  me  adivina? 
¿En  qué  amoroso  seno  reclinaré  mi  sien? 
¿Quién  es  la  que  su  rostro  sobre  mi  rostro  inclina 
y  me  habla  misteriosa  de  sus  amores,  quién? 

Ninguna,  ¡ay!  ¡Quién  ama  del  pobre  Peregrino 
su  pálido  presente,  su  obscuro  porvenir!! 

Si  encuentra  alguna  rosa  perdida  en  su  camino, 
la  fiebre  de  su  mano  le  secará  el  vivir. 

No  cantes,  caro  amigo.  De  la  sensible  lira 
mis  fibras  se  ablandaron  al  inspirado  son; 
y  el  hálito  del  viento  que  por  mi  sien  suspira 
conmueve  y  estremece  mi  herido  corazón. 

Más  joven  que  tu  amigo  no  elevarás  el  canto; 
no  aspirarás  más  joven  el  aura  popular; 
y  al  descender  los  años  habrás  llorado  tanto 
que  se  helará  en  tus  ojos  la  lágrima  al  brotar 
.     Mármol.— 25 


386  OBRAS  BE  JOSB  MÁRMOL 

Y,  tras  los  desengaños,  el  frío  escepticismo 
te  filtrará  cual  filtra  la  nieve  por  la  flor, 
y  dejará  insensible  dentro  tu  pecho  mismo, 
como  en  la  flor  el  ámbar,  tu  fraternal  amor. 

Y  si  ora  te  enamoras  de  la  insensible  piedra, 
del  ave,  de  la  hormiga,  del  huérfano  alhelí, 
mañana  de  las  tumbas  arrancarás  la  yedra, 
indiferente  el  muerto  y  el  vivo  para  ti. 

Y  un  día  de  ventura,  más  tarde  será  vago 
recuerdo  que  los  velos  del  tiempo  cubrirán; 
como  al  nadar  un  cisne  por  agitado  lago 

sus  huellas  poco  á  poco  despareciendo  van. 

No  cantes,  vulgariza  tu  sien  entre  los  hombres, 
en  medio  al  laberinto  te  mirarás  feliz, 
pues   con  saber  tan  sólo  sus  rostros  y  sus  nombres 
no  perderán  tan  pronto  tus  flores  el  matiz. 

V 

Mas  si  tu  alma  necesita 
romper  los  terrenos  lazos, 
ven,  dulce  amigo,  á  mis  brazos 
y  conversemos  los  dos. 

¡Que  unísonos  confundiendo 
tu  corazón  con  el  mío, 
cuando  el  mundo  nos  dé  hastío 
conversaremos  de  Dios! 

Y,  al  cesar  nuestras  palabras, 
tú  te  volverás  al  mundo; 
yo  me  volveré  al  profundo 
arcano  del  corazón; 

de  donde  arranco,  mi  Carlos, 
pedazos  de  mi  existencia, 
al  sacar  de  la  conciencia 
raíces  de  la  inspiración. 
Rio  Janeiro,  Noviembre  de  1844, 


POESÍAS  DIVERSAS  3S  i 


EN  UN  ÁLBUM 

AL    PIE    DE    UNA    PINTURA    QUE    REPRESENTA     LA    MELANCOLÍA 

La  imagen  enlutada  de  la  Melancolía, 
de  -tu  Álbum,  bella  amiga,  destiérrala,  por  Dios; 
contempla  que  los  cielos  al  despuntar  el  día 
despiden  á  la  sombra  para  que  brille  el  sol- 

A  todas  estas  hojas  adórnalas  de  ñores 
y  versos  armoniosos  como  tu  dulce  voz; 
y  deja  se  deslice,  soñando  con  amores, 
de  tus  amenos  días  el  delicado  albor. 

Pero  ¡ay!  si  conocieras  que  tu  existencia  un  día 
es  tal,  que  con  lo  triste  consuelas  tu  dolor; 
no  busques  el  retrato  de  la  Melancolía; 
su  original,  si  quieres,  está  en  mi  corazón. 


ROSAS 

El  25  DE  MAYO  DE  1850 

¡Rosas!  ¡Rosas!  Un  genio  sin  segundo 
formó  á  su  anto¿o  tu  destino  extraño; 
después  de  Satanás,  nadie  en  el  mundo, 
cual  tú  hizo  menos  bien  ni  tanto  daño. 


388  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Abortado  do  iln  crimen  has  querido 
que  se  hermanen  tus  obras  con  tu  origen; 
y,  jamás  del  delito  arrepentido, 
sólo  las  horas  de  quietud  te  afligen. 

Con  las  llamas  del  Tártaro  encendida 
una  nube  de  sangre  te  rodea; 
y  en  todo  el  horizonte  de  tu  vida 
sangre  ¡bárbaro!  y  sangre  y  sangre  humea 

Tu  mano  conmoviera  como  el  rayo 
los  cimientos  de  un  templo;  y,  de  repente, 
desde  el  altar  los  ídolos  de  Mayo 
vertieron  sangre  de  su  rota  frente. 

La  justicia  se  acerca  religiosa 
á  llamar  en  la  tumba  de  Belgrano; 
y  ese  muerto  inmortal  le  abre  su  losa, 
alzando  al  cielo  su  impotente  mano. 

La  libertad  se  escapa  con  la  Gloria 
á  esconderse  en  las  grietas  de  los  Andes, 
reclamando  á  los  hielos  la  memoria 
de  aquellos  tiempos  en  que  fueron  grandes. 

Los  ídolos  y  el  tiempo  desparecen; 
se  apagan  los  radiantes  luminares; 
y  en  sangre  inmaculada  se  enrojecen 
los  fragmentos  de  piras  y  de  altares. 

Gloria,  nombre,  virtud,  patria  argentina, 
todo  perece  do  tu  pie  se  estampa; 
todo  hacen  polvo,  en  tu  ambición  de  ruina, 
bajo  el  casco  los  potros  de  tu  pampa. 

Y  bien,  E-osas  ¿después?  tal  es — atiende — ■ 


POESÍAS  DIVERSAS  889 

la  pregunta  de  Dios  y  de  la  historia: 
ese  después  que  acusa  ó  que  defiende 
en  la  ruina  de  un  pueblo,  ó  en  su  gloria. 

Ese  después  fatal  á  que  te  reta 
sobre  el  cadáver  de  la  patria  mía, 
en  mi  voz  inspirada  de  poeta, 
la  voz  tremenda  del  que  alumbra  el  día. 

Habla:  y,  en  pos  la  destrucción,  responde: 
¿Dó  están  las  obras  que  brotó  tu  mano? 
¿Dónde  tu  creación?  ¿las  bases  dónde 
de  grande  idea  ó  pensamiento  vano? 

¿Qué  mente  hubiste  en  tu  sangriento  insomnio 
que  á  tanto  crimen  te  impeliese  tanto? 
¡Aparta,  aparta,  aborto  del  demonio 
que  haces  el  mal  para  gozar  del  llanto! 

La  raza  humana  se  horroriza  al  verte, 
hiena  del  Indo  transformada  en  hombre; 
mas  ¡ay  de  ti,  que  un  día  al  comprenderte 
no  te  odiará,  despreciará  tu  nombre! 

El  tiempo  sus  momentos  te  ha  ofrecido; 
la  fortuna  ha  rozado  tu  cabeza; 
y,  bárbaro  y  no  más,  tú  no  has  sabido 
ni  ganar  tiempo,  ni  ganar  grandeza. 

Tumbaste  una  república,  y  tu  frente 
con  diadema  imperial  no  elevas  ledo; 
murió  la  libertad,  y,  omnipotente, 
esclavo  vives  de  tu  propio  miedo. 

Quieres  ser  rey,  y  temes  se  convierta 
en  la  corona,  de  Milán  la  tuya; 


S90  OBRAS  BE  JOSÉ  MARMOL 

quieres  ser  grande  y  tu.  áninra  no  acierta 
cómo  elevarte  de  la  esfera  suya. 

Tu  reino  es  el  imperio  de  la  muerte; 
tu  grandeza  el  terror  por  tus  delitos; 
y  tu  ambición,  tu  libertad,  tu  suerte 
abrir  sepulcros  y  formar  proscritos. 

Graucho  salvaje  de  la  pampa  ruda, 
aso,  no  es  gloria  ni  valor  ni  vida; 
eso  es  sólo  matar  porque  desnuda 
te  dieron  una  espada  fratricida. 

Y,  grande  criminal  en  la  memoria 

del  mundo  entero,  de  tu  crimen  lleno, 
serás  reptil  que  pisará  la  historia 
con  asco  de  tu  forma  y  tu  veneno. 

Uerón  da  fuego  á  Roma  y  lo  contempla, 
y  hay  no  sé  qué  de  heroico  en  tal  delito; 
mas  tú,  con  alma  que  el  demonio  templa, 
cuanto  haces  lleva  tu  miseria  escrito. 

Ningún  Atrida  al  peligrar  vacila, 
y  tú,  más  que  ellos  para  el  mal  temblaste; 
y,  más  sangriento  que  el  sangriento  Atila, 
jamás  la  sangre  de  la  lid  miraste. 

En  todas  esas  águilas  que  asieron 
la  humanidad  y,  en  fiebre  carnicera, 
con  sus  garras  metálicas  la  hirieron, 
cupo  alguna  virtud:  valor  siquiera. 

Pero  tu  corazón  sólo  rebosa 
de  miserias  y  crímenes  y  vicios, 
oon  una  sed  estúpida  y  rabiosa 
do  hacer  el  mal  y  de  inventar  suplicios. 


"POESÍAS  DIVERSAS  891 

Ni  siquiera  te  debes  el  destino 
con  que  tu  sed  de  sangre  has  apagado; 
tigre  que  te  encontraste  en  el  camino 
un  herido  león  que  has  devorado. 

Espíritu  del  nial  nacido  al  mundo, 
no  has  sido  bueno  ni  contigo  mismo, 
y  sólo  dejarás  un  nombre  inmundo 
-al  descender  á  tu  primer  abismo. 

Te  nombrarán  las  madres  á  sus  hijos 
cuando  asustarlos  en  la  cuna  quieran; 
y  ellos  temblando  y  en  tu  imagen  fijos 
se  dormirán  soñando  que  te  vieran. 

Los  trovadores  pagarán  tributo 
á  los  cuentos  que  invente  tu  memoria;       / 
y  execrando  tus  crímenes  sin  fruto, 
rudo  y  vulgar  te  llamará  la  historia. 

¡Ah!,  que  casi  tus  crímenes  bendigo, 
ante  el  enojo  de  la  patria  mia, 
porque  sufras  tan  bárbaro  castigo 
mientras  alumbre  el  luminar  del  día. 

Porque  mientras  el  sol  brille  en  el  Plata 
aquel  castigo  sufrirás  eterno; 
nunca  á  tu  nombre  la  memoria,  ingrata: 
nunca  á  tu  maldición  el  pecho,  tierno; 

Y  por  último  azote  de  tu  suerte, 
verás,  al  respirar,  que  se  levanta 
bello  y  triunfante  y  poderoso  y  fuerte 
el  pueblo  que  ultrajaste  con  tu  planta. 

Pues  no  habrá  en  él,  de  tus  aleves  manos, 
más  que  una  mancha  sobre  el  cuello  apenas; 
que  tú  no  sabes,  vulgo  de  tiranos, 
ni  dejar  la  señal  de  tus  cadenas. 


392  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOIi 


ADIÓS  A  MONTEVIDEO 


¡Adiós  voluptuosa  coqueta  del  Plata 
que  lloras  y  cantas  á  orillas  del  mar; 
y  el  mar  en  sus  brazos  te  besa,  y  retrata 
sobre  olas  azules  tu  nítida  faz! 

¡No  en  vano  quisieron  señores  de  antaño, 
robarte  do  niña,  y  esclava  te  hacer, 
mas  ¡ay!  que  llegaron  al  Plata  en  su  daño 
los  regios  piratas  quo  huyeron  después! 

¡Yo  sé  que  no  es  mucho  tu  amor  á  los   míos, 
vejeces  de  Artigas,  caprichos  no  más! 
Vendrán  otros  tiempos  de  menos  desvíos 
y  más  reflexiva  tu  amor  nos  darás. 

Un  vértigo  agita  tu  joven  cabeza, 
y  hoy  vives  con  risas  y  llanto  á  la  Tez; 
beldad  que  en  el  mundo  tus  horas  empieza, 
ingrata  por  gusto  de  verse  querer. 

Dejemos  al  tiempo...  per  mí,  y?  te  culero, 
y  el  alma  me  duele  diciéndote  , adiós! 
do  amDr  y  placeres  copioso  venero 
¿por  qué  no  te  llaman.  Oriente  de  amor? 

Si  valen  tus  hombres,  ni  sé.  ni  me  inquieta; 
mas  ¡ay'  lo  que  valen  tus  hijas  ;o  sé; 
sus  ojos  me  hirieron  mi  ser  de  poeta, 
jugando  con  mi  alma  su  fe  de  mujer. 

Mis  bellos  veinte  años  su  jardín  abrieron 
en  medio  á  tus  hijas  de  talle  gentil, 


POESÍAS  DIVERSAS  393 

¡nací  tan  sensible!  ¡tan  lindas  nacieron; 
¿qué  hacer?  di  las  ñores  de  todo  el  jardín. 

Las  vi  tan  hermosas  que  la  culpa  es  de  ellas, 
si  á  todas  no  he  dado  recuerdos  de  amor; 
que  es  poco  galante  doncel  que  entre  bellas 
ofende  á  las  otras  con  una  excepción. 

Y  sólo  advirtiendo  que  mi  ofrenda  pura 
no  todas  querían,  ingratas,  tomar, 
vengúeme  de  todas,  hasta  la  locura 
queriendo  una  sola  de  tanta  beldad. 

Verdad  es  que  sola  por  todas  valía, 
que  es  bien  el  llamarla  belleza  oriental; 
mas  de  aquel  oriente  do  Mahoma  envía 
huríes  que  sobran  al  jardín  de  Alá. 

¡Qué  noches!  ¿recuerdas?  la  vían  mis  ojos 
más  linda  que  miro  la  estrella  y  la  flor; 
más  llena  de  encantos  de  amor  y  sonrojos 
que  asoma  en  verano  la  luz  del  albor. 

Su  esbelta  figura,  sus  negros  cabellos, 
sus  ojos  más  negros,  su  pálida  tez... 
¿por  Dios,  que  pasaron  momentos  tan  bellos! 
¡per  Dios,  que  no  pueden  volver  otra  vez! 

¡Adiós  voluptuosa  coqueta  del  Plata, 
de  en  medio  á  las  ondas  te  envío  mi  adiós; 
el  alma  que  abrigo  jamás  será  ingrata, 
y  pues  fui  dichoso,  bendígate  Dios! 


AL  SOL 

Perqué  pasas  ¡oh  rey  de  los  astros! 
de  las  puertas  que  te  abre  el  oriente 
¿por  qué  deja  más  tarde  tu  frente 


394  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

del  ocaso  los  bordes  también? 

Dos  momentos  no  más  eres  bello 
á  los  ojos  del  ánima  mía: 
el  momento  en  que  anuncias  el  dia, 
y  el  momento  en  que  velas  tu  sien. 

Esa  lluvia  de  llamas  que  viertes 
en  tu  vasta  y  radiante  carrera, 
da  sublime  esplendor  á  la  esfera, 
mas  no  al  alma  ilusiones  de  amor. 

Al  mirarte  en  el  cénit,  mi  alma 
se  concentra  ofendida  y  vacila, 
como  tiembla  la  herida  pupila 
á  tu  rojo  y  ardiento  color. 

En  la  luz  hay  misterios  divinos 
que  no  alcanzan  las  almas  de  hielo; 
tú  lo  tienes,  lumbrera  del  cielo, 
foco  eterno  de  vida  y  de  luz. 

¡Gloria  al  bello  momento  en  que  asomas 
sobre  cunas  de  nácar  y  rosas! 
gloria  ¡oh  sol!  ¡cuando  débil  te  embozas 
entre  velos  de  leve  capuz...! 

Desde  el  cielo  á  este  mísero  mundo 
todo  el  orbe  respira  alegría 
cuando  pintas  las  rosas  del  día 
de  la  aurora  en  la  candida  tez. 

Cual  despliegan  las  flores  su  broche, 
abre  el  alma  sus  cálices,  pura, 
y  en  amor  y  esperanza  y  ventura 
se  armoniza  y  suspira  á  la  vez. 

De  la  aurora  las  lágrimas  brillan; 
olas  de  ámbar  y  amor  se  esparraman; 
y,  á  la  par  de  las  aves,  te  aclaman 
bosque  y  prados,  montañas  y  mar. 

Allí  copias  la  vida  del  hombre 


POESÍAS  DIVERSAS  29? 


cuando  empieza  sus  horas  de  inundo, 
cuando  todo  es  etéreo  y  fecundo, 
cuando  es  dulce  hasta  el  mismo  llorar. 

¡Gloria,  gloria,  tesoro  del  cielo, 
cuando  llegas  también  al  ocaso, 
y  con  lento  fatídico  paso 
vas  diciendo  á  los  hombres  ¡adiós! 

Cuando  cerca  á  tu  pálida  frente 
las  estrellas  asoman  prolijas, 
como  en  torno  á  su  padre  las  hijas 
¡cuando  su  alma  se  vuela  hasta  Dios! 

Nada  muere  á  los  ojos  del  hombre 
sin  robar  á  tu  pecho  un  suspiro; 
y  al  bajar  de  tu  espléndido  giro 
viertes  ¡ay!  melancólico  amor. 

¿Quién  mirando  tu  lumbre  postrera, 
no  ha  llorado  una  vez  en  su  vida, 
al  influjo  de  pena  escondida, 
sin  poder  definir  su  dolor? 

Dios,  la  patria,  destino  y  amada 
on  recuerdos  constantes  del  alma, 
en  las  horas  de  paz  y  de  calina 
en  que  tocas  del  cielo  el  confín. 

Y  en  el  alma  el  amor  te  dilata 
con  más  dulce  verdad  en  su  esencia; 
porque  todo  es  amor  la  existencia, 
cuando  piensa  un  momento  en  su  fin. 

Y  en  la  tumba  de  ocaso  cayendo 
tu  opulenta  magnífica  frente, 
para  luego  llegar  al  oriente 

de  otra  nueva  lejana  región, 

representas  la  vida  del  hombre 
descendiendo  á  la  vida  del  suelo, 


396  obras  be  jóse  mármoi» 

y  á  la  vez  remontando  su  vuelo 
fugitiva  á  otra  nueva  mansión. 

G-loria  ¡oh  Sol!  cuando  pintas  el  alba 
con  un  tenue  carmín  de  tu  rayo. 
G-loria  ¡oh  Sol!  al  llegar  en  desmayo 
¡á  la  tumba  de  ocaso  también! 

Dos  momentos  sublimes  te  muestras 
á  los  ojos  del  ánima  mía: 
el  momento  en  que  anuncias  el  día, 
y  el  momento  en  que  guardas  tu  sien. 
Montevideo,   1848. 


RECOGIMIENTO 

Volad  de  mi  memoria  pensamientos 
del  mundanal  perpetuo  desvarío, 
sarcasmos  de  grandeza  y  poderío 
que  altanera  la  mente  concibió; 
fosfóricos  destellos  que  fulminan 
relámpagos  de  luz  al  pensamiento 
para  dejar  más  negro  el  fingimiento 
luego  que  el  brillo  de  su  luz  murió. 

Volad,  y  en  vuestras  alas  fugitivas 
arrebatad  mi  perdurable  duda; 
dejad  mi  alma  tenebrosa  y  muda, 
pero  al  menos  dejadla  esa  verdad. 
Deshaced  en  mi  ardiente  fantasía 
ese  que  forma  brillan  tino  encaje 
para  ver  al  través  de  su  celaje 
mentida  la  enlutada  realidad, 


P0E8ÍA.S  DIVERSAS  337 

Hoy  no  quiero  que  brillen  mis  palabras 
al  resplandor  de  mi  abrasada  mente, 
ni  tampoco  que  exhale  tristemente 
un  tono  melancólico  mi  voz, 
hoy  siento  que  me  abruma  la  existencia, 
me  pesa  el  corazón,  me  duele  el  aloia, 
y  quiero,  sólo  en  mi  majestuosa  calma 
salir  del  mundo  para  hablar  con  Dios!... 

Perdóname,  Señor,  si  tanto  elevo 
mi  orgullo  de  mortal: — hablo  contigo 
cuando  las  huellas  de  tu  gloria  sigo 
remontado  en  las  alas  de  la  fe, 
y  en  ellas,  religioso  el  pensamiento,  1 
volando  á  las  regiones  de  tu  gloria, 
mas  te  veo,  Señor,  que  en  la  memoria 
me  hallo  de  hinojos  á  tu  mismo  pie. 

Yo  te  miro,  Señor,  sobre  tu  trono 
rayos  vertiendo  do  divina  lumbre, 
que  refleja  la  vasta  muchedumbre 
de  esos  globos  de  fúlgido  esplendor. 
Rayos  que  parten  de  tu  frente  hermosa 
para  argentar  los  anchos  universos, 
discurriendo  sutiles  y  diversos, 
cambiando  de  sendero  y  de  color 

Yo  percibo  el  aliento  de  tu  boca 
para  los  mundos  delicada  brisa, 
y  miro  por  tu  rostro  la  sonrisa 
al  ver  los  mundos  respirar  en  él. 
Giras  tus  ojos  y  los  astros  giran; 
y,  cada  paso  que  tus  plantas  sellan 
los  siglos  y  los  siglos  se  atropellan 
gigantes  que  te  siguen  en  tropel. 

¡Veneración,  Señor!  el  alma  mía 


398  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

se  embriaga  con  los  himnos  de  tu  coro? 
que  en  arpas  de  marfil  y  liras  de  oro 
los  tonos  acompañan  de  tu  voz. 
Atónito  mi  espíritu  les  oye... 
suavísima  encantada  melodía... 
olas  leves  de  mística  armonía 
cruzan  la  esfera  repitiendo — ¡Dios! 

Son,  Dios  mío,  tus  ángeles  divinos 
que  suspenden  las  orlas  de  tu  manto, 
y  en  redor  de  tu  trono  alzan  el  canto 
que  no  sube  más  alto  de  tu  sien... 
Cantan  y  vuelan  en  redor  del  cielo, 
y,  con  la  lumbre  que  brillante  exhalas, 
se  atornasolan  sus  pequeñas  alas, 
que  brillan,  se  obscurecen  y  se  ven. 

Cantan,  y  las  estrellas  reverberan 
sobre  el  Éter  magníficos  colores; 
abren  sus  globos  las  pintadas  flores 
y  regalan  perfumes  á  su  voz. 
El  mar  se  duerme,  y  el  desierto  calma 
al  vendabal  en  sus  ligeras  huellas: 
pues  desiertos  y  mar,  flores  y  estrellas 
quedan  acordes  murmurando:  ¡Dios! 

Veneración,  jSeñor!  En  todas  partes 
absorta  te  contempla  el  alma  mía; 
la  obscura  noche  y  el  rosado  día 
mirad,  me  dicen,  tu  Hacedor  ahí. 
Las  sombras  de  la  tardo  misteriosas 
del  céfiro  apacible  los  suspiros, 
de  la  aurora  las  perlas  y  zafiros, 
mirad,  me  dicen,  tu  Hacedor  aquí. 

Áqiú  está  Dios,  me  grita  revolviendo 
sus  crines  espumosas  el  Océano, 


poesías  diversas  39$ 

frenético  azotando  soberano 
las  rocas  que  sus  límites  le  dá. 
Aquí  está  Dios  la  roca  le  responde; 
grita  en  su  cima  el  águila  lo  mismo, 
y  el  Leviatán  contesta  del  abismo: 
Aquí  también  el  Hacedor  está. 

¿Pero  dónde,  Señor,  más  te  percibo? 
¿Dónde  más  sabio  y  poderoso  y  bueno? 
Aquí  buen  Dios,  en  mi  doliente  seno 
cuando  llevo  mi  mano  al  corazón; 
cuando  la  sangre  como  llama  siente, 
cuando  al  impulso  del  dolor  palpita, 
cuando  el  influjo  de  tu  fe  bendita 
le  inspira  angelical  resignación. 

¿Qué  dolor  desconoce  el  pecho  mío? 
¿Qué  llanto  no  ha  caído  de  mis  ojos? 
¿Y  en  qué  pena  también,  mi  alma  de  hinojos 
no  se  postró  para  elevarse  á  ti? 
¿Y  en  qué  momento  le  negaste  á  mi  alma 
paz  y  consolación  en  sus  pesares, 
á  la  luz  de  tus  pardos  luminares 
en  que  más  bajas  silencioso  á  mí? 

Veneración,  ¡Señor!  ¿quién  en  silencio 
puede  mirar  las  fúlgidas  estrellas, 
sin  mirarte  también  en  medio  á  ellas 
animando  su  cólico  esplendor? 

Yo  te  adoro,  mi  Dios;  yo  te  [comprendo 
y  á  ti  dirijo  mi  sentido  canto, 
por  hoy  mis  ojos  necesitan  llanto, 
y  lloro  conversándote,  Señor... 

Mi  planta  marcha  herida 
del  mundo  en  el  camino; 
las  flores  de  mi  vida 


400  OBRAS  DE  JOSÉ  Mi  RMOEi 

deshoja  el  vendaval; 
las  nubes  so  amontonan 
en  torno  á  mi  destino, 
¡proteja  al  Peeegeino 
tu  mano  celestial! 

En  mi  época  de  zana 
se  agota  mi  existencia, 
como  en  arena  extraña 
la  trasplantada  flor; 
Pero  una  voz  secreta 
de  tu  divina  esencia 
conforte  mi  conciencia, 
me  aliente  de  valor. 

Doquier  giro  mis  ojos 
me  encuentro  desvalido, 
injusto  sus  enojos 
el  mundo  me  lanzó. 
Mas  yo,  Señor,  su  dicha 
temblando  te  la  pido; 
mi  llanto  en  el  olvido 
por  siempre  se  quedó. 


CRISTÓBAL  COLON 

Dos  hombres  han  cambiado  la  existencia 
de  este  mundo  en  los  siglos  peregrino: 
el  labio  de  Jesús  le  dio  otra  esencia, 
y  el  genio  de  Colón  otro  destino. 

Completaron  de  Dios  la  mente  misma 
á  inspiraciones  de  su  amor  profundo; 
uno  del  alma  iluminando  el  prisma, 
otro  haciendo  de  dos  un  solo  mundo. 


En  supremo  embeleso 
Cantos  del  peregkino 


Lamina  VIII 


POESÍAS  DIVERSAS  401 

Ángel,  genio,  mortal,  que  no  has  logv  ~  '  > 
legar  tu  nombre  al  mundo  de  tu  gloria; 
que  ni  ves  en  su  suelo  levantado 
un  pobre  monumento  á  tu  memoria. 

¡Ah,  bendita  la  pila  de  tu  frente 
se  mojara  en  el  agua  del  bautismo, 
y  el  ala  de  tu  genio  amaneciente 
se  tocara  en  la  unción  del  cristianismo! 

Ángel,  genio,  mortal,  yo  te  saludo 

desde  el  seno  de  América,  mi  madre; 

de  esta  tierna  beldad  que  el  mar  no  pudo 

robarla  siempre  á  su  segundo  padre- 
La  hallaste,  y  levantándola  en  tu  mano 

radiante  con  sus  gracias  virginales, 

empinado  en  las  ondas  del  Océano 

se  la  enseñaste  á  Dios  y  á  los  mortales. 

Después  de  Cristo,  en  el  terráqueo  asiento, 
siglo,  generación,  ni  raza  alguna 
ha  conmovido  tanto  su  cimiento, 
como  el  golpe  inmortal  de  tu  fortuna 

A  su  grandeza  un  siglo  era  pequeño; 
y  en  los  futuros  siglos  difundida, 
es  el  eterno  Tiempo  el  solo  dueño 
de.  tu  obra  inmensa  en  su  grandiosa  vida. 

Tú,  como  Dios  al  derramar  fulgentes 
los  mundos  todos  en  la  obscura  nada, 
al  más  allá  de  las  futuras  gentes 
diste  sin  fin  tu  América  soñada. 

En  cada  siglo  que  á  la  tierra  torna, 
la  tierra  se  columpia,  y,  paso  á  paso, 

Mármol.  -26 


402  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

su  destino  la  América  transtorna, 
y  muda  el  sol  su  oriente  en  el  ocaso. 

Obra  es  tuya,  Colón;  la  hermosa  perla, 
que  sacaste  del  fondo  de  un  océano; 
al  través  de  los  siglos  puedes  verla 
sobre  la  frente  del  destino  humano. 

El  ángel  del  futuro  rompió  el  lazo 
que  á  las  Columnas  de  Hércules  le  ataba, 
y  saludó  en  la  sien  del  Chimborazo 
los  desiertos  que  América  encerraba. 

No  de  la  Europa  quebrará  la  frente, 
el  rudo  potro  del  sangriento  Atila; 
pero  ¡ay!  el  tiempo  en  su  veloz  corriente 
mina  el  cimiento  donde  ya  vacila. 

El  destino  del  mundo  está  dormido 
al  pie  del  Andes  sin  soñar  su  suerte; 
falta  una  voz  bendita  que  á  su  oido 
hable  mágico  acento  y  le  despierte. 

Un  hombre  que  á  esta  tímida  belleza 
le  quite  el  azahar  de  sus  cabellos, 
y  ponga  una  diadema  en  su  cabeza 
y  el  manto  azul  sobre  sus  hombros  bellos. 

Si  no  te  han  dado  monumento  humano, 
si  no  hay  Colombia  en  tu  brillante  historia, 
¿Qué  importa?  ¡Eh!  tu  nombre  es  el  Océano, 
y  el  Andes  la  columna  de  tu  gloria. 

¿Qué  navegante  tocará  las  olas 
donde  se  pierde  la  polar  estrella, 
sin  divisar  en  las  llanuras  solas 
tu  navio,  tus  ojos,  y  tu  huella? 

¿Sin  ver  tu  sombra,  allí  do  misterioso 


poesías  diversas  403 

el  imantado  acero  se  desvía; 

y  un  rayo  de  tu  genio  poderoso 

que  va  y  se  quiebra  donde  muere  el  día? 

¿Quién,  al  pisar  la  tierra  de  tu  gloria, 
no  verá  en  sus  montañas  colosales, 
monumentos  de  honor  á  tu  memoria, 
como  tú  grandes,  como  tú  inmortales? 

¡Salve,  Genio  feliz!  mi  mente  humana 
ante  tu  idea  de  ángel  se  arrodilla, 
y  de  mi  labio  la  expresión  mundana 
ante  tu  santa  inspiración  se  humilla. 

Por  un  siglo  tus  alas  todavía 
plegadas  ten  en  los  etéreos  velos, 
de  donde  miras  descender  el  día 
hasta  el  cristal  de  los  andinos  hielos. 

Baja  después.  De  la  alta  cordillera 
los  ámbitos  de  América  divisa; 
y,  como  Dios  al  contemplar  la  esfera, 
sentirás  de  placer  dulce  sonrisa. 

El  ángel  del  futuro  á  quien  sacara 
de  los  pilares  de  Hércules  tu  mano, 
te  mostrará  Colón,  tu  virgen  cara, 
feliz  y  dueña  del  destino  humano. 

Vuelve  después  á  tu  mansión  de  gloria 
á  respirar  la  eternidad  de  tu  alma, 
mientras  queda  en  el  mundo  á  tu  memoria 
sobre  el  Andes  eterno,  eterna  palma. 

Montevideo,  Octubre  12  de  1849. 

LOS  TRES  INSTANTES 

EL  4  DE  OCTUBRE 

Bella  como  la  imagen  de  mis  ensueños; 
pura  como  la  risa  de  la  infancia; 


404  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

triste  como  las  sombras  de  la  tarde; 
libre  como  la  brisa  del  desierto, — 

así  encontróla  un  día; 
á  la  hechicera  mía; 
así,  como  reviste 
mi  mente  la  hermosura: 
«Tan  bella  como  triste, 
»tan  libre  como  pura.» 

EL    4  DE    NOVIEMBRE 

Sensible  cual  la  blanca  mariposa; 
ardiente  como  el  alma  del  poeta; 
tierna  como  la  tórtola  en  su  nido; 
mía  como  del  hombre  el  pensamiento, — 

así  la  oprimí  un  día 
contra  mi  seno  herviente; 
así,  cual  yo  tenía 
la  mujer  en  mi  mente: 
«Sensible  como  ardiente, 
>y  tierna  como  mía.» 

EL  17  DE  NOVIEMBRE 

Para  siempre  cual  humo  en  el  espacio, 
cual  meteoro  que  pasa  fugitivo, 
cual  idea  en  delirios  inspirada, 

"-ual  el  alma  del  cuerpo  desprendida, 

* 

así  perdíla  un  día 
cuando  pensé  era  mía 
hasta  la  eternidad; 
así,  para  mis  ojos 
no  heredar  ni  despojos 
de  la  felicidad. 

Negro  como  la  noche  misteriosa, 
agrio  como  las  heces  del  veneno, 
frío  como  el  cadáver  de  la  tumba, 
mustio  como  la  lumbre  del  osario,— 
así  quedó  de  entonce 


poesías  diversas 

marchito  y  espirante 
mi  espíritu  de  bronce; 
así,  que  un  solo  instante 
bastó  para  poseerla, 
bastó  para  perderla. 

A... 

Rosa  fragante  del  Edén  caída, 
ángel  proscrito  que  perdió  sus  alas, 
perla  hermosa  del  alba  desprendida, 
hebra  de  luz  de  las  etéreas  galas, 
paloma  que  ha  dejado  misteriosa 
las  selvas  que  habitó  en  el  paraíso, 
fantasía  de  Dios  en  noche  hermosa, 
de  que  hizo  luego  terrenal  hechizo: 

¿quién  eres,  di,  beldad  fascinadora, 
hálito  de  purísimas  esencias 
que  embriaga  el  corazón  y  lo  enamora; 
que  bajo  indefinibles  apariencias 
al  través  muestras  de  encantado  velo 
entremezclado  el  mundo  con  el  cielo? 

¿Quién  eres  que  al  poder  de  tu  hermosura 
se  ata  de  nuevo  al  mundo, 
y  vuelve  á  sus  perdidas  ilusiones, 
aqueste  corazón  que  la  amargura 
apuró  del  dolor?  ¿Que  en  lo  profundo 
de  su  ser  misterioso  sumergido, 
dijo  ¡adiós!  al  placer  y  á  las  pasiones; 
y,  de  su  propia  vida  desprendido, 
á  la  fe,  y  la  esperanza  estaba  muerto, 
ajeno  al  mundo,  á  los  amores  yerto? 

¿Quién  eres  que  levantas  misteriosa 
de  mi  alma  yerta  los  obscuros  velos, 
como  el  alba  las  sombras  de  los  cielos 
con  sus  manos  de  nácar  y  de  rosa? 


405 


406  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

Y,  ¡como  110  admirarte!  ¡cómo  mi  alma, 
que  sufre  las  angustias  del  poeta, 
no  revivir  para  perder  su  calma; 
no  reanimar  la  inspiración  secreta, 
si   hay  en  ti  más  belleza  y  poesía 
que  en  cuanto  dora  el  esplendor  del  día! 

Corriendo  en  pos  de  mi  destino  incierto, 

he  surcado  los  mares, 
he  pisado  la  sien  de  las  montañas, 

he  cruzado  el  desierto 
á  la  luz  de  los  pardos  luminares; 

solitario  he  dormido 
entre  las  sombras  de  la  selva  hojosa, 
ó  entre  flexibles  y  sahumadas  cañas, 
y  he  despertado  al  lánguido  quejido 
que  da  de  amor  la  tórtola  medrosa; 
mi  religión,  mi  libro,  mi  belleza 
fué  siempre  la  gentil  naturaleza, 
pero  hallo  en  ti  más  alta  poesía 
que  en  cuanto  he  visto  bajo  el  claro  día. 

En  una  noche  lánguida  y  hermosa, 
sobre  una  mar  tranquila 
como  el  cristal  de  plácida  laguna, 
he  visto  levantarse  silenciosa 
en  columnas  de  luz  la  blanca  luna; 
panorama  magnífico  que  en  vano 
pintar  querría  con  mi  acento  humano. 
Pero  ¡ay!  sobre  tu  frente  de  alabastro 
hay  mayor  majestad,  mayor  dulzura 

que  en  la  frente  del  astro 
que  rasga  el  velo  de  la  noche  obscura. 

Yo  he  cruzado  mis  brazos  fascinado, 
al  contemplar  la  brillantina  lumbre 
que  en  el  cielo  del  trópico  inflamado, 

en  bella  muchedumbre 
derraman  los  luceros  rutilantes. 


POESÍAS  DIVERSAS  407 

Allí  se  mira  en  ellos 
el  ópalo,  el  zafiro  y  los  diamantes, 
y,  á  sus  raros  y  mágicos  destellos, 

el  alma  se  electriza 
y  tierno  el  corazón  se  poetiza. 
Pero  ¡ay!  ¡en  tus  pupilas  celestiales 
hay  más  luz  que  en  los  astros  tropicales! 
Espiral  de  la  llama  que  calienta 
tu  tierno  corazón;  fuego  divino 
que  tu  espíritu  de  ángel  alimenta, 

y  que  en  dulce  destino, 
al  dar  á  mi  alma  agitación  suprema, 
más  la  enamora  cuanto  más  la  quema. 

En  medio  del  desierto,  de  repente 
la  brida  á  mi  caballo  lie  recogido, 
para  mirar  en  el  lejano  Oriento 
un  trono  de  topacios  suspendido 
en  pedestal  de  nácar  y  rubíes; 
y  sobre  gradas  de  purpúreas  rosas 
llegar  al  trono  la  naciente  aurora, 
desatando  las  cintas  carmesíes 
á  sus  cabellos  de  oro,  y  las  hermosas 
perlas  que  entre  sus  hebras  atesora; 
derramar  luego  de  sus  tiernos  ojos 
los  tranquilos  destellos  del  topacio, 
y  el  reflejo  fugaz  de  los  sonrojos 
que  la  vista  del  sol  causa  en  su  frente; 

llenar  después  de  esencias  el  espacio 
dando  su  labio  el  matinal  ambiente; 
y  grabar  por  doquier  el  sacro  sello 
que  pone  Dios  en  lo  sublime  y  bello 

Pues  bien,  en  ti  mi  admiración  divisa 
poesía  mayor,  mayor  encanto, 
que  en  esa  aurora  que  revela  tanto 
la  existencia  del  Dios  que  la  improvisa. 


408  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

¿Quién  al  ver  la  frescura  de  las  rosas 
en  tu  semblante  virginal,  podria 
echar  de  menos  las  que  muestra  hermosas 
el  rubio  Oriente  al  asomar  el  dia? 

Cuando  en  fugaz  agitación  sonríes, 
¿en  qué  cambiante  de  su  mar  de  grana 

la  radiante  mañana 
hallará  de  tus  labios  los  rubíes? 

¿En  cuál  nácar  del  alba  tu  garganta 
y  el  alabastro  de  tu  ebúrneo  seno, 
cuando,  de  vida  y  de  suspiros  lleno, 
con  tu  aromado  aliento  se  levanta? 

¿Con  qué  cuadros  de  luz,  con   qué   espirales 
la  hermosa  aurora  á  disputar  se  atreve 
las  gracias  virginales 
que,  en  movimiento  blando, 
se  deleitan  jugando 
en  derredor  de  tu  cintura  leve? 

¡Oh,  si  te  hubiese  visto  un  solo  instante 
allá  en  los  tiempos  en  que  el  alma  mía, 

feliz  y  delirante, 
era  toda  entusiasmo  y  poesía, 
yo  no  hubiera  pedido  prosternado 

á  la  naturaleza, 
los  misterios  sin  fin  de  su  belleza 
que  en  mi  lira  después  se  han  escuchado! 

Tu  suprema  hermosura 
mi  enamorado  labio  cantaría; 
y,  de  tus  ojos  ala  lumbre  pura, 
divino  fuera  mi  mundano  verso, 

y  mi  verso  te  haría 
divinidad  también  del  Universo. 

Para  adornar  tu  espléndida  cabeza, 
pediría  á  la  gloria 
lauros  que  eternizaran  la  memoria 


POESÍAS  DIVERSAS  400 

do  mi  amor  y  tu  célica  belleza. 

Tu  corazón  que  espera, 

cual  un  arpa  eoleana 
el  primer  soplo  con  que  amor  le  hiera 
para  dar  tierno  su  amoroso  acento, 

de  mi  pasión  temprana 
sentido  hubiese  mi  abrasado  aliento. 

Yo  buscaría  en  ti  la  oculta  fibra 
que  pulsada  una  vez  se  agita  y  vibra, 
y  hace  que  la  mujer,  sin  saber  que  ama, 
arda  de  amor  en  la  sensible  llama. 

Entonces  ¡ay!  bebiendo  de  tu  boca 
savia  de  vida,  espíritu  de  amores, 
mi  vida  fuera  un  piélago  de  flores, 
y  el  alma  mia  de  entusiasmo  loca, 

haría  caprichosa 
del  mundo  un  Edén,  de  ti  una  Diosa. 

Con  mis  manos  tu  frente  cubriría 
para  que  el  sol  no  ajara  tu  hermosura, 
y  en  hálitos  de  amor  perfumaría 

el  aura  que  rozase 
con  su  ala  fugitiva  tu  sien  pura. 

Yo  pondría  en  tus  hombros  mi  cabeza, 
jugarían  mis  manos  con  tus  rizos, 
y  entonces  ¡ay!  de  Laura  la  belleza 
mi  amor  envidiaría  y  tus  hechizos, 
pues. más  enamorada  sonaría 
que  la  voz  del  Petrarca  la  voz  mía. 

En  supremo  embeleso 
robaría  á  tu  labio  el  primer  beso, 
y  ¡ay!  de  Leonora  la  amorosa  historia 
olvidaría  el  mundo,  y  la  hermosura 
que  dióle  al  Tasso  su  inmortal  diadema. 
Yo  con  la  luz  de  mi  radiante  gloria 
diera  más  brillantez  á  tu  ternura, 
mas  vasto  imperio  á  tu  beldad  suprema: 


410  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁRMOL 

y  en  las  alas  del  tiempo  y  la  memoria 

volarían  mis  cantos, 
eternos  con  tu  amor  y  tus  encantos. 

¡Delirio  celestial,  huye  de  mi  alma! 
¡mi  pecho  es  una  tumba,  y  quiero  calma! 

Allá  en  el  Occidente 
un  astro  baja  su  radiosa  frente; 
esa  es  mi  juventud...  esa  es  mi  vida 
por  el  genio  del  mal  tan  combatida. 

Hasta  mis  tristes  ojos, 
llegas  tú,  criatura  indefinible, 
cuando  ya  sólo  quedan  los  despojos 
de  lo  que  fué  mi  ser.  Mano  terrible 
puso  el  dolor  en  mi  temprana  vida, 

y,  á  la  saña  homicida 
con  que  apuró  en  mi  pecho  sus  rigores, 

se  agotaron  las  flores 

lozanas  de  mi  mente; 
los  años  para  mí  se  apresuraron, 

y,  de  mi  joven  frente, 
la  corona  de  amor  me  desataron. 

Pero  no;  todavía 
no  soy  bien  infeliz,  pues  que  en  mi  seno 
queda  una  fibra  que  vital  palpita, 
al  talismán  de  tu  sin  par  belleza; 

cual  de  un  jardín  ameno 
que  el  huracán  aniquiló  en  la  noche 
suele  quedar  oculta  dentro  el  broche 
una  flor  que  levanta  su  cabeza 
luego  que  ul  aura  matinal  la  agita. 

Aun  quedaba  en  mi  lira  una  armonía - 
la  postrera  quizá  —  sentida,  ardiente  — 
flor  que  robo  al  jardín  del  alma  mía, 
y  oso  ponerla  en  tu  virgínea  frente. 

Río  Janeiro,  Agosto  de  1S45. 


POESÍAS  DIVERSAS  411 

A  ELLA  EN  SU  JARDÍN 

¿Qué  te  han  hecho  las  flores 
que  burlando  su  aroma  y  sus  colores 
vas  á  humillarlas  en  su  propio  trono? 
¿Por  qué  pones  al  lado  de  la  rosa 
tu  cintura  gentil,  tu  frente  hermosa? 

¿Por  qué  te  acercas  para  hacerle  agravios 
al  clavel  purpurino  con  tus  labios? 

¿Por  qué  á  la  flor  ligera 
de  la  leve  inocente  enredadera 

á  acariciar  te  atreves 
con  tus  manos  más  puras  y  más  leves? 

¿Por  qué  la  esencia  pura 
que  exhalan  ellas  de  su  cáliz  lleno, 
humilla  con  sus  hálitos  tu  seno 
perfumado  de  amores  y  ternura? 

Déjalas  donde  habitan; 
donde  amanecen  y  se  ostentan  bellas; 
pues  las  flores  más  lindas  se  marchitan 
si  estás  en  el  jardín  al  lado  de  ellas. 

Deja  esos  brotos  pobres  de  la  tierra 
que  gocen  de  su  corto  y  fugaz  día, 
que  harto  aroma  y  beldad  en  ti  se  encierra, 
brillante  flor  de  hermosa  poesía. 

Flor  que  en  mis  sueños  de  oro 
imaginé  en  mi  seno  colocada; 
que  luego  á  mi  ilusión  dejó  burlada, 
y  que  si  más  se  esquiva  más  la  adoro. 

Montevideo,  Noviembre  de  1846. 

MELANCOLÍA 

Llevad  en  vuestras  alas 
¡oh,  brisas  de  la  tarde! 
los  huérfanos  suspiros 
de  mi  secreto  amor: 


412  OBRAS  DE  JOSÉ  MÁTL.MOIi 

amor  sin  esperanza, 
pero  de  que  hace  alardo 
mi  corazón  que  sufre 
su  celestial  ardor. 

Llevadlos,  y  piadosas 
cuando  toquéis  la  frente 
de  un  ángel  que  ha  bajado 
con  formas  de  mujer, 

sobre  sus  blancas  sienes 
dejadlos  dulcemente 
cual  la  única  corona 
que  puódole  ofrecer. 

Suspiros  son  que  nacen 
del  seno  diamantino 
donde  se  guarda  en  mi  alma 
la  sensibilidad; 

rinico  bien  que  nunca 
me  arrebató  el  destino, 
fuente  serena  y  pura 
de  mi  infelicidad. 

Mi  amor  no  es  un  delirit 
de  ardiente  fantasía; 
mi  amor  está  en  el  alma 
con  lágrimas  y  fe; 

placer  que  se  confunde 
con  la  melancolía, 
corona  de  jazmines 
con  hojas  de  ciprés. 

La  veo  en  las  estrellas 
la  veo  en  la  alborada, 
en  las  nocturnas  sombras 
en  el  radiante  sol; 

do  quiera  van  los  ojos 
do  mi  alma  enamorada, 
del  sol  de  mis  amores 
encuentro  un  arrebol. 

Las  ñores  me  deleitan; 


POESÍAS  DIVERSAS  ¿13 

su  aroma  y  sus  colores 
son  lioy  para  mi  vida 
supremo  talismán. 

¡Ay,  triste  del  que  ignora 
la  magia  que  las  flores 
contienen  para  el  alma 
que  acongojada  está! 

Mas,  ¡ay!  que  las  estrellas, 
las  flores  y  la  aurora, 
mezclando  á  mis  amores, 
contempla?'        dolor. 

¡Pues  si  la  imagen  suya 
mi  corazón  adora, 
mi  corazón  la  baña 
con  lágrimas  de  amor! 

Amor  sin  esperanza, 
que  en  mi  alma  se  alimenta 
del  fuego  solamente 
que  on  mis  entrañas  hay; 

ningún  benigno  soplo 
mi  corazón  alienta; 
no  hay  pecho  que  recoja 
de  mi  infortunio  el  ¡ay! 

La  adoro  y  no  lo  sabe; 
la  adoro,  y  su  pupila 
sobre  mi  triste  noche 
tío  vierte  claridad. 

La  adoro,  y  mientras  goza 
felicidad  tranquila, 
en  mi  alma  se  apodera 
la  bárbara  ansiedad. 

Llevad  en  vuestras  alas 
¡oh,  brisa  pasajera! 
mis  huérfanos  suspiros 
á  mi  adorado  bien; 

no  la  digáis  que  la  amo; 
pero  dejad  siquiera, 


414  OBRAS  BE  JOSÉ  MÁR.MOI, 

mis  huérfanos  suspiros 
sobre  su  blanca  sien. 
Montevideo,  1848. 

EL  EELOJ 

Sonó  en  la  vecina  iglesia 
la  campana  del  reloj, 
diciendo:  «Pasó  una  hora 
»y  á  la  eternidad  cayó.» 

Eco  lúgubre  del  tiempo 
que  con  fatídico  son 
nos  manda  que  repitamos 
en  cada  momento:  ¡adiós! 

Pero  el  mundo  sólo  mira 
porvenir  en  el  reloj; 
da  la  una,  y  desespera 
alguien  que  espera  las  dos... 

Las  doce  espera  del  dia 
el  pobre  trabajador, 
y  las  doce  de  la  noche 
el  amante  corazón. 

Las  horas  que  van  pasando 
no  se  cuentan  al  reloj, 
cuenta  el  hombre  las  que  faltan 
mas  nunca  la  que  pasó. 

Así,  al  sonar  la  campana 
suele  en  secreto  decir: 
«Las  que  ha  de  marcar  espero, 
aporque  esperar  es  vivir.» 
Es,  pues,  entonces  en  el  mundo  mío 
indiferente  para  mí  el  reloj; 
pasen  las  horas  á  su  antojo,  pasen, 
tráenme  lo  mismo  que  las  diez,  las  dos. 

Yo  nada  espero — mi  cansada  vida 
<ni  llorar  puede  ni  sentir  amor», 
del  llanto  mío  so  agotó  la  fuente, 
la  llama  activa  del  amor  murió. 

Ya  con  el  mundo  los  estrechos  lazos 
mi  descontento  corazón  rasgó; 
lo  mismo  el  día  de  mañana  espero 
quo  ayer  las  horas  esperó  de  hoy. 


POESÍAS  DIVERSAS  415 

Activo  foco  de  pasiones  mi  alma 
á  los  incendios  del  amor  cedió, 
y  grande  placa  de  cristal  mi  mente 
vida  y  verdades  transparentes  vio. 

Sé  que  si  escucho  de  mujer  querida 
latiendo  el  alma  su  amorosa  voz, 
ó  ella  se  engaña  al  pronunciar,  te  amo, 
ó  á  mí  me  miente  con  doblez  mayor. 

Sé  que  si  el  seno  de  los  hombres  busco 
y  mi  cabeza  y  corazón  les  doy, 
luego  que  expriman  de  mi  ser  la  esencia 
con  risa  amarga  me  dirán:  ¡adiós! 

Y  sé  que  es  hoy  lo  que  será  mañana 
el  mundo,  el  hombre,  la  mujer  y  el  sol; 
y  pues  que  todo  lo  que  viene  he  visto, 
tráenme  lo  mismo  que  las   diez,  las  dos. 

Yo  nada  espero: — ni  dolor,  ni  risa 
en  la  indolencia  que  mi  ser  cayó — 
si  hoy  tengo  hastío  lo  tendré  mañana, 
es  mueble  inútil  para  mí  el  reloj. 
Río  Janeho,  Noviembre  ds  1844. 

LA  AROMA 

Insensible  del  alba  al  tierno  lloro 
y  al  beso  de  las  auras  peregrinas, 
resplandeces,  del  sol  lágrima  de  oro, 
bella  y  soberbia  en  tu  millón  de  espinas, 

Engreída  en  tu  altísimo  palacio, 
halagar  y  engañar  son  tus  placeres; 
te  haces  mágico  dueño  del  espacio, 
llamas  de  lejos  y  do  cerca  hieres. 

Ingrata  y  falsa,  sin  piedad  lastimas 
la  mano  que  te  busca  sin  recelo; 
y  si-á  cogerte  sin  temor  la  animas, 
es  cuando  el  viento  te  postró  en  el  suelo. 

¡Ay!  la  que  tanto  mal  lleva  consigo, 
la  triste  ley  de  su  destino  aclama: 
sin  un  seno  de  amor  que  la  dé  abrigo, 
su  destino  es  morir  seca  en  la  rama. 

FIN 


Advertencia 3 

CAUTOS  DEL  PEREGRINO 

Introducción. , 13 

Canto  primoro '21 

Canto  segundo 39 

Canto  tercero 61- 

Canto  cuarto 89 

Canto  quinto 122 

Canto  sexto 149: 

Canto  undécimo  .       ...       .       ,__    ........  179 

Canto  duodécimo 217 

Notas  délos  Cantos  del  Peregrino 255' 

POESÍAS  DIVERSAS 

Introducción 285 

.Lamentos 289 

La  tarde 291 

Destellos  del  dolor 292 

A  Teresa 295 

Al  25  de  Mayo • 303 

Adiós 312 

Despedida 314 

A  Rosas , 315 

Montevideo     .              322 

A  Buenos  Aires 328 

A  Dios 333 

Al  sol  de  Mayo,  1847 337 

Una  tarde  en  el  Dacá 344 

El  suspiro 349 

En  la  lápida  de  Florencio  Várela 350 

El  juramento 350 

A  una  señorita 353 

Brindis 354 

El  poeta  Mármol  al  poeta  Mitre:  El  canto  de  la  patria   .       .      .  355 

A  la  condesa  de  Walewski,  en  1847 358 

ABolivia,  en  1846 361 

A  mis  amigos  de  colegio 371 

Sueños 375 

Desencanto ■  • 379 

En  un  ál  hum 387 

Rosas,:  8  ¡0 \ 387. 

Adiós  á  Montevideo 392 

Al  Sol 393- 

Recogimiento 396 

Cristóbal  Colón j 400 

Los  tres  instantes 403 

A 405 

A  ella  en  su  jardín 411 

Melancolía 411 

Al  reloj •       .       .  414 

La  aroma 415 


PLANTILLA 

PARA    LA    COLOCACIÓN   DE  LÁMINAS 


1— Agí  en  instantes  de  pasión  decía.     .  ~ 

ll.-Ya  de  su  lecho  en  soledad  secreta.  . ~T 

111. -¡Ay.  cuántas  veces  dormidos  '     ' 

IV.-Y  en  el  hombro  de  Carlos  se  aliñaba'.    .'    .'    .'    .'  '     "  íf 

V.-Suspira  el  peregrino  y  de  la  nave 'ola 

VI -La  admiré  cual  aun  ángel  divino.  .     .              '     '  '  ot, 

VTTT^aVlrgeneSpUraSC0^Íendolas  fl^es.         '    .'    '  '     '  Sí 

VIH. -En  supremo  embeleso.  *    *  d4T 

.    .  .    •  405 


Mícrofiímed 

-      ASERL  PROJECT 
1990-92